Julio, je t’aime. Paris, elle m’aime


No puedo evitar acordarme cada vez que estoy aquí del título de la web de los asistentes de español en Francia: París me mata. París me exhausta (se diga o no así), me hace superar mis límites físicos y lo que no sé si es peor, mejor o posible, mis límites mentales. Y sé que siempre va a ser así, ya venga seis días de vacaciones o pase 6 años viviendo aquí, París no me va a dejar descansar nunca porque yo no me voy a dejar. París me hace, por ejemplo, decidir saldar una cuenta pendiente de mi primera visita: pasar a ver a Julio Cortázar, tan grande que cada vez que escribo o leo su nombre creo que va a desbordar y va a ocupar todo el espacio respirable. Cortázar me mata.

Visita a la tumba de Julio Cortázar en el cementerio de Montparnasse. Después del sinnúmero de veces que se lo habrán preguntado, el encargado de guardia sabe muy bien de quién se trata y nos indica el camino en el plano que los visitantes pueden estudiar en la pared, al lado de la puerta de entrada; y así, marchamos por la avenida principal en busca de Allée Lenoir tratando de llegar a la 3ª División, 2ª Sección, 3 Norte, 17 Oeste; pero en este primer intento uno se pierde en el laberinto de pequeños mausoleos y tumbas y, después de breves homenajes ante las de Baudelaire y Sartre, vuelve a la oficina de la entrada con Edgar Quinet sólo para confirmar que la información estaba bien pero que uno no había tomado la Allée Lenoir y regresa para ahora sí encontrar lo que busca; y ahí está, blanca, plana, dividida en dos partes iguales y con los nombres de Carol Dunlop arriba y Julio Cortázar abajo, más fechas.

[…] Me despido en silencio y, otra vez sobre la alameda Lenoir y la avenida, regreso y cuento cincuenta y cinco pasos desde ésta al lugar en que se halla la tumba, en un acto de signo absurdo pero así fue. De salida, el guardia nos hace adiós con un gesto de inteligencia y complicidad que significaba que era donde él decía.

Augusto Monterroso, Pájaros de Hispanoamérica.

Lapida Julio Cortázar

La tumba de Julio Cortázar en el Cementerio de Montparnasse

Una mañana decido que el único plan y objetivo del día va a ser encontrar la tumba de Julio Cortázar, y que todo lo demás que venga va a estar bien. Pero ese día tengo que ver a Julio Cortázar. Creo que Juan José Millás escribió alguna vez que la vida es algo así como las cosas que te ocurren mientras te empeñas en hacer otras. Sólo hace falta que ese día me empeñara en encontrar a Cortázar, el proceso y las consecuencias (coincidencias) posteriores iban a colmarme por completo. Es curioso, pero me pasó como a Monterroso. Sólo que yo no pregunté al guardia, ni cogí el mapa que te daban en la entrada. Miré de manera furtiva el mapa que había en un cartel de la entrada e intuí apenas la zona del cementerio donde se encontraba. Así que me fui hasta esa zona con toda la calma del mundo. Tardé casi una hora en vislumbrar al cronopio blanco con forma floral que preside su tumba y la de Carol Dunlop (su última mujer, “la osita”). Me dirigí hacia la tumba con el pecho henchido de emoción y atravesando las lápidas con las coronas de flores como quien atraviesa una jungla apartando el follaje. Una señora mayor, con un pañuelo en la cabeza, me miró primero sorprendida y luego sonrió al ver mi decisión.

Lo queremos porque es bondadoso.

Es bondadoso como ser humano y muy bueno como escritor. Tiene un corazón tan grande que Dios necesitó fabricar un cuerpo también grande para acomodar ese corazón suyo. Luego mezcló los sentimientos con el espíritu de Julio. De allí resultó que Julio no sólo fuera un hombre bueno, sino justo. Todos sabemos cuánto se ha sacrificado por la justicia.

Por las causas justas y porque haya concordia entre todos los seres humanos.

Así que Julio es triplemente bueno.

Por eso lo queremos. Lo queremos tanto sus amigos, sus admiradores y sus hermanos.

En realidad, él es nuestro hermano mayor.

Nos ha enseñado con sus consejos y a través de sus libros que escribió para nosotros lo hermoso de la vida, a pesar del sufrimiento, a pesar del agobio y la desesperanza. Él no desea esas calamidades para nadie. Menos para quienes saben que, más que sus prójimos, somos sus hermanos. Por eso queremos tanto a Julio.

Juan Rulfo. Carta a Julio Cortázar.

Tumba de Cortazar2

El Cronopio bonachón

El encuentro no pudo ser más emocionante. Llovió durante toda la mañana, hacía frío y soplaba un viento incómodo. Pues lo creyera yo mismo o no, en el mismo momento en el que me planté delante de la tumba, las nubes se apartaron y un furioso rayo de luz lo iluminó todo. A mí sólo me interesa lo que tenía justo enfrente de mí. Fue muy emotivo, casi hasta las lágrimas. El Cronopio sonriente. Ver a Carol Dunlop y a Cortázar uno al lado del otro. Leer una carta anónima de un chico también murciano como yo, fechada apenas diez días antes. Descubrir que en una esquina de la tumba hay un orificio, como si fuera una puerta para que entrara Orfeo. Por supuesto las pequeñas y humildes ofrendas de los visitantes. Y sobre todo una frase, también anónima, escrita en una de las esquinas con una letra casi microscópica y que rezaba algo así como: “Porque me hiciste entender que la vida era viajar y venir a visitarte”. Era tan sencillo y tan cierto que no pude más que darle la razón, mordiéndome el labio, derrotado ante tanta verdad. No sé cuánto tiempo pasé delante de la tumba, observándola, agachándome para acariciarla, y sobretodo, pensando en todo lo que ese hombre me ha hecho vivir, pensar, experimentar, buscar, luchar, sonreir, soñar. Sólo él lo sabe porque yo apenas lo intuyo, creo que no sé a ciencia cierta hasta qué punto este hombre me ha ayudado. Me ha salvado. Por eso, le dejé yo también unos pequeños obsequios que seguramente le harán sonreir, porque estará ya acostumbrado, y además un pequeño secreto escrito en un ticket de metro, un descubrimiento maravilloso que él me brindó y que ha convertido en una obviedad por la que hay que luchar hasta el fin. Un poco avergonzado por estar tanto tiempo delante de él, pensé aquello de “vamos a irnos que esta gente querrá acostarse”, y me apresuré a desaparecer de su vista (porque supongo que los muertos tan solo ven al frente).

En corrientes y esmeralda, en otros tiempos, vi pasar a escritores que nunca dejaron el país y escribían como un francés cualquiera. Yo entendí mejor a Buenos Aires leyendo lo que vos escribías en París. Así es tu grandeza, así tu amor.

También entendí mejor el mundo leyéndote, o sea, lo quise más. Creo que no sería difícil demostrar cómo y por qué tu literatura es más audaz que la de Borges, más inicial y misteriosa, más abierta a todos los temblores por venir, más cariñosa del presente y, por eso mismo, más respetuosa o dolida del pasado.

A vos siempre te veo –como tu personaje–

inventando un camino para ir de una ventana a otra ventana, del misterio de un puño a los crepúsculos de Mozart, de un ser a otro, y otro, y otro, y otro.

Siempre sentí que tu amor es infinito.

Siempre supe que tu obra nos abriga, que tu mejor obra sos vos.”

Juan Gelman (final de la “Carta” que dedicó a Julio Cortázar en el número homenaje que publicó la revista cubana Casa de las Américas).

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"Y cuando todo acabe, yo no quiero una piedra. Encima de mí solo quiero tierra, y algunos frutales, para que me abracen, que sus tiernas raíces me comprendan"

En total pasé en ese cementerio más de tres horas, ahora sí, armado con un mapa de papel que encontré junto a la tumba de Cortázar, mojado y sucio de tierra. No era un manuscrito hallado en un bolsillo, pero sí un mapa hallado en la tumba de Cortázar, y eso le da mucho más valor. Sacié mi imaginario francés con Baudelaire, Henri Langlois, Vidal de la Blache, Alfred Dreyfus, César Vallejo (peruano éste) Serge Gainsbourg, Larousse, Hachette, Man Ray o la bella Jean Seberg -siempre vendiendo su New York Herald Tribune, siempre-, y también reviví la escena de uno de los cortos de Paris Je t’aime frente a las tumbas de Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Porfirio Díaz. Tan sólo me faltó encontrar la tumba de Guy de Maupassant, pero era tarde, y París me esperaba afuera para matarme y volver a darme la vida. A la próxima que vaya a visitar a Julio.

Versión original con subtítulos en inglés

Versión doblada al español (una pena el doblaje, por la voz y por la entonación -entre otras cosas-)

3 respuestas a Julio, je t’aime. Paris, elle m’aime

  1. Sandra dice:

    He conocido poca gente con tanta sensibilidad como vos.

    ;)

  2. y llegué aquí como se llega a Cortázar :)

  3. nefelibatrad dice:

    Si me dices que tú fuiste quién escribió aquel mensaje en el billete de metro me da algo. Toma, de regalo, el que supongo que será lo mejor que ha hecho Televisa :-) http://www.youtube.com/watch?v=sAR-zeON5vA Saludos desde Granada ;-)

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