Abril, Verano, y los agravios de un traductor (2)

24 febrero 2009

Continuación de Abril, Verano, y los agravios de un traductor (1).

abettegaAl par de días recibí un cuento llamado Verão (Verano), de un tal Amílcar Bettega Barbosa… en ese momento, un total desconocido para mí. A la hora de traducir, siempre que se tenga tiempo, es bueno documentarse un poco sobre las fuentes y sus autores, así que busqué información del autor por internet. Aquí es cuando empecé a ser consciente de lo que la providencia había colocado en mis manos. Resulta que el cuento que yo tenía que traducir formaba parte de un libro de relatos, Os lados do círculo (Los lados del círculo), que en 2005 le había reportado a Amílcar Bettega el Premio Portugal Telecom de Literatura, el premio literario en lengua portuguesa más importante del mundo. Sensación de vértigo. Seguí buscando y descubrí que este escritor nacido en Río Grande do Sul y afincado en París era uno de los numerosos nuevos valores de la literatura brasileña y que destacaba por abrirse un hueco en el mundillo con un estilo propio. Más vértigo. Entonces me leí tres o cuatro entrevistas que le hicieron a raíz del premio. Había un rasgo en común en todas ellas: cuando le preguntaban por su estilo y sus influencias, siempre salía a relucir el realismo fantástico y, sobre todo, un nombre mítico, mágico e importantísimo para mí: Julio Cortázar. En ese momento el vértigo desapareció y lo reemplazó la seguridad de que este trabajo iba a ser una experiencia única, placentera y memorable para mí. Y así fue. Tocaba relajarse y disfrutar, así que me dispuse, ahora sí, a leer el texto.

A primera vista, me llamó muchísimo la atención la estructura del cuento: comenzaba con dos columnas que contaban historias diferentes (paralelas, concretamente). Luego en la segunda parte las columnas parecían fusionarse, había abundantes diálogos y culminaba con una especie de mapa o esquema que al principio no entendí bien. Al final, la estructura volvía a la “normalidad” y acababa con unos párrafos como si nada de lo que había visto hubiera pasado. Después de sobrevolar el texto de esa manera, y aprovechando la valiosa soledad del momento, me zambullí en él con la inocencia de un niño.

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Abril, Verano, y los agravios de un traductor (1)

24 febrero 2009

Un día del año pasado, por estas mismas fechas, estaba echándole un vistazo a un mail de la lista de distribución de la FTI de Granada, cuando leí un mensaje que me hizo saltar de emoción de la silla. Se trataba de un mail del Círculo Cultural Antonio Machado, una asociación cultural sita en Luxemburgo, en el que se pedían traductores voluntarios del portugués al español para un número especial dedicado al relato corto en lengua portuguesa. El número debía ver la luz en abril en la revista del mismo nombre (Abril) que edita el Círculo. Además, el mensaje venía firmado por Paca Rimbau, traductora genial y mujer cercana y generosa, en cuya casa estuve viviendo un par de meses hace 4 años, mientras buscaba desesperado piso por Granada. Eran tan feliz esa casualidad que no dudé un momento y escribí para ofrecer mis servicios de aprendiz de traductor. Aunque no me fueran a pagar suponía un reto importantísimo para mí y mi primera y anhelada incursión en la traducción literaria.

Germano Almeida. Fuente: Las Provincias

Germano Almeida. Fuente: Las Provincias

La respuesta fue inmediata. Primera sorpresa: me encargaron traducir un cuento de Germano Almeida, el escritor caboverdiano más importante de las dos últimas décadas, autor de una obra básica de la literatura luso-africana moderna: El testamento del Señor Napumoceno. El cuento se titulaba Os agravos de um escritor (Los agravios de un escritor). Le eché un vistazo rápido al cuento y vi que no me plantearía demasiados problemas. Era sencillo, estaba escrito con un estilo muy claro y tenía un puntito gracioso que haría más amena la tarea. Siendo sincero esperaba un poco más del cuento, estaba entretenido, pero no era una obra maestra. Más que nada le faltaba un poco de pimienta. Aún así fue muy lindo poder traducirlo y saberme con la responsabilidad de traducir un cuento de un escritor tan importante.

Aquí tenéis mi versión del cuento:

Germano_Almeida_-_Los_agravios_de_un_escritor

Cuando envié mi traducción, el editor de la revista me respondió agradecido y con una propuesta: una nueva traducción. El tiempo apremiaba y los traductores escaseaban. Así que como había disfrutado mucho con la experiencia, acepté encantado. Portugués en vena.

Continuará…


Lázaro Carreter revolviéndose en su tumba (1)

20 febrero 2009

Cada vez que, como se suele decir, le meto una patada al diccionario, me acuerdo siempre del “guardián de la palabra”, el inefable Lázaro Carreter, de su infalible El dardo en la palabra   y de cómo me abofetearía si me tuviera delante. Esta entrada es un humilde homenaje a su fino y lúcido trabajo. Así que cada vez que lea, escuche o vea alguna barbaridad a la hora de usar la lengua, y tenga tiempo, lo pondré aquí.

Para empezar, una foto mítica, que he guardado a través de los años porque es muy graciosa, el mundo al revés. Una tienda de golosinas del Raval, Barcelona, febrero de 2006. Sin comentarios…

Sí o sí

Sí o sí


Tertulia entre amigos

19 febrero 2009

Existe en Granada un lugar mítico que sirve de punto de encuentro para gente afín a la canción de autor, al tango, la pintura, los cuenta cuentos, el flamenco, el jazz, la poesía o el cine. Un área protegida para aves raris del mundillo artístico granadino, donde de repente te puedes encontrar tomando una cerveza a ilustres granadinos como Luis García Montero Enrique Morente, en unas mesas a las que en su día se sentaron Mario Benedetti, Alberti, Saramago, Bioy Casares, Ángel González, Javier Krahe, Joaquín Sabina, Almudena Grandes, Juan Gelman o Paco Rabal, entre otros. En sus paredes, retratos de Cortázar, Gardel o Borges, carteles del Festival Internacional de Tango (que organiza Tato, el dueño del bar), fotografías añejas, poesías enmarcadas, y un tono azulado del humo acumulado a través de los años. Ese sitio se llama Arte Café La Tertulia, mi segunda casa durante este duro curso, un lugar para desconectar y sentirme siempre en familia.

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Nefelibata, estaba escrito…

17 febrero 2009

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Seguro que conocéis el juego del diccionario. Sí, ese en el que una persona (de un mínimo de tres) coge un diccionario y elige una palabra, y el resto de jugadores tienen que escribir la definición que les evoque esa palabra en un folio.

A finales de mayo de 2007 me encontraba en João Pessoa de intercambio académico. Esos eran los últimos días que pasaría en esa maravillosa ciudad antes de emprender un viaje pseudo-mochilero por medio Brasil com o meu parceiro Carlos, y apetecía bajar las revoluciones del viaje y pasar unos ratitos a gusto con algunos de los buenos amigos que hicimos allí. Una de las personas más especiales y que más me marcaron en mi estancia en la capital paraibana fue sin duda Zonda Bez, un periodista y artista visual pernambucano que luchaba por hacer llegar el cine a los más recónditos rincones del estado de Paraíba.

Una noche estábamos los tres en su fabulosa casita del barrio de Castelo Branco, a tiro de piedra del campus de la UFPB. Tirados en el suelo y con un sopor embriagador vagando en el ambiente, decidimos ponernos a jugar (valga la redundancia) al juego del diccionario. Yo elegí empezar primero y escogí la palabra totalmente al azar, esto es, abrí el diccionario por una página cualquiera y con los ojos cerrados dejé que mi dedo cayera en la página.

Cuando los abrí no podía dar crédito de lo que estaba viendo. ¡Qué palabra tan bonita! ¡Qué sonoridad! ¡¡Qué significado!! ¡albricias! ¡evohé! ¡caracoles con tomate! Ante mi mirada atónita, les dije la palabra y les pedí que la escribieran, que enseguida entenderían mi asombro. La palabra en cuestión, elegida inocentemente a ciegas, era NEFELIBATA:

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Tarde en el parque: los sábados al sol, el maná resultó ser unos M&M’s

15 febrero 2009

Ayer, día de los grandes almacenes, eh… perdón, de los enamorados, mi compi de piso, Rebeka, y yo, nos fuimos de merienda al Parque Paco Seco de Lucena (conocido por nosotros como el “parque japo”), una especie de parque zen secreto, escondido en las entrañas del Realejo. Con el sol pre-primaveral de Granada, saqué a pasear mi sonrisa y mi nueva cámara de fotos digital (¡la primera de mi vida! qué bonito).

En la travesía del desierto que todo recién licenciado en Granada debe pasar, tienes que buscar tus fuentes de alegría en cualquier detalle y rincón para que el ánimo no decaiga. Et voilà, nos cayó el maná del cielo… et la joie de vivre nos embargó para el resto del día.

El maná resultó ser sólo confeti... EL ROTO, 27-11-05, El Pais

 EL ROTO, 27-11-05, El País

 

Wikipedia:

Maná (hebreo:מן), según el libro del Éxodo, era el alimento enviado por Dios todos los días durante la estadía del pueblo de Israel en el desierto. Todos los días menos el sábado, por lo cual debían recolectar doble ración el viernes. También se encuentran referencias en midrashes judíos que el maná tenían el sabor y la apariencia de aquello que uno más deseaba. En el libro del Éxodo se le describe apareciendo cada mañana después de que el rocío hubiera desaparecido, y debía ser recogido antes de que el calor del sol lo derritiera. 

Eso no hubiera pasado si a dios se le hubiera ocurrido hacer el maná con forma de M&M’s. Y con una buena campaña de publicidad se lo hubieran quitado de las manos: “M&Maná’s se derrite en tu boca y no en tus manos”. Una pena. Pero ahora aquí estoy yo para recogerlo, y seguro que acabo saliendo pronto del desierto.

El maná resultó ser unos maravillosos M&M's...

 El maná resultó ser unos maravillosos M&M’s…

Chau nº3


La Nouvelle Vague y los últimos de la fila

14 febrero 2009

 

 Hola a todos,

Bueno, pues ya tengo un blog. Ya era hora de entrar en este mundillo, aunque me he resistido bastante a caer (un poco más) en esta red. Procuraré actualizarlo siempre que pueda con todo aquello que me parezca interesante.

Y qué mejor para empezar que el último trabajo que he hecho para la carrera que acabo de terminar. Se trata de un trabajo para la temible asignatura Civilisation Française, de la profesora Joëlle Guatelli-Tedeschi, una mujer idealista y exigente (“soyons réalistes, éxigeons l’impossible“). Quien haya hecho esta asignatura sabe bien de lo que hablo: es una asignatura cuatrimestral, impartida en francés, por supuesto, en la que se estudia desde la formación de las cadenas montañosas francesas en la Era Primaria hasta las últimas manifestaciones estudiantiles contra Sarkozy. Todo ello aderezado con temas sobre hidrología, economía, cultura, educación (con sus respectivas leyes), parando además en los reyes y revoluciones más importantes. Cuando me puse a estudiar para el examen debía tener más de 1000 páginas de apuntes sobre mi mesa.

Esto no sería tanto problema si la asignatura volviera a ser anual. Antes de que cambiara el plan de estudios de nuestra carrera en 2001, esta asignatura era anual, y así la profesora podía dar más tranquilamente la clase y los alumnos podían aprender y asimilar mucho mejor los conocimientos. Lo que pasa es que la asignatura pasó a ser cuatrimestral y no sólo no se ha reducido la cantidad de apuntes, sino que cada año va en aumento.

Ahora un cotilleo. Justo después de hacer el examen de esta asignatura, la mañana del 10 de diciembre pasado, Joëlle salió conmigo al pasillo y se puso a corregir mi examen allí mismo, ya que yo era el único alumno que pidió la convocatoria extraordinaria. Mientras me corregía el examen aparecieron Ana Díaz Ferrero, profesora de Civilización Portuguesa, y Laura Carlucci, profesora de Civilización Italiana, que en su día también fueron mis profesoras (con Ana hice todas las optativas de portugués existentes en la FTI). Llegaba apresuradas y nos interrumpieron (total, sólo estábamos en la decisiva corrección de mi penúltimo examen de la carrera, no pasa nada…). Esta muy feo escuchar las conversaciones ajenas, pero como está más feo interrumpirlas, pues sin querer me enteré del motivo de esta repentina aparición. Venían a hablar con Joëlle, ya que todos los profesores de las asignaturas de Civilización de la facultad iban a quedar en petit comité para hacer un frente común con el fin de defender que sus asignaturas pasaran a ser anuales. Resulta que con toda la reestructuración de los planes de estudio que se va a llevar a cabo con el sacrosanto Plan Bolonia, existía esta posibilidad, pero según decían estas dos profesoras, desde el decanato se les había dicho que no había ni dinero ni tiempo para hacerlo, así que las asignaturas de Civilización seguirían siendo cuatrimestrales.

En esos momentos asistí con el corazón encogido a las amargas quejas que las tres profesoras soltaban al viento entristecidas. “Algo tan básico como conocer la cultura de un país no se puede mostrar en 4 meses” decía una, “tanto dinero para unas cosas y para lo básico nunca hay”, decía otra, “¡voy a tener que eliminar muchísimo temario y Civilización se va a acabar conviertiendo en una ‘maría’!”, exclamaba la de más allá. Y mucha razón que tenían. Es un tema que repercute decisivamente en nuestra formación como traductores. Pero yo, pensándolo bien y mirándome el ombligo, no puedo evitar pensar que las víctimas de todo esto, los últimos de la fila en estos malabarismos con los presupuestos y los planes de estudios, siempre somos los alumnos. Me parece injusto que nos exijan a veces tanto esfuerzo y tiempo por nuestra parte cuando por la parte de la facultad no nos ofrecen ni la mitad de lo que nos merecemos.

Me refiero a que yo estoy de acuerdo en que nos exijan todo y más, sí, pero también me gustaría que la facultad se esforzara en proporcionarnos asignaturas útiles, medios y material actualizados y modernos, y técnicas que nos puedan servir en un futuro. ¿Cómo prentenden que sepamos en 4 meses hitos de la cultura y la historia de un país que un nativo nunca sabrá? ¿Cómo se pueden enfadar los profesores y tratarnos poco menos que de ineptos por no saber hacer una traducción jurídica inversa después de 10 clases a toda prisa? ¿Cómo pretenden que sepamos desenvolvernos en el mundo laboral si en clase trabajamos unas pocas semanas con versiones antiquísimas del Trados o el QuarkXpress? De hecho, hasta hace poco muchos ordenadores de la facultad todavía trabajaban bajo Windows98, increíble pero cierto. En la carrera he sentido demasiadas veces que los profesores nos metían a todos en un saco donde cabían incompetentes, vagos o personas infantiles y con dudosas capacidades intelectuales. Señores/as, lo que ocurre es que nos exigen muchísimo más de lo que la facultad nos da. Más valdría que se esforzasen en renovar las cabinas de interpretación, ampliar el número de ordenadores y actualizarlos, cambiar los bancos de las aulas que llevan ahí desde los años 60 por unos algo más ergonómicos y que algunos profesores salieran a la calle y se actualizasen un poquito antes de exigirnos tanto a los alumnos, que como digo, siempre somos los últimos en esta pirámide burocrática de poder. 

Bueno, volvamos al trabajo de la Nouvelle Vague y el cine francés. El caso es que le pedí a la profesora, Joëlle, hacer un trabajo voluntario para subir nota (lo iba a necesitar). El tema podía ser cualquier cosa relacionada con Francia, y a ser posible con el temario de la asignatura. Primero le propuse como tema a Jacques Brel, es mítico cantante belga que desarrollo su carrera en Francia, pero ella lo desechó. Así que, y barriendo un poco para mis aficiones, le propuse la Nouvelle Vague del cine francés. Aceptó y me puse manos a la obra. El trabajo debería haber tenido unas 30 páginas y haber sido entregado antes de las vacaciones de navidad, pero me entusiasmé tantísimo con el tema, me involucré tanto, que le pedí a Joëlle entregárselo después de navidad, y el trabajito ha acabado teniendo cerca de 90 páginas. Lo mejor de todo es que he aprendido y descubierto cientos de cosas que no conocía sobre el cine, y ahora tengo la deuda conmigo mismo de ver todas las películas sobre las que he hecho el trabajo. Aquí lo tenéis (en francés), por si le sirve a alguien, o simplemente por si queréis saber un poquito más de este magnífico grupo de cineastas.

 la-nouvelle-vague-civi-francesa-ugr-pablo-anton (Cuidadín que pesa 8Mb) Nota: debido a las leyes de protección de copyright a las que Youtube se ha aficionado, hay varios enlaces a vídeos de escenas de películas que ya no funcionan, porque los han retirado. Una pena.

Os dejo con la petrificante mirada de Anna Karina en Vivre sa vie (1962), el cuarto largometraje del que era por entonces su afortunado marido, Jean-Luc Godard.

 


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