Abril, Verano, y los agravios de un traductor (2)


Continuación de Abril, Verano, y los agravios de un traductor (1).

abettegaAl par de días recibí un cuento llamado Verão (Verano), de un tal Amílcar Bettega Barbosa… en ese momento, un total desconocido para mí. A la hora de traducir, siempre que se tenga tiempo, es bueno documentarse un poco sobre las fuentes y sus autores, así que busqué información del autor por internet. Aquí es cuando empecé a ser consciente de lo que la providencia había colocado en mis manos. Resulta que el cuento que yo tenía que traducir formaba parte de un libro de relatos, Os lados do círculo (Los lados del círculo), que en 2005 le había reportado a Amílcar Bettega el Premio Portugal Telecom de Literatura, el premio literario en lengua portuguesa más importante del mundo. Sensación de vértigo. Seguí buscando y descubrí que este escritor nacido en Río Grande do Sul y afincado en París era uno de los numerosos nuevos valores de la literatura brasileña y que destacaba por abrirse un hueco en el mundillo con un estilo propio. Más vértigo. Entonces me leí tres o cuatro entrevistas que le hicieron a raíz del premio. Había un rasgo en común en todas ellas: cuando le preguntaban por su estilo y sus influencias, siempre salía a relucir el realismo fantástico y, sobre todo, un nombre mítico, mágico e importantísimo para mí: Julio Cortázar. En ese momento el vértigo desapareció y lo reemplazó la seguridad de que este trabajo iba a ser una experiencia única, placentera y memorable para mí. Y así fue. Tocaba relajarse y disfrutar, así que me dispuse, ahora sí, a leer el texto.

A primera vista, me llamó muchísimo la atención la estructura del cuento: comenzaba con dos columnas que contaban historias diferentes (paralelas, concretamente). Luego en la segunda parte las columnas parecían fusionarse, había abundantes diálogos y culminaba con una especie de mapa o esquema que al principio no entendí bien. Al final, la estructura volvía a la “normalidad” y acababa con unos párrafos como si nada de lo que había visto hubiera pasado. Después de sobrevolar el texto de esa manera, y aprovechando la valiosa soledad del momento, me zambullí en él con la inocencia de un niño.

Me encontré con un relato original y viejo conocido a la vez, conmovedor y angustioso al mismo tiempo. Una historia intensa que a medida que avanzaba me hacía aferrarme más a la silla, con la brutalidad y la sequedad que a menudo se echa tanto en falta en muchos relatos edulcorados. Un texto en el que apenas se vislumbra la mano del escritor, quien, con el rostro oculto tras una tenue sombra y con un gesto severo y un tanto socarrón, te secuestra, te lleva y te dirige a su antojo, para, una vez que te ha dejado aturdido, dejarte tomar aire y abandonarte a tu suerte. Eso sí, teniendo antes la deferencia de dejarte la puerta y todas las ventanas abiertas. No se le puede pedir más.

Aquí, mi traducción al español:

 Amilcar Bettega – Verano

Ante tal desafío, decidí tomármelo en serio, y decidí ponerme en contacto con el autor para hacer la mejor traducción posible y conseguir mantenerme fiel al estilo original. Conseguí dar con su mail después de un buen rastreo por internet y ni corto ni perezoso le escribí y le puse al tanto de lo que se estaba cociendo (era muy probable que desconociera el hecho de que un cuento suyo iba a ser traducido al español para una revista literaria en Luxemburgo, bastante probable). Me dirigí a él con una cierta cautela, ya que por ese entonces (horas después de recibir el cuento) ya le profesaba un gran respeto. Muy al contrario de todo lo que yo me pude llegar a imaginar, Amílcar siempre se mostró atento, amable y respetuoso conmigo en la correspondencia que mantuvimos por correo electrónico. Un gesto que le honra, ya que otro tal vez se hubiera indignado por confiarle a un estudiante la traducción de un cuento suyo. No sólo eso, sino que me envió la traducción al francés que se había hecho un año antes del mismo cuento, para que tomara ideas. Me respondió con diligencia a la batería de preguntas que le lancé y me aconsejó con cordialidad y una amable distancia, para darme libertad en mis decisiones: “un traductor no tiene que dar explicaciones de sus elecciones”, me dijo. Con la sensación del trabajo bien hecho, me dí por fin por satisfecho y mandé la traducción.

Hasta aquí todo maravilloso, ? Pues también tuvo su trago amargo. Pero antes, otro sorbito sabroso. Dió la casualidad de que mis dos mejores amigos, Carlos y Adrián, ambos poetas poetinhas vagabundos y también traductores de portugués, estaban involucrados en el proyecto. Ninguno supimos que los otros estaban en esto hasta bien avanzado el trabajo. Nuestra primera experiencia como traductores literarios: al mismo tiempo, a distancia y sin saberlo. Menos mal que todas las primeras veces no son así. Los tres teníamos un algo en común y que tal vez jugó en nuestra contra a la hora de que el equipo de edición de la revista diera por cerradas nuestras traducciones: recién licenciados o estudiantes de traducción, jóvenes y con poca experiencia. Carne de revisor/corrector.

En mi caso, el editor me dijo que había revisado mi texto con un brasileño y que habían decidido hacer algunos cambios. Las versiones que recibí no tenían ninguna palabra resaltada, así que si quería saber exactamente qué habían cambiado tenía que dedicarme a leer su versión y la mía a la par para descifrar los cambios. Y sintiéndolo mucho no tenía tiempo en ese momento. Les dije que no acababa de estar de acuerdo con ciertas correcciones que había visto y que algunas eran ciertamente discutibles, pero ante su insistencia respecto a la falta de tiempo al final les dije que confiaba en ellos, en sus dotes literarias y en su experiencia como editores… craso error. Lo siento, pero está claro que el ser nativo o editor no te convierte automáticamente en traductor. No voy a extenderme aquí, pero cuando por fin recibí una copia de la revista en mi casa y leí los cuentos, asistí con un profundo dolor a varios estropicios (uno en concreto me pareció un error muy grave y común) en la versión final de los textos. Ya estaba imprimido y no había más que discutir. Se rompió la magia de leer esas traducciones en las que había puesto tanto empeño e ilusión, y todo, por pecar de novato.

Días después me encontré por los pasillos de la facultad a una persona que tiene gran parte de la culpa de que hoy el portugués sea algo esencial en mi vida, Miguel Murillo Melero, mi profesor de portugués el primer año de carrera, y le expliqué lo sucedido. Él me miró y con una frase me enseñó una lección que hoy todavía recuerdo: “no te olvides nunca de que el traductor tiene siempre que corregir las correcciones, tú eres el último revisor”. Oído cocina. Nunca máis.

A pesar de ese pequeño desencuentro estoy profundamente agradecido a la gente de la revista Abril por haberme brindado la oportunidad de tener mi primera experiencia como traductor literario, y además, trabajando con el portugués. Y encima, como propina, me llevé una buena lección, de la que mi orgullo de traductor no salió muy bien parado y de la que he tomado nota y aprendido… ¿alguien da más?

Para acabar, y aprovechando que he citado a Cortázar más arriba, os dejo con una joya en forma de poema. Espero que os guste, hasta pronto:

HAPPY NEW YEAR

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

Julio Cortázar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: