“Nadie quiere dormirse aquí…”

27 noviembre 2009

 

La luna, la noche, la lluvia. Hay que decir que aquí es tremendamente hipnótica, aunque más de una vez se me olvide que está ahí. Será cuestión de tomar un baño de luna al abrigo de la lluvia. El lunes es luna llena, y casi, casi, también lo es en Nochevieja. Yo haré como que coincide, será mejor así.

EN LA NOCHE TRANQUILA – LI BAI

Pienso en la noche,

delante de la cama la luna brilla,

encima de la escarcha está la duda,

miro arriba y hay luna llena,

miro abajo y añoro mi tierra.

 

APLASTAMIENTO DE LAS GOTAS – JULIO CORTÁZAR (Historias de Cronopios y Famas).

Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.

Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.

Moon River, wider than a mile,
I’m crossing you in style some day
Oh, dream maker, you heartbreaker,
Where ever you’re goin’
I’m goin’ your way.

Two drifters off to see the world,
There’s such a lot of world to see.
We’re after the same rainbow’s end,
Waitin’ ‘round the bend,
My Huckleberry friend, Moon River and me.

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Que la esperanza le gane a la experiencia

24 noviembre 2009

A finales de septiembre llegué a la región de Champagne-Ardennes, dónde sabía que iba a vivir hasta entrada la primavera (que aquí tiene que estallar furiosa, después de tantos meses de lluvia y falta de sol). Llegué a Épernay y Reims, tierra de champagne, de catedrales góticas y de gente sencilla y amable, a pesar de las distancias kilométricas que se dan en el trato social.

El último día del stage que hicimos los auxiliares de lengua extranjera en Reims, la Académie de Reims nos preparó una recepción por todo lo alto, con champagne (biensûr) y con biscuits rose incluidos. El evento lo abrió el recteur de la Académie (algo así como el máximo responsable de la educación pública en toda la región). De todo su discurso, pronunciado en tono amigable y hasta jocoso, yo me quedé con una frase que en su momento me hizo estallar de risa en medio de la multitud que abarrotaba la sala, y que ahora se ha revelado como profundamente cierta (Recteur 1 – Pablo 0): “Este es un año para tomárselo con calma, es un año para la paz y la reflexión. Vais a tener mucho tiempo para pensar en vosotros mismos y en vuestros proyectos futuros”. Como diría aquel, qué sabias palabras, cuánta razón tenía.

Después de casi dos meses en los que me ha pasado de todo y de nada, sobre todo, de lo que más he tenido tiempo, ha sido para reflexionar. Reflexionar no está mal, siempre que el pensamiento esté bien dirigido y te lleve a alguna parte, a la práctica, a la acción, sin ir más lejos. Pero aquí, por ahora, no. El “por ahora” es lo que me faltaba por tener en cuenta. No se puede tener todo en menos de dos meses, en un país nuevo, en una región difícil para las relaciones personales, en una ciudad sin mucho que ofrecer, con un salario que es el 70% del salario mínimo local, con un trabajo nuevo y bastante solo y aislado del mundo, no se puede tener todo, no señor. Así que el último recurso del que puedes echar mano es de tí mismo. Oh la lá!

Caricatura de Sabina realizada por Verónica "Medias negras" Ruiz. Su blog, a la derecha en "sentimientos afines"

Por suerte, hablar de “tí mismo” abarca mucho más que tu persona, y alcanza y toca fondo también en tu mundo interior, tus recuerdos, tus conocimientos, tus motivaciones, tus sueños, tus esperanzas, todo lo que has ido recogiendo a través de los años. A veces yo me saturo de verdad y pienso que el saber sí que ocupa lugar (y tanto) y para qué tanto. Y cuando digo “saber” no me refiero solo al “conocimiento enciclopédico”, sino también a vivencias, experiencias, dolores y alegrías, amigos y personas queridas que has dejado lejos, y que siempre, siempre, ocupan tu cabeza. Y cuando tienes mucho tiempo para reflexionar, ¡ay! la sala de espera de tu cabeza parece la cola del paro en hora punta.

Cuando ocurre eso, y ya la saturación es una realidad, más vale echar mano de cosas que sabemos que nos van a remover de manera positiva, nos van a traer recuerdos sanos, o por lo menos nos van a devolver “a la vida”.

Hace una semana o así entre en Elpais.com y reparé con grato asombro en un especial sobre Joaquín Sabina con motivo del lanzamiento de su nuevo disco, Vinagre y rosas. Lo devoré enterito. Escuché todas las canciones. Me hice con las letras que están disponible para descarga, así como el primer capítulo del libro que ha escrito sobre el nacimiento del disco el coautor de las letras, el poeta Benjamín Prado. Y a primera vista (oída) me encantó. El bucanero que llevo en mí luchaba en mi interior para que me lo descargara. Pero no se había dado cuenta de que me encontraba en uno de los ordenadores archicontrolados y censurados del instituto donde doy clase (quien se queje de la SGAE en España, que venga para Francia, que se va a enterar de lo que es censura y control de la cultura). Todavía no me explico cómo, pero conseguí escapar de los perros de presa del instituto y me lo conseguí descargar (sí, lo confieso). Así como el último de Pereza. Y sí, no me miren así, tengo que probar cosas nuevas. Y tengo que decir que el de Pereza me ha gustado bastante, me ha sorprendido, porque yo nunca les había dado bola. Además la canción que más me ha gustado tiene un título que ahora tiene bastante que ver conmigo.

Pero es que el de Joaquín Sabina me ha encantado. Y mira que desde 19 días y 500 noches yo me había desenganchado totalmente de Sabina y no pensaba que volviera a ser lo que fue. Pero sí que lo ha hecho (Sabina 13714 – Pablo 0). De hecho creo que es el mejor disco que ha hecho, sin exagerar. Sino el mejor claramente, ahí está en dura pugna con 19 días y 500 noches y con Yo, mi, me, contigo (Y sin embargo y Tan joven y tan viejo hacen espectacular hasta un disco de Melody).

Bueno, de hecho, leyendo el primer capítulo del libro que mencionaba más arriba me he dado cuenta de una feliz coincidencia. Resulta que la primera unidad didáctica que he preparado para mis clases, hace ya más de un mes, fue con la canción de Sabina Esta noche contigo, incluida de hecho en Yo, mi, me, contigo (porque utiliza constantemente el subjuntivo, que es lo que están trabajando ahora mis niños: “que se toque la gente…”). Y resulta que el coautor de la letra de esa canción es Benjamín Prado, el compañero de Sabina en este nuevo viaje. Otra coincidencia de la que me he dado cuenta por casualidad es que este disco ha salido en la misma fecha que el último disco de Jacques Brel, Les Marquises, un 17 de noviembre (el del belga salió en 1977). Curiosa coincidencia, espero que no presagie nada.

Jacques pide desde su ventana en mi pared un poco de descanso...

Es un verdadero placer poder escuchar un disco con las letras delante, porque ves mucho más claro el arduo trabajo que le ha llevado al letrista engarzar metáforas tan brutales como las que tiene este disco. Y con este disco te das cuenta de que la amenaza de Benjamín Prado de que “va a ser el mejor disco que hayas escuchado nunca” no está muy mal encaminada. Nunca en mi vida me he topado con un disco con el que me sienta tan identificado con tantos versos. Una locura. Hay al menos dos canciones con las que me han entrado ganas de teletransportarme para gritarle emocionado y asombrado a la cara a Sabina que ese era yo, que cómo me ha espiado. Pero también lo decía Prado, “mucha gente se va a sentir identificada con el disco, porque no habla de los sentimientos de una persona en concreto, sino de sentimientos universales”. Por mucho que siga pensando que Sabina no ha sido Sabina en la última década, bajo las armas, me doy por vencido y me rindo a sus pies de nuevo.

El disco es muy nostálgico y duro hasta decir basta. Así que aquí la más simpaticona del disco. Buenísima.

Y si te sientes solo, perdido, olvidado, enfermo, incomprendido y/o aburrido -o todo junto a la vez- y tienes momentos en los que no confías en nada ni en nadie ya (empezando por tí mismo), lo mejor es aplicarte una inyección de realidad, de verdad optimista -que no tiene porqué dejar de ser cruel-, que te haga volver a sentir que la existencia merece la pena. A veces una verdad se abre paso en la realidad como una rosa entre el estiércol. Y si además tienes a mano dos enormes películas como Los amantes del círculo polar y Martín (Hache), ¿para qué quieres más?. Y si además te topas con El mismo amor, la misma lluvia, apaga y vámonos, estarás curado en un santiamén.

De hecho, anteayer, documentándome sobre Los amantes del círculo polar para la presentación que tenía que hacer de ella en el cine-club en español que organizo, caí sin saber cómo, como otras tantas veces, en una entrevista en inglés a Pedro Almodovar, publicada en la página de una revista americana de cine indie. Almodovar decía en la entrevista que para él las películas son como las personas: cuando las vuelves a ver, descubres en ellas cosas en las que antes no habías reparado. Y te sorprenden. Es bueno de tanto en tanto volver a las películas y a las personas. Con las pelis es más fácil a veces también. Y a mí es verdad que me pasa, para bien y para mal, con las dos cosas.

De Los Amantes del círculo polar (tan mía) me quedo, entre muchas cosas, con que uno siente como siente, por mucho que le joda, por mucho que le fastidie la vida y por mucho que le haga perderse tanto en este mundo de mierda donde todo se confunde y a veces es imposible abrirse paso sólo abriéndote el pecho. Seguirás sintiendo así, así que acostúmbrate y haz algo con ello. Y que las casualidades, existen, está bien, pero no son tanto casualidades como causalidades. Que las casualidades hay que salir a buscarlas, coño, como le escuché decir a un lanzador de cuchillos una vez. De El mismo amor, la misma lluvia, que la vida da muchas vueltas, que por muy perdido que te encuentres y por mucho que veas que a tu alrededor todo se ordena mientras tú no haces más que cagarla, puede que poco a poco, sin darte cuenta, tú también te encuentres. Y me quedo con que hay mucha gente muy bondadosa que a pesar de los pesares siempre va a estar ahí esperando a que le tiendas la mano. Que hay que dejarse ayudar más. Y con una frase, que en la peli Ricardo Darín la dice con sorna pero es una verdad como la inmensa catedral gótica de Reims: “la esperanza ha ganado a la experiencia”. Y de Martín (Hache), entre otra infinidad de cosas, esta vez me quedo con una cosa en la que nunca había reparado lo suficiente: la lista que le da Martín padre a Martín hijo (Hache) cuando están en la playa. Y que por una vez habría que creerse a pies juntillas y no rechistar.

 EL ASESINO DIFUSO

Algunas razones para combatirlo y seguir viviendo

A)Por puro instinto vital.

B)Por curiosidad: por saber qué pasará mañana y qué será uno mismo mañana.

C)Por el asombro que provoca ser uno mismo, el mismo, pero distinto, cadadía, mes a mes, año a año.

D)Por intentar hacer lo que sea, lo que se quiera, lo que a uno le guste, sin preocuparse por conseguir el éxito o el fracaso, buscando sentir solamente, el placer de intentarlo. Importa el camino, no la meta.

E)Por la Aventura, que existe, y viene si uno la busca, y nos hace conocer el riesgo, la fortuna, y todo lo que uno es incapaz de imaginar.

F)Por lo que nos falta por conocer. Por las mujeres que uno conocerá y amará.

G)Por el placer de comer y beber con amigos y amantes y amanecer en los bares filosofando borracho.

Buscar razones para vivir es una buena razón para seguir viviendo, y si no las hay, hay que inventárselas.

Cecilia Roth, que está más que impresionante en esta película, lee la carta y furiosa se queja de que no dice nada del dolor, no dice nada de lo que te pueden a llegar a doler muchas cosas. Acto seguido dice que la carta es una basura porque omite el dolor y la tira colina abajo. Cierto, muy cierto, puede interpretarse como filosofía barata, pero cierta también. Y es que cuando se está intentado subir la cuesta hay que pensar en la sombra fresquita que te espera debajo de algún árbol en la cima, y no en lo sudado, echo polvo y lleno de ampollas que vas a acabar. Lo importante es subirla. Me voy a dormir y a pensar en los días soleados que me esperan, porque van a llegar, porque me los merezco. Bonne nuit, orale.

 

Y bueno, después de todo este esforzado intento de engañarme un poquito a mí mismo y así hacerme un poco más dulce y más falso el camino, aquí se puede leer lo que realmente yo quería decir. Sólo que lo ha escrito otra persona, como me ha pasado con Sabina…


Julio, je t’aime. Paris, elle m’aime

5 noviembre 2009

No puedo evitar acordarme cada vez que estoy aquí del título de la web de los asistentes de español en Francia: París me mata. París me exhausta (se diga o no así), me hace superar mis límites físicos y lo que no sé si es peor, mejor o posible, mis límites mentales. Y sé que siempre va a ser así, ya venga seis días de vacaciones o pase 6 años viviendo aquí, París no me va a dejar descansar nunca porque yo no me voy a dejar. París me hace, por ejemplo, decidir saldar una cuenta pendiente de mi primera visita: pasar a ver a Julio Cortázar, tan grande que cada vez que escribo o leo su nombre creo que va a desbordar y va a ocupar todo el espacio respirable. Cortázar me mata.

Visita a la tumba de Julio Cortázar en el cementerio de Montparnasse. Después del sinnúmero de veces que se lo habrán preguntado, el encargado de guardia sabe muy bien de quién se trata y nos indica el camino en el plano que los visitantes pueden estudiar en la pared, al lado de la puerta de entrada; y así, marchamos por la avenida principal en busca de Allée Lenoir tratando de llegar a la 3ª División, 2ª Sección, 3 Norte, 17 Oeste; pero en este primer intento uno se pierde en el laberinto de pequeños mausoleos y tumbas y, después de breves homenajes ante las de Baudelaire y Sartre, vuelve a la oficina de la entrada con Edgar Quinet sólo para confirmar que la información estaba bien pero que uno no había tomado la Allée Lenoir y regresa para ahora sí encontrar lo que busca; y ahí está, blanca, plana, dividida en dos partes iguales y con los nombres de Carol Dunlop arriba y Julio Cortázar abajo, más fechas.

[…] Me despido en silencio y, otra vez sobre la alameda Lenoir y la avenida, regreso y cuento cincuenta y cinco pasos desde ésta al lugar en que se halla la tumba, en un acto de signo absurdo pero así fue. De salida, el guardia nos hace adiós con un gesto de inteligencia y complicidad que significaba que era donde él decía.

Augusto Monterroso, Pájaros de Hispanoamérica.

Lapida Julio Cortázar

La tumba de Julio Cortázar en el Cementerio de Montparnasse

Una mañana decido que el único plan y objetivo del día va a ser encontrar la tumba de Julio Cortázar, y que todo lo demás que venga va a estar bien. Pero ese día tengo que ver a Julio Cortázar. Creo que Juan José Millás escribió alguna vez que la vida es algo así como las cosas que te ocurren mientras te empeñas en hacer otras. Sólo hace falta que ese día me empeñara en encontrar a Cortázar, el proceso y las consecuencias (coincidencias) posteriores iban a colmarme por completo. Es curioso, pero me pasó como a Monterroso. Sólo que yo no pregunté al guardia, ni cogí el mapa que te daban en la entrada. Miré de manera furtiva el mapa que había en un cartel de la entrada e intuí apenas la zona del cementerio donde se encontraba. Así que me fui hasta esa zona con toda la calma del mundo. Tardé casi una hora en vislumbrar al cronopio blanco con forma floral que preside su tumba y la de Carol Dunlop (su última mujer, “la osita”). Me dirigí hacia la tumba con el pecho henchido de emoción y atravesando las lápidas con las coronas de flores como quien atraviesa una jungla apartando el follaje. Una señora mayor, con un pañuelo en la cabeza, me miró primero sorprendida y luego sonrió al ver mi decisión.

Lo queremos porque es bondadoso.

Es bondadoso como ser humano y muy bueno como escritor. Tiene un corazón tan grande que Dios necesitó fabricar un cuerpo también grande para acomodar ese corazón suyo. Luego mezcló los sentimientos con el espíritu de Julio. De allí resultó que Julio no sólo fuera un hombre bueno, sino justo. Todos sabemos cuánto se ha sacrificado por la justicia.

Por las causas justas y porque haya concordia entre todos los seres humanos.

Así que Julio es triplemente bueno.

Por eso lo queremos. Lo queremos tanto sus amigos, sus admiradores y sus hermanos.

En realidad, él es nuestro hermano mayor.

Nos ha enseñado con sus consejos y a través de sus libros que escribió para nosotros lo hermoso de la vida, a pesar del sufrimiento, a pesar del agobio y la desesperanza. Él no desea esas calamidades para nadie. Menos para quienes saben que, más que sus prójimos, somos sus hermanos. Por eso queremos tanto a Julio.

Juan Rulfo. Carta a Julio Cortázar.

Tumba de Cortazar2

El Cronopio bonachón

El encuentro no pudo ser más emocionante. Llovió durante toda la mañana, hacía frío y soplaba un viento incómodo. Pues lo creyera yo mismo o no, en el mismo momento en el que me planté delante de la tumba, las nubes se apartaron y un furioso rayo de luz lo iluminó todo. A mí sólo me interesa lo que tenía justo enfrente de mí. Fue muy emotivo, casi hasta las lágrimas. El Cronopio sonriente. Ver a Carol Dunlop y a Cortázar uno al lado del otro. Leer una carta anónima de un chico también murciano como yo, fechada apenas diez días antes. Descubrir que en una esquina de la tumba hay un orificio, como si fuera una puerta para que entrara Orfeo. Por supuesto las pequeñas y humildes ofrendas de los visitantes. Y sobre todo una frase, también anónima, escrita en una de las esquinas con una letra casi microscópica y que rezaba algo así como: “Porque me hiciste entender que la vida era viajar y venir a visitarte”. Era tan sencillo y tan cierto que no pude más que darle la razón, mordiéndome el labio, derrotado ante tanta verdad. No sé cuánto tiempo pasé delante de la tumba, observándola, agachándome para acariciarla, y sobretodo, pensando en todo lo que ese hombre me ha hecho vivir, pensar, experimentar, buscar, luchar, sonreir, soñar. Sólo él lo sabe porque yo apenas lo intuyo, creo que no sé a ciencia cierta hasta qué punto este hombre me ha ayudado. Me ha salvado. Por eso, le dejé yo también unos pequeños obsequios que seguramente le harán sonreir, porque estará ya acostumbrado, y además un pequeño secreto escrito en un ticket de metro, un descubrimiento maravilloso que él me brindó y que ha convertido en una obviedad por la que hay que luchar hasta el fin. Un poco avergonzado por estar tanto tiempo delante de él, pensé aquello de “vamos a irnos que esta gente querrá acostarse”, y me apresuré a desaparecer de su vista (porque supongo que los muertos tan solo ven al frente).

En corrientes y esmeralda, en otros tiempos, vi pasar a escritores que nunca dejaron el país y escribían como un francés cualquiera. Yo entendí mejor a Buenos Aires leyendo lo que vos escribías en París. Así es tu grandeza, así tu amor.

También entendí mejor el mundo leyéndote, o sea, lo quise más. Creo que no sería difícil demostrar cómo y por qué tu literatura es más audaz que la de Borges, más inicial y misteriosa, más abierta a todos los temblores por venir, más cariñosa del presente y, por eso mismo, más respetuosa o dolida del pasado.

A vos siempre te veo –como tu personaje–

inventando un camino para ir de una ventana a otra ventana, del misterio de un puño a los crepúsculos de Mozart, de un ser a otro, y otro, y otro, y otro.

Siempre sentí que tu amor es infinito.

Siempre supe que tu obra nos abriga, que tu mejor obra sos vos.”

Juan Gelman (final de la “Carta” que dedicó a Julio Cortázar en el número homenaje que publicó la revista cubana Casa de las Américas).

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"Y cuando todo acabe, yo no quiero una piedra. Encima de mí solo quiero tierra, y algunos frutales, para que me abracen, que sus tiernas raíces me comprendan"

En total pasé en ese cementerio más de tres horas, ahora sí, armado con un mapa de papel que encontré junto a la tumba de Cortázar, mojado y sucio de tierra. No era un manuscrito hallado en un bolsillo, pero sí un mapa hallado en la tumba de Cortázar, y eso le da mucho más valor. Sacié mi imaginario francés con Baudelaire, Henri Langlois, Vidal de la Blache, Alfred Dreyfus, César Vallejo (peruano éste) Serge Gainsbourg, Larousse, Hachette, Man Ray o la bella Jean Seberg -siempre vendiendo su New York Herald Tribune, siempre-, y también reviví la escena de uno de los cortos de Paris Je t’aime frente a las tumbas de Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Porfirio Díaz. Tan sólo me faltó encontrar la tumba de Guy de Maupassant, pero era tarde, y París me esperaba afuera para matarme y volver a darme la vida. A la próxima que vaya a visitar a Julio.

Versión original con subtítulos en inglés

Versión doblada al español (una pena el doblaje, por la voz y por la entonación -entre otras cosas-)


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