Cinismo curvo danzante ultrarrelativista agradecido


Estos días he comenzado un curso del Instituto Cervantes impartido en el Centro de Recursos Pedagógicos de la Embajada de España de París. Una larga, espesa y sin embargo interesantísima sesión sobre pedagogía y gestión de una clase de ELE. El profesor, de cuyo nombre ahora no puedo acordarme -llegará-, me encantó. Fue de menos a más hasta salirse.

Pero hoy, no como otras veces, no voy a extenderme demasiado. No voy a contar cualquier cosa que yo haya encontrado interesante, bella o reveladora, tomarme la molestia de redactarlo bonito y enlazar todo lo enlazable con ello para que además sea útil. No, hoy no. Porque una de las frases que más repitió ese profesor fue “disculpadme, pero es que soy un cínico… será por la edad”, siempre antes o después de meterle un sablazo al listillo de turno y darle en la línea de flotación. El caso es que yo me reí muchísimo en todas las situaciones en las que el profesor tuvo que decir esa frase de disculpa. Fue un poco cabrón, un poco descreído, un poco guasón, un poco pasado de rosca, un poco excéptico, un poco cansado, un poco desilusionado, un poco feliz, un poco resignado. Él dijo eso mañana.

Sí que tal vez será la edad, pero yo hace tiempo que sé que soy un cínico, y algo me dice que es demasiado pronto. Demasiado pronto para desconfiar en todo lo desconfiable, para no dar nada por sentado, para no conformarse ni dar por válida nunca ninguna respuesta, por buena que sea; para buscar una solución más a la solución, para saberse tan insatisfecho y para ver desde arriba ya que es estúpido intentar llenar ese vacío porque nunca lo vas a conseguir. No tiene que ser demasiado tarde -supongo, espero- para poder cambiar y adaptarme al medio para sobrevivir, para darme cuenta de que nada es nunca lo que parece y que el mundo no ha sido, no es, ni será cómo yo me lo he imaginado, deseado o luchado por ello. De ahí el cinismo. De ahí que vaya y venga, que aparezca y me esfume, que sea un pesado y me quede mudo, y que el hecho de no tener nunca nada claro ni seguro unas veces me desespere y otras me haga sonreir por tener esa suerte. Y que al principio estaba yo, ahora estoy yo, y que al único al que nunca podré mentir es a mí mismo, que nunca tendré tanta confianza en nadie como en mí mismo. Y eso es un putadón enorme. Que alguien me lo quite y lo lance por un acantilado como si de una bomba de relojería se tratara. Pero no. Porque, como diría una canción que guarda las puertas de mi adolescencia: “Nothing really matters, nothing really matters to me… anyway the wind blows…”.

Sigamos procurando no mirar demasiado atrás y ver lo que tenemos. Y si no, ya nos lo recuerda Nina Simone. Pero con la época cínica que llevo, sólo me quedo con la música. Hoy la letra me parece muy Paulocoelhiana. Demasiado. Viva el boogaloo, ese semidios azul, blasfemo y tangible en unos hombros de tiza. Maldito Cortázar, qué cabrón Bukowski.

La otra palabra que me gustó de las 6 horas de clase fue prurito. Hacía mucho que no la escuchaba: 1. Comezón, picazón. 2. Deseo persistente y excesivo de hacer algo de la mejor manera posible. Yo tengo una cosa que me lleva a la otra. Cosas mías.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: