La inmersión en los círculos de la trama


A veces es extraño como uno se puede sentir identificado con un escritor o un cantante por encima de los demás, de todas las cosas. Seguramente tiene mucho más que ver con el momento en que por fin te paras a escucharlo que a la persona en cuestión o lo que hace, tiene que ver mucho el momento en que el anzuelo se te clava dentro y te hace despertar a la evidencia de que esa persona está haciendo o buscando lo que en el fondo a tí también te gustaría, pero no puedes. Él lo saca fuera y lo hace arte. Y eso me pasa a mí con Jorge Drexler.

Recuerdo que la primera vez que lo escuché con atención fue hace ya 4 años (que se dice pronto). El verano comenzaba en Granada y ante mí se abría la nada, un final de curso sin mucha historia, con noches cálidas tranquilas sin demasiado que hacer y un verano con la pierna escayolada en mi pueblo (aunque eso yo todavía no lo sabía).

Regresando de una de esas noches a casa de mis amigos, ni triste, ni abatido, ni apenado, simplemente apático, entré en el cuarto de uno de ellos, que se había quedado estudiando, y me fui a sentar a su vera, en el borde de la cama. Después de una pequeña conversación a juego con esas noches sin fondo, me miró y mi cara debía ser un poema, porque me dijo: “escucha esto”. Acto seguido, tan sólo colocó en el reproductor del ordenador la canción La edad del cielo, y me dijo: “presta atención a la letra, es muy importante”. En un principio, como soy así de descreído, pensé: “ya se le han subido Jackobson y Saussure a la cabeza, veamos pues”. Cuando comenzaron los primeros acordes seguía instalado en mi atalaya de desidia, pero cuando las primeras palabras de la canción comenzaron a sonar y le vi a él repetirlas desde mi escepticismo, comprendí que me tenía que dejar hacer, recibir aquello, que era lo mejor que nadie me había ofrecido en semanas: “Calma, todo está en calma. Deja que el beso dure, deja que el tiempo cure. Deja que el alma tenga la misma edad que la edad del cielo”.

Desde aquel momento decidí tomarme todo con más calma, relativizar un poco y tratar de encontrarme a mí mismo entre toda la confusión que me rodeaba y que salía desde el mismo centro de mi cabeza por todas las calles del Albayzín.

Por aquel entonces ya había salido el disco Eco, que yo tenía por algún lado olvidado en el ordenador y que nunca me había parado a escuchar. Qué mejor momento para lanzarse a la escucha. Me encontré con un disco original, optimista y que traspasaba las barreras de lo que normalmente suele hacer un cantautor, con experimentos electrónicos, cruce de caminos entre muy variados estilos musicales y unas letras con una sonoridad casi perfecta, simples en la forma pero con unas imágenes y una simbología vital muy enraizada. Para mí, uno de los mejores discos en español de las últimas dos décadas y que no es valorado como se debe. Yo creo que todos los premios que se llevó su siguiente disco, 12 segundos de oscuridad, una continuación de Eco mucho más nocturna e íntima, le llegaron simplemente para enmendar de alguna manera el injusto silencio con el que convivió ese disco, a pesar incluso del Oscar que ganó Drexler por Al otro lado del río.

Chico Buarque, un genio, con subtítulos en español.

Y precisamente ahora, y creo que como parte de la promoción de su nuevo disco, en el blog cultural Papeles Perdidos de Elpaís.com, se ha publicado un pequeño artículo en el que Drexler habla de las 5 canciones que más le han marcado, en su caso, como compositor. Quitando las dos referencias uruguayas (de los dos tótems de la música de aquel país, Alfedro Zitarrosa y Fernando Cabrera), yo podría suscribir también las otras tres: Chega de saudade, de João Gilberto y compuesta por Tom Jobim y Vinicius de Morães y que marcó el nacimiento de la Bossa Nova, Construção del enorme y nasalizado Chico Buarque, y Julia, de los Beatles y compuesta por John Lennon en homenaje a su madre, a la que vió morir atropellada en las calles de Liverpool cuando era niño.

Pero lo que más me ha gustado de este artículo ha sido el descubrimiento que hace Drexler: el concepto de su disco Eco surgió a partir de la canción de Chico Buarque Futuros amantes.

Mi traducción de la letra:

FUTUROS AMANTES – CHICO BUARQUE

No te agobies, no,
que nada es para ahora mismo,
el amor no tiene prisa,
puede esperar en silencio,
en el fondo de un armario,
esperando en Correos,
milenios, milenios,
en el aire.

Y quién sabe, entonces
Río será
alguna ciudad sumergida,
los escafandristas vendrán
a explorar tu casa
tu cuarto, tus cosas,
tu alma, desvanes.

Los sabios en vano
intentarán descifrar
el eco de antiguas palabras,
fragmentos de cartas, poemas,
mentiras, retratos,
vestigios de una extraña civilización.

No te agobies, no,
que nada es para ahora mismo,
los amores serán siempre amables,
futuros amantes, quizá
se amarán sin saber,
con el amor que un día
yo te dí.

La influencia de esta canción en el disco de Drexler se ve sobre todo en la última estrofa. En la archiconocida canción Todo se transforma (que la ONCE utilizó para uno de sus anuncios) antes del último estribillo, Jorge canta: “Zapato que en unas horas buscaré bajo tu cama, con las luces de la aurora, junto a tus sandalias planas, que compraste aquella vez en Salvador de Bahía, donde a otro diste el amor que hoy yo te devolvería…”. O como él dice en las presentaciones en directo de esta canción: “en un sistema cerrado, nada se crea, nada se destruye, todo se transforma”. Es la particular visión del mundo de este uruguayo, siempre obsesionado con las ciclos de la vida, las paradojas de los encuentros, las pequeñas aventuras interiores de cada día y el control de nuestro finito y sin embargo flexible tiempo.

Pues Drexler, que por cierto cada día tiene más planta de intelectual checo de principios del s.XX, va a sacar nuevo disco el 16 de marzo, y se llamará Amar la trama. En un principio iba a llamarse Mundo abisal, que es además el título de uno de los temas del disco. Una vez escuchado el disco, el título final le pega más al espíritu optimista que ha renacido en sus canciones (después del existencialismo que sobrevolaba el anterior disco de estudio).

Un hombre como él que lo ha hecho ya todo en lo que a la música de autor en español se refiere, podría sentarse tranquilamente y ponerse a hacer discos como churros, ahora que ha encontrado un inconfundible sonido personal. Encontrar un estilo propio es esa piedra filosofal que todo artista busca y que cuando por fin la encuentra se le acusa de repetitivo, a veces con mucha razón, pero por ahora con Drexler no sucede para nada. En este disco está el Drexler que ya se conoce, esa distintiva manera de tocar la guitarra a lo candombe, las bases rítmicas a veces a contrapie, trazas que ha dejado la música brasileña en la suya, o los juegos de palabras sencillos que son auténticos hallazgos en el corazón del lenguaje musical en español. Es lo mismo pero diferente.

Además esta vez también ha dado otra vuelta de tuerca a la manera de grabar un disco. Con Eco hizo todo tipo de experimentos entre el pop y el folk más tradicional con la electrónica y los loops; en 12 segundos de oscuridad profundizó un poco más en la faceta rítmica del pop de toda la vida; en Cara B, salió solo al escenario, armado simplemente con su guitarra y una infinidad de pedales de efectos para lavarle la cara una vez más a las canciones más míticas de su repertorio. Ahora, y supongo que para probar y no aburrirse ni a él ni a sus seguidores, ha grabado Amar la trama durante cuatro días en un plató de televisión especialmente acondicionado para ello. Se rodeó de una banda de buenos amigos (con varios instrumentos de metal, algo nuevo en él y supongo que por influencia de Marlango) y de un puñado de afortunados espectadores que ganaron el billete a esta nueva experiencia musical en vivo por un llamamiento que se hizo en su Myspace. El disco, además de estar grabado en directo es, digamos, “analógico”, es decir, no ha utilizado ningún aderezo electrónico en los arreglos, es la autenticidad de la música en vivo sin más. Pero está grabado de tal manera, y como otros ya han hecho, como por ejemplo Josele Santiago y su Las golondrinas etcétera…, con todos los músicos en círculo, mirándose entre sí, de una manera tan estudiada, que no parece para nada un disco acústico en directo.

En el disco participan también Josemi Carmona de Ketama y su guitarra flamenca; Leonor Watling, su actual pareja (suertudo Drexler) con la que tiene un hijo, Luca, al que está dedicada la canción Noctiluca; y Ben Sidran, un pianista de jazz americano y en cuya casa Drexler compuso la canción que le valió el Oscar, Al otro lado del río, durante unas vacaciones que pasó en la casa del ex componente de la Steve Miller Band y compositor de la mítica canción The Joker/Space Cowboy.

Cuando el disco estaba (bueno, y sigue estando) en el horno, sobrevinieron las tragedias de los terremotos en Haití y en Chile. Jorge ha aprovechado estos dos sucesos, no para ser oportunista, porque no creo que sea su estilo, sino para poner su pequeño granito de arena para hacer más visibles estas desgracias a la vista del público, que muy a menudo pasan por ser modas que se olvidan demasiado pronto.

Se unió hace unos días, y por inciativa de Ángel Carmona, músico y presentador del programa de Radio3 Hoy empieza todo, con gente como El Lichis, de La Cabra Mecánica, o Álex Ferreira, un nuevo cantautor dominicano muy drexleniano. Se propusieron grabar entre todos, después de dos días de ensayos, una versión en español del mítico tema Haití, compuesto por Caetano Veloso y Gilberto Gil hace ahora casi 20 años, en el que ya denunciaban la invisibilidad de las injusticias de ese país caribeño tan olvidado y empobrecido. Caetano Veloso sabe ciertas cosas veinte años antes que el resto de la humanidad, él es así.

Además Drexler publicó el pasado 7 de marzo un pequeño poema dedicado a Chile:

Quien en Chile un día vibró,
tiembla cuando Chile tiembla,
llena sus ojos de niebla
si oye que Chile lloró.
Si lo digo es porque yo
llevo en el alma la estela,
la mejor escarapela
que tuvieron mis canciones:
en Chile mil corazones
que hoy pasan noches en vela.

 

Volviendo al nuevo disco, he de decir que al principio me quedé estupefacto, porque resulta que han elegido como single Una canción me trajo hasta aquí, una canción compuesta hace muchos años por Drexler y que hicieron famosa en su día Ana Belén y Víctor Manuel (escribo sus nombres y me invade el cansancio). No entiendo porqué ha grabado esa canción, bastante típica de un tiempo pasado en el que componía de una manera diferente, mucho menos original y más repetitiva que como lo hace hoy en día, y que para mí es símbolo de los primeros años después de su llegada a España, cuando se vió obligado, como él mismo ha explicado muchas veces, a hacer cosas que no le llamaban o no le gustaban de verdad, como componer canciones para Ana Belén, Víctor Manuel, Ana Torroja, Ella baila sola, Miguel Ríos o Sole Jiménez, cantantes caducos que le daban salida a sus composiciones mientras él trabajaba y esperaba paciente a hacerse visible en el mundillo musical madrileño y español. Tal vez por eso mismo la graba: empezó así, y hoy en día hace lo que le apetece sin darle cuentas a nadie.

En definitiva, este es un disco muy drexleniano, que no va a hacer que se tambaleen los pilares de la música actual, inocuo en ese sentido, pero que es exactamente lo que yo estaba esperando: un disco luminoso y optimista, bonito, agradable, para escuchar tranquilamente un domingo por la tarde, con 4 o 5 joyitas como solo él sabe hacerlas, y acorde con la felicidad personal del cantante y con la primavera que por fin se abre paso, después de un invierno tan gélido.

Para acabar, la quinta canción de este nuevo disco, El mundo abisal, donde vuelve a hacer un guiño a Futuros amantes de Chico Buarque. ¡Inmersión, inmersión!

Por cierto, en su página oficial se puede escuchar el disco entero. Disfruten.

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