¿Cuánto sabes de cine?

1 diciembre 2010

¿Mucho? Pues a ver si tienes webs a demostrarlo además en inglés (“quoi? Cherchez la vache!). Para ello, haz click en el siguiente enlace que te llevará a una ingeniosa y divertida encuesta-test ideada por mi compañero de trabajo Oliver Moss. Good luck pals!

ENCUESTA SOBRE CINE (en inglés)

¿Quieres practicar tu inglés en casa con alguna película mítica? Echa un vistazo aquí : cult films


Métro, boulot, Truffaut

19 mayo 2010

« Métro, boulot, dodo » es una expresión inspirada en un verso de Pierre Béarn, y que se supone que representa el ritmo cotidiano de los parisinos, o más en general, de los habitantes de la gran ciudad:

  • « Métro » : el trayecto del metro por la mañana,
  • « Boulot » : la jornada de trabajo, el “curro”,
  • « Dodo » : el regreso a casa para dormir, el “nono”.

Esta expresión, de gran éxito en el mayo del 68, así como el poema, es una crítica a la monotonía y la repetición de un día a día demasiado constante y al que no se le ve una salida.

Extracto del poema:

El verso en el que está inspirada esta expresión proviene de la antología de poemas Colores de la fábrica, aparecida en 1951: 

« Au déboulé garçon pointe ton numéro
Pour gagner ainsi le salaire
D’un morne jour utilitaire
Métro, boulot, bistro, mégots, dodo, zéro »

“Toma muchacho tu número a la carrera,
para ganar así tu sueldo
de una gris y utilitaria jornada
metro, curro, bar, colillas, nono, cero”. 

Yo me niego, yo no estoy del todo de cuerpo presente.

Me podrán robar mis días, mis noches, no.

La explicación de la expresión “Métro, boulot, dodo” es una traducción libre de mi autoría de dos entradas de la Wikipedia. Aquí y aquí. Y una discusión en Wordreference.


Que la esperanza le gane a la experiencia

24 noviembre 2009

A finales de septiembre llegué a la región de Champagne-Ardennes, dónde sabía que iba a vivir hasta entrada la primavera (que aquí tiene que estallar furiosa, después de tantos meses de lluvia y falta de sol). Llegué a Épernay y Reims, tierra de champagne, de catedrales góticas y de gente sencilla y amable, a pesar de las distancias kilométricas que se dan en el trato social.

El último día del stage que hicimos los auxiliares de lengua extranjera en Reims, la Académie de Reims nos preparó una recepción por todo lo alto, con champagne (biensûr) y con biscuits rose incluidos. El evento lo abrió el recteur de la Académie (algo así como el máximo responsable de la educación pública en toda la región). De todo su discurso, pronunciado en tono amigable y hasta jocoso, yo me quedé con una frase que en su momento me hizo estallar de risa en medio de la multitud que abarrotaba la sala, y que ahora se ha revelado como profundamente cierta (Recteur 1 – Pablo 0): “Este es un año para tomárselo con calma, es un año para la paz y la reflexión. Vais a tener mucho tiempo para pensar en vosotros mismos y en vuestros proyectos futuros”. Como diría aquel, qué sabias palabras, cuánta razón tenía.

Después de casi dos meses en los que me ha pasado de todo y de nada, sobre todo, de lo que más he tenido tiempo, ha sido para reflexionar. Reflexionar no está mal, siempre que el pensamiento esté bien dirigido y te lleve a alguna parte, a la práctica, a la acción, sin ir más lejos. Pero aquí, por ahora, no. El “por ahora” es lo que me faltaba por tener en cuenta. No se puede tener todo en menos de dos meses, en un país nuevo, en una región difícil para las relaciones personales, en una ciudad sin mucho que ofrecer, con un salario que es el 70% del salario mínimo local, con un trabajo nuevo y bastante solo y aislado del mundo, no se puede tener todo, no señor. Así que el último recurso del que puedes echar mano es de tí mismo. Oh la lá!

Caricatura de Sabina realizada por Verónica "Medias negras" Ruiz. Su blog, a la derecha en "sentimientos afines"

Por suerte, hablar de “tí mismo” abarca mucho más que tu persona, y alcanza y toca fondo también en tu mundo interior, tus recuerdos, tus conocimientos, tus motivaciones, tus sueños, tus esperanzas, todo lo que has ido recogiendo a través de los años. A veces yo me saturo de verdad y pienso que el saber sí que ocupa lugar (y tanto) y para qué tanto. Y cuando digo “saber” no me refiero solo al “conocimiento enciclopédico”, sino también a vivencias, experiencias, dolores y alegrías, amigos y personas queridas que has dejado lejos, y que siempre, siempre, ocupan tu cabeza. Y cuando tienes mucho tiempo para reflexionar, ¡ay! la sala de espera de tu cabeza parece la cola del paro en hora punta.

Cuando ocurre eso, y ya la saturación es una realidad, más vale echar mano de cosas que sabemos que nos van a remover de manera positiva, nos van a traer recuerdos sanos, o por lo menos nos van a devolver “a la vida”.

Hace una semana o así entre en Elpais.com y reparé con grato asombro en un especial sobre Joaquín Sabina con motivo del lanzamiento de su nuevo disco, Vinagre y rosas. Lo devoré enterito. Escuché todas las canciones. Me hice con las letras que están disponible para descarga, así como el primer capítulo del libro que ha escrito sobre el nacimiento del disco el coautor de las letras, el poeta Benjamín Prado. Y a primera vista (oída) me encantó. El bucanero que llevo en mí luchaba en mi interior para que me lo descargara. Pero no se había dado cuenta de que me encontraba en uno de los ordenadores archicontrolados y censurados del instituto donde doy clase (quien se queje de la SGAE en España, que venga para Francia, que se va a enterar de lo que es censura y control de la cultura). Todavía no me explico cómo, pero conseguí escapar de los perros de presa del instituto y me lo conseguí descargar (sí, lo confieso). Así como el último de Pereza. Y sí, no me miren así, tengo que probar cosas nuevas. Y tengo que decir que el de Pereza me ha gustado bastante, me ha sorprendido, porque yo nunca les había dado bola. Además la canción que más me ha gustado tiene un título que ahora tiene bastante que ver conmigo.

Pero es que el de Joaquín Sabina me ha encantado. Y mira que desde 19 días y 500 noches yo me había desenganchado totalmente de Sabina y no pensaba que volviera a ser lo que fue. Pero sí que lo ha hecho (Sabina 13714 – Pablo 0). De hecho creo que es el mejor disco que ha hecho, sin exagerar. Sino el mejor claramente, ahí está en dura pugna con 19 días y 500 noches y con Yo, mi, me, contigo (Y sin embargo y Tan joven y tan viejo hacen espectacular hasta un disco de Melody).

Bueno, de hecho, leyendo el primer capítulo del libro que mencionaba más arriba me he dado cuenta de una feliz coincidencia. Resulta que la primera unidad didáctica que he preparado para mis clases, hace ya más de un mes, fue con la canción de Sabina Esta noche contigo, incluida de hecho en Yo, mi, me, contigo (porque utiliza constantemente el subjuntivo, que es lo que están trabajando ahora mis niños: “que se toque la gente…”). Y resulta que el coautor de la letra de esa canción es Benjamín Prado, el compañero de Sabina en este nuevo viaje. Otra coincidencia de la que me he dado cuenta por casualidad es que este disco ha salido en la misma fecha que el último disco de Jacques Brel, Les Marquises, un 17 de noviembre (el del belga salió en 1977). Curiosa coincidencia, espero que no presagie nada.

Jacques pide desde su ventana en mi pared un poco de descanso...

Es un verdadero placer poder escuchar un disco con las letras delante, porque ves mucho más claro el arduo trabajo que le ha llevado al letrista engarzar metáforas tan brutales como las que tiene este disco. Y con este disco te das cuenta de que la amenaza de Benjamín Prado de que “va a ser el mejor disco que hayas escuchado nunca” no está muy mal encaminada. Nunca en mi vida me he topado con un disco con el que me sienta tan identificado con tantos versos. Una locura. Hay al menos dos canciones con las que me han entrado ganas de teletransportarme para gritarle emocionado y asombrado a la cara a Sabina que ese era yo, que cómo me ha espiado. Pero también lo decía Prado, “mucha gente se va a sentir identificada con el disco, porque no habla de los sentimientos de una persona en concreto, sino de sentimientos universales”. Por mucho que siga pensando que Sabina no ha sido Sabina en la última década, bajo las armas, me doy por vencido y me rindo a sus pies de nuevo.

El disco es muy nostálgico y duro hasta decir basta. Así que aquí la más simpaticona del disco. Buenísima.

Y si te sientes solo, perdido, olvidado, enfermo, incomprendido y/o aburrido -o todo junto a la vez- y tienes momentos en los que no confías en nada ni en nadie ya (empezando por tí mismo), lo mejor es aplicarte una inyección de realidad, de verdad optimista -que no tiene porqué dejar de ser cruel-, que te haga volver a sentir que la existencia merece la pena. A veces una verdad se abre paso en la realidad como una rosa entre el estiércol. Y si además tienes a mano dos enormes películas como Los amantes del círculo polar y Martín (Hache), ¿para qué quieres más?. Y si además te topas con El mismo amor, la misma lluvia, apaga y vámonos, estarás curado en un santiamén.

De hecho, anteayer, documentándome sobre Los amantes del círculo polar para la presentación que tenía que hacer de ella en el cine-club en español que organizo, caí sin saber cómo, como otras tantas veces, en una entrevista en inglés a Pedro Almodovar, publicada en la página de una revista americana de cine indie. Almodovar decía en la entrevista que para él las películas son como las personas: cuando las vuelves a ver, descubres en ellas cosas en las que antes no habías reparado. Y te sorprenden. Es bueno de tanto en tanto volver a las películas y a las personas. Con las pelis es más fácil a veces también. Y a mí es verdad que me pasa, para bien y para mal, con las dos cosas.

De Los Amantes del círculo polar (tan mía) me quedo, entre muchas cosas, con que uno siente como siente, por mucho que le joda, por mucho que le fastidie la vida y por mucho que le haga perderse tanto en este mundo de mierda donde todo se confunde y a veces es imposible abrirse paso sólo abriéndote el pecho. Seguirás sintiendo así, así que acostúmbrate y haz algo con ello. Y que las casualidades, existen, está bien, pero no son tanto casualidades como causalidades. Que las casualidades hay que salir a buscarlas, coño, como le escuché decir a un lanzador de cuchillos una vez. De El mismo amor, la misma lluvia, que la vida da muchas vueltas, que por muy perdido que te encuentres y por mucho que veas que a tu alrededor todo se ordena mientras tú no haces más que cagarla, puede que poco a poco, sin darte cuenta, tú también te encuentres. Y me quedo con que hay mucha gente muy bondadosa que a pesar de los pesares siempre va a estar ahí esperando a que le tiendas la mano. Que hay que dejarse ayudar más. Y con una frase, que en la peli Ricardo Darín la dice con sorna pero es una verdad como la inmensa catedral gótica de Reims: “la esperanza ha ganado a la experiencia”. Y de Martín (Hache), entre otra infinidad de cosas, esta vez me quedo con una cosa en la que nunca había reparado lo suficiente: la lista que le da Martín padre a Martín hijo (Hache) cuando están en la playa. Y que por una vez habría que creerse a pies juntillas y no rechistar.

 EL ASESINO DIFUSO

Algunas razones para combatirlo y seguir viviendo

A)Por puro instinto vital.

B)Por curiosidad: por saber qué pasará mañana y qué será uno mismo mañana.

C)Por el asombro que provoca ser uno mismo, el mismo, pero distinto, cadadía, mes a mes, año a año.

D)Por intentar hacer lo que sea, lo que se quiera, lo que a uno le guste, sin preocuparse por conseguir el éxito o el fracaso, buscando sentir solamente, el placer de intentarlo. Importa el camino, no la meta.

E)Por la Aventura, que existe, y viene si uno la busca, y nos hace conocer el riesgo, la fortuna, y todo lo que uno es incapaz de imaginar.

F)Por lo que nos falta por conocer. Por las mujeres que uno conocerá y amará.

G)Por el placer de comer y beber con amigos y amantes y amanecer en los bares filosofando borracho.

Buscar razones para vivir es una buena razón para seguir viviendo, y si no las hay, hay que inventárselas.

Cecilia Roth, que está más que impresionante en esta película, lee la carta y furiosa se queja de que no dice nada del dolor, no dice nada de lo que te pueden a llegar a doler muchas cosas. Acto seguido dice que la carta es una basura porque omite el dolor y la tira colina abajo. Cierto, muy cierto, puede interpretarse como filosofía barata, pero cierta también. Y es que cuando se está intentado subir la cuesta hay que pensar en la sombra fresquita que te espera debajo de algún árbol en la cima, y no en lo sudado, echo polvo y lleno de ampollas que vas a acabar. Lo importante es subirla. Me voy a dormir y a pensar en los días soleados que me esperan, porque van a llegar, porque me los merezco. Bonne nuit, orale.

 

Y bueno, después de todo este esforzado intento de engañarme un poquito a mí mismo y así hacerme un poco más dulce y más falso el camino, aquí se puede leer lo que realmente yo quería decir. Sólo que lo ha escrito otra persona, como me ha pasado con Sabina…


Porque sueño, yo no lo estoy

14 julio 2009

Yo nunca he sido una persona que le diera demasiada importancia a lo que soñamos mientras dormimos (o dormitamos). Más que nada porque me resultaba muy complicado recordar lo que había soñado. Hasta hace no mucho tiempo para mí siempre había sido muy difícil retener las historias que pasaban por mi mente por las noches. A veces, al despertar, era consciente de que había soñado cosas sencillamente maravillosas, pero cinco minutos después, al levantarme de la cama y poner la cafetera, los recuerdos de esa vida oculta se escurrían de mi mente como los posos viejos del café por el desagüe de la cocina: limpiando mis cañerías interiores, dejando en la memoria un olorcito rico y familiar. Al cabo de unas horas, no hay ni rastro, porque la “vida real” sigue virtiendo de a poco su sustancia, y va arrastrándote continuamente.

Nunca llegué a hacer lo que tantas veces me han recomendado: dejar una libreta en la mesilla de noche y anotar, todavía con el velo del sueño aturdiéndote los ojos, todo lo que recuerdas del sueño. Nunca he sido capaz. Prefería disfrutar esos cinco minutos efímeros. Siempre había sido así. Los sueños vienen, habitan dentro de tí, y se van. Así.

Pero desde mi viaje a Brasil eso cambió. Ese viaje cambió muchas cosas en mí, que tal vez a simple vista para un observador externo pasan desapercibidas, pero hay cosas que te quedan, cosas que te llegan sin pedirlas y sin saber porqué, pero sabes que te hacen bien. Yo allí empecé a soñar muchísimo con mi infancia. Nunca en mi vida he tenido tantos recuerdos de mi infancia. Cosa que hasta ese momento de cierta manera me entristecía, porque no conseguía recordar demasiado de mi yo niño.

Los sueños sobre mi infancia se fueron haciendo más recurrentes hasta que regresé a España. Pocos días antes del regreso empecé a soñar con historias que podían parecer totalmente sin sentido, pero siempre cargadas de mucho simbolismo, tensión, pasión, situaciones extremas en las que yo siempre me encontraba en medio. Es extraño, pero era como si mi subconsciente me estuviera dando un aviso: “aquí has vuelto a encontrar tu esencia, toma esos recuerdos e hilvánalos con destreza para el futuro que viene”. Pero eso lo veo ahora. Entonces no.

Desviándonos un poco del tema, a mi vuelta al pueblo me he llevado una grata sorpresa: mi hermana tenía guardado sin saberlo mi acervo musical y cinematográfico: 3500 cd’s y 300 pelis (¿hay algún señor de la SGAYOLA en la sala?) que perdí hace meses debido a la triste defunción de mi disco duro, que le dió un síncope y ahora está en el limbo de los aparatos electrónicos, esperando a que algún día no muy lejano lo lleve a reparar.

Bueno, el caso es que sin más dilación me he propuesto devorar tantas y tantas películas que tenía pendientes. Hasta tal punto que he convencido a un grupito reducido para hacer pequeñas sesiones de cine en casa durante el verano.

La casualidad ha querido que vea tres películas seguidas que son unas obras maestras: Waking life (Despertando a la vida), Las invasiones bárbaras y Léolo. Además, dos de ellas canadienses (las dos últimas), y dos de ellas que tienen como leitmotiv el mundo de los sueños y su influencia en la “vida real” humana (Waking life y Léolo).

Canción de la preciosa Françoise Hardy que aparece en Las invasiones bárbaras, que le viene al dedillo a la película y que ilustra, fuera coñas, lo que en parte es la vida.

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Signs: signos, señas, símbolos, señales, indicios…

11 marzo 2009

La comunicación se basa en el signo, es lo que hace que podamos codificar nuestro mensaje de manera que podamos transmitir lo que queremos decir a una persona. El signo es, como dijo Saussure, una especie de entidad psíquica que tiene dos caras, como una moneda: el significado (el contenido, es decir, la imagen mental o el concepto que tenemos de lo que queremos expresar) y el significante (la expresión, esto es, una palabra, una imagen, una figura, un objeto, por decirlo de alguna manera, la parte física de la idea, ¿idea?).

En la comunicación humana existen innumerables maneras de transmitir un mensaje. Sin ir más lejos, la lengua de signos (no olvidemos que vivo con una intérprete de lengua de signos española), una lengua que codifica mediante los movimientos y posiciones de las manos todos los significados de las ideas a transmitir. Muchas veces no es necesario hablar para decir aquello que queremos, para conmover, para pedir lo que queremos o necesitamos. En un nivel mucho menos complejo también se puede hacer mediante la mímica o incluso mediante notas o cartelitos. Cuando sentimos la necesidad de transmitir algo, al final siempre encontramos la manera de hacer llegar a otra persona lo que esperamos de ella. A veces se tiene éxito, otra no.

Este corto, Signs, del aún desconocido Patrick Hughes, presentado en el Schweppes Film Festival, trata de la comunicación humana, de lo simple que puede llegar a ser, de saberte comprendido sin abrir ni siquiera la boca. Y como no hay día sin noche (como esta noche de luna llena), este corto también trata de la incomunicación humana, de lo sólo y desconocido que te puedes llegar a sentir aún estando rodeado de personas durante todo el día. Una vez más, este corto demuestra como se puede hacer una obra maravillosa con muy poco, y te transmite todo un mundo de emociones con la misma sencillez que el mensaje que esconde: cuando se dan las condiciones idóneas, entenderse es maravillosamente fácil. Que lo disfrutéis.

Para los que no entiendan los escasos diálogos del corto, quedáos con que el jefe hace una broma estúpida y la que ha dejado un mensaje en el contestador es la madre del protagonista (con el padre de fondo), que le dice las cosas típicas que se suelen decir en esos casos. Aunque viendo la cara del chico en las dos escenas os podéis hacer un poco a la idea. Feliz luna llena y atentos a los indicios.


El lenguaje cinematográfico de mis sueños

3 marzo 2009

El stop motion es una técnica de animación que consiste en aparentar el movimiento de objetos estáticos capturando fotografías. Es esa técnica tan resultona que hace que juguetes, muñecos de plastilina (claymotion) u objetos inertes cobren vida por arte de magia. Esta aparentemente rústica manera de hacer cine siempre me ha provocado una profunda curiosidad. Cada vez que veo un vídeo o una serie de fotografías de estudio del movimiento, me quedo embelesado, y siempre me hace dudar sobre la vida secreta de los objetos que nos rodean.

El primero que experimentó con esta técnica (no es exactamente lo mismo, pero el resultado es muy similar) fue el británico nacionalizado estadounidense Eadweard Muybridge, a finales del siglo XIX. Con su serie de fotografías sobre el estudio del movimiento animal y humano revolucionó la cronofotografía y puso los pilares para el cinematógrafo. Aquí tenéis su interesantísima biografía (merece la pena leerla) y un vídeo recopilatorio de sus estudios:

Me he dado cuenta, haciendo un repaso a la música que me ha marcado últimamente y buscando sus respectivos videoclips, que muchos de ellos utilizan esta técnica. Y la verdad es que me ha intrigado. Como decía más arriba, este tipo de animación siempre me ha atraído sobremanera, deben ser mis ansias secretas de que toda la casa se ponga a bailar cuando yo me voy a dormir, o de descubrir la vida secreta de los objetos, o de nosotros mismos. Hay que moverse hasta cuando se está parado. Si no es con los pies, por lo menos con la imaginación. 

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La Nouvelle Vague y los últimos de la fila

14 febrero 2009

 

 Hola a todos,

Bueno, pues ya tengo un blog. Ya era hora de entrar en este mundillo, aunque me he resistido bastante a caer (un poco más) en esta red. Procuraré actualizarlo siempre que pueda con todo aquello que me parezca interesante.

Y qué mejor para empezar que el último trabajo que he hecho para la carrera que acabo de terminar. Se trata de un trabajo para la temible asignatura Civilisation Française, de la profesora Joëlle Guatelli-Tedeschi, una mujer idealista y exigente (“soyons réalistes, éxigeons l’impossible“). Quien haya hecho esta asignatura sabe bien de lo que hablo: es una asignatura cuatrimestral, impartida en francés, por supuesto, en la que se estudia desde la formación de las cadenas montañosas francesas en la Era Primaria hasta las últimas manifestaciones estudiantiles contra Sarkozy. Todo ello aderezado con temas sobre hidrología, economía, cultura, educación (con sus respectivas leyes), parando además en los reyes y revoluciones más importantes. Cuando me puse a estudiar para el examen debía tener más de 1000 páginas de apuntes sobre mi mesa.

Esto no sería tanto problema si la asignatura volviera a ser anual. Antes de que cambiara el plan de estudios de nuestra carrera en 2001, esta asignatura era anual, y así la profesora podía dar más tranquilamente la clase y los alumnos podían aprender y asimilar mucho mejor los conocimientos. Lo que pasa es que la asignatura pasó a ser cuatrimestral y no sólo no se ha reducido la cantidad de apuntes, sino que cada año va en aumento.

Ahora un cotilleo. Justo después de hacer el examen de esta asignatura, la mañana del 10 de diciembre pasado, Joëlle salió conmigo al pasillo y se puso a corregir mi examen allí mismo, ya que yo era el único alumno que pidió la convocatoria extraordinaria. Mientras me corregía el examen aparecieron Ana Díaz Ferrero, profesora de Civilización Portuguesa, y Laura Carlucci, profesora de Civilización Italiana, que en su día también fueron mis profesoras (con Ana hice todas las optativas de portugués existentes en la FTI). Llegaba apresuradas y nos interrumpieron (total, sólo estábamos en la decisiva corrección de mi penúltimo examen de la carrera, no pasa nada…). Esta muy feo escuchar las conversaciones ajenas, pero como está más feo interrumpirlas, pues sin querer me enteré del motivo de esta repentina aparición. Venían a hablar con Joëlle, ya que todos los profesores de las asignaturas de Civilización de la facultad iban a quedar en petit comité para hacer un frente común con el fin de defender que sus asignaturas pasaran a ser anuales. Resulta que con toda la reestructuración de los planes de estudio que se va a llevar a cabo con el sacrosanto Plan Bolonia, existía esta posibilidad, pero según decían estas dos profesoras, desde el decanato se les había dicho que no había ni dinero ni tiempo para hacerlo, así que las asignaturas de Civilización seguirían siendo cuatrimestrales.

En esos momentos asistí con el corazón encogido a las amargas quejas que las tres profesoras soltaban al viento entristecidas. “Algo tan básico como conocer la cultura de un país no se puede mostrar en 4 meses” decía una, “tanto dinero para unas cosas y para lo básico nunca hay”, decía otra, “¡voy a tener que eliminar muchísimo temario y Civilización se va a acabar conviertiendo en una ‘maría’!”, exclamaba la de más allá. Y mucha razón que tenían. Es un tema que repercute decisivamente en nuestra formación como traductores. Pero yo, pensándolo bien y mirándome el ombligo, no puedo evitar pensar que las víctimas de todo esto, los últimos de la fila en estos malabarismos con los presupuestos y los planes de estudios, siempre somos los alumnos. Me parece injusto que nos exijan a veces tanto esfuerzo y tiempo por nuestra parte cuando por la parte de la facultad no nos ofrecen ni la mitad de lo que nos merecemos.

Me refiero a que yo estoy de acuerdo en que nos exijan todo y más, sí, pero también me gustaría que la facultad se esforzara en proporcionarnos asignaturas útiles, medios y material actualizados y modernos, y técnicas que nos puedan servir en un futuro. ¿Cómo prentenden que sepamos en 4 meses hitos de la cultura y la historia de un país que un nativo nunca sabrá? ¿Cómo se pueden enfadar los profesores y tratarnos poco menos que de ineptos por no saber hacer una traducción jurídica inversa después de 10 clases a toda prisa? ¿Cómo pretenden que sepamos desenvolvernos en el mundo laboral si en clase trabajamos unas pocas semanas con versiones antiquísimas del Trados o el QuarkXpress? De hecho, hasta hace poco muchos ordenadores de la facultad todavía trabajaban bajo Windows98, increíble pero cierto. En la carrera he sentido demasiadas veces que los profesores nos metían a todos en un saco donde cabían incompetentes, vagos o personas infantiles y con dudosas capacidades intelectuales. Señores/as, lo que ocurre es que nos exigen muchísimo más de lo que la facultad nos da. Más valdría que se esforzasen en renovar las cabinas de interpretación, ampliar el número de ordenadores y actualizarlos, cambiar los bancos de las aulas que llevan ahí desde los años 60 por unos algo más ergonómicos y que algunos profesores salieran a la calle y se actualizasen un poquito antes de exigirnos tanto a los alumnos, que como digo, siempre somos los últimos en esta pirámide burocrática de poder. 

Bueno, volvamos al trabajo de la Nouvelle Vague y el cine francés. El caso es que le pedí a la profesora, Joëlle, hacer un trabajo voluntario para subir nota (lo iba a necesitar). El tema podía ser cualquier cosa relacionada con Francia, y a ser posible con el temario de la asignatura. Primero le propuse como tema a Jacques Brel, es mítico cantante belga que desarrollo su carrera en Francia, pero ella lo desechó. Así que, y barriendo un poco para mis aficiones, le propuse la Nouvelle Vague del cine francés. Aceptó y me puse manos a la obra. El trabajo debería haber tenido unas 30 páginas y haber sido entregado antes de las vacaciones de navidad, pero me entusiasmé tantísimo con el tema, me involucré tanto, que le pedí a Joëlle entregárselo después de navidad, y el trabajito ha acabado teniendo cerca de 90 páginas. Lo mejor de todo es que he aprendido y descubierto cientos de cosas que no conocía sobre el cine, y ahora tengo la deuda conmigo mismo de ver todas las películas sobre las que he hecho el trabajo. Aquí lo tenéis (en francés), por si le sirve a alguien, o simplemente por si queréis saber un poquito más de este magnífico grupo de cineastas.

 la-nouvelle-vague-civi-francesa-ugr-pablo-anton (Cuidadín que pesa 8Mb) Nota: debido a las leyes de protección de copyright a las que Youtube se ha aficionado, hay varios enlaces a vídeos de escenas de películas que ya no funcionan, porque los han retirado. Una pena.

Os dejo con la petrificante mirada de Anna Karina en Vivre sa vie (1962), el cuarto largometraje del que era por entonces su afortunado marido, Jean-Luc Godard.

 


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