La llorona de Beirut y, ¿por qué no?, Carlos Marzal


Hoy tengo la noche parca en palabras. Las mías me las quedo para mí, pero doy paso a las de otros, y así os dejo el último vídeo de Beirut, uno de mis grupos fetiche, La llorona, una canción fúnebre que Zach Condon (el jovencísimo genio y líder del grupo) ha grabado con una banda de Oaxaca (México), un videoclip que estremece con su belleza. Nunca pensé que me llegaría a gustar una canción con aires de banda folclórica del Levante, pero ésta merece un hueco en mi corazoncito. Y de propina, una pequeña y humilde selección de poemas de Carlos Marzal… ¿quién no se ha sentido alguna vez como el último de la fiesta? 

 

Bueno, por petición popular (de una persona), actualizo este entrada y explico un poco sobre este nuevo vídeo. El líder de Beirut, Zach Condon, se destapa con un doble EP, precisamente en el que me parece que es su trabajo más intimista y personal. Reconozco que March of Zapotec/Holland (2009) es un disco de difícil digestión (con una portada realmente horripilante), sobre todo para quien no haya escuchado antes a Beirut. Pero conociendo sus obras anteriores te das cuenta de que estos dos EP’s no son más que un descenso a los infiernos del joven músico de Santa Fe, Nuevo México (EE UU), que se abre las entrañas para extraer lo más íntimo de su rico universo musical.

Zach Condon con la lógica cara que se te queda cuando ves la portada

Su estilo proviene de los múltiples viajes que realizó como mochilero por Europa cuando tenía 16 años: para su primer álbum, Gulag Orkestar (2006) se empapó de los ritmos balcánicos, sobre todo de la banda de Boban Markovic. Pasó un buen tiempo de su viaje europeo en París. En la ciudad de la luz se movió por los ambientes bohemios y siguió su aprendizaje acelerado… y este iluminado dió a luz The Flying Club Cup (2007), un álbum donde siguen presentes reminiscencias de la música folclórica del este, pero esta vez más influenciado por la chanson française, tomando de aquí y allá de músicos sin apenas importancia (nótese la ironía) como Jacques Brel, Serge Gainsbourg o Ives Montand. Con ese disco yo lo descubrí, y a ese álbum pertenece la que podría denominar “mi canción de 2008”, la que no me he cansado de escuchar una y otra vez: Elephant Gun. Me encantaría vivir dentro de ese videoclip, por lo menos durante un tiempo, se les ve en su salsa a los muchachos.

En el primer EP de este álbum, March of Zapotec, Zach Condon plasma las melodías que descubrió en un viaje que realizó al otro lado de la frontera, así que para allá que se fue a grabarlo con una banda popular de Oaxaca. El segundo EP de este álbum, Holland, firmado bajo el nombre que utilizaba Zach antes de formar Beirut, TheRealPeople, son unas canciones de electrónica experimental, una música a veces un tanto oscura, y en la que creo que se intuyen muchas horas de trabajo encerrado en un estudio. Me parece que Zach Condon nos abre su universo particular, pero realmente no le importa nada lo que podamos pensar, esto es lo que ahora quería hacer, y aquí lo tenemos. Aunque no sea exactamente lo que yo esperaba, lo tomo, lo asumo y lo hago mío.

Aquí el vídeo de la canción de Holland que más recuerda a lo que venía haciendo Beirut hasta ahora… Concubine.

…CARLOS MARZAL…
 
 
 
EL CORAZÓN PERPLEJO
Desventurado corazón perplejo,
inconsecuente corazón,
                                                 no dudes.
No tiembles nunca más por lo que sabes,
no temas nunca más por lo que has visto.
Calamitoso corazón,
                                          alienta.
Aprende en este ahora
el pálpito que vuelve con lo eterno,
para latir conforme en valentía.
Los números del mundo están cifrados
en la clave de un sol tan rutilante
que te ciega los ojos si calculas.
Ciégate en esperanza,
                                            errátil corazón,
suma los números.
Un orden en su imán te está esperando.
Desde el final del tiempo se levanta
un ácido perfume de hojas muertas.
Respíralo y respira su secreto.
Abre de par en par tu incertidumbre.
No permitas
que encuentre domicilio la tibieza,
ni que este inescrutable amor oscuro
cometa el gran pecado de estar triste.
Acógete a ti mismo en tus entrañas
con tu abrazo más fuerte,
tu mejor padre en ti, tu mejor hijo,
gobierna tu ocasión de madurez.
Insiste una vez más,
aspira en estas rosas
su pútrido fermento enamorado.
En este desvarío de tu voz
se desnuda el enigma, transparece
la recompensa intacta de estar siendo.
Aquí estamos tú y yo,
altivo corazón,
                                en desbandada.
A fuerza de caer, desvanecidos.
y a fuerza de cantar,
                                          enajenados.
 
  

 

EL POEMA DE AMOR QUE NUNCA ESCRIBIRÁS
Debería nombrar (debería intentarlo)
el afán hasta hoy por ti dilapidado
en perseguir amor, que quizá fuera tanto
como el afán de huir, fatigado hasta el asco,
de todas las trastiendas, repletas de fracasos,
que los cuerpos arrastran, y en que nos arrastramos.
Debería acoger, dar lugar a unos labios
que nombraran sin fe, sólo de cuándo en cuándo
-por momentos, sinceros; por momentos, falsarios-
diálogos de alcoba que pareciesen tangos
(eso acaban por ser, o algo más triste acaso,
siempre que en la distancia solemos evocarlos):
De esta vida tan sucia, de sus trabajos vanos,
me consuela, mi amor, el fingir,  fabulando,
otra eterna contigo, cogidos de la mano.

Y habría de alojar dictámenes sagrados,
con los que, ya bebidos, tanto nos excitamos:
De entre todas las perras que en la noche he tratado,
la más perra eres tú. Debería, malsano,
contener esas citas de los domingos vastos,
insulsas y festivas, amasadas de hartazgo,
en que la vida toda se obstina en maltratarnos,
con su aire de ramera experta en el contagio
del odio hacia la vida, del tedio y del cansancio.
No podrían faltar los cuerpos del verano,
cuando la adolescencia ardía por el tacto,
en especial aquél de todo lo vedado.
Ni habría de omitir el vicio solitario,
por el amor perdido en inventar los rasgos
del amor, que, entretanto, no dormía a tu lado.
 
 Y en él habitarían con todo su sarcasmo
-al fin y al cabo son tristes muertos de antaño,
fragmentos de tu vida que salvas del naufragio-
las cartas sin respuesta; yesos aniversarios,
tiernamente ridículos después de celebrados,
que dejan en el alma aroma a mal teatro.
Y los reproches mutuos, merecidos y agrios,
dirigidos al centro del dolor, como un dardo
con toda la miseria que acarrean los años.
El placer del acoso, cuando el amor intacto,
y cuando la ignorancia, ese bálsamo arcano,
no señalaba límites al indudable ocaso.
El maldito poema tanto tiempo aplazado,
y que no escribirás, porque el tema es ingrato,
querría redimirte de todos tus letargos.
Una voz que te daña diría murmurando:
Del amor, amor mío, te quiero siempre esclavo,
para que tus palabras no tengan que inventarlo.
Quien a ese poema de amor dilapidado
incauto se atreviera, sin calcular el daño,
amaría el amor, probablemente tanto
como el afán de huir, fatigado hasta el asco,
de todas las trastiendas, repletas de fracasos,
que los cuerpos arrastran, y en que nos arrastramos.
 
  
SANGRE JOVEN
Quiero tu sangre joven, que es querer
todo lo que la vida aún no ha podido hacerte.
De lo que me alimento
es de esa inútil sangre esperanzada,
de cuanto sé que ignoras hasta hoy,
y que más nos valdría que no supieses nunca.
De esa manera, por obra de tu sangre,
creo en lo que no creo, y olvido lo que sé
que te ha de suceder. Quiero esa risa
que aún no ha tenido tiempo de hacerse prudente,
de pensarse dos veces si reír
es celebrar el mundo o lamentar su estado.
Envidio el que no hayas vendido
ninguna alma al diablo, y que bailes con él
a la luz de la luna, a veces, sin conciencia.
Juego contigo, porque no sabes las reglas,
ni siquiera las de tu propio juego,
y mientras las aprendes
soy el que ya no soy desde ya no sé cuándo.
Quiero la impunidad con que te entregas
a la tarea de vivir la vida,
sin paz, sin horizonte, sin infierno,
que son el argumento de las vidas ajenas.
Viéndote hacerlo, se diría
que desconozco todo lo que conozco.
Así es tu sangre.
                             Ya sabes lo que busco.
Qué tristeza que el tiempo, o yo, o tú misma
tengamos que matar, en ti, toda tu sangre.
 
 
  
EL ÚLTIMO DE LA FIESTA
1
Deberías marcharte. La fiesta ha terminado.
Helada y sucia ya se anuncia el alba
con su oscuro cortejo de presagios.
Tendrías que acostarte, huir de este lugar
antes de que la luz te restituya
esa imagen de ti que ya conoces,
indefensa a tus ojos, lastimosa.
Has tocado por hoy el fondo de tu noche:
las ropas no guardan la corrección de unas horas atrás
y tu lengua está torpe,
has empezado a hurgar en la memoria
y ya no hay quien te fíe.
lo más sensato ahora sería retirarse.
2
Aquí, con convicción, ya nada te retiene.
Suena de nuevo idéntica la música
y no es fácil andar sobre el untuoso suelo del local.
Ha pasado la hora de raptarse alguna compañía
con quien querer fingir la noche inacabable,
y te será mejor no recurrir
a invitados finales,
errante cada cual en su constelación,
rezumando bebida como paredes húmedas,
dispuestos a cualquier confidencia extemporánea.
Es infame el lugar. Tal vez lo fuera siempre;
pero hasta hace poco era el teatro
idóneo para tus intenciones.
Se trataba de malgastar el tiempo,
uno más entre la turbadora clientela,
regresando al sabor bronco de noches apuradas,
de ti mismo perdido y encontrado.
El azar nos otorga reductos alejados de la severidad,
momentáneos reinos en donde nadie trata
el enojoso tema de la vida,
no importa si a conciencia o ignorantes
de que la vida huye al ser nombrada.
El azar nos obsequia y el azar nos despoja.
Así te ocurre ahora: la fiesta ha terminado,
y con la fiesta terminó el hechizo.
3
Has apurado el plazo
que la noche te había concedido,
y a quien la luz ha de traer
ya lo conoces.
Si vuelves hacia casa, con tus pasos
volverán sus pasos. Y a tu fatiga
su fatiga habrá de acompañar.
La fiesta ha terminado y queda su enseñanza:
como una vieja deuda contraída,
nada hay más imposible que escapar de nosotros.
Ya se aproxima el alba, y nadie ignora
que todo plazo acaba por cumplirse,
que toda deuda acaba por pagarse.
4
Ya ves; eso es lo que te aguarda, si te marchas,
y lo que aquí te espera no es mejor.
Conoces de antemano cuál será tu conducta:
sopesarás los dos ofrecimientos que posees
-la despoblada soledad de una fiesta ya extinta,
la habitual afrenta de estar solo contigo-
y antes de encaminarte hacia la casa
apurarás la noche un poco más.
(Un poco más, a estas torpes alturas de tu vida,
no puede ser muy malo.)
La fiesta ha terminado. Y aquí viene la luz,
la vieja hiena.
Has apurado el plazo
que la noche te había concedido,
y a quien la luz ha de traer
ya lo conoces.
Si vuelves hacia casa, con tus pasos
volverán sus pasos. Y a tu fatiga
su fatiga habrá de acompañar.
La fiesta ha terminado y queda su enseñanza:
como una vieja deuda contraída,
nada hay más imposible que escapar de nosotros.
Ya se aproxima el alba, y nadie ignora
que todo plazo acaba por cumplirse,
que toda deuda acaba por pagarse.
 
 

 

Una respuesta a La llorona de Beirut y, ¿por qué no?, Carlos Marzal

  1. pakorro dice:

    es muy grande beirut, y una cosa, saabes si esto simpleente es una colaboracion o pertenece a algun disco suyo(o posible futuro disco)??

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