Lee un poema de Benedetti en su honor


La noticia me sobresaltó el martes pasado, 28 de abril (por otro lado, cumpleaños del botija de la familia, felicidades Pacorro): “Mario Benedetti, hospitalizado (otra vez) en ‘estado delicado'”. El paréntesis es mío. La noticia aquí y aquí.

Benedetti, de 88 años, ha ingresado en la misma clínica 4 veces en poco más de un año. Hace años ya que he perdido la inocencia en lo que respecta a la muerte, pero como siempre, nunca deja de sorprenderte, de cogerte desprevendio, y nunca, nunca, dejaremos de rechazar su advenimiento. Esto es lo que me pasa con Benedetti (además de con muchas otras personas que he visto desaparecer los últimos años), me resisto a pensar que hayan muerto o que puedan llegar a morir. Simplemente lo niego. En mi fuero interior no lo están mientras yo no lo quiera así.

Benedetti en la ciudad vieja de Montevideo. Autor: Eduardo Longoni. Fuente: ElClarin.com

Benedetti en la ciudad vieja de Montevideo. Autor: Eduardo Longoni. Fuente: ElClarin.com

Soy muy consciente de que Benedetti está muy mayor, está muy delicado de salud, y no sólo acaba de ver como se le ha ido una de sus compañeras de generación (la poetisa uruguaya Idea Vilariño murió a los 89 años el mismo 28 de abril, dato que puede afectar a su estado de salud, según los médicos que le atienden), sino que hace no mucho vio como se le iba de entre las manos su amada esposa Luz, a la que le dedicó todos sus libros de poesía. Aquí una entrevista que da fe de ello: el poeta del exilio. Entrevista por cierto tristísima, al principio y pensando mal, parece que el entrevistador va buscando reflejar más el morbo de la soledad del ancianito desvalido que su lucha por levantar el ánimo en momentos tan difíciles. La leí hace años y me impresionó tanto que no se me ha olvidado la imagen tan dura que vi reflejada en la escena de la fotografía de los matrimonios.

En fin, soy muy consciente de que no vivirá eternamente, pero una parte de mí sabe que el hecho de que muera o no da igual, no tiene importancia alguna. Benedetti para mí ya ha trascendido lo físico, lo natural, lo terrenal para instalarse cómodamente en una especie de Parnaso intocable. Es una deidad sonriente, sentada en un sillón con un gran vaso de whisky con hielo y un pequeño libro sobre las rodillas, esperando que alguien venga a sentarse junto a él para conversar distendidamente. Lo he visto tantas veces reflejado en todo aquello que ha escrito que ya forma parte de mí. De hecho considero que es el escritor que más me ha influenciado, no obstante lo descubrí en plena adolescencia (en torno a los 15 o 16 años, como todos más o menos) y desde entonces no he dejado de devorar todo aquello escrito por el abuelito sonriente que se me ha puesto por delante. He ido creciendo con su fina ironía, con la dulzura con la que expresa sus sentimientos, con sus principios inquebrantables (proeza meritoria para los tiempos que corren), con la rotunda brillantez de sus finales (siempre sabiendo que te la va a jugar en la última línea) o con la sencillez de sus versos. Puedo afirmar sin temor que yo no sería quién y cómo soy si un día no hubiera cogido un viejo libro de cuentos de Benedetti que había regalado un periódico murciano meses antes y que estaba tirado por la casa. Le debo mucho al que considero mi tercer abuelo.

En estos momentos delicados, además de mantener la respiración y cruzar los dedos, los buenos samaritanos suelen clamar al cielo con sus rezos pidiendo pronta recuperación para el enfermo. Benedetti, que es muy amable, bienhumorado y agradecido, no desdeñaría unos cuantos padresnuestros. Pero siendo ateo, me parece que le debe de dar más regocijo la iniciativa de Pilar de Río, ilustre traductora granadina, esposa del Nobel José Saramago: leer un poema suyo en su honor.

Pilar del Río ha escrito un mail privado a sus amigos que por algún medio se ha filtrado y ha transcendido. Y no parece ser falso como tantas otras cosas que circulan por internet. Aquí tenéis lo que dice:

“Vamos a rodear a Benedetti”.

Mario Benedetti está pasando horas malas. Hemos pensado que podíamos ponernos a leer sus poemas por todo el mundo y así ayudarlo en este momento. Un poema, por si no tenéis algún libro suyo a mano. Y por si queréis pasarlo a otros amigos.

Y adjunta:

HASTA MAÑANA

Voy a cerrar los ojos en voz baja
voy a meterme a tientas en el sueño.
En este instante el odio no trabaja
para la muerte, que es su pobre dueño
la voluntad suspende su latido
y yo me siento lejos, tan pequeño
que a Dios invoco, pero no le pido
nada, con tal de compartir apenas
este universo que hemos conseguido
por malas y a veces por las buenas.
¿Por qué el mundo soñado no es el mismo
que este mundo de muerte a manos llenas?
Mi pesadilla es siempre el optimismo:
me duermo débil, sueño que soy fuerte,
pero el futuro aguarda. Es un abismo.
No me lo digan cuando me despierte.

 

Yo dejo aquí algunos de los que voy a leer mañana y hasta que el abuelito se ponga bien, al primer/a desprevenido/a que se me cruce:

 

Chau número tres

Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres.

Sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
segura sin seguro.

Te dejo frente al mar
descifrándote sola
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota.

Te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía.

Pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono.

Estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos.

Estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra.

Estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen.

Y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote.

 

 

Viceversa

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.
Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.
Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.
o sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

 

 

Como siempre

Aunque hoy cumplas

trescientos treinta y seis meses
la matusalénica edad no se te nota cuando
en el instante en que vencen los crueles
entrás a averiguar la alegría del mundo
y mucho menos todavía se te nota
cuando volás gaviotamente sobre las fobias
o desarbolás los nudosos rencores
buena edad para cambiar estatutos y horóscopos
para que tu manantial mane amor sin miseria
para que te enfrentes al espejo que exige
y pienses que estás linda
y estés linda.

casi no vale la pena desearte júbilos

y lealtades
ya que te van a rodear como ángeles o veleros
es obvio y comprensible

que las manzanas y los jazmines
y los cuidadores de autos y los ciclistas
y las hijas de los villeros
y los cachorros extraviados
y los bichitos de san antonio
y las cajas de fósforo
te consideren una de los suyos
de modo que desearte un feliz cumpleaños
podría ser tan injusto con tus felices

cumpledías
acordate de esta ley de tu vida

si hace algún tiempo fuiste desgraciada
eso también ayuda a que hoy se afirme
tu bienaventuranza

de todos modos para vos no es novedad
que el mundo

y yo
te queremos de veras
pero yo siempre un poquito más que el mundo.

 

 

Y si queréis dedicarle una cosa más solemne y cristiana, tranquilos que el abuelo ya había pensado en todo, aquí tenéis un padrenuestro que también podéis leer en su honor:

Padrenuestro latinoamericano

Padre nuestro que estás en los cielos,
con las golondrinas y con los misiles,
quiero que vuelvas antes de que olvides
cómo se llega al sur de Río Grande.

Padre nuestro que estás en el exilio,
casi nunca te acuerdas de los míos;
de todos modos, dondequiera que estés,
santificado sea tu nombre,
no quienes santifican en tu nombre
cerrando un ojo para no ver las uñas sucias de la miseria.

En junio de mil nueve setenta y cinco
ya no sirve pedirte “venga a nos el tu reino”,
porque tu reino también está aquí abajo,
metido en los rencores y en el miedo,
en las vacilaciones y en la mugre,
en la desilusión y en la modorra,
en este ansia de verte pese a todo.
Cuando hablaste del rico, la aguja y el camello
y te votamos todos, por unanimidad, para la gloria,
también alzó la mano el indio silencioso
que te respetaba pero se resistía a pensar “hágase tu voluntad”.

Sin embargo, una vez, cada tanto,
tu voluntad se mezcla con la mía;
la domina, la enciende, la duplica,
más arduo es conocer cuál es mi voluntad
cuando creo de veras lo que digo creer,
así en tu omnipresencia como en mi soledad,
así en la tierra como en el cielo,
siempre estaré más segura de la tierra que piso
que del cielo intratable que me ignora.

Pero, ¿quién sabe?, no voy a decidir
que tu poder se haga o se deshaga.
Tu voluntad igual se está haciendo en el viento,
en el Ande de nieve,
en el pájaro que fecunda a su pájara,
en los cancilleres que murmuran “Yes, sir”,
en cada mano que se convierte en puño.
Claro, no estoy segura si me gusta el estilo
que tu voluntad elige para hacerse;
lo digo con irreverencia y gratitud,
dos emblemas que pronto serán la misma cosa.

Lo digo, sobre todo, pensando en el pan nuestro de cada día
y de cada pedacito de día.
Ayer nos lo quitaste, dánosle hoy.
O al menos el derecho de darnos nuestro pan,
no sólo el que era símbolo de algo,
sino el de miga y cáscara,
el pan nuestro.

Y ya que nos quedan pocas esperanzas y deudas
perdónanos, si puedes, nuestras deudas,
pero no nos perdones la esperanza;
no nos perdones nunca nuestros créditos.
A más tardar mañana saldremos a cobrar a los fallutos,
tangibles y sonrientes forajidos.
A los que tienen garras para el arpa.

Poco importa que nuestros acreedores perdonen
así como nosotros, una vez, por error,
perdonamos a nuestros deudores.
Todavía nos deben como un siglo de insomnios y garrote,
como tres mil kilómetros de injurias,
como veinte medallas a Somoza,
como una sola Guatemala muerta.

Y no nos dejes caer en la tentación
de olvidar o vender este pasado,
o arrendar una sola hectárea de su olvido,
ahora que es la hora de saber quiénes somos
y han de cruzar el río el dólar y su amor contra-reembolso
arráncanos del alma el último mendigo
y líbranos de todo mal de conciencia.

Amén.

 

 

Leedle un poema de Benedetti a alguien, no cuesta nada y aporta mucho. Chau nº3.

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