Julio, je t’aime. Paris, elle m’aime

5 Noviembre 2009

No puedo evitar acordarme cada vez que estoy aquí del título de la web de los asistentes de español en Francia: París me mata. París me exhausta (se diga o no así), me hace superar mis límites físicos y lo que no sé si es peor, mejor o posible, mis límites mentales. Y sé que siempre va a ser así, ya venga seis días de vacaciones o pase 6 años viviendo aquí, París no me va a dejar descansar nunca porque yo no me voy a dejar. París me hace, por ejemplo, decidir saldar una cuenta pendiente de mi primera visita: pasar a ver a Julio Cortázar, tan grande que cada vez que escribo o leo su nombre creo que va a desbordar y va a ocupar todo el espacio respirable. Cortázar me mata.

Visita a la tumba de Julio Cortázar en el cementerio de Montparnasse. Después del sinnúmero de veces que se lo habrán preguntado, el encargado de guardia sabe muy bien de quién se trata y nos indica el camino en el plano que los visitantes pueden estudiar en la pared, al lado de la puerta de entrada; y así, marchamos por la avenida principal en busca de Allée Lenoir tratando de llegar a la 3ª División, 2ª Sección, 3 Norte, 17 Oeste; pero en este primer intento uno se pierde en el laberinto de pequeños mausoleos y tumbas y, después de breves homenajes ante las de Baudelaire y Sartre, vuelve a la oficina de la entrada con Edgar Quinet sólo para confirmar que la información estaba bien pero que uno no había tomado la Allée Lenoir y regresa para ahora sí encontrar lo que busca; y ahí está, blanca, plana, dividida en dos partes iguales y con los nombres de Carol Dunlop arriba y Julio Cortázar abajo, más fechas.

[...] Me despido en silencio y, otra vez sobre la alameda Lenoir y la avenida, regreso y cuento cincuenta y cinco pasos desde ésta al lugar en que se halla la tumba, en un acto de signo absurdo pero así fue. De salida, el guardia nos hace adiós con un gesto de inteligencia y complicidad que significaba que era donde él decía.

Augusto Monterroso, Pájaros de Hispanoamérica.

Lapida Julio Cortázar

La tumba de Julio Cortázar en el Cementerio de Montparnasse

Una mañana decido que el único plan y objetivo del día va a ser encontrar la tumba de Julio Cortázar, y que todo lo demás que venga va a estar bien. Pero ese día tengo que ver a Julio Cortázar. Creo que Juan José Millás escribió alguna vez que la vida es algo así como las cosas que te ocurren mientras te empeñas en hacer otras. Sólo hace falta que ese día me empeñara en encontrar a Cortázar, el proceso y las consecuencias (coincidencias) posteriores iban a colmarme por completo. Es curioso, pero me pasó como a Monterroso. Sólo que yo no pregunté al guardia, ni cogí el mapa que te daban en la entrada. Miré de manera furtiva el mapa que había en un cartel de la entrada e intuí apenas la zona del cementerio donde se encontraba. Así que me fui hasta esa zona con toda la calma del mundo. Tardé casi una hora en vislumbrar al cronopio blanco con forma floral que preside su tumba y la de Carol Dunlop (su última mujer, “la osita”). Me dirigí hacia la tumba con el pecho henchido de emoción y atravesando las lápidas con las coronas de flores como quien atraviesa una jungla apartando el follaje. Una señora mayor, con un pañuelo en la cabeza, me miró primero sorprendida y luego sonrió al ver mi decisión.

Lo queremos porque es bondadoso.

Es bondadoso como ser humano y muy bueno como escritor. Tiene un corazón tan grande que Dios necesitó fabricar un cuerpo también grande para acomodar ese corazón suyo. Luego mezcló los sentimientos con el espíritu de Julio. De allí resultó que Julio no sólo fuera un hombre bueno, sino justo. Todos sabemos cuánto se ha sacrificado por la justicia.

Por las causas justas y porque haya concordia entre todos los seres humanos.

Así que Julio es triplemente bueno.

Por eso lo queremos. Lo queremos tanto sus amigos, sus admiradores y sus hermanos.

En realidad, él es nuestro hermano mayor.

Nos ha enseñado con sus consejos y a través de sus libros que escribió para nosotros lo hermoso de la vida, a pesar del sufrimiento, a pesar del agobio y la desesperanza. Él no desea esas calamidades para nadie. Menos para quienes saben que, más que sus prójimos, somos sus hermanos. Por eso queremos tanto a Julio.

Juan Rulfo. Carta a Julio Cortázar.

Tumba de Cortazar2

El Cronopio bonachón

El encuentro no pudo ser más emocionante. Llovió durante toda la mañana, hacía frío y soplaba un viento incómodo. Pues lo creyera yo mismo o no, en el mismo momento en el que me planté delante de la tumba, las nubes se apartaron y un furioso rayo de luz lo iluminó todo. A mí sólo me interesa lo que tenía justo enfrente de mí. Fue muy emotivo, casi hasta las lágrimas. El Cronopio sonriente. Ver a Carol Dunlop y a Cortázar uno al lado del otro. Leer una carta anónima de un chico también murciano como yo, fechada apenas diez días antes. Descubrir que en una esquina de la tumba hay un orificio, como si fuera una puerta para que entrara Orfeo. Por supuesto las pequeñas y humildes ofrendas de los visitantes. Y sobre todo una frase, también anónima, escrita en una de las esquinas con una letra casi microscópica y que rezaba algo así como: “Porque me hiciste entender que la vida era viajar y venir a visitarte”. Era tan sencillo y tan cierto que no pude más que darle la razón, mordiéndome el labio, derrotado ante tanta verdad. No sé cuánto tiempo pasé delante de la tumba, observándola, agachándome para acariciarla, y sobretodo, pensando en todo lo que ese hombre me ha hecho vivir, pensar, experimentar, buscar, luchar, sonreir, soñar. Sólo él lo sabe porque yo apenas lo intuyo, creo que no sé a ciencia cierta hasta qué punto este hombre me ha ayudado. Me ha salvado. Por eso, le dejé yo también unos pequeños obsequios que seguramente le harán sonreir, porque estará ya acostumbrado, y además un pequeño secreto escrito en un ticket de metro, un descubrimiento maravilloso que él me brindó y que ha convertido en una obviedad por la que hay que luchar hasta el fin. Un poco avergonzado por estar tanto tiempo delante de él, pensé aquello de “vamos a irnos que esta gente querrá acostarse”, y me apresuré a desaparecer de su vista (porque supongo que los muertos tan solo ven al frente).

En corrientes y esmeralda, en otros tiempos, vi pasar a escritores que nunca dejaron el país y escribían como un francés cualquiera. Yo entendí mejor a Buenos Aires leyendo lo que vos escribías en París. Así es tu grandeza, así tu amor.

También entendí mejor el mundo leyéndote, o sea, lo quise más. Creo que no sería difícil demostrar cómo y por qué tu literatura es más audaz que la de Borges, más inicial y misteriosa, más abierta a todos los temblores por venir, más cariñosa del presente y, por eso mismo, más respetuosa o dolida del pasado.

A vos siempre te veo –como tu personaje–

inventando un camino para ir de una ventana a otra ventana, del misterio de un puño a los crepúsculos de Mozart, de un ser a otro, y otro, y otro, y otro.

Siempre sentí que tu amor es infinito.

Siempre supe que tu obra nos abriga, que tu mejor obra sos vos.”

Juan Gelman (final de la “Carta” que dedicó a Julio Cortázar en el número homenaje que publicó la revista cubana Casa de las Américas).

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"Y cuando todo acabe, yo no quiero una piedra. Encima de mí solo quiero tierra, y algunos frutales, para que me abracen, que sus tiernas raíces me comprendan"

En total pasé en ese cementerio más de tres horas, ahora sí, armado con un mapa de papel que encontré junto a la tumba de Cortázar, mojado y sucio de tierra. No era un manuscrito hallado en un bolsillo, pero sí un mapa hallado en la tumba de Cortázar, y eso le da mucho más valor. Sacié mi imaginario francés con Baudelaire, Henri Langlois, Vidal de la Blache, Alfred Dreyfus, César Vallejo (peruano éste) Serge Gainsbourg, Larousse, Hachette, Man Ray o la bella Jean Seberg -siempre vendiendo su New York Herald Tribune, siempre-, y también reviví la escena de uno de los cortos de Paris Je t’aime frente a las tumbas de Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Porfirio Díaz. Tan sólo me faltó encontrar la tumba de Guy de Maupassant, pero era tarde, y París me esperaba afuera para matarme y volver a darme la vida. A la próxima que vaya a visitar a Julio.

Versión original con subtítulos en inglés

Versión doblada al español (una pena el doblaje, por la voz y por la entonación -entre otras cosas-)


Qu’est-ce que c’est?

26 Octubre 2009

Tengo demasiadas sorpresas nuevas en la cabeza. Echo demasiadas cosas de menos. Tengo todavía demasiadas cosas por descubrir. Sobre todo de mí. Una vez más, el blog va a caer un poco en mi olvido, entre otras cosas por la falta de conexión a la red. Va a hibernar que el invierno en Reims va anunciando su llegada. Si escribo, escribiré para mí, lo voy a necesitar. Yo también voy a hibernar. Faitez de beaus rêves, tous vous…

Y este vídeo, porque la canción es la hostia, y porque anima a cualquiera… chau


Rita, no es culpa de nadie

22 Septiembre 2009
Dibujo de Juan Francisco Casas (técnica: boli bic)

Dibujo de Juan Francisco Casas (técnica: boli bic)

Por pura casualidad, en apenas unos días han confluído en mi mente varias historias de amor que tienen bastante que ver las unas con las otras. Ese tipo de historias que seguramente todos habremos imaginado alguna vez. Historias de amor casi imposibles que perduran ocultas a los ojos de los mortales a través de toda una vida. Historias que sobreviven a buen recaudo en las ensoñaciones de los amados en febriles sueños desesperados, y que se acaban por resolver muchos años después, unas veces de manera más feliz que otras, pero siempre, con una indudable melancolía.

Historias como la de Celina y Lionel en el cuento Puentes como liebres de Benedetti, una pareja que se conoce y enamora en la adolescencia pero que no llega a darle curso al llamamiento de la sangre a la guerra de los cuerpos, con rocambolescos y variados encuentros fortuitos a lo largo de sus vidas. El cuento, que se puede leer aquí, se inicia con una afortunada cita de un poema de Pedro Salinas:

Iremos, yo, tus ojos y yo, mientras descansas, bajo los tersos párpados vacíos a cazar puentes, puentes como liebres, por los campos del tiempo que vivimos.

Pedro Salinas

O como me comentaba Adri la otra noche, la historia de amor en vaivén contínuo de 53 años, 7 meses y 11 días de Fermina Daza y Florentino Ariza en El amor en los tiempos del cólera de García Márquez.

Por no hablar del memorable y conmovedor relato de Juan José Millás El paraíso era un autobús, una auténtica obra de arte, y una muestra fehaciente de cómo las personas pueden llegar a plantar semillas en lo más profundo de nuestra intimidad, echando raíces los sentimientos dentro de nosotros prácticamente sin darnos cuenta.

Toda esta serie de historias me han llegado de repente, justo unos días después de rescatar un recorte de periódico de entre el basurero de Fraggle Rock en el que se ha convertido mi cuarto este verano. La página en cuestión se trata de la Zona Roja, una página dentro del suplemento estival Sinfín del diario La Opinión de Murcia. Esta página ha sido objeto de mi lectura siempre que el periódico ha caído en mis manos ya que rezumaba sensualidad y sexualidad femenina a partes iguales. Esto es debido a las dos pequeñas columnas que cada día la conformaban: “Sexo en verano” de Teresa Luengo, y “Las calores” de Cecilia López. La primera trataba las consultas sentimentales y sexuales de los lectores y la segunda se ha ido sacando de la chistera, como si llevara el guante de seda de Rita Hayworth, un brillante relato erótico diario.

Éste ha sido uno de mis favoritos, por eso lo recorté, lo guardé, y por eso lo coloco ahora aquí.

MENSAJE EN UNA BOTELLA, Cecilia López

Teresita me enviaba mensajes dentro de una botella de plástico de Coca-Cola desde su extremo de la piscina al mío. Seremos como Romeo y Julieta, me escribía, nadie podrá separarnos, nuestro amor será eterno, tendremos hijos y seremos felices para siempre. Como no sabía escribir todavía, yo le respondía soplando dentro de la botella y cerrando rápido el tapón para que no se escapara mi aliento y se la enviaba de vuelta. Este servicio de mensajería había que hacerlo de tapadillo porque la madre de Teresita no me quería como novio de su hija, que yo era pobre y ella rica.

En la frutería, Teresita me dejaba pequeños poemas de amor debajo de las manzanas, yo los veía preciosos con su letra regordeta e infantil, pero sólo los veía, no los entendía; que no sabía leer todavía; con gran riesgo para mi integridad y de la reputación de mi familia -como éramos pobres nadie se fiaba- robaba la manzana que había estado en contacto con su poesía y, sin morderla ni nada, para no afearla, aplicaba mis labios espetando un beso y se la dejaba a Teresita en el alféizar de su ventana para que supiera que la había recibido, y cuando se la comiera se comería mi beso y sentiría un gran sueño y caería desmayada y yo iría a despertarla con mi beso… pero eso nunca pasaba. Yo le escondía, entre las hojas de los periódicos del quiosquero, pétalos de flores que robaba de las macetas, para que Teresita las buscara y se hiciera ramos de rosas que no eran rosas y guirnaldas que no eran guirnaldas.

Teresita se marchó del barrio pobre a un barrio rico, creo que llovía. No volví a saber de ella, pero ayer, estando en la piscina con mis hijos, me llegó casi a las manos una botella de plástico de Coca-Cola con un mensaje dentro: seremos como Romeo y Julieta, esta vez sí, leí. Levanté la vista y a mi lado estaba Teresita echa una Teresona y yo le respondí: Y tendremos hijos y seremos felices para siempre. Cuando me acuesto con mi marido pienso en ti, me dijo Teresona, y se marchó por donde había venido, dejándome más pobre de lo que nunca había sido.


El último de la fiesta

13 Septiembre 2009
Crayon eater - James Jean

Crayon eater - James Jean

Ayer fue mi cumpleaños. Acumulo un día más de vida y hago malabarismos con los minutos que van atravesando mi carne. En mi fiesta se presentaron todos cargados con caramelos e impaciencia. Había una gran banda tocando para mí, y en medio de la pista sentí lo que es estar solo. Por entre el coro de majorettes danzaba una princesa sin trono que había perdido su sandalia en las nubes de una dimensión paralela. La hora feliz duró toda la noche, hasta que mi corazón se agotó, cerré las heridas y lo dejé sobre un banco de Santo Domingo, en los brazos de un virgen dormido y hermoso. Regresé envuelto en el celofán de la mañana y me volví invisible. Besé los árboles, robé la manzana de unos ojos y salvé a un niño de morir atropellado por su propia madre. En el balcón sentí desfallecer y por unos instantes todo el peso del día estalló en mis sienes. Orfeo miró para atrás otra vez. El sombrerero loco fue mi tío por unas horas, me llevó de la mano a comer hamburguesas con las palomas, enredó en mi pelo una corona invisible y me hizo sentir el príncipe de los ladrones. Me dió una piedra y me marcó en el pecho hasta que doliera. En el café me sentí sereno e inmortal, los segundos fueron años y quemé cuatro mil en un abrazo. Volví a mi palacio de esmeralda a través de  los campos. En mi mente resonaban las notas de un triángulo plateado.  El mejor regalo que he recibido, es sentir nostalgia de un verano que se acaba.

Al despertar, vino Fújur volando con un poema escondido entre el pelaje para salvarme de la nada. ¿Qué más se puede pedir?

La Muerte muerde,
la vida anida
donde muerde la muerte.
Donde la muerte devora
nace y muere una agonía,
una alegría
sutil, intensa, excitante,
exuberante, inteligente, ideológica,
sexual, amorosa y consciente.

Donde la muerte muerde,
dos cuerpos hacen el amor
y se sienten.

Carlos Maroto Guerola


El joven que deseaba conseguir el deseo de su corazón

10 Septiembre 2009

A veces es sorprendente reparar en cómo la gente te ve. La imagen que tienen de tí (y no me refiero al físico, si no a lo que es invisible a los ojos). Es muy curioso saber lo que opinan de ti, e incluso divertido saber hasta qué punto pueden llegar a estar engañados. Las personas son entrañables. Conmovedora la bondad que a veces te toca recibir de ellos.

Nunca sabremos el porqué de muchas cosas del comportamiento humano, y tan sólo tal vez podremos guiarnos por lo poco que sabemos de nosotros mismos. Es tan imprevisible y volátil lo que las personas llevan dentro, que al final uno tan sólo puede estar seguro de sí mismo. A tí nunca te vas a poder engañar. Aunque lo ocultes, aunque lo entierres como una tiovivo de hojalata en los cimientos de hormigón de un rascacielos. Sólo tú sabes que está ahí. Pero está ahí. Y precisamente lo has enterrado tan bien que sabes que va a perdurar ahí por siempre. Y no intentes recuperarlo porque sabes que es imposible. Simplemente continúa, e intenta que la cajita de hojalata no pese más que todas las toneladas de hormigón que has vertido por encima.

Estos días estoy registrando los cajones de la casa de mis padres para organizar papeles, trastos, recuerdos, fotos y dejarlo todo clausurado antes de mi partida. Pero claro, todo el mundo sabe que cuando revuelves el agua de un río, del fondo surgen muy diversos sedimentos. Han aparecido fotos ya antiquísimas, dibujos de la Bola de Drac, un poema dedicado a Bukowski que escribí con 18 años, cartas, conchas de mar,  juguetes, anillos de coco rotos, notas dejadas en un frigo hace años, amuletos chamánicos que han recorrido medio mundo y que ahora se aburren en una cajita de aluminio, mi primer libro de cuentos de Benedetti y un largo etc.

Cualquiera diría que tengo el síndrome de Diógenes, pero es tan sólo una manera de recordar, como en Everything is illuminated, pequeñas cosas que abren puertas a momentos de mi vida. Y tan sólo yo sé lo que pasó, tan sólo yo lo viví como yo, una cosa tan simple como esa. Solo yo puedo saber mi historia. Solo yo me puedo conocer. Y hay que empezar a asumir que no puedo cargar sobre la gente que me rodea una responsabilidad tan grande como es entrar por los recovecos de mi mente. Y que encima me comprendan. Si no me (re)conozco, no conseguiré expresarlo bien, y poca gente estará cerca de mí. Es muy egoísta, es pedir demasiado.

Cuando era niño no entendía prácticamente nada de todo lo que pasaba a mi alrededor. Todo me parecía absurdo, mentira, intrigante y curioso al mismo tiempo. Pocos adultos llegaron a entenderme. Algunos lo intentaron y me acompañaron como pudieron. Ahora, ya un poco más mayor, viendo lo que ocultaban los cajones de una habitación que hace un tiempo ya dejó de ser mía, me doy cuenta de que a mí también se me escapa de las manos el niño que fui. Así que les entiendo, no les culpo.

 Caricaturas dibujadas por las manitas de Verónica Ruiz

 

Aquí dejo un texto que me ha pasado una amiga. Según ella, nada más leerlo, pensó en mí. Sí, pero yo sé la verdad en el fondo.

“I am an excitable person who only understands life lyrically, musically, in whom feelings are much stronger than reason. I am so thirsty for the marvelous that only the marvelous has power over me. Anything I can not transform into something marvelous, I let go. Reality doesn’t impress me. I only believe in intoxication, in ecstasy, and when ordinary life shackles me, I escape, one way or another. No more walls.”

— Anaïs NinLeer

O lo que en román paladino significa:

“Soy una persona impulsiva que sólo entiende la vida de una manera lírica, musical, en la que los sentimientos son mucho más poderosos que la razón. Estoy tan sediento de lo maravilloso que sólo lo maravilloso tiene poder sobre mí. Dejo atrás cualquier cosa que no pueda transformar en algo maravilloso. La realidad no me impresiona. Sólo creo en la intoxicación, en el éxtasis, y cuando la vida cotidiana me encadena, escapo, de una manera u otra. Basta ya de muros.”

Yo tan sólo soy un joven que desea calmar su corazón dándole de comer pequeñas estrellas. Será mejor bajar a mirar que hay por el frigo.

Qué poco me ha gustado siempre cumplir años.

 


La bondad humana absoluta

3 Septiembre 2009

 

Tan joven y tan viejoA veces la vida me abruma, me apabulla. Me he dado cuenta de que en alguna ocasión, la dicha también me ha salpicado. Me he encontrado minúsculo, parapetado y ahogado detrás de mi piel. He tenido que aferrarme a mis entrañas, porque no encuentro otra manera de asistir al espectáculo de gigantes que estalla ante mis ojos y que de otra manera me arrastraría. 

A menudo sobrevivo al maremoto de la felicidad que se derrumba sobre los hombres. Solo, he surgido de mi refugio a la calle arrasada, he caminado por entre los cuerpos mojados que yacían al sol sin tocarlos, y he proclamado por las avenidas vacías: ”lo he visto, yo he estado ahí, yo he vivido eso, seguidme, regresemos”. Y me he dado cuenta de que sólo yo estaba escuchando.

Me he dado cuenta de que siempre he estado rodeado de seres alados iluminados, que me acompañan planeando mil movimientos en el viento. Ahora sé que si están ahí no es por casualidad, sino porque de alguna manera saben, cuando pasan en vuelo raso cerca de mí, que siempre voy necesitando una mano. He descubierto su plan, y a partir de ahora voy a hacerles creer que no lo sé. Les trataré como a simples humanos. Dejaré que se acerquen a mí, confiados de mi torpeza, y así sentiré en la nuca la brisa de sus alas protectoras.

A veces me he sentido tan tocado por su luz, he sentido mi cuerpo reflejar tanto su brillo, que he llegado a cegarme, mis ojos se han incendiado y he andado aturdido sin rumbo, como un niño gritando a carcajadas y saltando los charcos sin miedo a nada. Sin saber hacia dónde iba, poco me importó el camino a escoger. Anduve inconsciente tropezando y derrumbando mis regalos por el suelo. No es fácil caminar entre tanta luz, pero tampoco es sencillo sentir cómo se aleja un ángel.

Falta demasiada luz por repartir por el mundo. Sé perfectamente que muchos vendrán y otros se irán, porque es así. Así como vinieron, se irán, y es bueno que sea así. Pocos se quedarán conmigo. Y ahora que estoy seguro de que siempre estarán ahí, intercambiándose los puestos, llamando a nuevos Dédalos, llegando unos, partiendo otros, los veo alzar el vuelo, miro al cielo y contemplo asombrado que está lleno de ellos, y que yo he sido el engañado, ya que en realidad son simples humanos, que un día soñaron con volar, y lo consiguieron. Me miran directo a los ojos, me convencen de que yo también puedo volar, solo esperan que me una a ellos y deje atrás esa vida de Ícaro en caída constante. Ya no hay excusas.

A veces siento que no puedo asimilar la grandeza de la vida que me rodea, que mi corazón se despedaza como si estuviera hecho de pan blanco, pero ahora, he aprendido a  recoger mis propias migajas. Como de mi propio corazón como un pájaro azul. Comed de él, ángeles, el mundo espera por nosotros.

Es la vida tan misteriosa, tan astuta, que incluso ha conseguido que yo llegue a creérmela.

 

 Desde las selvas oscuras, el hombre pluma, tan joven y tan viejo…

 


No sólo de música brasileña vive el hombre (II)

30 Agosto 2009
Barbara Kruger

Barbara Kruger

Para de lo que voy a escribir ahora, hace no mucho tiempo, me hubiera puesto una banda negra en los ojos para que no se me reconociera, como en los programas de televisión de testimonios, pero como mi época radical bolchevique hace tiempo que la pasé y te das cuenta que nunca puedes decir de éste agua no beberé, voy siendo más flexible y tolerante (sobre todo conmigo mismo, soy yo mi mayor inquisidor) y voy aprendiendo a verle el lado positivo a las cosas, a ser menos brasa y sermonear menos a la gente, darme unos puntitos en la boca, y allá cada cual con su ley, que yo me debo a la mía.

 

Y es que, sí amigos, se trata del Facebook, esa comunidad social virtual que se ha extendido por el mundo como la pólvora. La primera noticia que tuve de ella hizo que se me erizara el pelo y que pensara que en la vida me metía yo en una cosa de esas. Fue por una noticia en el periódico, en plena campaña de las elecciones generales de 2008, en la que vi que Mariano-nonaino Rajoy se había abierto un perfil, “para estar más cerca de la gente de la calle”. Era una invención de unos estudiantes de Harvard, que la habían creado para estar en contacto entre ellos, y se acabó extendiendo por todo el planeta. Al final me acabé abriendo un perfil porque todo el mundo lo tenía. Pasé mi época de estar enganchado, y cuando le vi todo lo malo e irreal que tenía (que es mucho y llenaría páginas con ello, pero hoy hablaré de lo bueno), me salí, no sin antes enviar un mensaje de dos páginas a todos mis contactos, explicando tranquilamente mis razones para salirme y lanzando varias cuestiones al aire para que los susodichos se las plantearan. Obviamente, no sólo nadie pensó en dejarlo, sino que meses después yo volví a caer en sus redes, más profundamente que antes además. Supongo que pasar el verano más tórrido que se recuerda en Santomera también ayuda.

Pues lo bueno es que de repente te das cuenta de que puedes entrar en contacto con mucha gente que tenías perdida. Y aunque no siempre tengas muchas cosas que decir a cada uno de ellos, sí que se pueden compartir muchas cosas interesantes con muchos de tus amigos, rápidamente, y además en común. Sigo pensando que la mayor parte de cosas que te ofrece el Caralibro son simples y llanas chorradas para matar (o perder) el tiempo, además de cuestiones de privacidad de datos, fotos, exhicionismo que a veces roza la chabacanería (a veces parece el ¡Hola!, pero con noticias de la gente “normal”), pero yo me agarro ahora a lo bueno que me aporta. Una de las premisas altermundialización es reinventar y reciclar las cosas que el sistema nos da para darles un uso beneficioso para nosotros, causándonos los mínimos dilemas ético-morales posibles. Un cincel, según el uso que se le dé, puede servir para modelar una bella escultura o para cometer un asesinato con ensañamiento, nocturnidad y alevosía. Una de las tantas enseñanzas que podemos extraer de un filme tan profundamente filosófico como Instinto Básico es que un picador de hielo puede servir tanto como para preparar un delicioso mojito como para asesinar a un tipo siguiendo los pasos de un personaje de una novela policiaca negra. Pues con el Facebook igual.

Y con lo melómano que yo soy, obviamente lo que más me gusta es toda la música nueva que he conocido casi sin comerlo ni beberlo. La gente va compartiendo sus descubrimientos en música, cine, ilustración y arte gráfico, noticias, política, etc., y es lo que yo tomo, con lo que me quedo, y yo intento pagar esa “solidaridad artística” con otras cosas que creo la gente debería conocer. Y este verano eso es lo que más me ha sorprendido entre otras cosas, la ingente cantidad de música maravillosa nueva que me han hecho llegar. Y a mí me ha venido muy bien ir tomando esos artistas como pildoritas, porque normalmente me entra la vena pirata y me hago en un abrir y cerrar de ojos con una cantidad de música y películas que ni mis bis-sobrinos (¿?) podrán llegar a escuchar y/o ver en su totalidad. Otros ritmos, otras formas, y en este caso, otras fuentes. Y como dicen los Aslandticos, me he quitado la venda, y de igual manera que mucha gente me ha pasado graciosamente sus perlas, aquí las pongo yo ahora, para quien tenga una tarde cansada y perezosa (como la que me ocupa) y quiera abrirse a mundos que el mainstream nos tiene vetados. Soy un “indiegente”, que no gente indie.

Pasen y vean lo que ésta malévola herramienta imperialista nos puede llegar a brindar gracias a la curiosidad de los que en ella se mueven, se deslizan y escapan. Bon appétit.

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La maldad humana absoluta

22 Agosto 2009

Otra vez la casualidad ha querido que caigan en mis manos dos obras maestras que sin saberlo tenían y tienen mucho que ver entre sí. Esta vez han sido los dos últimos libros que he leído. Por un lado, Maus: relato de un superviviente, de Art Spiegelman, y por otro, Estrella distante, del genial escritor chileno ya fallecido, Roberto Bolaño.

Portada de la última edición española de MausMaus es un libro del que había oído hablar y que sabía que tarde o temprano acabaría leyendo, por la curiosidad que despertaba en mí el hecho de que sea el único cómic que ha ganado el premio Pullitzer (lo que hace el buen marketing). Se trata de un cómic (más bien una novela gráfica) en la que el autor cuenta con minuciosidad la experiencia de un judío polaco durante la ocupación nazi a través de las vivencias de su padre. Lo que se ve en películas de Hollywood como La lista de Schindler o El pianista se queda en un cuento de hadas si lo comparamos con muchos pasajes de este cómic, donde muestra mil situaciones vejatorias, patéticas y de torturas por las que pasa el personaje, el padre del autor, que salva su vida por pura casualidad, sin que lleguemos a entender cómo lo consigue. Es realmente espeluznante ver hasta donde puede llegar la maldad humana. Este cómic hace que te plantees muchas cosas sobre la vida, la muerte, la crueldad pura y absoluta del ¿ser humano?, y no sólo eso sino que hace que revises mil prejuicios (buenos y malos) que tenemos sobre los judíos y otras cuestiones de la historia mundial moderna. 

Pero además, y tal vez lo que es más novedoso y estremecedor para mí, el autor intercala una y otra vez escenas de la relación personal que tiene con su padre. De hecho todo el cómic se sustenta sobre esa relación: el autor, hablando con su padre, se preocupa e interesa por su ascendencia, la historia de su familia y cómo sobrevivieron al nazismo. Art Spiegelman aparece en el cómic desde la primera página, y lo va desarrollando con escenas en las que aparece hablando con su padre, cuaderno de notas o grabadora en mano, mientras éste le relata la durísima experiencia vital que sufrió, todo ello aderezado con escenas familiares a las que a veces da un poco de vergüenza asistir. Pero todo eso es lo que humaniza más el relato, lo vuelve más cercano y es cómo consigue atarte a él. Cuando acabó el libro sentí que quería seguir exponiendo mi mente a todo lo que me brindaba, para que pusiera a prueba mi capacidad de análisis, de empatía, de comprensión. Muy recomendable, la verdad.

Se presenta en blanco y negro, con unos dibujos muy toscos, en los que destacan las figuras lánguidas y escuálidas de los ratones sobre fondos duros y oscuros. Y es que aquí los personajes son animales: los judíos son ratones estilizados, los nazis son horondos gatos de afilados colmillos, los suecos son renos, los estadounidenses son perros y los polacos son cerdos (saquen sus propias conclusiones). Por ejemplo, a mí me ha causado bastantes dilemas morales el que identifique cada nacionalidad con un animal, y que incluya por lo tanto a los judíos como estatus de nación, identificándolos con ratones. Por ejemplo, los alemanes y polacos, ya sean nazis, colaboracionistas o simples almas en pena que sobrevivieron al Holocausto como pudieron, están siempre representados por el mismo animal, gatos y cerdos, sin distinciones. El autor no considera de ellos más que lo que se supone que pone en sus pasaportes.

Hay una escena que me chocó muchísimo, y que no cesó de hacer run run en mi cabeza mientras leía el libro, y creo que está puesta a propósito para causar en el lector este tipo de preguntas. En dicha escena, el autor no sabe cómo dibujar a su mujer, que es de nacionalidad francesa, si como un alce, una rana, una coneja, una perra (por dios qué connotaciones que tienen estos dos animales en femenino), y su mujer se enfada, no sé si con más o menos razón (¿porqué reivindicar tu condición de ratoncita?), porque se siente discriminada. Al final decide dibujarla como un ratón porque ella se acabó convirtiendo al judaísmo para contentar al padre del autor, la fuente de todas las anécdotas del cómic. Yo, que no sé a qué le tengo más tirria, si al separatismo al que nos llevan las religiones más mayoritarias o al separatismo al que nos llevan la defensa de las supuestas razas superiores y naciones ancestrales, no pude evitar sentir pena y tristeza al ver cómo el autor, que sabe lo que es sufrir discriminación por cuestiones religiosas, hace ya de por sí en la génesis de su obra una discriminación con la religión como base (o como dice Jorge Drexler, cantante uruguayo judío que es mi pura debilidad: “no hay pueblo que no se haya creído el pueblo elegido). Aunque hay que reconocerle que esa división da mucho juego desde el punto narrativo (es muy curioso ver cómo dibuja a los judíos que se hacen pasar por polacos o alemanes). En fin, allá cada cual con sus creencias.

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Eclipse rojo lunar

18 Agosto 2009

Tomó la pistola con sumo cuidado y asomando la cabeza miró por la ventana. La luna plateada moría y se iba tiñendo de rojo, ahogada por las nubes. Respiró profundamente varias veces para tranquilizarse un poco. Todo estaba en calma, todo estaba bien. Otra vez. Ahora que se encontraba solo de nuevo sentía una paz infinita, se sintió iluminado y seguro. Quería destrozar algo, o por defecto, destrozarse de alguna manera. Pero no allí, no podía continuar en ese lugar. Mejor apagar la luz e irse. Se aflojó el nudo de la corbata y salió como pudo sin hacer ruido.

Abrió la puerta de la calle y sus zapatos sonaron acolchados por el agua que formaba pequeños charcos en la acera. Miró cuidadosamente hacia un lado y otro de la calle. Todo estaba en calma. Se acomodó la chaqueta y se ajustó un poco más el sombrero. Encendió un cigarrillo protegiéndolo del viento mojado que caía de los árboles, y echó a andar calle arriba, iluminado por la luz granate que se cernía sobre él y todo lo que le rodeaba.

"Agua" - José Wong

"Agua" - José Wong

Detestaba verse envuelto en este tipo de sucesos. Pero al fin y al cabo él lo había elegido así. Aunque no quería este caso desde el mismo momento en que vio a Claudia. Algo en él le decía como nunca antes que no iba a salir indemne. Pero él se tenía por un profesional, y estas cosas tenían su ritmo y su proceso, y él no era quién para cambiarlo. Aunque eso no impedía que a menudo le asaltara una súbita y angustiante sensación de vacío total, como si todo de repente fuera estúpido y sinsentido. No se lo decía a nadie porque no había nadie que quisiera escuchar ese tipo de cosas. El grupo de gente que le rodeaba estaba integrado por personas de mayor o menor confianza para él. Eran personas ni muy íntimas ni desconocidas, lo justo para sobrellevar el día a día, con las que compartía los ratos en los que no pasaba nada. Participaba con dolor de esos momentos en los que la vida se escurría entre ellos como una exhalación, mientras perdían el tiempo hablando de estupideces mientras comían, bebían o las dos cosas: del trabajo en la calle, de las noticias del periódico, de lo que otras personas habían hecho, peleas de gallos por ver quién cuenta el mejor chiste, discutir sobre marcas de cerveza, una y otra vez, y una, y otra… perdemos el tiempo. Y lo peor es que todo está bien, todo está en calma.

Pierden el tiempo, y él, sin escapatoria, lo pierde con ellos, no hay salida, y lo peor es que nadie se da cuenta de cómo se les van sus vidas así… ni siquiera él mismo, pobre. Es como si a los pies de la barra del bar hubiera un desagüe por dónde se van colando las pequeñas cosas realmente importantes, y que no se dicen, no se viven, porque en este mundo están vetadas. Porque hay que hablar del jefe, de la avería del coche, de la última oferta del súper que se ha aprovechado, de le doy celos para que me quiera más, de la lumbalgia de tanto trabajar en la oficina atendiendo denuncias. Nunca logrará hablar con nadie del sabor a pomelo metalizado que tenía el cuello de Esther, la de la peluquería de la Plaza Kenia. Nunca hablaría de que parecía como si su cuerpo lloviera constantemente por los poros gotas cargadas con electricidad, espesas y profundas, y que al deslizarse sobre ella todo en su cabeza se parecía a ríos de chocolate caliente de colores vivos e intensos, y que lo único que quería era chocar y restregarse y zambullirse en esos colores hasta que no pudiera respirar. Sólo saldría de un golpe en el último instante, cuando ella lo viniera a buscar. Pero no, sólo podría decir: “lo de la peluquera, bah, no importa, ya fue”.

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Feliz y curioso cóctel veraniego

8 Agosto 2009
Cuadro 'Las cuatro estaciones' del pintor checo Alfons Mucha

Cuadro 'Las cuatro estaciones' del pintor checo Alfons Mucha

A veces, la poesía se esconde en los lugares más extraños e inusuales. Y no me refiero en un sentido más bien abstracto, como por ejemplo ver algo de poético en la manera en la que mi abuela desgrana con dificultad un racimo de uvas. Me refiero a un texto en sí, un texto que a priori no ha nacido para albergar en su interior nada de poesía, pero que por alguna extraña paradoja, acaba descubriéndose como un melodioso e hipnótico texto.

Hace un par de semanas estaba hojeando el periódico. Llegaba ya al final del diario y pasaba por la página dedicada a la predicción meteorológica cuando algo me llamó la atención e hizo que me detuviera. Debajo de los mapas de isobaras, las tablas de temperaturas nacionales e internacionales y justo encima de una fotografía tomada por el Meteosat, se encontraba lo que parecía un pequeño artículo de opinión. ¿Un artículo de opinión en la sección del tiempo? Qué cosa más rara… el artículo estaba firmado por una tal María Josep Picó, quién aparecía retratada en una pose relajante, que transmitía paz y seguridad. Ahora sé que fue Premio Nacional de Periodismo Medioambiental en 2005. El artículo se titulaba La combinación, lo cual me pareció perfecto para un pequeño artículo de opinión insertado en la página del tiempo, un exótico cóctel.

Lo leí por encima y noté que algo se me escapaba… ¡no me había enterado de nada! Lo intenté varias veces, pero me quedaba tan hipnotizado por la harmonía que me transmitía el texto que sólo podía fijarme en el vaivén de las palabras dentro de mi cabeza. Me encantó la manera en la que estaba redactado y realmente me pareció como un pequeño tesoro escondido en esas páginas por lo común anodinas. Es tal vez una (gran) tontería, pero me parece que este pequeño texto está construído con un habilidad magistral para encadenar sustantivos y adjetivos largos y melódicos, de tal manera que te lleva de principio a fin como flotando encima de una mansa ola. Es algo que me encantaría tener, esa habilidad para salir airoso de una acumulación de palabras biensonantes, darles el toque justo para que parezca que han caído así por casualidad, cuando en el fondo hay mucha práctica y experiencia detrás de una simple frase perfectamente engarzada.

Si no creen lo que digo sobre la harmonía del texto, prueben a leerlo en voz alta, de forma pausada e impostando la voz, como si estuvieran declamando una poesía romántica o uno de los artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. O bueno, si lo prefieren pueden leerlo mentalmente en el caso de que tengan bastante desarrollado el sentido del rídiculo tanto propio como ajeno. A mí me parece muy hermoso el texto, aunque siga sin querer entender su significado (bastante diáfano por otro lado), porque prefiero quedarme con las caricias mentales que me proporciona.

LA COMBINACIÓN

María Josep Picó

María Josep Picó

María Josep Picó, Martes, 21 de julio de 2009, leído en La Opinión de Murcia

La incidencia del viento de levante va a suavizar, en las zonas cercanas al litoral, el incremento de las temperaturas, más acusado desde ayer en el centro y el sur de la península Ibérica. Sin embargo, a partir de mañana este flujo con recorrido marítimo tiende a disminuir por la entrada de una masa de aire sahariana mucho más cálida, favorecida por una depresión barométrica ubicada al noroeste peninsular. Ésta, a su vez, rebajará los valores térmicos en aquella área, como indica el pronóstico del Ceamet. En el área mediterránea, la acción del aire africano coincidirá con los vientos cálidos y sin carga húmeda de poniente. Por ello, mañana se espera un día tórrido.

 

Fotografía de Shana y Robert ParkeHarrison

Fotografía de Shana y Robert ParkeHarrison

Me encanta. La sonoridad del texto me evoca (salvando las distancias) el lenguaje gíglico creado por Julio Cortázar y que éste usa magistralmente en el capítulo 68 de su grandiosa ¿novela? Rayuela. El gíglico es como un juego, un lenguaje musical formado por palabras totalmente inventadas pero que compuestas de una determinada manera en una oración dotan a ésta de una harmonía total. Y si estamos atentos, de un significado… demasiado significado si tienes mucha imaginación.

Rayuela, Capítulo 68

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

Como dice María Josep Picó en su artículo… esperemos un verano bien tórrido.


Yo también soy Varry Brava

7 Agosto 2009

Varry Brava - Idolo

Varry Brava, el grupo ganador del III Concurso de Pop-Rock ciudad de Orihuela, está a punto de publicar su primera maqueta. Uno de los compositores del grupo es el inefable Aäron Sáez, brillante y vertiginoso autor de canciones ya míticas para mí. Un tipo al que vi por casualidad hace más de cuatro años en La Tertulia, y que se me quedó grabado en la frente por sus aires totalmente alunados.

Un tipo que la última vez que lo vi, en La Tertulia de nuevo, acababa de bajar en coche de Madrid para dar un concierto ante apenas dos personas (Rebeka, mi compañera de piso, y yo), y no sólo eso, sino que después se dedicó a regalar gratis cd’s suyos a la gente que había estado en el bar pasando de su concierto. Él fue todo generosidad, el resto de la gente, pura avaricia. Además se pasó todo el concierto provocando a todo bicho viviente con una ironía sutil, con su mordedura dialéctica mordaz. Cuando bajó del escenario entramos en un bucle de agradecimientos recíprocos. Más majo que las pesetas. Así que una persona así de iluminada y lumínica se merecía sin lugar a dudas tener un golpe de suerte como el éxito de Varry Brava.

Si la maqueta de Varry es la mitad de buena que la impresionante portada, va a ser la bomba. Simple pero efectiva. La imagen me evoca infinidad de sentimientos y situaciones. Una locura. Estoy deseando escuchar la maqueta entera, ¡ya!

IloveVarryBrava

P.D.: Además le han puesto la tilde a Ídolo, llámenme friki, pero hoy en día me parece raro que alguien tenga esa pequeña atención por la lengua, en serio.

http://www.myspace.com/somosvarrybrava

http://www.myspace.com/tuquieresservarrybrava

http://aaronsaez.blogspot.com/

http://www.fotolog.com/aaronsaez

http://www.fotolog.com/varry_brava


Animaladas nocturnas

7 Agosto 2009

Animalada-03 titulo

El otro día leí un artículo de Quim Monzó en el dominical Magazine que acompaña al diario La Opinión. En el artículo, Monzó hablaba sobre cómo Eric Clapton había compuesto la canción Wonderful tonight en el salón de su casa, mientras esperaba a que Pattie Boyd (que por entonces estaba casada con el beatle George Harrison) acabara de arreglarse, ya que iban juntos a una fiesta. Eric Clapton estaba aburrido de esperar a que su chica acabara de acicalarse y no tuvo nada mejor que hacer que tomar la guitarra y componer en un rato una de las canciones más simples y a la par efectivas que se han escrito en la música moderna. Cuando Pattie Boyd por fin estuvo preparada, descendió las escaleras esperando encontrar a un Eric Clapton enfadado. Pero todo lo contrario, sonriente y complacido, la miró y le dijo “escucha esto”:

En resumidas cuentas, Quim Monzó decía en el artículo que el aburrimiento es una de las mayores fuentes que tiene el ser humano para crear. Y creo que tiene razón. Aunque no siempre salgan de nuestras mentes obras maestras, si ejercitamos y ponemos a prueba nuestro intelecto y nuestra capacidad de improvisación, por lo menos ya sacaremos algo más en claro sobre nosotros mismos que si nos perdemos delante del televisor o del ordenador (que a estas alturas amenaza con convertirse en un vicio peor que la caja tonta y si no lo manejamos bien, igual de inútil).

Pues bien, aquí dejo un par de minifábulas absurdas que han surgido del más profundo de los aburrimientos nocturnos, de la soledad amenizada por los trabubus, un juego un tanto estúpido tan sólo para ocupar la noche de insomnio, una auténtica burrada, una animalada lo que salió.

Se me ocurrió escribir un par de pequeñas fábulas para adultos, un par de historias en verso (pero sin métrica, nada que ver con la poesía), en las que tendría que incluir al menos una expresión o una alusión directa a algún animal por cada línea. No se trataba de hacer nada realmente brillante, tan sólo hacer un poco el tonto para reirme un rato. Para haberlos hecho del tirón en apenas media hora no están mal, creo yo.

Si consigo despertar alguna sonrisa, misión cumplida, servidor habrá encontrado una razón para seguir escribiendo en este blog, que últimamente dudo un tanto de los motivos por los que lo mantengo. Malos tiempos para la lírica.

favelis_zoocorro

UN GUSANO

Conocí a un tipo que era un gusano,

con un humor de mil perros hambrientos,

que hablaba como un papagayo bañado café,

más pesado que una vaca en brazos,

peor que una mosca cojonera,

y más repetitivo que el arroz con pato.

Se sentía como un pez en el aguardiente

mariposeando alrededor de las flores temblorosas,

atropellándose como un potro desbocado,

y de manera muy poca avispada,

se enfadaba como una hiena,

se ponía echo un basilisco

cuando reparaban en los doce monos de su cara,

escondía la cabeza como un avestruz,

se metía dentro de su caparazón de tortuga

y se sentía un perro flaco

con el rabo entre las piernas.

Con todas las pulgas montó un circo

donde a los enanos les crecían ciempiés,

era apenas un ratero solitario,

un tipo que no distinguía las churras de las merinas,

al que le daba igual ser cabeza de ratón

que diente de león marino.

Un triste perro apaleao,

una asquerosa lombriz,

con un sucia cola de caballo

que se arrastraba como una serpiente,

Con su lengua bífida más de pelotero que de escarabajo,

chupa la sangre sigiloso cual sanguijuela,

engatusa a todos los que le rodean,

los convierte en un rebaño dócil

que no mata al lobo cuando está en su boca,

con las orejeras de burro firmes en la sien,

y un yugo de buey sobre las espaldas.

Un avispero a punto de estallar

repleto de hormigas obreras

esquiroles de tarde de domingo en la cama,

Libro en un escaparate de Zafra, Badajoz. Tuve que leer varias veces el título porque yo veía "Anos y muslos"... ¿en que estaría yo pensando?

Libro en un escaparate de Zafra, Badajoz. Tuve que leer varias veces el título porque yo veía "Anos y muslos"... ¿en que estaría yo pensando?

EN CELO

Quiero ser el conejo de la suerte de Alicia

y que tú, mantis, me cortes la cabeza

y la engullas como envidiosa Hydra salada

después de consumar un perrito caliente.

Tú, mi gacela trepidante,

abeja reina con aguijón de miel,

mi becerra de oro líquido,

quiero olisquearte como un sabueso.

Seré tu san bernardo tristón,

tu bonobo de lomo plateado,

sacaré mis cuernos al sol,

tu espiral en concha es mi hogar,

seré un ratón que sigue a tu flautista de jazmín,

te daré alas, paloma de mi paz

seré un perro pastor que cuide de tu queso

para que no se lo lleven los ratones coloraos,

Cuando no me acurruco en tu marsupio

soy torpe como un gallina sin cabeza,

el patito feo asustado

viendo como devoras a los buitres

mientras oigo cantos de sirena.

Me veo acorralado por el minotauro

como un burro amarrado a la puerta del laberinto,

un lánguido lince doméstico extinguido

como un gato escaldado en una charca hirviendo,

ando para atrás como un cangrejo,

como una hormiguita que tropieza en tu espalda

y cae en su propia telaraña de saldo,

un topo miope en su madriguera.

No morderé la mano que me ha dado de comer,

después de un último abrazo de oso amoroso

me iré cantando como una cigarra feliz,

huyendo de las oscuras golondrinas.

Dame tu dulce de leche, vaca profana,

pajarillo recién nacido en tu nido corredizo,

cabritillo en medio de tu monte en fuego,

amamántame en tu regazo, loba gitana.

Una hormiga sin paciencia, un elefante sin saliva... Martín Favelis, un genio

Una hormiga sin paciencia, un elefante sin saliva... Martín Favelis, un genio


Lázaro Carreter revolviéndose en su tumba (II)

7 Agosto 2009

Sin conexión a internet, lo de escribir en el blog va perdiendo interés. Lo importante es escribir lo primero que se te pase por la mente mientras trasteas por la red. Escribir a parte en otro ordenador sobre algo y luego colgarlo aquí es más artificial todavía si cabe. En la medida de lo posible seguiré escribiendo lo que me salga. Por ahora, dos estampas curiosas tomadas en mi fabuloso paseo por Lavapiés con Gisela, una tarde con dos soles.

“Que pena me da la muchacha de los altavoces, que informa que por reforma va a estar cerrada la línea 3, con lo que a mí me gusta cada vez, sentir el viento que sopla en la boca de metro de Lavapiés”.


Porque sueño, yo no lo estoy

14 Julio 2009

Yo nunca he sido una persona que le diera demasiada importancia a lo que soñamos mientras dormimos (o dormitamos). Más que nada porque me resultaba muy complicado recordar lo que había soñado. Hasta hace no mucho tiempo para mí siempre había sido muy difícil retener las historias que pasaban por mi mente por las noches. A veces, al despertar, era consciente de que había soñado cosas sencillamente maravillosas, pero cinco minutos después, al levantarme de la cama y poner la cafetera, los recuerdos de esa vida oculta se escurrían de mi mente como los posos viejos del café por el desagüe de la cocina: limpiando mis cañerías interiores, dejando en la memoria un olorcito rico y familiar. Al cabo de unas horas, no hay ni rastro, porque la “vida real” sigue virtiendo de a poco su sustancia, y va arrastrándote continuamente.

Nunca llegué a hacer lo que tantas veces me han recomendado: dejar una libreta en la mesilla de noche y anotar, todavía con el velo del sueño aturdiéndote los ojos, todo lo que recuerdas del sueño. Nunca he sido capaz. Prefería disfrutar esos cinco minutos efímeros. Siempre había sido así. Los sueños vienen, habitan dentro de tí, y se van. Así.

Pero desde mi viaje a Brasil eso cambió. Ese viaje cambió muchas cosas en mí, que tal vez a simple vista para un observador externo pasan desapercibidas, pero hay cosas que te quedan, cosas que te llegan sin pedirlas y sin saber porqué, pero sabes que te hacen bien. Yo allí empecé a soñar muchísimo con mi infancia. Nunca en mi vida he tenido tantos recuerdos de mi infancia. Cosa que hasta ese momento de cierta manera me entristecía, porque no conseguía recordar demasiado de mi yo niño.

Los sueños sobre mi infancia se fueron haciendo más recurrentes hasta que regresé a España. Pocos días antes del regreso empecé a soñar con historias que podían parecer totalmente sin sentido, pero siempre cargadas de mucho simbolismo, tensión, pasión, situaciones extremas en las que yo siempre me encontraba en medio. Es extraño, pero era como si mi subconsciente me estuviera dando un aviso: “aquí has vuelto a encontrar tu esencia, toma esos recuerdos e hilvánalos con destreza para el futuro que viene”. Pero eso lo veo ahora. Entonces no.

Desviándonos un poco del tema, a mi vuelta al pueblo me he llevado una grata sorpresa: mi hermana tenía guardado sin saberlo mi acervo musical y cinematográfico: 3500 cd’s y 300 pelis (¿hay algún señor de la SGAYOLA en la sala?) que perdí hace meses debido a la triste defunción de mi disco duro, que le dió un síncope y ahora está en el limbo de los aparatos electrónicos, esperando a que algún día no muy lejano lo lleve a reparar.

Bueno, el caso es que sin más dilación me he propuesto devorar tantas y tantas películas que tenía pendientes. Hasta tal punto que he convencido a un grupito reducido para hacer pequeñas sesiones de cine en casa durante el verano.

La casualidad ha querido que vea tres películas seguidas que son unas obras maestras: Waking life (Despertando a la vida), Las invasiones bárbaras y Léolo. Además, dos de ellas canadienses (las dos últimas), y dos de ellas que tienen como leitmotiv el mundo de los sueños y su influencia en la “vida real” humana (Waking life y Léolo).

Canción de la preciosa Françoise Hardy que aparece en Las invasiones bárbaras, que le viene al dedillo a la película y que ilustra, fuera coñas, lo que en parte es la vida.

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Tierra, soy errante navegante

11 Julio 2009

A veces es muy frustrante intentar traducir la letra de una canción para saber lo que dice, ya que muchas veces pierde el encanto. Eso sucede sobre todo si no conocemos bien esa lengua. Si tenemos un buen conocimiento de la lengua en la que se canta la canción ni siquiera necesitamos traducirlo, lo bonito es que nos viene a la cabeza el significado completo sin necesidad de hacer una correspondencia total de palabras o de segmentos conceptuales, nos viene a la cabeza directamente. De eso siempre me he dado cuenta a la hora de intentar traducirle a alguien una canción brasileña: nunca le llegará tan bien el mensaje a esa persona hasta que no se empape de la lengua, de la sonoridad de las palabras, de la ternura que transmite decir una expresión de una manera peculiar y que sólo se puede decir así en ese idioma.

Por pereza estaba buscando la traducción de la letra de Leãozinho, de Caetano Veloso, canción mítica para mí donde las haya, y sin querer me he enterado de que hace unas dos décadas uno de los mejores grupos que ha dado este país, Radio Futura, hizo una versión de la canción Terra de Caetano. Una interpretación en la lengua propia es lo más cerca que se puede estar de transmitir los sentimientos de la canción original. Y aunque está genial la versión, más moderna, con ese toque a caballo entre lo místico y lo hindú, una vez que he escuchado la versión de Caetano para mí no hay otra. Por otra parte, la auténtica maestría de artesano de la lengua portuguesa de la que hace gala siempre Caetano hace que no tenga rival la sonoridad de sus fraseos. Sublime.

La canción habla sobre la primera vez que Caetano vio una fotografía de la Tierra tomada desde el espacio. Cuando el hombre llegó a la Luna, él se encontraba en la cárcel por subersivo, por haberse rebelado contra la dictadura que reinaba entonces en Brasil. Entonces se tuvo que conformar con verla por un recorte de periódico que le pasaron a su celda. Es mítico el enfrentamiento que tuvo con el público de un famoso concurso musical nacional, al estilo San Remo pero en Brasil, en 1968, cantando É proibido proibir (Está prohibido prohibir). Ante los silbidos del público aborregado, Caetano dejó de cantar y se puso a gritar, acusándolos de no querer cambiar las cosas, de no querer actuar, de no luchar por la libertad. Al bajar del escenario lo arrestaron  y lo metieron en la cárcel. A los pocos meses se exilió a Londres.

Demos las gracias hermanos a ciertos dictadores de nuestra era, ya que sin ellos, gente como Caetano Veloso o Joaquín Sabina no habrían salido fuera de sus países enrrabietados y con ganas de revolucionar la escena musical y cultural de sus respectivos países. Con sus respectivos desexilios, estos “errantes navegantes” abrieron caminos totalmente nuevos y renovados.