No solo de música brasileña vive el hombre (III)

30 enero 2010

Pues nada, otra entrega más de mis rarunos hallazgos musicales -unos más que otros, para alguien alguna de estas canciones estarán más que vistas, pero a cada uno lo suyo y su ritmo-.

El incauto que haya caído aquí y que además disponga de un rato para escuchar y ver un popurrí musical heterogéneo no se sentirá defraudado, o al menos, algo encontrará que le haga tilín.

Vamos a cerrar bien el mes de enero y a despedirnos de mi rincón en la web hasta finales de febrero, hasta después de las vacaciones de invierno escolares francesas. He aquí las maravillas musicales que este 2010 me ha deparado por ahora. Que lo disfruten:

GERALDO AZEVEDO – DONA DA MINHA CABEÇA

Empecemos por el principio -que suena a perogrullo, pero tiene que ser así- y comencemos por tocarle la moral al título de esta entrada. Geraldo Azevedo es un conocido y reputado músico brasileño, uno de los mejores guitarristas de ese país y autor de algunas canciones míticas. Precisamente lo volví a descubrir las navidades pasadas en Murcia, en la fiesta de despedida de un amigo periquito que se nos fue a los Madriles, un grupito en el que caímos unos cuantos amantes de la música brasileña. Esta canción es de las más simples que tiene, y por eso también una de las que más llegan y reconfortantes.

MANO SOLO – IL M’ARRIVE ENCORE

Descubrí a este hombre caminando por las calles de Perpiñán hace ya cerca de 6 años. Estaba allí con una beca para hacer un curso de francés de verano, y como me aburría el rollo de la residencia salía a menudo a darme vueltas solo por la ciudad. En una de esos paseos llegué a una avenida que estaba literalmente empapelada de carteles del concierto que iba a dar en los siguientes días este cantante. Aparecía en el centro de una manada de lobos. Por lo poquito que he sabido de él se los podría haber merendado a todos en un momento. Por una vez la canción francesa no me ha resultado cansina y repetitiva. Este hombre, nacido en Châlons-en-Champagne, la capital de la región donde me encuentro ahora mismo, murió el pasado 10 de enero, después de una dura lucha contra el SIDA.

OKOU – TO THE BONE

Ella viene de Berlín y tiene una voz -impresionante- que me recuerda a Des’ree, él viene de Suiza y toca el banjo. Por sus facciones y su estilo musical nadie diría que vienen de donde vienen. Se conocieron en un bar de la noche parisina, y lo demás ya es historia.

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Me lo dijeron mil veces…

9 enero 2010

… y sin embargo… 

 

… no aprendo y a pesar de todo, nieva copiosamente en Épernay, la nieve cubre todo el paisaje, la nieve lo esconde todo, y es un espectáculo lindo y digno de ver… 

LA NIEVE (de AUSENCIA, borradores inéditos 1913-1914)

La nieve, que hoy me parece tu frialdad, le ha puesto sitio a mi tristeza con su gran ejército puro. ¡Qué rojo me parece hoy mi corazón, germen de primaveras, todo para mí, en el castillo fuerte de mi cuerpo! No hay, en la frialdad del campo ni en la tuya, vida. La vida está toda aquí dentro, y lo que Dios creó en siete días, está aquí todo en la sangre redonda y caliente de mi pecho, nido de todo el fuego. No sabes tú que esta sangre puede hacer arder todo el blanco mundo de la nieve y de tu nieve. Tú no sabes lo que es dejar salir al campo y a tu vida a este corazón sitiado por los tristes hielos… Tú no sabes lo que es el estío eterno del cielo.

¿Como puedo decir que no tengo, si en todo, en todo, estás tú conmigo? Estás conmigo en esta arena que piso y esas estrellas que me miran y no me miran; estás en esta agua que paro con la mano y en esa rosa que me sigue con su olor; estás en la nieve de aquella montaña cárdena y en esa luna que sale, desnuda; estás conmigo en mí mismo, en mi imagen en el espejo, dentro, muy dentro de mi corazón… En todo, en todo estás tú conmigo. ¿Como puedo llorar por no tenerte?

Juan Ramón Jiménez

Equivocar el camino es llegar a la nieve...

PEQUEÑO POEMA INFINITO

Para Luis Cardoza y Aragón

Equivocar el camino
es llegar a la nieve
y llegar a la nieve
es pacer durante veinte siglos las hierbas de los cementerios. 

Equivocar el camino
es llegar a la mujer,
la mujer que no teme la luz,
la mujer que no teme a los gallos
y los gallos que no saben cantar sobre la nieve. 

Pero si la nieve se equivoca de corazón
puede llegar el viento Austro
y como el aire no hace caso de los gemidos
tendremos que pacer otra vez las hierbas de los cementerios. 

Yo vi dos dolorosas espigas de cera
que enterraban un paisaje de volcanes
y vi dos niños locos que empujaban llorando las pupilas de un asesino. 

Pero el dos no ha sido nunca un número
porque es una angustia y su sombra,
porque es la guitarra donde el amor se desespera,
porque es la demostración de otro infinito que no es suyo
y es las murallas del muerto
y el castigo de la nueva resurrección sin finales.
Los muertos odian el número dos,
pero el número dos adormece a las mujeres
y como la mujer teme la luz
la luz tiembla delante de los gallos
y los gallos sólo saben votar sobre la nieve
tendremos que pacer sin descanso las hierbas de los cementerios. 

Federico García Lorca, 10 de enero de 1930. 

  

Mañana hará 80 años que Lorca escribió este poema. Cómo pasa el tiempo, cómo cambia todo, y qué riesgo tan grande de quedarnos a un lado mirándolo… yo no sé. 

 

“Que la vida iba en serio/uno lo empieza a comprender más tarde/-como todos los jóvenes, yo vine/a llevarme la vida por delante.”          Jaime Gil de Biedma 

 

SÍ, POR DETRÁS DE LAS GENTES

Te busco.
No en tu nombre, si lo dicen,
no en tu imagen, si la pintan.
Detrás, detrás, más allá.

Por detrás de ti te busco.
No en tu espejo, no en tu letra,
ni en tu alma.
Detrás, más allá.

También detrás, más atrás
de mí te busco. No eres
lo que yo siento de ti.
No eres
lo que me está palpitando
con sangre mía en las venas,
sin ser yo.
Detrás, más allá te busco.

Por encontrarte, dejar
de vivir en ti, en mí,
y en los otros.
Vivir ya detrás de todo,
al otro lado de todo
-por encontrarte-
como si fuese morir.

Pedro Salinas

  

Y para acabar, un vídeo que monté hace algo más de un mes con imágenes que tomé en París y Épernay, con una canción del último disco en solitario de Gustavo Cordera, el ex-cantante de Bersuit Vergarabat: 


Paloma ausente, blanca paloma, rosa naciente

4 enero 2010

Flores en el Pico do Papagaio, Ilha Grande (Foto: Carlos Maroto)

La rabia, la impotencia y la pena forman un cóctel explosivo, paralizante, cualquiera que sea el orden en que se den estos tres estados de la mente y el alma, esos infiernos artificiales. Estoy, como quien dice, recién aterrizado en mi almena fría en la meseta verde punzante de la montaña de Reims. Acabo de regresar de un viaje de regreso y que no obstante, ha sido iniciático, como diría aquel ángel con dos alas de gárgola marcadas en la espalda. Mis neuronas están de fiesta resacosa y a mí no me han invitado. Mientras que les espero fuera en la puerta ya he empezado a trabajar, y eso me evita cualquier tipo de mala excusa para mirar atrás. Sé que estoy aquí porque la gente saluda por los pasillos al Pablo que dejé bajo la cama durante las vacaciones. Lo voy a dejar hibernando una semana para que asimile lo pasado y lo que está por venir, para que se arrope y se sienta a gusto en la soledad por la que le va a tocar volver a pasar. Escucho, oigo, veo, observo, pregunto, me muevo, me expongo desde mi silla junto a la ventana a un mundo que a veces pareciera que no me pertenece, al que no pertenezco, y que sin embargo, me incumbe, me atañe.

Empieza un nuevo año, vacilón, que me deja bien clarito que hay cosas que no van a cambiar, que no me confíe, que no me despiste ni un segundo. Empezó con varios sustos, confusiones y sobresaltos el mismo día 1, para no dejar para mañana la tragedia que pueda manifestarse hoy. Y nada más llegar a mi cuarto el terror se hace visible, y deshace la carne bajo el barro.

Leo en el periódico que Ilha Grande sucumbe bajo el lodo de una catastrófica inundación, y que en las raíces de los árboles de su selva virgen se enredan en un abrazo una madre y su hijo, entre otras muchas víctimas. Ilha Grande es (era cuando yo la visité) lo más cercano al paraíso en la tierra que yo he conocido. Una isla en el litoral de Rio de Janeiro, a 4 horas de la ciudad que vio nacer a Cartola. Una balsa de aceite en un rincón del Atlántico, un secreto que dejó de serlo hace tiempo cuando los empresarios del turismo de allí y aquí se dieron cuenta que se le podía sacar punta construyendo alocadamente hoteles y resorts, desterrando a los lugareños a favelas en las colinas de la zona. El lugar que me hizo crecer y creer andando desnudo por en medio de un río, llevado y abrigado por peces de colores que me lamían las piernas y me arrancaban de a poco las pieles muertas que traía de Europa. Ahora se ahoga en el barro como si fuera un vulgar paraje terrenal, donde la gente también se muere, la dejan morir, o la matan.

Eso fue anoche, y se lo hice saber a quién compartió gentilmente conmigo aquella confirmación de la vida que es Ilha Grande. Hoy, después de haber cumplido con solvencia mis obligaciones laborales, me he puesto a tontear, leer, escuchar música, mirar qué tengo por aquí perdido. Y como no, me topé en esta imagen a la que vuelvo de vez en cuando:

Maya Deren, o la gran aparición

Se trata de Maya Deren, una artista multidisciplinar (directora de cine, coreógrafa y escritora entre otras cosas), estadounidense de origen ucraniano, y que era poesía pura en sí misma. No sé demasiado de ella ni de su obra, sólo puedo decir que un día vi esta foto en una página perdida del periódico y me impactó de tal manera que no me la he podido quitar de la cabeza. El recorte debe andar perdido en algún cajón del hogar paterno. Al buscar algo más de información sobre ella he caído en un blog francés dónde el autor relataba un poco la vida de Maya e incluía varios vídeos de su obra cinematográfica. He echado un vistazo en la barra lateral de enlaces del blog y he reparado feliz en un sitio que tenía olvidado desde hace tiempo pero que es un auténtico tesoro: la Blogothèque. Es la web de un proyecto increíble que se basa simplemente en sacar a los músicos a la calle para que interpreten sus canciones por diferentes ciudades. En su día llegué a este sitio rastreando vídeos de Beirut, como éste:

Pero ¡ay! cuando he entrado, la portada me ha saludado con un buen guantazo: la muerte de la cantante mexicano-estadounidense Lhasa de Sela. He buscado la noticia para confirmarla, y por una vez los periódicos no mentían, era verdad. Pero como le decía a una crisálida en globo, que sea verdad no es razón para tener que creéselo. Al saber la noticia me ha invadido una tremenda pena, porque algo que hacía muy bien Lhasa era transmitir una nostalgia lánguida con su voz y sus canciones. Sus cantos podían parecer auténticos dramas, pero no llegaba la sangre al río, a pesar de todo con ella sabías que nunca ibas a acabar en un agujero de autocomplacencia. Ella era diferente. Simplemente te recordaba que ese tipo de sentimiento está ahí, y que vivirlo es un juego más en esta batalla. Ella lo hacía bello. Me dí cuenta de la dimensión real de esta mujer, de su grandeza, hace ya varios años, en una fiesta en el barrio del Realejo granadino, en un palomar polvoriento lleno de alas regadas con ron de caña, que gritaba luz en medio de la noche. El anfitrión era un argentino loco que se hacía llamar Borges -muy humilde el muchacho-. Me dejó trastear entre los cd’s, y cuando descubrí los dos que Lhasa tenía publicados por aquel entonces, las manos se me llenaron de un peso ansioso, le pedí si podíamos escucharlos y por un momento se puso serio y me dijo que no era el momento, con toda la gente exaltada a esas horas de la noche. Cierto, pero hubiera sido increíble escucharlo allí, y como me quedé con las ganas, al día siguiente volví a ella y siempre la he tenido presente. Una fuerza de la naturaleza tan grande es bueno tenerla siempre a mano.

Su muerte, tan joven (37 años), por un largo cáncer de mama, y precisamente el día 1 de enero, me ha embargado de pena, rabia e impotencia. Pero al volver a ella todo ha vuelto a su sitio y eso me ha recolocado de nuevo en el mundo. Pero la cosa no se ha quedado ahí y el destino ha querido hurdir un poquito más en la herida antes de quedarse tranquilo. No sé porqué, justo en el momento en que he asimilado su muerte, he pensado en Violeta Parra, la entrañable cantante del folklore chileno. Supongo que por el estilo de música, por ser mujer, y por lo que las dos me transmiten. Bien, pues entro en la página oficial de Lhasa de Sela con la esperanza de que sea una inocentada -con poco convencimiento, porque el día de los inocentes es el 28 de diciembre en España, no en Canadá, donde residía-, y leo que había empezado a preparar su próximo disco: un cd con versiones de Víctor Jara y Violeta Parra. Cruel destino.

Todo esto no puede más que enseñarnos de lo preciosa que es la vida. Y que la rabia, la impotencia y la pena, tarde o temprano, dan paso a la nostalgia, y que ésta, por fin, será algo de lo que congratularse, porque la sentimos porque algo, un día, nos hizo felices.

Esto no es más que un viaje de ida y vuelta, pa’ llegar a tu lado. El 2010 va a ser maravilloso.


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