El joven que deseaba conseguir el deseo de su corazón


A veces es sorprendente reparar en cómo la gente te ve. La imagen que tienen de tí (y no me refiero al físico, si no a lo que es invisible a los ojos). Es muy curioso saber lo que opinan de ti, e incluso divertido saber hasta qué punto pueden llegar a estar engañados. Las personas son entrañables. Conmovedora la bondad que a veces te toca recibir de ellos.

Nunca sabremos el porqué de muchas cosas del comportamiento humano, y tan sólo tal vez podremos guiarnos por lo poco que sabemos de nosotros mismos. Es tan imprevisible y volátil lo que las personas llevan dentro, que al final uno tan sólo puede estar seguro de sí mismo. A tí nunca te vas a poder engañar. Aunque lo ocultes, aunque lo entierres como una tiovivo de hojalata en los cimientos de hormigón de un rascacielos. Sólo tú sabes que está ahí. Pero está ahí. Y precisamente lo has enterrado tan bien que sabes que va a perdurar ahí por siempre. Y no intentes recuperarlo porque sabes que es imposible. Simplemente continúa, e intenta que la cajita de hojalata no pese más que todas las toneladas de hormigón que has vertido por encima.

Estos días estoy registrando los cajones de la casa de mis padres para organizar papeles, trastos, recuerdos, fotos y dejarlo todo clausurado antes de mi partida. Pero claro, todo el mundo sabe que cuando revuelves el agua de un río, del fondo surgen muy diversos sedimentos. Han aparecido fotos ya antiquísimas, dibujos de la Bola de Drac, un poema dedicado a Bukowski que escribí con 18 años, cartas, conchas de mar,  juguetes, anillos de coco rotos, notas dejadas en un frigo hace años, amuletos chamánicos que han recorrido medio mundo y que ahora se aburren en una cajita de aluminio, mi primer libro de cuentos de Benedetti y un largo etc.

Cualquiera diría que tengo el síndrome de Diógenes, pero es tan sólo una manera de recordar, como en Everything is illuminated, pequeñas cosas que abren puertas a momentos de mi vida. Y tan sólo yo sé lo que pasó, tan sólo yo lo viví como yo, una cosa tan simple como esa. Solo yo puedo saber mi historia. Solo yo me puedo conocer. Y hay que empezar a asumir que no puedo cargar sobre la gente que me rodea una responsabilidad tan grande como es entrar por los recovecos de mi mente. Y que encima me comprendan. Si no me (re)conozco, no conseguiré expresarlo bien, y poca gente estará cerca de mí. Es muy egoísta, es pedir demasiado.

Cuando era niño no entendía prácticamente nada de todo lo que pasaba a mi alrededor. Todo me parecía absurdo, mentira, intrigante y curioso al mismo tiempo. Pocos adultos llegaron a entenderme. Algunos lo intentaron y me acompañaron como pudieron. Ahora, ya un poco más mayor, viendo lo que ocultaban los cajones de una habitación que hace un tiempo ya dejó de ser mía, me doy cuenta de que a mí también se me escapa de las manos el niño que fui. Así que les entiendo, no les culpo.

 Caricaturas dibujadas por las manitas de Verónica Ruiz

 

Aquí dejo un texto que me ha pasado una amiga. Según ella, nada más leerlo, pensó en mí. Sí, pero yo sé la verdad en el fondo.

“I am an excitable person who only understands life lyrically, musically, in whom feelings are much stronger than reason. I am so thirsty for the marvelous that only the marvelous has power over me. Anything I can not transform into something marvelous, I let go. Reality doesn’t impress me. I only believe in intoxication, in ecstasy, and when ordinary life shackles me, I escape, one way or another. No more walls.”

— Anaïs NinLeer

O lo que en román paladino significa:

“Soy una persona impulsiva que sólo entiende la vida de una manera lírica, musical, en la que los sentimientos son mucho más poderosos que la razón. Estoy tan sediento de lo maravilloso que sólo lo maravilloso tiene poder sobre mí. Dejo atrás cualquier cosa que no pueda transformar en algo maravilloso. La realidad no me impresiona. Sólo creo en la intoxicación, en el éxtasis, y cuando la vida cotidiana me encadena, escapo, de una manera u otra. Basta ya de muros.”

Yo tan sólo soy un joven que desea calmar su corazón dándole de comer pequeñas estrellas. Será mejor bajar a mirar que hay por el frigo.

Qué poco me ha gustado siempre cumplir años.

 

4 respuestas a El joven que deseaba conseguir el deseo de su corazón

  1. beryl dice:

    no hay nada tan enriquecedor como conocerse a uno mismo. llegados a ese punto, comprendes la naturaleza humana, ves la realidad con otros ojos, hasta impresiona. te vuelves más humano y todo es más fácil. no todo el mundo te entenderá, pero… ¿acaso importa? no. porque en ese momento la gente que realmente te importa es la que te entiende. el resto tb aporta, pero no es tan significativo

  2. nefelibatrad dice:

    Beryl, qué lindo es siempre tenerte por aquí.

  3. vero dice:

    Me ha encantado lo que has escrito, la verdad, que mi madre esta semana me obligó a meterme en el rio, limpiamos el trastero, y volví a tener 6 años cuando me ví frente a frente con mi babyfeber, mi nenuca, mi nanci, volví a ser adolescente, un poco más adelante también te vi a ti, unas cartas, incluso trozos de libreta donde escribia sms que no quería olvidar, al final somos lo que somos por lo que vivimos, por los recuerdos. Mil gracias Pablito por estar siempre ahí y por dejarme estar a mi manera contigo.

  4. nefelibatrad dice:

    Yo me llevé las cartas a Graná este año para leerlas si me daba tiempo (obviamente no). Ya habrá tiempo. Gracias a usted por habérseme cruzado en mi vereíca.

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