Me encanta viajar, como sea y por la razón que sea, pero moverme de un lugar a otro. Nunca me dejará de sorprender la manera en la que los viajes cambian nuestra percepción de la realidad y de nosotros mismos, y cómo se modifican muchos conceptos cuando llegas a un lugar, como el del tiempo o tu interacción con el medio que te rodea.
Una vez más (y ya van unas cuantas) he hecho un viaje de apenas una semana a Murcia y me ha sorprendido muchísimo el verme dentro de ese lienzo que es la realidad murciana. En el mejor sentido de la expresión.
Regresar a tus orígenes supone siempre enfrentarte de alguna manera a ti mismo, a lo que fuiste y a lo que en el fondo sigues siendo. En un terreno conocido, por muy hostil que pueda parecer a veces, siempre llegas a manejarte mejor y sabes cómo lidiar con ciertas circunstancias, a base de experiencia y ensayo y error.
Unas veces creo que todo sigue igual y otras veo que todo ha cambiado. Y claro, como esa visión surje de mí, no puedo evitar pensar que en realidad, lo que se estanca o evoluciona al fin y al cabo, soy yo mismo.
Hace unos meses sentía que no tenía un lugar con el que me identificara y en el que me reconociera, de repente en este viaje me he dado cuenta que se puede tener más de un hogar. Una de las verdades universales con las que concuerdo más es que un lugar lo hace la gente. Y un lugar se convierte en hogar cuando hay gente que te conoce y que te aprecia, en la que te reconoces y con la que puedes compartir lo poco que puedas tener para dar.
Salir fuera es en mi caso una decisión personal, lo hago porque quiero y porque hay algo dentro de mí que hace saltar una alarma cuando la rutina empieza a hacer mella en el día a día. A pesar de que a veces me he sentido muy solo, incomprendido, perdido o sin un horizonte claro, y he echado mucho en falta a mis seres queridos. Pero si yo he elegido salir y descubrir otras cosas, cualquier experiencia es buena. Si tú eliges estar en un lugar determinado y eres feliz al tomar esa elección, por dura que sea tomarla, entonces sabes que al final estará todo bien pase lo que pase en ese lugar. Sabes que pase lo que pase, en este viaje el cosmonauta siempre tendrá un lugar adonde regresar.
Y aunque sienta que tengo más de un hogar, muy a menudo me siento como un cosmonauta que está de paso y que nunca acaba de tocar tierra. Y si lo hago, es para tomar impulso y volver a saltar más alto todavía. Y aunque da vértigo, ese vértigo no da miedo, me excita y quiero saltar más alto. Pero si no tienes miedo al vértigo, puedes llegar a perder la perspectiva de las cosas, y no hay que olvidar que la base está en tierra. Cosmonauta no saltes tan alto que te puedes perder en el espacio.
Viajar dentro de este viaje es la más saludable mise en abîme que puede haber en la vida, porque aprendes a valorar lo que tienes aquí y allí, y como tus neuronas viajan mucho más rápido que tú, también aprendes a valorar lo que tuviste y a perderle el miedo a la incertidumbre de lo que puedes llegar a tener o perder en el futuro.
Y sobre todo, aprendes que echar de menos es lo más normal del mundo, y te das cuenta que estos momentos que hoy vives un día también los echarás de menos, interminablemente. Por eso hay que seguir adelante y vivir con pasión el momento, para construir nuevos recuerdos que nos den fuerza en el futuro.
De todas formas y bien mirado, ¿quién de nosotros no está de paso aquí? ¿Dónde llegaré? ¿Cuándo llegaré?




Escrito por nefelibatrad 












Pero si hay un libro que sale este año (salió hace algo más de una semana de hecho) y que me atrae bastante es el 1Q84 de Haruki Murakami. Hace no muchos años que escuché hablar de este escritor nipón, y aunque todavía no me he leído nada de él, siempre me ha interesado toda información que he podido leer sobre su persona o lo que me han podido contar de su obra. Parece ser que es uno de los nuevos gurús (léase, un superventas “alternativo”) de la literatura actual, como pueden ser Paul Auster o Michel Houellebecq. No obstante he leído que se le asocia bastante la etiqueta de “escritor pop” por la manera que tiene de abordar sus novelas, que suelen contar, nada nuevo y todo por redescubrir, encuentros y desencuentros de mujeres y hombres en grandes ciudades, la recurrencia del pasado, los recuerdos y los sueños, todo ello aderezado con ligeros toques de novela pulp o novela negra.








