Porque sueño, yo no lo estoy


Yo nunca he sido una persona que le diera demasiada importancia a lo que soñamos mientras dormimos (o dormitamos). Más que nada porque me resultaba muy complicado recordar lo que había soñado. Hasta hace no mucho tiempo para mí siempre había sido muy difícil retener las historias que pasaban por mi mente por las noches. A veces, al despertar, era consciente de que había soñado cosas sencillamente maravillosas, pero cinco minutos después, al levantarme de la cama y poner la cafetera, los recuerdos de esa vida oculta se escurrían de mi mente como los posos viejos del café por el desagüe de la cocina: limpiando mis cañerías interiores, dejando en la memoria un olorcito rico y familiar. Al cabo de unas horas, no hay ni rastro, porque la “vida real” sigue virtiendo de a poco su sustancia, y va arrastrándote continuamente.

Nunca llegué a hacer lo que tantas veces me han recomendado: dejar una libreta en la mesilla de noche y anotar, todavía con el velo del sueño aturdiéndote los ojos, todo lo que recuerdas del sueño. Nunca he sido capaz. Prefería disfrutar esos cinco minutos efímeros. Siempre había sido así. Los sueños vienen, habitan dentro de tí, y se van. Así.

Pero desde mi viaje a Brasil eso cambió. Ese viaje cambió muchas cosas en mí, que tal vez a simple vista para un observador externo pasan desapercibidas, pero hay cosas que te quedan, cosas que te llegan sin pedirlas y sin saber porqué, pero sabes que te hacen bien. Yo allí empecé a soñar muchísimo con mi infancia. Nunca en mi vida he tenido tantos recuerdos de mi infancia. Cosa que hasta ese momento de cierta manera me entristecía, porque no conseguía recordar demasiado de mi yo niño.

Los sueños sobre mi infancia se fueron haciendo más recurrentes hasta que regresé a España. Pocos días antes del regreso empecé a soñar con historias que podían parecer totalmente sin sentido, pero siempre cargadas de mucho simbolismo, tensión, pasión, situaciones extremas en las que yo siempre me encontraba en medio. Es extraño, pero era como si mi subconsciente me estuviera dando un aviso: “aquí has vuelto a encontrar tu esencia, toma esos recuerdos e hilvánalos con destreza para el futuro que viene”. Pero eso lo veo ahora. Entonces no.

Desviándonos un poco del tema, a mi vuelta al pueblo me he llevado una grata sorpresa: mi hermana tenía guardado sin saberlo mi acervo musical y cinematográfico: 3500 cd’s y 300 pelis (¿hay algún señor de la SGAYOLA en la sala?) que perdí hace meses debido a la triste defunción de mi disco duro, que le dió un síncope y ahora está en el limbo de los aparatos electrónicos, esperando a que algún día no muy lejano lo lleve a reparar.

Bueno, el caso es que sin más dilación me he propuesto devorar tantas y tantas películas que tenía pendientes. Hasta tal punto que he convencido a un grupito reducido para hacer pequeñas sesiones de cine en casa durante el verano.

La casualidad ha querido que vea tres películas seguidas que son unas obras maestras: Waking life (Despertando a la vida), Las invasiones bárbaras y Léolo. Además, dos de ellas canadienses (las dos últimas), y dos de ellas que tienen como leitmotiv el mundo de los sueños y su influencia en la “vida real” humana (Waking life y Léolo).

Canción de la preciosa Françoise Hardy que aparece en Las invasiones bárbaras, que le viene al dedillo a la película y que ilustra, fuera coñas, lo que en parte es la vida.

Waking life la he visto a raíz de una recomendación que me hizo Angie en relación a una entrada que escribí hace unos meses sobre la visión de mis sueños como si fueran películas de animación en rotoscopia o stopmotion.

Me di cuenta al regresar a casa que la había puesto a bajar en el ordenador de mi hermano. Hace unos pocos días la vi tranquilamente de madrugada, libreta de notas en mano, porque había visto algún vídeo y la película prometía ser todo un compendio de conocimiento filosófico universal. Y no me defraudó para nada. Nada menos que 6 páginas he llenado con anotaciones de míticas frases de algunos de los personajes que el protagonista se va encontrando en su periplo onírico.

Pero no me quiero entusiasmar y/o obsesionar con la película. Al acabar de verla, lo primero que saqué en claro es que hay que relativizar en su justa medida la ingente cantidad de información que nos brinda, porque si intentáramos seguir al pie de la letra las fabulosas enseñanzas que nos transmite, seguramente acabaríamos con desdoblamiento de personalidad. Porque lo bueno que tiene la película es que tiene para todos. Para mí el hilo conductor, la moraleja de la película, es que todos tenemos que depurar dentro de nosotros las infinitas posibilidades que nos proporciona el mundo “real” y por otro lado nuestra mente, y conjugarlo e hilvanarlo con templanza, sabiendo que cada uno acaba encontrando su camino, acaba haciendo una elección al final. La vida es tan inmensa que al intentar abarcarla toda se nos puede ir de las manos.

No la destripo más. Sólo dejo un par de frases y alguna escena.

El primer curioso personaje que encuentra el protagonista dice:

Desde mi pequeña ventana al mundo, veo como cada minuto es un espectáculo diferente. Quizá no lo entienda ni esté de acuerdo con ello, pero lo acepto y me dejo llevar. Dejarte llevar por la corriente. El mar no rechaza ningún río. La idea es mantenerse en un estado de salida constante y al mismo tiempo siempre llegando.

Y en la siguiente escena un profesor de filosofía (profesor real, que ahora está muerto, y que le dió clase a una amiga norteamericana mía, Ashi) afirma hablando sobre el existencialismo:

Nunca debemos dejarnos llevar y vernos como víctimas de varias fuerzas. Nosotros mismos decidimos quiénes somos.

Dos ideas perfectamente válidas. Ahora toca a cada cuál escoger cuando pone en práctica una u otra.

NO QUIERO SER UNA HORMIGA

ESCENA DEL UKELELE

Anoche mismo vi Léolo. Una película que quería ver desde hace años. Pero por lo que me habían contado de ella me apetecía verla con más gente para disfrutarla más. Como nunca lo conseguí siempre intenté verla sólo. Ayer me di cuenta, una vez que ya estaba totalmente hipnotizado por la película, que las otras tres veces que intenté verla siempre la paré en la escena en la que Bianca, la vecina de quién Léolo está enamorado, está encerrada en el baño con el repulsivo abuelo de éste. Me producía tal desazón esa escena que siempre acababa con mi paciencia y hacía que perdiera el interés. Me resultó curioso reparar en esa escena y me dio qué pensar (¿hay algún psicólogo en la sala?).

El caso es que afortunadamente acabé por verla y me pareció de una belleza extrema. Por un lado las escenas en las que el narrador lleva el peso de la historia, con esa voz tan subyugante y pausada. Por otro las situaciones surrealistas a las que se enfrenta Léolo en su día a día, siempre acompañadas por una música muy bien elegida, que me recuerda mucho a cómo selecciona Javier Fesser la música para sus películas. Y por supuesto, los escritos de Léolo, que le sirven para evadirse de la realidad, y la frase que se repite sin cesar durante toda la película para saberse a salvo de lo que le rodea: “porque sueño, yo no lo estoy… porque sueño, yo no estoy loco”.

Aquí un poquito de la película:

Léolo habla del libro que lee durante la película, L’avalée des avalés:

Todo lo que le pido a un libro es que me inspire energía y valor. Que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar. Que me recuerde la urgencia de actuar.

Léolo sobre su amigo, el domador de versos, que recoge cartas de la basura:

El domador cree que las imágenes y las palabras deben mezclarse en las cenizas de los versos para renacer en la imaginación de los hombres. “Hay que soñar Léolo, hay que soñar”

Así que tomemos nota: “Hay que soñar”.

5 respuestas a Porque sueño, yo no lo estoy

  1. no estás loco,lo raro es ser normal, dejarse llevar, olvidar la poesía y la belleza de las cosas. Lo raro es destaparse, dejar que te vean como eres, mostrar tus heridas sin miedo a que la juzguen, sino con la esperanza de que alguien las lave y las cure, o lo intente… lo raro ahora es soñar, y ese es el único hilo que te mantiene sujeto a tí mismo, y con ello, a la cordura. porque sueño no lo estoy…

  2. veronica dice:

    por qué siempre estoy soñando? Me encanta lo que dices…

  3. Carla dice:

    Vuelvo otra vez a este lugar y otra vez me gusta lo que veo.Que bueno, que bueno…

    Waking Life, gran peli,debería verla otra vez. La vi hace varios años y con otra percepción de la vida (o por lo menos muy distinta a la de hoy).

    Se me ocurre que, siguiendo esta idea, las personas deberían ver una determinada lista de películas (a elección personal)cada vez que pasa un cierto periodo de tiempo en sus vidas (el que cada uno considere movilizador de sus percepciones). Se podrían sacar muchas conclusiones.

    Aunque, lo pienso dos minutos frente al monitor y creo que mejor no. Que mejor veo Léolo por vez primera y me dejo de joder. “La vida es tan inmensa que al intentar abarcarla toda se nos puede ir de las manos” (Nefelibatrad dixit jaja) y lo mismo pasa con los pensamientos.

    Supongo que lo que quiero decir es muy simple, es: Vivan las películas que nos hacen pensar!

    Dulces sueños (y amargos, salados, agrios…) para todos.

  4. nefelibatrad dice:

    Gracias… merece la pena escribir aquí sólo por leer estas cosas, qué maravilla.

  5. […] del ukelele” de la magnífica película Waking Life (Despertando a la vida en español), sobre la que ya escribí en este mismo blog hace ya algún tiempo. El vídeo está subtitulado en español. […]

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