Obrigado El Lucas!

28 abril 2010

Como ya expliqué en otra entrada, hace no demasiado tiempo que estoy colaborando con Acid Jazz Hispano, una web dedicada a la música negra y alrededores, la más importante del mundo hispanohablante en su campo, y dirigida por Santiago Tadeo.

Bueno, pues mi segunda colaboración, y en este caso, mi primera crítica de un cd, fue para hacer una reseña del disco Sem Nostalgia del vanguardista músico bahiano Lucas Santtana, uno de los nuevos valores de la música underground brasileña. Me gustó tanto el disco, que una vez publicada la crítica lo busqué por Facebook y se la envié. Me contestó que le había gustado mucho. Tanto, que al final la ha acabado publicando en su página web oficial, y se despide en un portuñol que me hace mucha gracia: “Obrigado El Pablo!”. Obrigado eu, seu Lucas, prazer.

Aquí la entrada en su Weblog oficial en la que hace referencia a mi crítica de su disco : http://www.diginois.com.br/index.php?meio=post&id=1409

Y este es el videoclip de la canción Tijolo a tijolo (ladrillo a ladrillo), la que más me gusta de su disco anterior, 3 sessions in a greenhouse, del cual seguramente haré una reseña en el futuro. Que la disfruten. Temazo.


A veces son inevitables

27 abril 2010

Hace unos meses entré, como suelo hacer a menudo (y todo aquel que tiene un pequeño gran “pequebú”  dentro de sí) en ese boletín oficial del PSOE que es ElPaís.com, con la esperanza de que ese día no hablara mal por sistema de Lula, o de Evo, o de Chávez, o de Cuba, o de Correa o de cualquier otra persona que vaya en contra de sus intereses… o simplemente con la esperanza de que deje de ser un catálogo de compra y venta, un fiel y triste reflejo de la sociedad en la que vivimos (con algunos artículos de opinión excelentes y únicos, todo sea dicho). Pero nada, nunca nada cambia, y ElPaís.como no iba a ser menos.

Pero sí reparé en uno de los especiales sobre música que muy acertadamente están empezando a publicar desde hace algunos meses. Esta vez era el turno del músico zaragozano, mezcla de Jim Morrison y Raphael, Enrique Bunbury, que lanzaba su nuevo disco Las Consecuencias. Este cantante nunca ha sido santo de mi devoción pero sí que he de reconocer que hubo un tiempo en que me gustó bastante, seguramente por su estilo un poco “Calamariano”. Su carrera musical ha continuado más o menos por los mismos derroteros, aunque mucho más oscuro y pesimista, con letras que hacen furor entre la muchachada adolescente, y es de lo mejorcito que se puede escuchar en las grandes radios y cadenas de televisión españolas (que ya es mucho). Al menos es un tipo que ha sabido madurar, evolucionar, dejar atrás la pesada losa de los pesados, por cansinos, Héroes del Silencio y probar nuevas cosas, nuevos estilos (como la copla o el bolero), hasta el punto que ha colaborado con gente tan dispar como Lila Downs, Los Piratas, Ariel Rot, Nacho Vegas o los mismísimos Andrés Calamaro o Raphael. Incluso se ha atrevido con la poesía y musicó unos poemas de Leopoldo María Panero e incluyó un célebre poema de Gil de Biedma en un DVD.

Bueno, a lo que iba, entré en el especial, escuché algunas canciones, leí alguna de sus letras, comprobé que todo seguía más o menos en la misma línea y me fijé que en una esquina de la página anunciaban un concurso en el que el hipotético ganador se llevaría una mítica guitarra eléctrica Gibson firmada por Bunbury. Para ganar, había que responder de manera original a la pregunta: ¿Cuáles son las consecuencias de ser Enrique Bunbury? Primero pensé en que si tenía que ser original no podía ser una respuesta de tres al cuarto… y acto seguido me centré en la palabra consecuencia, tan larga, con tanta sonoridad, con un significado tan pesado y, por lo tanto, con tantas posibilidades. Y como suelo hacer en estos casos, no me lo pensé demasiado. Creí que la mejor manera en la que podía responder a la pregunta y conseguir esa guitarra del Olimpo rockero, además de adular un poco a Bunbury, era haciendo una especie de texto medio en broma, medio en serio, aprovechando las posibilidades que brindaba en muy amplios sentidos la palabra “consecuencias” y hacer un pequeño texto-poema-juego (como a mí me gusta) creando aliteraciones con esa palabra. Una buena definición de aliteración sería: “Figura retórica que consiste en la repetición de los mismos sonidos en una misma frase o verso para producir un efecto de musicalidad o sonoridad”. Tal vez me faltó más brío y más juegos de palabras… ahora ya es inevitable. A otra cosa. Salud.

 

¿CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS DE SER ENRIQUE BUNBURY?

Las consecuencias, son consabidas: construir con constancia, elocuencia y una considerable paciencia una conspicua constelación de canciones, con la constante melancolía del que conscientemente toma distancia para darle una vuelta entera a la circunferencia que describe, inmisericorde, la existencia, cuando sin consolación vamos perdiendo la inocencia que reinó inconscientemente los mediodías de nuestra adolescencia, con la consiguiente tendencia a no conceder condescendencia alguna a las contradicciones de las consagradas falencias, enfrentándose sin contrariarse a la inconveniencia de jugarse en cada verso constantemente la vida y regalársela a la audiencia, y al final recordarnos que la vida, esa incontrolable coincidencia, hay que consumirla más que nunca con urgencia e insolencia, y no pensar tanto, porque son inevitables, en las consecuencias.

En este videoclip, con canción homenaje a David Bowie, aparece Liberto Rabal, el nieto de nuestro murcianico universal, Paco Rabal.

Y de propina, el juicio contra Bunbury por haber traicionado al Rock’n’Roll. No he podido evitarlo.


Momentos históricos de la radio

24 abril 2010

Dejo aquí una cosita que escribí para el IV Concurso de Microrrelatos organizado por Radio Onda Polígono, que se sintoniza en el 107.3 FM de Toledo. Se trataba de escribir un microrrelato con un tema relacionado con la radio, con una extensión máxima de 107 palabras (sin incluir el título). Leí las bases y me saltó esta idea a la cabeza, la escribí en quince minutos y lo mandé. No hubo suerte, ya habrá más la próxima vez. O no. Espero que les guste. Salud.

MOMENTOS HISTÓRICOS DE LA RADIO

Ni la S en Morse de Marconi, ni La Guerra de los Mundos de Orson Welles, ni el Llamamiento a la resistencia de Charles De Gaulle, ni el discurso de despedida de Salvador Allende en La Moneda, ni los pasos en la arena de Grandola Vila Morena la madrugada de los claveles. Es más, ni siquiera la primera vez que sonó Bohemian Rhapsody. Ningún momento de la historia de la radio es comparable con el que va a suceder en breves instantes: aprovechando que en la oficina la tienen siempre puesta, le dedico a Laura Y sin embargo, y le pido que se venga a vivir conmigo. 


¿Quién me ha regalado el mes de Abril?

23 abril 2010

Jorge Drexler dice en Todos a sus puestos, la penúltima canción de su nuevo disco, Amar la trama: “Claro que lo sé, lo tengo más que claro: los días raros son muchos y los días buenos raros. Duró la efímera rosa lo que duran los suspiros, lo que una mariposa dura fuera del Retiro”. Es decir, disfrutemos de lo poco bueno que a veces nos da la vida, porque ni siquiera sabemos cuánto va a durar esa felicidad. Y yo estoy tan colmado últimamente de suerte que ya incluso empiezo a sospechar. También es verdad que ya me tocaba. Yo que creo fielmente en los ciclos de la vida (aquello del Ying y el Yang, de que el día no llega si no se ha pasado la noche, de que no te encuentras si primero no te has perdido, etc.), estaba esperando ya desde hace mucho una época de vacas gordas (o “hermosas”, como dirían en mi pueblo). Pero es que tengo la mosca detrás de la oreja porque no es normal: precisamente hasta hace nada mis vacas se estaban quitando las moscas a coletazos y ahora tienen como mínimo obesidad mórbida. No pensaré demasiado en ello y buscaré el equilibrio para que dure lo máximo posible. Las buenas noticias son para contarlas, para darles aire, y yo tengo un buen puñado ahora mismo.

Después de un mes de recogimiento en Épernay por falta de dinero (viví las vacaciones de febrero demasiado intensamente), me apunté a otro curso del Centro de Recursos Didácticos del Ministerio de Educación Español de París para finales de marzo. La buena noticia, aunque mi trabajo me va a costar (y está bien que así sea), es que voy a ser coordinador de un grupo de trabajo de creación de unidades didácticas para desarrollar la oralidad en la clase de ELE (Español como Lengua Extranjera). El trabajo resultante de este grupo será publicado en la página Web del Ministerio de Educación, con un ISSN, que es como una matrícula internacional para reconocer a las publicaciones periódicas.

A finales de marzo recibí la visita de Vir, una mujer culta y divertida como pocas, uno de mis ángeles de la guarda. La suerte no me acababa de sonreir justamente desde la última vez que la vi, cosas del destino. Fue a la primera persona a la que le hice de guía por París (aviso para navegantes: acabó con tendinitis), ahora que me lo conozco bastante bien, y también ha sido ella la primera persona que me conoce de verdad que ha visto Épernay y ha comprendido lo difíciles que han sido los meses aquí. Es un gustazo inexplicable vivir cosas de tu vida con gente que te conoce y a la que quieres. Pero como decía, las cosas se aprecian más cuando son señaladas, como su visita. Como aprecié muchísimo mis vacaciones divididas entre Murcia y Granada, reencontrándome con familia y amigos a los que veo cada vez más de tanto en tanto, que voy echando cada vez más de menos, y por lo tanto, apreciando mucho más los gestos de cariño que recibo de todos ellos. Llegué a Granada contrariado porque era la primera vez desde que la pisé en la que llegaba como visitante, como turista. Al principio me sentí un guiri más que llegaba para 5 días, como un anciano prematuro que regresa al lugar donde fue feliz y que no acaba de reconocer la ciudad que vivió… hasta que me reencontré con un buen número de amigos que me volvieron a hacer sentir como en casa, a reconocerme entre ellos y entre aquellas calles. Ya lo decía Sabina: “al lugar donde has sido feliz nunca deberías tratar de volver”… pero esta vez no fue tan dramático y me dió el punto justo para volver a Francia con toda esa energía positiva en la mochila.

Bueno, antes de eso, y un día después de la partida de Vir, entré por primera vez en el que será mi nuevo piso en París, a una manzana del cementerio Père Lachaise, donde están enterrados, entre otros: Jim Morrison, Oscar Wilde, Édith Piaf, Delacroix, Balzac, La Fontaine o Proust. Pero lo mejor es el compañero de piso que voy a tener, JeanPhi, un alsaciano rubio de 1,92m, fisioterapeuta, aventurero, con el alma de ébano africano (señoras calma, por favor, que yo lo ví primero). Una persona con la que voy a poder compartir y explotar todo lo que nuestro barrio y París tiene para ofrecer.

Precisamente por él supe que venía el grandioso músico malí Salif Keita a tocar a la mítica sala de conciertos Olympia, para presentar su último disco, La différence. Fuimos allí, con varias amigas más, y el concierto superó tantísimo mis expectativas que tenía que compartirlo no sólo con ellos, si no con muchas más personas. Y aquí es donde el cóctel de buenas noticias continúa.

Justo un par de semanas antes recibí un mail de Santiago Tadeo. Hace un año le dí clases de portugués a él y a su novia Ángela en Granada, ya que ella se iba de Erasmus el próximo curso y él le iba a acompañar (y a día de hoy siguen allí). Me quedé sinceramente muy impresionado cuando supe que aquel chico simpático, inteligente y tímido era uno de los responsables (el director de contenidos y el redactor de la inmensa mayoría de ellos) de la célebre web Acid Jazz Hispano, una página que yo había visitado en innumerables ocasiones antes de conocerlos, ya que cuenta con una de las mayores y mejores bases de datos sobre música negra de internet. A decir verdad, de música negra y un muy amplio “alrededores”. De hecho, en los últimos tiempos Santi, con muy buen criterio, ha abierto el abanico de músicas y estilos que tienen cabida en la página y, según sus propias palabras: “siempre que se trate de buena música, tiene cabida en la página”. Ahí es donde entro yo.

Resulta que el año pasado le escribí para comentarle un pequeño error (si lees esto Santi, siento destriparlo, pero es gracioso) que había visto en una crítica que él hizo de un recopilatorio sobre el gran músico brasileño Jorge Ben, un error en el que yo caía y todos caemos, sobre todo influenciados por los medios de comunicación, y más concretamente, por los deportivos (¡Ay! ¡Si Lázaro Carreter levantara la cabeza!). Él se refería a la música brasileña como “carioca”, con el mismo significado que “brasileña”, a la usanza de los periodistas deportivos españoles cuando se refieren de forma errónea a la selección brasileña de fútbol como “la selección carioca”. “Carioca” define a alguien nacido en Río de Janeiro, y no alguien brasileño. Sería como si se utilizase el adjetivo “gallego/a” o “andaluz/a” con el sentido de “español”. Como él mismo me decía en el mail, tardó muchísimo en responderme, pero nunca es tarde si la dicha es buena (maravillosa en este caso): me proponía en esa misiva participar como colaborador en la web, escribiendo biografías sobre artistas brasileños y críticas sobre sus discos más representativos, una de las mejores y más ilusionantes noticias que he recibido en mucho tiempo. Así que en resumen, me gustó tantísimo el concierto de Salif Keita que mi primera participación fue una crónica de su espectáculo. Aquí está mi autobiografía musical en la página de Acid Jazz Hispano, y al final de la página, mis artículos hasta el momento. Podréis encontrar enlaces a la página y a los blogs de Santi y Ángela en la parte derecha de este blog, en “Sentimientos afines”.

VER EL VIDEOCLIP DE LA DIFFÉRENCE DE SALIF KEITA (MUY RECOMENDABLE)

Pero ahí no acaba la cosa, porque en esos pocos días que me restaban de vacaciones en París y hasta mi regreso a Épernay, tuve la oportunidad de hacer la que ha sido hasta el momento mi primera y última entrevista de trabajo en París, que se desarrolló de manera inusualmente relajada entre el francés y el portugués, y que terminó de manera perfecta, ya que el entrevistador me dijo que haría todo lo posible para que el trabajo me lo dieran a mí. Casa y trabajo antes de llegar a París… eso, como digo yo, no es tener una flor en el culo, es tener una ramo entero.

Pero ahí tampoco termina la cosa, ya que dos días después de regresar a la soledad del pueblo recibí una llamada del Ayuntamiento de Palafrugell, Girona, para comunicarme que había ganado el III Premio Internacional de Poesía de la Fundación Jesús Serra, un premio joven pero muy importante y ya célebre en el mundo de las letras. Además mi interlocutor me repitió por tres veces que debía estar muy contento porque el jurado lo eligió por absoluta unanimidad entre los más de mil participantes (máxime sabiendo que el premio del año pasado fue compartido). Me hubiera gustado ir a recoger el premio en persona, pero entre el poco tiempo con el que me han comunicado la agradable noticia y la bendita nube volcánica, finalmente no se han dado las condiciones adecuadas para ir hasta allá. Ya lo celebraré con quien toque y donde toque en un futuro. Porque esto es para celebrarlo. Después de tantos momentos de soledad absoluta aquí en este pequeño pueblo, al final parece que tomé la decisión correcta cuando decidí pasar al papel todo lo que me estaba viniendo a la cabeza, mis recuerdos, mis dolores, mis esperanzas… mi vida en definitiva. Ha sido lo mejor que he podido hacer aquí por mí mismo.

Y es que como siempre, hay que tener paciencia, ir poco a poco, plantar semillas por doquier en épocas de escasez y esperar a que llegue el sol de la primavera y haga brotar con esplendor todo lo plantado. Pero todo esto es tal vez demasiado y tarde o temprano llegará un equilibrio. De todas maneras, estoy inmensamente feliz y agradecido a todos aquellos que me han apoyado en esta época difícil, y me sigo preguntando: ¿Quién me ha regalado el mes de abril? ¿Cómo pudo sucederme a mí?


La inmersión en los círculos de la trama

10 marzo 2010

A veces es extraño como uno se puede sentir identificado con un escritor o un cantante por encima de los demás, de todas las cosas. Seguramente tiene mucho más que ver con el momento en que por fin te paras a escucharlo que a la persona en cuestión o lo que hace, tiene que ver mucho el momento en que el anzuelo se te clava dentro y te hace despertar a la evidencia de que esa persona está haciendo o buscando lo que en el fondo a tí también te gustaría, pero no puedes. Él lo saca fuera y lo hace arte. Y eso me pasa a mí con Jorge Drexler.

Recuerdo que la primera vez que lo escuché con atención fue hace ya 4 años (que se dice pronto). El verano comenzaba en Granada y ante mí se abría la nada, un final de curso sin mucha historia, con noches cálidas tranquilas sin demasiado que hacer y un verano con la pierna escayolada en mi pueblo (aunque eso yo todavía no lo sabía).

Regresando de una de esas noches a casa de mis amigos, ni triste, ni abatido, ni apenado, simplemente apático, entré en el cuarto de uno de ellos, que se había quedado estudiando, y me fui a sentar a su vera, en el borde de la cama. Después de una pequeña conversación a juego con esas noches sin fondo, me miró y mi cara debía ser un poema, porque me dijo: “escucha esto”. Acto seguido, tan sólo colocó en el reproductor del ordenador la canción La edad del cielo, y me dijo: “presta atención a la letra, es muy importante”. En un principio, como soy así de descreído, pensé: “ya se le han subido Jackobson y Saussure a la cabeza, veamos pues”. Cuando comenzaron los primeros acordes seguía instalado en mi atalaya de desidia, pero cuando las primeras palabras de la canción comenzaron a sonar y le vi a él repetirlas desde mi escepticismo, comprendí que me tenía que dejar hacer, recibir aquello, que era lo mejor que nadie me había ofrecido en semanas: “Calma, todo está en calma. Deja que el beso dure, deja que el tiempo cure. Deja que el alma tenga la misma edad que la edad del cielo”.

Desde aquel momento decidí tomarme todo con más calma, relativizar un poco y tratar de encontrarme a mí mismo entre toda la confusión que me rodeaba y que salía desde el mismo centro de mi cabeza por todas las calles del Albayzín.

Por aquel entonces ya había salido el disco Eco, que yo tenía por algún lado olvidado en el ordenador y que nunca me había parado a escuchar. Qué mejor momento para lanzarse a la escucha. Me encontré con un disco original, optimista y que traspasaba las barreras de lo que normalmente suele hacer un cantautor, con experimentos electrónicos, cruce de caminos entre muy variados estilos musicales y unas letras con una sonoridad casi perfecta, simples en la forma pero con unas imágenes y una simbología vital muy enraizada. Para mí, uno de los mejores discos en español de las últimas dos décadas y que no es valorado como se debe. Yo creo que todos los premios que se llevó su siguiente disco, 12 segundos de oscuridad, una continuación de Eco mucho más nocturna e íntima, le llegaron simplemente para enmendar de alguna manera el injusto silencio con el que convivió ese disco, a pesar incluso del Oscar que ganó Drexler por Al otro lado del río.

Chico Buarque, un genio, con subtítulos en español.

Y precisamente ahora, y creo que como parte de la promoción de su nuevo disco, en el blog cultural Papeles Perdidos de Elpaís.com, se ha publicado un pequeño artículo en el que Drexler habla de las 5 canciones que más le han marcado, en su caso, como compositor. Quitando las dos referencias uruguayas (de los dos tótems de la música de aquel país, Alfedro Zitarrosa y Fernando Cabrera), yo podría suscribir también las otras tres: Chega de saudade, de João Gilberto y compuesta por Tom Jobim y Vinicius de Morães y que marcó el nacimiento de la Bossa Nova, Construção del enorme y nasalizado Chico Buarque, y Julia, de los Beatles y compuesta por John Lennon en homenaje a su madre, a la que vió morir atropellada en las calles de Liverpool cuando era niño.

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Para no olvidar (Viva la memoria)

16 febrero 2010

Hoy justo hace un año que supe que por fin era licenciado. Un nuevo licenciado en paro. Un año. Y un año y dos días desde que decidí abrir este blog. Lo abrí como una manera oculta de forzar la noticia, pensaba en abrirlo si aprobaba, pero como la noticia se demoraba y lo daba por seguro, decidí comenzar a escribir y que el resto llegara solo.

Un año. Miro para atrás y es como si hubiera pasado una década. Y si miro un poco más para atrás, dos o tres años, es como si hubiera pasado media vida. Es lo que tienen los tiempos modernos, si uno se lo propone, se viven tantas cosas, se ven tantos lugares, se saben de tantas noticias, se conocen tantas personas, que una pobre mente humana que pretenda llevar ese ritmo sin inmutarse acaba por marearse y sumida en una especie de Triángulo de las Bermudas mental, en el que los recuerdos desaparecen por sorpresa sin uno darse cuenta, y un día se los encuentra mezclados y confusos entre las algas y la arena de las profundidades de la memoria, y es difícil y costoso rescatarlos. Por eso es tan buena la memoria. Por eso escribo, para no olvidar.

Leí hace unos meses unas declaraciones de Pep Guardiola, ese filósofo y entrenador del mejor Barça de la historia,  cuyas palabras casi siempre pueden ser aplicadas a la vida de las personas, y en las que decía algo así como “los equipos grandes no tienen memoria”, que puede tener muy diversas y dispares lecturas. Yo quiero interpretarlo más bien como que los equipos (y las personas de espíritu) grandes tienen una memoria selectiva. Hay que tener memoria y recordar todo por lo que uno ha pasado para ir aprendiendo, para saber de dónde venimos, para tomar consciencia de nuestra experiencia, para saber ver las cosas con cierta perspectiva.  Hay gente que prefiere tirar los recuerdos de épocas pasadas a la basura simplemente porque el final de alguna historia ha sido malo. Es una triste costumbre muy habitual entre la gente de mi edad. El carpe diem entendido erróneamente. Yo prefiero, aunque me traiga mil quebraderos de cabeza, poder recordarlo todo, o al menos lo más importante, sea bueno o malo, porque eso, para bien y para mal, me ha forjado tal y como soy hoy. Exactamente así, soy así por todas y cada una de las pequeñas cosas con las que me he cruzado en mi vida, y por supuesto, en los últimos años. Lo bueno que me ha pasado, pero sobre todo, lo “malo”.

Lo “malo” hace que nuestros mecanismos de defensa se pongan en marcha, los que nos van haciendo cada vez más corazón coraza. Tanto, que ni siquiera nos dejen ver cuándo tenemos algo realmente bueno delante.  Sin embargo, los cambios más importantes que se han imprimido en mi personalidad han sido a raíz de malas expereriencias en un principio. Solo en un principio, porque de toda mala experiencia, absolutamente de toda, se puede extraer si no una lectura positiva, al menos algún matiz o enseñanza que nos sirva para un futuro, o para ver en el presente como gracias a nuestra experiencia hemos sobrevivido a una u otra situación. Siempre en toda situación, una vez superada, uno puede estar orgulloso de sí mismo y saberse más sabio y fuerte, sobre todo si lo ha intentado con buen corazón -cosa que, por otro lado, hoy en día no suele ocurrir, todo es por algún tipo de interés y la envidia, amigos, es muy grande-. Así soy, así me va. Pero si soy feliz así, qué le vamos a hacer.

Lo dicho, es sencillamente asombroso todo lo que puede suceder en un año, la manera tan radical como pueden cambiar las cosas y la cara de gil que se te puede quedar al no verlas venir. Creerte preparado para ciertas cosas y de repente saberte superado por las circunstancias, y consciente de que muchas cosas sólo las cura el tiempo y la distancia.

Una de las cosas que he aprendido los últimos meses tiene que ver precisamente con el tiempo y la distancia: los viajes. Yo siempre he tenido una cierta ansiedad por irme fuera, lejos, pasar incluso épocas aislado. Mucha necesidad de estar solo y de descubrir cosas por mí mismo. Pero parece que la edad tampoco perdona y me empiezo a hacer viejo -cosa que, como decía más arriba, puede ser positiva-. Ahora veo lo de viajar de forma distinta. Ante las vacaciones de invierno escolares en Francia planée un Magical Mistery Tour en el que viajar a lo loco a mil lugares. Al final de estas vacaciones, habré pasadotres semanas en tres ciudades, pero lo más importante, con viejos amigos con los que hacía mucho tiempo que no pasaba días enteros disfrutando simplemente de su compañía. Viajar no tiene que ser sólo una respuesta febril hormonada a las ansias de volar y la sensación de mareo que da tanto movimiento. Llega un momento -y parece que a mí me ha llegado, por lo menos por ahora- en el que valoras el bienestar que te produce el reencuentro con personas ya conocidas, como una manera velada un tanto infantil de ir en busca del tiempo perdido, como un Peter Pan de los buenos tiempos, de reconocer a tu yo de hace unos años en ellos.

Y lo más divertido y positivo es que nunca te acabas de reconocer del todo, porque ellos han cambiado, sus vidas han cambiado, las ciudades cambian, y tú, sobre todo tú, has cambiado. Para mí, casi siempre, todo cambio es una evolución, y toda evolución es positiva. Es horrible y aburrido ser, pensar o sentir de la misma manera. Yo nunca entendí, desde bien pequeño, ese mensaje estúpido que nos venden sobre todo en la publicidad de “nunca cambies, eres muy guay, tío” -dicho con acento de triunfito para hacerlo más creíble-. ¿Cómo que nunca cambies? ¡Cambia por favor! Evoluciona, vive, sufre, llora, ríe, mira para atrás y date cuenta de lo rabiosamente afortunado que eres simplemente por poder estar escribiendo o leyendo esto, y haz cada día algo para mejorarte a tí mismo. Esto no es ni filosofía barata ni ningún tipo de sermón, es una especie de celebración de algún tipo de consciencia que me asiste estos días de calma lluviosa en Liverpool.

Aquí estoy, tantos años soñando con venir aquí y por fin estoy aquí. La ciudad de los Beatles, la principal razón por la que yo comencé a aprender inglés: porque quería saber qué estaban diciendo esos tipos melenudos y extraños, esos gurús de música hipnótica. Cuando todavía no tenía ni siquiera el primer vello de la barba ya estaba yo con mi diccionario inglés-español enorme sobre las piernas, traduciendo todas y cada una de las canciones de los Beatles. Y la música se hizo carne, piedra, calles, personas y una ciudad que guarda mucho respeto a sus más ilustres embajadores, y que vende su recuerdo por doquier como viles mercaderes. Una bella ciudad, entrañable, acogedora, dura y fría, que se aprovecha, como es normal hoy en día, del trabajo y el recuerdo de aquellos cuatro inocentes músicos -por aquel entonces, que Sir McCartney es ahora de todo menos inocente-. Pero yo no estoy aquí sólo por ellos, vengo de visita, vengo para disfrutar de la compañía de personas que me conocen y me entienden. Como rezaba la dedicatoria anónima de un chico mexicano en la tumba de Julio Cortázar: “tú me hiciste entender que vivir era viajar y venir a visitarte”.

Y así, ir descubriéndome, descubriéndonos y sabernos distintos, más sabios, más viejos, más tranquilos, más felices, más melancólicos, mejores. Y para seguir conociendo gente hasta que no podamos más, y cuando sintamos por fin en paz y calmado nuestro pecho y nuestra voluntad de correr a ciegas -porque hay que viajar con los ojos bien abiertos para descubrir todo-, como dice la canción de los Beatles, encontrar el camino a casa, donde quiera que esté o la sintamos, pero que nos reconozcamos allí:  “once there was a way, to get back homeward”.

(BFachada: pequeña sorpresa musical en Liverpool. Bello)


No solo de música brasileña vive el hombre (III)

30 enero 2010

Pues nada, otra entrega más de mis rarunos hallazgos musicales -unos más que otros, para alguien alguna de estas canciones estarán más que vistas, pero a cada uno lo suyo y su ritmo-.

El incauto que haya caído aquí y que además disponga de un rato para escuchar y ver un popurrí musical heterogéneo no se sentirá defraudado, o al menos, algo encontrará que le haga tilín.

Vamos a cerrar bien el mes de enero y a despedirnos de mi rincón en la web hasta finales de febrero, hasta después de las vacaciones de invierno escolares francesas. He aquí las maravillas musicales que este 2010 me ha deparado por ahora. Que lo disfruten:

GERALDO AZEVEDO – DONA DA MINHA CABEÇA

Empecemos por el principio -que suena a perogrullo, pero tiene que ser así- y comencemos por tocarle la moral al título de esta entrada. Geraldo Azevedo es un conocido y reputado músico brasileño, uno de los mejores guitarristas de ese país y autor de algunas canciones míticas. Precisamente lo volví a descubrir las navidades pasadas en Murcia, en la fiesta de despedida de un amigo periquito que se nos fue a los Madriles, un grupito en el que caímos unos cuantos amantes de la música brasileña. Esta canción es de las más simples que tiene, y por eso también una de las que más llegan y reconfortantes.

MANO SOLO – IL M’ARRIVE ENCORE

Descubrí a este hombre caminando por las calles de Perpiñán hace ya cerca de 6 años. Estaba allí con una beca para hacer un curso de francés de verano, y como me aburría el rollo de la residencia salía a menudo a darme vueltas solo por la ciudad. En una de esos paseos llegué a una avenida que estaba literalmente empapelada de carteles del concierto que iba a dar en los siguientes días este cantante. Aparecía en el centro de una manada de lobos. Por lo poquito que he sabido de él se los podría haber merendado a todos en un momento. Por una vez la canción francesa no me ha resultado cansina y repetitiva. Este hombre, nacido en Châlons-en-Champagne, la capital de la región donde me encuentro ahora mismo, murió el pasado 10 de enero, después de una dura lucha contra el SIDA.

OKOU – TO THE BONE

Ella viene de Berlín y tiene una voz -impresionante- que me recuerda a Des’ree, él viene de Suiza y toca el banjo. Por sus facciones y su estilo musical nadie diría que vienen de donde vienen. Se conocieron en un bar de la noche parisina, y lo demás ya es historia.

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Paloma ausente, blanca paloma, rosa naciente

4 enero 2010

Flores en el Pico do Papagaio, Ilha Grande (Foto: Carlos Maroto)

La rabia, la impotencia y la pena forman un cóctel explosivo, paralizante, cualquiera que sea el orden en que se den estos tres estados de la mente y el alma, esos infiernos artificiales. Estoy, como quien dice, recién aterrizado en mi almena fría en la meseta verde punzante de la montaña de Reims. Acabo de regresar de un viaje de regreso y que no obstante, ha sido iniciático, como diría aquel ángel con dos alas de gárgola marcadas en la espalda. Mis neuronas están de fiesta resacosa y a mí no me han invitado. Mientras que les espero fuera en la puerta ya he empezado a trabajar, y eso me evita cualquier tipo de mala excusa para mirar atrás. Sé que estoy aquí porque la gente saluda por los pasillos al Pablo que dejé bajo la cama durante las vacaciones. Lo voy a dejar hibernando una semana para que asimile lo pasado y lo que está por venir, para que se arrope y se sienta a gusto en la soledad por la que le va a tocar volver a pasar. Escucho, oigo, veo, observo, pregunto, me muevo, me expongo desde mi silla junto a la ventana a un mundo que a veces pareciera que no me pertenece, al que no pertenezco, y que sin embargo, me incumbe, me atañe.

Empieza un nuevo año, vacilón, que me deja bien clarito que hay cosas que no van a cambiar, que no me confíe, que no me despiste ni un segundo. Empezó con varios sustos, confusiones y sobresaltos el mismo día 1, para no dejar para mañana la tragedia que pueda manifestarse hoy. Y nada más llegar a mi cuarto el terror se hace visible, y deshace la carne bajo el barro.

Leo en el periódico que Ilha Grande sucumbe bajo el lodo de una catastrófica inundación, y que en las raíces de los árboles de su selva virgen se enredan en un abrazo una madre y su hijo, entre otras muchas víctimas. Ilha Grande es (era cuando yo la visité) lo más cercano al paraíso en la tierra que yo he conocido. Una isla en el litoral de Rio de Janeiro, a 4 horas de la ciudad que vio nacer a Cartola. Una balsa de aceite en un rincón del Atlántico, un secreto que dejó de serlo hace tiempo cuando los empresarios del turismo de allí y aquí se dieron cuenta que se le podía sacar punta construyendo alocadamente hoteles y resorts, desterrando a los lugareños a favelas en las colinas de la zona. El lugar que me hizo crecer y creer andando desnudo por en medio de un río, llevado y abrigado por peces de colores que me lamían las piernas y me arrancaban de a poco las pieles muertas que traía de Europa. Ahora se ahoga en el barro como si fuera un vulgar paraje terrenal, donde la gente también se muere, la dejan morir, o la matan.

Eso fue anoche, y se lo hice saber a quién compartió gentilmente conmigo aquella confirmación de la vida que es Ilha Grande. Hoy, después de haber cumplido con solvencia mis obligaciones laborales, me he puesto a tontear, leer, escuchar música, mirar qué tengo por aquí perdido. Y como no, me topé en esta imagen a la que vuelvo de vez en cuando:

Maya Deren, o la gran aparición

Se trata de Maya Deren, una artista multidisciplinar (directora de cine, coreógrafa y escritora entre otras cosas), estadounidense de origen ucraniano, y que era poesía pura en sí misma. No sé demasiado de ella ni de su obra, sólo puedo decir que un día vi esta foto en una página perdida del periódico y me impactó de tal manera que no me la he podido quitar de la cabeza. El recorte debe andar perdido en algún cajón del hogar paterno. Al buscar algo más de información sobre ella he caído en un blog francés dónde el autor relataba un poco la vida de Maya e incluía varios vídeos de su obra cinematográfica. He echado un vistazo en la barra lateral de enlaces del blog y he reparado feliz en un sitio que tenía olvidado desde hace tiempo pero que es un auténtico tesoro: la Blogothèque. Es la web de un proyecto increíble que se basa simplemente en sacar a los músicos a la calle para que interpreten sus canciones por diferentes ciudades. En su día llegué a este sitio rastreando vídeos de Beirut, como éste:

Pero ¡ay! cuando he entrado, la portada me ha saludado con un buen guantazo: la muerte de la cantante mexicano-estadounidense Lhasa de Sela. He buscado la noticia para confirmarla, y por una vez los periódicos no mentían, era verdad. Pero como le decía a una crisálida en globo, que sea verdad no es razón para tener que creéselo. Al saber la noticia me ha invadido una tremenda pena, porque algo que hacía muy bien Lhasa era transmitir una nostalgia lánguida con su voz y sus canciones. Sus cantos podían parecer auténticos dramas, pero no llegaba la sangre al río, a pesar de todo con ella sabías que nunca ibas a acabar en un agujero de autocomplacencia. Ella era diferente. Simplemente te recordaba que ese tipo de sentimiento está ahí, y que vivirlo es un juego más en esta batalla. Ella lo hacía bello. Me dí cuenta de la dimensión real de esta mujer, de su grandeza, hace ya varios años, en una fiesta en el barrio del Realejo granadino, en un palomar polvoriento lleno de alas regadas con ron de caña, que gritaba luz en medio de la noche. El anfitrión era un argentino loco que se hacía llamar Borges -muy humilde el muchacho-. Me dejó trastear entre los cd’s, y cuando descubrí los dos que Lhasa tenía publicados por aquel entonces, las manos se me llenaron de un peso ansioso, le pedí si podíamos escucharlos y por un momento se puso serio y me dijo que no era el momento, con toda la gente exaltada a esas horas de la noche. Cierto, pero hubiera sido increíble escucharlo allí, y como me quedé con las ganas, al día siguiente volví a ella y siempre la he tenido presente. Una fuerza de la naturaleza tan grande es bueno tenerla siempre a mano.

Su muerte, tan joven (37 años), por un largo cáncer de mama, y precisamente el día 1 de enero, me ha embargado de pena, rabia e impotencia. Pero al volver a ella todo ha vuelto a su sitio y eso me ha recolocado de nuevo en el mundo. Pero la cosa no se ha quedado ahí y el destino ha querido hurdir un poquito más en la herida antes de quedarse tranquilo. No sé porqué, justo en el momento en que he asimilado su muerte, he pensado en Violeta Parra, la entrañable cantante del folklore chileno. Supongo que por el estilo de música, por ser mujer, y por lo que las dos me transmiten. Bien, pues entro en la página oficial de Lhasa de Sela con la esperanza de que sea una inocentada -con poco convencimiento, porque el día de los inocentes es el 28 de diciembre en España, no en Canadá, donde residía-, y leo que había empezado a preparar su próximo disco: un cd con versiones de Víctor Jara y Violeta Parra. Cruel destino.

Todo esto no puede más que enseñarnos de lo preciosa que es la vida. Y que la rabia, la impotencia y la pena, tarde o temprano, dan paso a la nostalgia, y que ésta, por fin, será algo de lo que congratularse, porque la sentimos porque algo, un día, nos hizo felices.

Esto no es más que un viaje de ida y vuelta, pa’ llegar a tu lado. El 2010 va a ser maravilloso.


Cinismo curvo danzante ultrarrelativista agradecido

18 diciembre 2009

Estos días he comenzado un curso del Instituto Cervantes impartido en el Centro de Recursos Pedagógicos de la Embajada de España de París. Una larga, espesa y sin embargo interesantísima sesión sobre pedagogía y gestión de una clase de ELE. El profesor, de cuyo nombre ahora no puedo acordarme -llegará-, me encantó. Fue de menos a más hasta salirse.

Pero hoy, no como otras veces, no voy a extenderme demasiado. No voy a contar cualquier cosa que yo haya encontrado interesante, bella o reveladora, tomarme la molestia de redactarlo bonito y enlazar todo lo enlazable con ello para que además sea útil. No, hoy no. Porque una de las frases que más repitió ese profesor fue “disculpadme, pero es que soy un cínico… será por la edad”, siempre antes o después de meterle un sablazo al listillo de turno y darle en la línea de flotación. El caso es que yo me reí muchísimo en todas las situaciones en las que el profesor tuvo que decir esa frase de disculpa. Fue un poco cabrón, un poco descreído, un poco guasón, un poco pasado de rosca, un poco excéptico, un poco cansado, un poco desilusionado, un poco feliz, un poco resignado. Él dijo eso mañana.

Sí que tal vez será la edad, pero yo hace tiempo que sé que soy un cínico, y algo me dice que es demasiado pronto. Demasiado pronto para desconfiar en todo lo desconfiable, para no dar nada por sentado, para no conformarse ni dar por válida nunca ninguna respuesta, por buena que sea; para buscar una solución más a la solución, para saberse tan insatisfecho y para ver desde arriba ya que es estúpido intentar llenar ese vacío porque nunca lo vas a conseguir. No tiene que ser demasiado tarde -supongo, espero- para poder cambiar y adaptarme al medio para sobrevivir, para darme cuenta de que nada es nunca lo que parece y que el mundo no ha sido, no es, ni será cómo yo me lo he imaginado, deseado o luchado por ello. De ahí el cinismo. De ahí que vaya y venga, que aparezca y me esfume, que sea un pesado y me quede mudo, y que el hecho de no tener nunca nada claro ni seguro unas veces me desespere y otras me haga sonreir por tener esa suerte. Y que al principio estaba yo, ahora estoy yo, y que al único al que nunca podré mentir es a mí mismo, que nunca tendré tanta confianza en nadie como en mí mismo. Y eso es un putadón enorme. Que alguien me lo quite y lo lance por un acantilado como si de una bomba de relojería se tratara. Pero no. Porque, como diría una canción que guarda las puertas de mi adolescencia: “Nothing really matters, nothing really matters to me… anyway the wind blows…”.

Sigamos procurando no mirar demasiado atrás y ver lo que tenemos. Y si no, ya nos lo recuerda Nina Simone. Pero con la época cínica que llevo, sólo me quedo con la música. Hoy la letra me parece muy Paulocoelhiana. Demasiado. Viva el boogaloo, ese semidios azul, blasfemo y tangible en unos hombros de tiza. Maldito Cortázar, qué cabrón Bukowski.

La otra palabra que me gustó de las 6 horas de clase fue prurito. Hacía mucho que no la escuchaba: 1. Comezón, picazón. 2. Deseo persistente y excesivo de hacer algo de la mejor manera posible. Yo tengo una cosa que me lleva a la otra. Cosas mías.


“Nadie quiere dormirse aquí…”

27 noviembre 2009

 

La luna, la noche, la lluvia. Hay que decir que aquí es tremendamente hipnótica, aunque más de una vez se me olvide que está ahí. Será cuestión de tomar un baño de luna al abrigo de la lluvia. El lunes es luna llena, y casi, casi, también lo es en Nochevieja. Yo haré como que coincide, será mejor así.

EN LA NOCHE TRANQUILA – LI BAI

Pienso en la noche,

delante de la cama la luna brilla,

encima de la escarcha está la duda,

miro arriba y hay luna llena,

miro abajo y añoro mi tierra.

 

APLASTAMIENTO DE LAS GOTAS – JULIO CORTÁZAR (Historias de Cronopios y Famas).

Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.

Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.

Moon River, wider than a mile,
I’m crossing you in style some day
Oh, dream maker, you heartbreaker,
Where ever you’re goin’
I’m goin’ your way.

Two drifters off to see the world,
There’s such a lot of world to see.
We’re after the same rainbow’s end,
Waitin’ ‘round the bend,
My Huckleberry friend, Moon River and me.


No sólo de música brasileña vive el hombre (II)

30 agosto 2009

Barbara Kruger

Barbara Kruger

Para de lo que voy a escribir ahora, hace no mucho tiempo, me hubiera puesto una banda negra en los ojos para que no se me reconociera, como en los programas de televisión de testimonios, pero como mi época radical bolchevique hace tiempo que la pasé y te das cuenta que nunca puedes decir de éste agua no beberé, voy siendo más flexible y tolerante (sobre todo conmigo mismo, soy yo mi mayor inquisidor) y voy aprendiendo a verle el lado positivo a las cosas, a ser menos brasa y sermonear menos a la gente, darme unos puntitos en la boca, y allá cada cual con su ley, que yo me debo a la mía.

 

Y es que, sí amigos, se trata del Facebook, esa comunidad social virtual que se ha extendido por el mundo como la pólvora. La primera noticia que tuve de ella hizo que se me erizara el pelo y que pensara que en la vida me metía yo en una cosa de esas. Fue por una noticia en el periódico, en plena campaña de las elecciones generales de 2008, en la que vi que Mariano-nonaino Rajoy se había abierto un perfil, “para estar más cerca de la gente de la calle”. Era una invención de unos estudiantes de Harvard, que la habían creado para estar en contacto entre ellos, y se acabó extendiendo por todo el planeta. Al final me acabé abriendo un perfil porque todo el mundo lo tenía. Pasé mi época de estar enganchado, y cuando le vi todo lo malo e irreal que tenía (que es mucho y llenaría páginas con ello, pero hoy hablaré de lo bueno), me salí, no sin antes enviar un mensaje de dos páginas a todos mis contactos, explicando tranquilamente mis razones para salirme y lanzando varias cuestiones al aire para que los susodichos se las plantearan. Obviamente, no sólo nadie pensó en dejarlo, sino que meses después yo volví a caer en sus redes, más profundamente que antes además. Supongo que pasar el verano más tórrido que se recuerda en Santomera también ayuda.

Pues lo bueno es que de repente te das cuenta de que puedes entrar en contacto con mucha gente que tenías perdida. Y aunque no siempre tengas muchas cosas que decir a cada uno de ellos, sí que se pueden compartir muchas cosas interesantes con muchos de tus amigos, rápidamente, y además en común. Sigo pensando que la mayor parte de cosas que te ofrece el Caralibro son simples y llanas chorradas para matar (o perder) el tiempo, además de cuestiones de privacidad de datos, fotos, exhicionismo que a veces roza la chabacanería (a veces parece el ¡Hola!, pero con noticias de la gente “normal”), pero yo me agarro ahora a lo bueno que me aporta. Una de las premisas altermundialización es reinventar y reciclar las cosas que el sistema nos da para darles un uso beneficioso para nosotros, causándonos los mínimos dilemas ético-morales posibles. Un cincel, según el uso que se le dé, puede servir para modelar una bella escultura o para cometer un asesinato con ensañamiento, nocturnidad y alevosía. Una de las tantas enseñanzas que podemos extraer de un filme tan profundamente filosófico como Instinto Básico es que un picador de hielo puede servir tanto como para preparar un delicioso mojito como para asesinar a un tipo siguiendo los pasos de un personaje de una novela policiaca negra. Pues con el Facebook igual.

Y con lo melómano que yo soy, obviamente lo que más me gusta es toda la música nueva que he conocido casi sin comerlo ni beberlo. La gente va compartiendo sus descubrimientos en música, cine, ilustración y arte gráfico, noticias, política, etc., y es lo que yo tomo, con lo que me quedo, y yo intento pagar esa “solidaridad artística” con otras cosas que creo la gente debería conocer. Y este verano eso es lo que más me ha sorprendido entre otras cosas, la ingente cantidad de música maravillosa nueva que me han hecho llegar. Y a mí me ha venido muy bien ir tomando esos artistas como pildoritas, porque normalmente me entra la vena pirata y me hago en un abrir y cerrar de ojos con una cantidad de música y películas que ni mis bis-sobrinos (¿?) podrán llegar a escuchar y/o ver en su totalidad. Otros ritmos, otras formas, y en este caso, otras fuentes. Y como dicen los Aslandticos, me he quitado la venda, y de igual manera que mucha gente me ha pasado graciosamente sus perlas, aquí las pongo yo ahora, para quien tenga una tarde cansada y perezosa (como la que me ocupa) y quiera abrirse a mundos que el mainstream nos tiene vetados. Soy un “indiegente”, que no gente indie.

Pasen y vean lo que ésta malévola herramienta imperialista nos puede llegar a brindar gracias a la curiosidad de los que en ella se mueven, se deslizan y escapan. Bon appétit.

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Yo también soy Varry Brava

7 agosto 2009

Varry Brava - Idolo

Varry Brava, el grupo ganador del III Concurso de Pop-Rock ciudad de Orihuela, está a punto de publicar su primera maqueta. Uno de los compositores del grupo es el inefable Aäron Sáez, brillante y vertiginoso autor de canciones ya míticas para mí. Un tipo al que vi por casualidad hace más de cuatro años en La Tertulia, y que se me quedó grabado en la frente por sus aires totalmente alunados.

Un tipo que la última vez que lo vi, en La Tertulia de nuevo, acababa de bajar en coche de Madrid para dar un concierto ante apenas dos personas (Rebeka, mi compañera de piso, y yo), y no sólo eso, sino que después se dedicó a regalar gratis cd’s suyos a la gente que había estado en el bar pasando de su concierto. Él fue todo generosidad, el resto de la gente, pura avaricia. Además se pasó todo el concierto provocando a todo bicho viviente con una ironía sutil, con su mordedura dialéctica mordaz. Cuando bajó del escenario entramos en un bucle de agradecimientos recíprocos. Más majo que las pesetas. Así que una persona así de iluminada y lumínica se merecía sin lugar a dudas tener un golpe de suerte como el éxito de Varry Brava.

Si la maqueta de Varry es la mitad de buena que la impresionante portada, va a ser la bomba. Simple pero efectiva. La imagen me evoca infinidad de sentimientos y situaciones. Una locura. Estoy deseando escuchar la maqueta entera, ¡ya!

IloveVarryBrava

P.D.: Además le han puesto la tilde a Ídolo, llámenme friki, pero hoy en día me parece raro que alguien tenga esa pequeña atención por la lengua, en serio.

http://www.myspace.com/somosvarrybrava

http://www.myspace.com/tuquieresservarrybrava

http://aaronsaez.blogspot.com/

http://www.fotolog.com/aaronsaez

http://www.fotolog.com/varry_brava


Tierra, soy errante navegante

11 julio 2009

A veces es muy frustrante intentar traducir la letra de una canción para saber lo que dice, ya que muchas veces pierde el encanto. Eso sucede sobre todo si no conocemos bien esa lengua. Si tenemos un buen conocimiento de la lengua en la que se canta la canción ni siquiera necesitamos traducirlo, lo bonito es que nos viene a la cabeza el significado completo sin necesidad de hacer una correspondencia total de palabras o de segmentos conceptuales, nos viene a la cabeza directamente. De eso siempre me he dado cuenta a la hora de intentar traducirle a alguien una canción brasileña: nunca le llegará tan bien el mensaje a esa persona hasta que no se empape de la lengua, de la sonoridad de las palabras, de la ternura que transmite decir una expresión de una manera peculiar y que sólo se puede decir así en ese idioma.

Por pereza estaba buscando la traducción de la letra de Leãozinho, de Caetano Veloso, canción mítica para mí donde las haya, y sin querer me he enterado de que hace unas dos décadas uno de los mejores grupos que ha dado este país, Radio Futura, hizo una versión de la canción Terra de Caetano. Una interpretación en la lengua propia es lo más cerca que se puede estar de transmitir los sentimientos de la canción original. Y aunque está genial la versión, más moderna, con ese toque a caballo entre lo místico y lo hindú, una vez que he escuchado la versión de Caetano para mí no hay otra. Por otra parte, la auténtica maestría de artesano de la lengua portuguesa de la que hace gala siempre Caetano hace que no tenga rival la sonoridad de sus fraseos. Sublime.

La canción habla sobre la primera vez que Caetano vio una fotografía de la Tierra tomada desde el espacio. Cuando el hombre llegó a la Luna, él se encontraba en la cárcel por subersivo, por haberse rebelado contra la dictadura que reinaba entonces en Brasil. Entonces se tuvo que conformar con verla por un recorte de periódico que le pasaron a su celda. Es mítico el enfrentamiento que tuvo con el público de un famoso concurso musical nacional, al estilo San Remo pero en Brasil, en 1968, cantando É proibido proibir (Está prohibido prohibir). Ante los silbidos del público aborregado, Caetano dejó de cantar y se puso a gritar, acusándolos de no querer cambiar las cosas, de no querer actuar, de no luchar por la libertad. Al bajar del escenario lo arrestaron  y lo metieron en la cárcel. A los pocos meses se exilió a Londres.

Demos las gracias hermanos a ciertos dictadores de nuestra era, ya que sin ellos, gente como Caetano Veloso o Joaquín Sabina no habrían salido fuera de sus países enrrabietados y con ganas de revolucionar la escena musical y cultural de sus respectivos países. Con sus respectivos desexilios, estos “errantes navegantes” abrieron caminos totalmente nuevos y renovados.


Viva Carlos Cano

22 junio 2009

 

Las golondrinas etcétera…

20 junio 2009

Estos días el cielo del Realejo se puebla de cientos de golondrinas. Es un espectáculo sobrecogedor. Sobre todo para mí que nunca he sentido ningún tipo de aprecio por este pájaro tan poético. Desde mi azotea puedo ver cómo sólo se mueven por el Realejo, no salen de aquí: desde la Catedral hasta más allá del río Genil, desde la Alhambra hasta la Fuente de las Batallas. Aquí dejo unas fotografías de sus bailes, tomadas a las 8 de la mañana y 8 de la tarde (de ahí la diferencia de luz). ¿Qué tendrá este barrio que tanto les gusta? O más bien debería decir nos gusta.

Las golondrinas etcétera es el título del que fue el primer disco en solitario de Josele Santiago, antiguo cantante y cabeza visible del grandísimo grupo de rock madrileño Los Enemigos. Además ese disco fue el último que compré original (es del 2004, uf). Me aficioné a ellos en mi Erasmus en Portugal, gracias a Minia, una gallega colorida y chiquitita -y por eso mismo inmensamente inasible-. En un principio parecía que no le pegaba demasiado este grupo, pero después descubrí que tal vez es precisamente el que mejor encajaba con su forma de ser y su peculiar sensibilidad. Para variar, yo llegaba tarde, porque Los Enemigos se separaron justo unos meses antes de que yo me empapara con su música. Es una pena que en el Youtube no haya demasiado de ellos. Aquí os dejo el videoclip del primer single de su segundo disco en solitario y una actuación en directo en los conciertos de Radio3, con una canción de su último disco de estudio. ¿Por qué estoy frío si hoy hace calor? Porque me sobra carnaval.


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