La quimera del oro

29 abril 2010

Ahora, después de una semana de saber el fallo del III Premio Internacional de poesía de la Fundación Jesús Serra, del que he resultado ganador (finalmente ex aequo, cosa que supe después), publico aquí poema. Pedí permiso a la organización para publicarlo aquí, ya que es de mi autoría y no pretendo obtener beneficios con él, tan solo que la gente lo lea y con suerte, que a alguien le guste y le sirva. Como he recibido una respuesta extrañamente escueta y que además no tocaba este asunto, he pensado que quien calla otorga y que están de acuerdo.

Creo que el poema requiere una mínima explicación, para poder acercarse mejor a él. Es un poema un tanto experimental, conceptual. Se me ocurrió allá por finales de enero de este año, preparando una unidad didáctica para mis alumnos de esas de “completa con la palabra adecuada”. Nunca me han agradado demasiado ese tipo de actividades, porque normalmente no se les da a los alumnos libertad a la hora de realizarlo. Pero este año yo sí que les dí esa libertad en un par de clases y se produjeron situaciones realmente interesantes. Así que pensé: “¿Por qué no intentar lo mismo para adultos?”. Porque a veces nos pensamos demasiado adultos y se nos olvida jugar. Hay que probar, ensayar, experimentar, hacer, deshacer y rehacer.

Mi amigo Adrián, que está realizando un tremendísimo programa de radio en una emisora libre en Madrid, me pidió que me grabara leyendo este poema para emitirlo. Al final del poema, en el pequeño reproductor, podrán encontrar un archivo de audio en el que recito el poema sobre la canción De Usuhaia a la Quiaca, de Gustavo Santaolalla, perteneciente a la banda sonora de Diarios de Motocicleta. Una canción que me encanta y que ya mezclé con otro poema de Benedetti que adoro (y que espero utilizar en un futuro, espero, no muy lejano, para abrir alguna sesión de Dj. Que no está mal empezar la noche con un poco de furia existencial). El resultado de esta mezcla, al final de esta entrada. Espero que les guste. Chau.

 

SOBRAN LAS

                                           A

Todas mis noches están llenas de
todavía recuerdo tus
aún sigo pensando en
pero no aprendo a
estoy exhausto de tanto
de ver cómo la luz escapa de
de recordar febril como me
de sentir en las manos como tú te
y te temblaban quebradizas las
al rozarte apenas la
y tu imagen me recordaba a
te transmutabas en una
y yo me vencía a tus
 
Tengo miedo de no volver a
de no repetir más esas
y pensar que desaprovecho mi
solo porque no salgo a
porque me falta el valor de
 
Quiero arrancarme esta
despojarme de todos los
abrir de nuevo al sol las
y saberme vivo porque
confiar en que todo puede
no pedir nada que no
no dar nada que no
dejar simplemente que
comprender muy tarde que la vida era
y olvidar, por fin, que
que yo
y que tú
 
Sin más explicaciones.
 

PABLO ANTÓN

Audio del poema

Aquí, en la página del ayuntamiento de Palafrugell, se pueden leer todos los poemas ganadores (en las tres categorías diferentes). Mi poema, en la página 7: Poemas ganadores del III Premio Internacional de Poesía Fundación Jesús Serra. 

 

NO TE SALVES

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
Pero si pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
No te quedes conmigo.

MARIO BENEDETTI

Audio del poema


Obrigado El Lucas!

28 abril 2010

Como ya expliqué en otra entrada, hace no demasiado tiempo que estoy colaborando con Acid Jazz Hispano, una web dedicada a la música negra y alrededores, la más importante del mundo hispanohablante en su campo, y dirigida por Santiago Tadeo.

Bueno, pues mi segunda colaboración, y en este caso, mi primera crítica de un cd, fue para hacer una reseña del disco Sem Nostalgia del vanguardista músico bahiano Lucas Santtana, uno de los nuevos valores de la música underground brasileña. Me gustó tanto el disco, que una vez publicada la crítica lo busqué por Facebook y se la envié. Me contestó que le había gustado mucho. Tanto, que al final la ha acabado publicando en su página web oficial, y se despide en un portuñol que me hace mucha gracia: “Obrigado El Pablo!”. Obrigado eu, seu Lucas, prazer.

Aquí la entrada en su Weblog oficial en la que hace referencia a mi crítica de su disco : http://www.diginois.com.br/index.php?meio=post&id=1409

Y este es el videoclip de la canción Tijolo a tijolo (ladrillo a ladrillo), la que más me gusta de su disco anterior, 3 sessions in a greenhouse, del cual seguramente haré una reseña en el futuro. Que la disfruten. Temazo.


A veces son inevitables

27 abril 2010

Hace unos meses entré, como suelo hacer a menudo (y todo aquel que tiene un pequeño gran “pequebú”  dentro de sí) en ese boletín oficial del PSOE que es ElPaís.com, con la esperanza de que ese día no hablara mal por sistema de Lula, o de Evo, o de Chávez, o de Cuba, o de Correa o de cualquier otra persona que vaya en contra de sus intereses… o simplemente con la esperanza de que deje de ser un catálogo de compra y venta, un fiel y triste reflejo de la sociedad en la que vivimos (con algunos artículos de opinión excelentes y únicos, todo sea dicho). Pero nada, nunca nada cambia, y ElPaís.como no iba a ser menos.

Pero sí reparé en uno de los especiales sobre música que muy acertadamente están empezando a publicar desde hace algunos meses. Esta vez era el turno del músico zaragozano, mezcla de Jim Morrison y Raphael, Enrique Bunbury, que lanzaba su nuevo disco Las Consecuencias. Este cantante nunca ha sido santo de mi devoción pero sí que he de reconocer que hubo un tiempo en que me gustó bastante, seguramente por su estilo un poco “Calamariano”. Su carrera musical ha continuado más o menos por los mismos derroteros, aunque mucho más oscuro y pesimista, con letras que hacen furor entre la muchachada adolescente, y es de lo mejorcito que se puede escuchar en las grandes radios y cadenas de televisión españolas (que ya es mucho). Al menos es un tipo que ha sabido madurar, evolucionar, dejar atrás la pesada losa de los pesados, por cansinos, Héroes del Silencio y probar nuevas cosas, nuevos estilos (como la copla o el bolero), hasta el punto que ha colaborado con gente tan dispar como Lila Downs, Los Piratas, Ariel Rot, Nacho Vegas o los mismísimos Andrés Calamaro o Raphael. Incluso se ha atrevido con la poesía y musicó unos poemas de Leopoldo María Panero e incluyó un célebre poema de Gil de Biedma en un DVD.

Bueno, a lo que iba, entré en el especial, escuché algunas canciones, leí alguna de sus letras, comprobé que todo seguía más o menos en la misma línea y me fijé que en una esquina de la página anunciaban un concurso en el que el hipotético ganador se llevaría una mítica guitarra eléctrica Gibson firmada por Bunbury. Para ganar, había que responder de manera original a la pregunta: ¿Cuáles son las consecuencias de ser Enrique Bunbury? Primero pensé en que si tenía que ser original no podía ser una respuesta de tres al cuarto… y acto seguido me centré en la palabra consecuencia, tan larga, con tanta sonoridad, con un significado tan pesado y, por lo tanto, con tantas posibilidades. Y como suelo hacer en estos casos, no me lo pensé demasiado. Creí que la mejor manera en la que podía responder a la pregunta y conseguir esa guitarra del Olimpo rockero, además de adular un poco a Bunbury, era haciendo una especie de texto medio en broma, medio en serio, aprovechando las posibilidades que brindaba en muy amplios sentidos la palabra “consecuencias” y hacer un pequeño texto-poema-juego (como a mí me gusta) creando aliteraciones con esa palabra. Una buena definición de aliteración sería: “Figura retórica que consiste en la repetición de los mismos sonidos en una misma frase o verso para producir un efecto de musicalidad o sonoridad”. Tal vez me faltó más brío y más juegos de palabras… ahora ya es inevitable. A otra cosa. Salud.

 

¿CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS DE SER ENRIQUE BUNBURY?

Las consecuencias, son consabidas: construir con constancia, elocuencia y una considerable paciencia una conspicua constelación de canciones, con la constante melancolía del que conscientemente toma distancia para darle una vuelta entera a la circunferencia que describe, inmisericorde, la existencia, cuando sin consolación vamos perdiendo la inocencia que reinó inconscientemente los mediodías de nuestra adolescencia, con la consiguiente tendencia a no conceder condescendencia alguna a las contradicciones de las consagradas falencias, enfrentándose sin contrariarse a la inconveniencia de jugarse en cada verso constantemente la vida y regalársela a la audiencia, y al final recordarnos que la vida, esa incontrolable coincidencia, hay que consumirla más que nunca con urgencia e insolencia, y no pensar tanto, porque son inevitables, en las consecuencias.

En este videoclip, con canción homenaje a David Bowie, aparece Liberto Rabal, el nieto de nuestro murcianico universal, Paco Rabal.

Y de propina, el juicio contra Bunbury por haber traicionado al Rock’n’Roll. No he podido evitarlo.


Momentos históricos de la radio

24 abril 2010

Dejo aquí una cosita que escribí para el IV Concurso de Microrrelatos organizado por Radio Onda Polígono, que se sintoniza en el 107.3 FM de Toledo. Se trataba de escribir un microrrelato con un tema relacionado con la radio, con una extensión máxima de 107 palabras (sin incluir el título). Leí las bases y me saltó esta idea a la cabeza, la escribí en quince minutos y lo mandé. No hubo suerte, ya habrá más la próxima vez. O no. Espero que les guste. Salud.

MOMENTOS HISTÓRICOS DE LA RADIO

Ni la S en Morse de Marconi, ni La Guerra de los Mundos de Orson Welles, ni el Llamamiento a la resistencia de Charles De Gaulle, ni el discurso de despedida de Salvador Allende en La Moneda, ni los pasos en la arena de Grandola Vila Morena la madrugada de los claveles. Es más, ni siquiera la primera vez que sonó Bohemian Rhapsody. Ningún momento de la historia de la radio es comparable con el que va a suceder en breves instantes: aprovechando que en la oficina la tienen siempre puesta, le dedico a Laura Y sin embargo, y le pido que se venga a vivir conmigo. 


¿Quién me ha regalado el mes de Abril?

23 abril 2010

Jorge Drexler dice en Todos a sus puestos, la penúltima canción de su nuevo disco, Amar la trama: “Claro que lo sé, lo tengo más que claro: los días raros son muchos y los días buenos raros. Duró la efímera rosa lo que duran los suspiros, lo que una mariposa dura fuera del Retiro”. Es decir, disfrutemos de lo poco bueno que a veces nos da la vida, porque ni siquiera sabemos cuánto va a durar esa felicidad. Y yo estoy tan colmado últimamente de suerte que ya incluso empiezo a sospechar. También es verdad que ya me tocaba. Yo que creo fielmente en los ciclos de la vida (aquello del Ying y el Yang, de que el día no llega si no se ha pasado la noche, de que no te encuentras si primero no te has perdido, etc.), estaba esperando ya desde hace mucho una época de vacas gordas (o “hermosas”, como dirían en mi pueblo). Pero es que tengo la mosca detrás de la oreja porque no es normal: precisamente hasta hace nada mis vacas se estaban quitando las moscas a coletazos y ahora tienen como mínimo obesidad mórbida. No pensaré demasiado en ello y buscaré el equilibrio para que dure lo máximo posible. Las buenas noticias son para contarlas, para darles aire, y yo tengo un buen puñado ahora mismo.

Después de un mes de recogimiento en Épernay por falta de dinero (viví las vacaciones de febrero demasiado intensamente), me apunté a otro curso del Centro de Recursos Didácticos del Ministerio de Educación Español de París para finales de marzo. La buena noticia, aunque mi trabajo me va a costar (y está bien que así sea), es que voy a ser coordinador de un grupo de trabajo de creación de unidades didácticas para desarrollar la oralidad en la clase de ELE (Español como Lengua Extranjera). El trabajo resultante de este grupo será publicado en la página Web del Ministerio de Educación, con un ISSN, que es como una matrícula internacional para reconocer a las publicaciones periódicas.

A finales de marzo recibí la visita de Vir, una mujer culta y divertida como pocas, uno de mis ángeles de la guarda. La suerte no me acababa de sonreir justamente desde la última vez que la vi, cosas del destino. Fue a la primera persona a la que le hice de guía por París (aviso para navegantes: acabó con tendinitis), ahora que me lo conozco bastante bien, y también ha sido ella la primera persona que me conoce de verdad que ha visto Épernay y ha comprendido lo difíciles que han sido los meses aquí. Es un gustazo inexplicable vivir cosas de tu vida con gente que te conoce y a la que quieres. Pero como decía, las cosas se aprecian más cuando son señaladas, como su visita. Como aprecié muchísimo mis vacaciones divididas entre Murcia y Granada, reencontrándome con familia y amigos a los que veo cada vez más de tanto en tanto, que voy echando cada vez más de menos, y por lo tanto, apreciando mucho más los gestos de cariño que recibo de todos ellos. Llegué a Granada contrariado porque era la primera vez desde que la pisé en la que llegaba como visitante, como turista. Al principio me sentí un guiri más que llegaba para 5 días, como un anciano prematuro que regresa al lugar donde fue feliz y que no acaba de reconocer la ciudad que vivió… hasta que me reencontré con un buen número de amigos que me volvieron a hacer sentir como en casa, a reconocerme entre ellos y entre aquellas calles. Ya lo decía Sabina: “al lugar donde has sido feliz nunca deberías tratar de volver”… pero esta vez no fue tan dramático y me dió el punto justo para volver a Francia con toda esa energía positiva en la mochila.

Bueno, antes de eso, y un día después de la partida de Vir, entré por primera vez en el que será mi nuevo piso en París, a una manzana del cementerio Père Lachaise, donde están enterrados, entre otros: Jim Morrison, Oscar Wilde, Édith Piaf, Delacroix, Balzac, La Fontaine o Proust. Pero lo mejor es el compañero de piso que voy a tener, JeanPhi, un alsaciano rubio de 1,92m, fisioterapeuta, aventurero, con el alma de ébano africano (señoras calma, por favor, que yo lo ví primero). Una persona con la que voy a poder compartir y explotar todo lo que nuestro barrio y París tiene para ofrecer.

Precisamente por él supe que venía el grandioso músico malí Salif Keita a tocar a la mítica sala de conciertos Olympia, para presentar su último disco, La différence. Fuimos allí, con varias amigas más, y el concierto superó tantísimo mis expectativas que tenía que compartirlo no sólo con ellos, si no con muchas más personas. Y aquí es donde el cóctel de buenas noticias continúa.

Justo un par de semanas antes recibí un mail de Santiago Tadeo. Hace un año le dí clases de portugués a él y a su novia Ángela en Granada, ya que ella se iba de Erasmus el próximo curso y él le iba a acompañar (y a día de hoy siguen allí). Me quedé sinceramente muy impresionado cuando supe que aquel chico simpático, inteligente y tímido era uno de los responsables (el director de contenidos y el redactor de la inmensa mayoría de ellos) de la célebre web Acid Jazz Hispano, una página que yo había visitado en innumerables ocasiones antes de conocerlos, ya que cuenta con una de las mayores y mejores bases de datos sobre música negra de internet. A decir verdad, de música negra y un muy amplio “alrededores”. De hecho, en los últimos tiempos Santi, con muy buen criterio, ha abierto el abanico de músicas y estilos que tienen cabida en la página y, según sus propias palabras: “siempre que se trate de buena música, tiene cabida en la página”. Ahí es donde entro yo.

Resulta que el año pasado le escribí para comentarle un pequeño error (si lees esto Santi, siento destriparlo, pero es gracioso) que había visto en una crítica que él hizo de un recopilatorio sobre el gran músico brasileño Jorge Ben, un error en el que yo caía y todos caemos, sobre todo influenciados por los medios de comunicación, y más concretamente, por los deportivos (¡Ay! ¡Si Lázaro Carreter levantara la cabeza!). Él se refería a la música brasileña como “carioca”, con el mismo significado que “brasileña”, a la usanza de los periodistas deportivos españoles cuando se refieren de forma errónea a la selección brasileña de fútbol como “la selección carioca”. “Carioca” define a alguien nacido en Río de Janeiro, y no alguien brasileño. Sería como si se utilizase el adjetivo “gallego/a” o “andaluz/a” con el sentido de “español”. Como él mismo me decía en el mail, tardó muchísimo en responderme, pero nunca es tarde si la dicha es buena (maravillosa en este caso): me proponía en esa misiva participar como colaborador en la web, escribiendo biografías sobre artistas brasileños y críticas sobre sus discos más representativos, una de las mejores y más ilusionantes noticias que he recibido en mucho tiempo. Así que en resumen, me gustó tantísimo el concierto de Salif Keita que mi primera participación fue una crónica de su espectáculo. Aquí está mi autobiografía musical en la página de Acid Jazz Hispano, y al final de la página, mis artículos hasta el momento. Podréis encontrar enlaces a la página y a los blogs de Santi y Ángela en la parte derecha de este blog, en “Sentimientos afines”.

VER EL VIDEOCLIP DE LA DIFFÉRENCE DE SALIF KEITA (MUY RECOMENDABLE)

Pero ahí no acaba la cosa, porque en esos pocos días que me restaban de vacaciones en París y hasta mi regreso a Épernay, tuve la oportunidad de hacer la que ha sido hasta el momento mi primera y última entrevista de trabajo en París, que se desarrolló de manera inusualmente relajada entre el francés y el portugués, y que terminó de manera perfecta, ya que el entrevistador me dijo que haría todo lo posible para que el trabajo me lo dieran a mí. Casa y trabajo antes de llegar a París… eso, como digo yo, no es tener una flor en el culo, es tener una ramo entero.

Pero ahí tampoco termina la cosa, ya que dos días después de regresar a la soledad del pueblo recibí una llamada del Ayuntamiento de Palafrugell, Girona, para comunicarme que había ganado el III Premio Internacional de Poesía de la Fundación Jesús Serra, un premio joven pero muy importante y ya célebre en el mundo de las letras. Además mi interlocutor me repitió por tres veces que debía estar muy contento porque el jurado lo eligió por absoluta unanimidad entre los más de mil participantes (máxime sabiendo que el premio del año pasado fue compartido). Me hubiera gustado ir a recoger el premio en persona, pero entre el poco tiempo con el que me han comunicado la agradable noticia y la bendita nube volcánica, finalmente no se han dado las condiciones adecuadas para ir hasta allá. Ya lo celebraré con quien toque y donde toque en un futuro. Porque esto es para celebrarlo. Después de tantos momentos de soledad absoluta aquí en este pequeño pueblo, al final parece que tomé la decisión correcta cuando decidí pasar al papel todo lo que me estaba viniendo a la cabeza, mis recuerdos, mis dolores, mis esperanzas… mi vida en definitiva. Ha sido lo mejor que he podido hacer aquí por mí mismo.

Y es que como siempre, hay que tener paciencia, ir poco a poco, plantar semillas por doquier en épocas de escasez y esperar a que llegue el sol de la primavera y haga brotar con esplendor todo lo plantado. Pero todo esto es tal vez demasiado y tarde o temprano llegará un equilibrio. De todas maneras, estoy inmensamente feliz y agradecido a todos aquellos que me han apoyado en esta época difícil, y me sigo preguntando: ¿Quién me ha regalado el mes de abril? ¿Cómo pudo sucederme a mí?


La inmersión en los círculos de la trama

10 marzo 2010

A veces es extraño como uno se puede sentir identificado con un escritor o un cantante por encima de los demás, de todas las cosas. Seguramente tiene mucho más que ver con el momento en que por fin te paras a escucharlo que a la persona en cuestión o lo que hace, tiene que ver mucho el momento en que el anzuelo se te clava dentro y te hace despertar a la evidencia de que esa persona está haciendo o buscando lo que en el fondo a tí también te gustaría, pero no puedes. Él lo saca fuera y lo hace arte. Y eso me pasa a mí con Jorge Drexler.

Recuerdo que la primera vez que lo escuché con atención fue hace ya 4 años (que se dice pronto). El verano comenzaba en Granada y ante mí se abría la nada, un final de curso sin mucha historia, con noches cálidas tranquilas sin demasiado que hacer y un verano con la pierna escayolada en mi pueblo (aunque eso yo todavía no lo sabía).

Regresando de una de esas noches a casa de mis amigos, ni triste, ni abatido, ni apenado, simplemente apático, entré en el cuarto de uno de ellos, que se había quedado estudiando, y me fui a sentar a su vera, en el borde de la cama. Después de una pequeña conversación a juego con esas noches sin fondo, me miró y mi cara debía ser un poema, porque me dijo: “escucha esto”. Acto seguido, tan sólo colocó en el reproductor del ordenador la canción La edad del cielo, y me dijo: “presta atención a la letra, es muy importante”. En un principio, como soy así de descreído, pensé: “ya se le han subido Jackobson y Saussure a la cabeza, veamos pues”. Cuando comenzaron los primeros acordes seguía instalado en mi atalaya de desidia, pero cuando las primeras palabras de la canción comenzaron a sonar y le vi a él repetirlas desde mi escepticismo, comprendí que me tenía que dejar hacer, recibir aquello, que era lo mejor que nadie me había ofrecido en semanas: “Calma, todo está en calma. Deja que el beso dure, deja que el tiempo cure. Deja que el alma tenga la misma edad que la edad del cielo”.

Desde aquel momento decidí tomarme todo con más calma, relativizar un poco y tratar de encontrarme a mí mismo entre toda la confusión que me rodeaba y que salía desde el mismo centro de mi cabeza por todas las calles del Albayzín.

Por aquel entonces ya había salido el disco Eco, que yo tenía por algún lado olvidado en el ordenador y que nunca me había parado a escuchar. Qué mejor momento para lanzarse a la escucha. Me encontré con un disco original, optimista y que traspasaba las barreras de lo que normalmente suele hacer un cantautor, con experimentos electrónicos, cruce de caminos entre muy variados estilos musicales y unas letras con una sonoridad casi perfecta, simples en la forma pero con unas imágenes y una simbología vital muy enraizada. Para mí, uno de los mejores discos en español de las últimas dos décadas y que no es valorado como se debe. Yo creo que todos los premios que se llevó su siguiente disco, 12 segundos de oscuridad, una continuación de Eco mucho más nocturna e íntima, le llegaron simplemente para enmendar de alguna manera el injusto silencio con el que convivió ese disco, a pesar incluso del Oscar que ganó Drexler por Al otro lado del río.

Chico Buarque, un genio, con subtítulos en español.

Y precisamente ahora, y creo que como parte de la promoción de su nuevo disco, en el blog cultural Papeles Perdidos de Elpaís.com, se ha publicado un pequeño artículo en el que Drexler habla de las 5 canciones que más le han marcado, en su caso, como compositor. Quitando las dos referencias uruguayas (de los dos tótems de la música de aquel país, Alfedro Zitarrosa y Fernando Cabrera), yo podría suscribir también las otras tres: Chega de saudade, de João Gilberto y compuesta por Tom Jobim y Vinicius de Morães y que marcó el nacimiento de la Bossa Nova, Construção del enorme y nasalizado Chico Buarque, y Julia, de los Beatles y compuesta por John Lennon en homenaje a su madre, a la que vió morir atropellada en las calles de Liverpool cuando era niño.

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Para no olvidar (Viva la memoria)

16 febrero 2010

Hoy justo hace un año que supe que por fin era licenciado. Un nuevo licenciado en paro. Un año. Y un año y dos días desde que decidí abrir este blog. Lo abrí como una manera oculta de forzar la noticia, pensaba en abrirlo si aprobaba, pero como la noticia se demoraba y lo daba por seguro, decidí comenzar a escribir y que el resto llegara solo.

Un año. Miro para atrás y es como si hubiera pasado una década. Y si miro un poco más para atrás, dos o tres años, es como si hubiera pasado media vida. Es lo que tienen los tiempos modernos, si uno se lo propone, se viven tantas cosas, se ven tantos lugares, se saben de tantas noticias, se conocen tantas personas, que una pobre mente humana que pretenda llevar ese ritmo sin inmutarse acaba por marearse y sumida en una especie de Triángulo de las Bermudas mental, en el que los recuerdos desaparecen por sorpresa sin uno darse cuenta, y un día se los encuentra mezclados y confusos entre las algas y la arena de las profundidades de la memoria, y es difícil y costoso rescatarlos. Por eso es tan buena la memoria. Por eso escribo, para no olvidar.

Leí hace unos meses unas declaraciones de Pep Guardiola, ese filósofo y entrenador del mejor Barça de la historia,  cuyas palabras casi siempre pueden ser aplicadas a la vida de las personas, y en las que decía algo así como “los equipos grandes no tienen memoria”, que puede tener muy diversas y dispares lecturas. Yo quiero interpretarlo más bien como que los equipos (y las personas de espíritu) grandes tienen una memoria selectiva. Hay que tener memoria y recordar todo por lo que uno ha pasado para ir aprendiendo, para saber de dónde venimos, para tomar consciencia de nuestra experiencia, para saber ver las cosas con cierta perspectiva.  Hay gente que prefiere tirar los recuerdos de épocas pasadas a la basura simplemente porque el final de alguna historia ha sido malo. Es una triste costumbre muy habitual entre la gente de mi edad. El carpe diem entendido erróneamente. Yo prefiero, aunque me traiga mil quebraderos de cabeza, poder recordarlo todo, o al menos lo más importante, sea bueno o malo, porque eso, para bien y para mal, me ha forjado tal y como soy hoy. Exactamente así, soy así por todas y cada una de las pequeñas cosas con las que me he cruzado en mi vida, y por supuesto, en los últimos años. Lo bueno que me ha pasado, pero sobre todo, lo “malo”.

Lo “malo” hace que nuestros mecanismos de defensa se pongan en marcha, los que nos van haciendo cada vez más corazón coraza. Tanto, que ni siquiera nos dejen ver cuándo tenemos algo realmente bueno delante.  Sin embargo, los cambios más importantes que se han imprimido en mi personalidad han sido a raíz de malas expereriencias en un principio. Solo en un principio, porque de toda mala experiencia, absolutamente de toda, se puede extraer si no una lectura positiva, al menos algún matiz o enseñanza que nos sirva para un futuro, o para ver en el presente como gracias a nuestra experiencia hemos sobrevivido a una u otra situación. Siempre en toda situación, una vez superada, uno puede estar orgulloso de sí mismo y saberse más sabio y fuerte, sobre todo si lo ha intentado con buen corazón -cosa que, por otro lado, hoy en día no suele ocurrir, todo es por algún tipo de interés y la envidia, amigos, es muy grande-. Así soy, así me va. Pero si soy feliz así, qué le vamos a hacer.

Lo dicho, es sencillamente asombroso todo lo que puede suceder en un año, la manera tan radical como pueden cambiar las cosas y la cara de gil que se te puede quedar al no verlas venir. Creerte preparado para ciertas cosas y de repente saberte superado por las circunstancias, y consciente de que muchas cosas sólo las cura el tiempo y la distancia.

Una de las cosas que he aprendido los últimos meses tiene que ver precisamente con el tiempo y la distancia: los viajes. Yo siempre he tenido una cierta ansiedad por irme fuera, lejos, pasar incluso épocas aislado. Mucha necesidad de estar solo y de descubrir cosas por mí mismo. Pero parece que la edad tampoco perdona y me empiezo a hacer viejo -cosa que, como decía más arriba, puede ser positiva-. Ahora veo lo de viajar de forma distinta. Ante las vacaciones de invierno escolares en Francia planée un Magical Mistery Tour en el que viajar a lo loco a mil lugares. Al final de estas vacaciones, habré pasadotres semanas en tres ciudades, pero lo más importante, con viejos amigos con los que hacía mucho tiempo que no pasaba días enteros disfrutando simplemente de su compañía. Viajar no tiene que ser sólo una respuesta febril hormonada a las ansias de volar y la sensación de mareo que da tanto movimiento. Llega un momento -y parece que a mí me ha llegado, por lo menos por ahora- en el que valoras el bienestar que te produce el reencuentro con personas ya conocidas, como una manera velada un tanto infantil de ir en busca del tiempo perdido, como un Peter Pan de los buenos tiempos, de reconocer a tu yo de hace unos años en ellos.

Y lo más divertido y positivo es que nunca te acabas de reconocer del todo, porque ellos han cambiado, sus vidas han cambiado, las ciudades cambian, y tú, sobre todo tú, has cambiado. Para mí, casi siempre, todo cambio es una evolución, y toda evolución es positiva. Es horrible y aburrido ser, pensar o sentir de la misma manera. Yo nunca entendí, desde bien pequeño, ese mensaje estúpido que nos venden sobre todo en la publicidad de “nunca cambies, eres muy guay, tío” -dicho con acento de triunfito para hacerlo más creíble-. ¿Cómo que nunca cambies? ¡Cambia por favor! Evoluciona, vive, sufre, llora, ríe, mira para atrás y date cuenta de lo rabiosamente afortunado que eres simplemente por poder estar escribiendo o leyendo esto, y haz cada día algo para mejorarte a tí mismo. Esto no es ni filosofía barata ni ningún tipo de sermón, es una especie de celebración de algún tipo de consciencia que me asiste estos días de calma lluviosa en Liverpool.

Aquí estoy, tantos años soñando con venir aquí y por fin estoy aquí. La ciudad de los Beatles, la principal razón por la que yo comencé a aprender inglés: porque quería saber qué estaban diciendo esos tipos melenudos y extraños, esos gurús de música hipnótica. Cuando todavía no tenía ni siquiera el primer vello de la barba ya estaba yo con mi diccionario inglés-español enorme sobre las piernas, traduciendo todas y cada una de las canciones de los Beatles. Y la música se hizo carne, piedra, calles, personas y una ciudad que guarda mucho respeto a sus más ilustres embajadores, y que vende su recuerdo por doquier como viles mercaderes. Una bella ciudad, entrañable, acogedora, dura y fría, que se aprovecha, como es normal hoy en día, del trabajo y el recuerdo de aquellos cuatro inocentes músicos -por aquel entonces, que Sir McCartney es ahora de todo menos inocente-. Pero yo no estoy aquí sólo por ellos, vengo de visita, vengo para disfrutar de la compañía de personas que me conocen y me entienden. Como rezaba la dedicatoria anónima de un chico mexicano en la tumba de Julio Cortázar: “tú me hiciste entender que vivir era viajar y venir a visitarte”.

Y así, ir descubriéndome, descubriéndonos y sabernos distintos, más sabios, más viejos, más tranquilos, más felices, más melancólicos, mejores. Y para seguir conociendo gente hasta que no podamos más, y cuando sintamos por fin en paz y calmado nuestro pecho y nuestra voluntad de correr a ciegas -porque hay que viajar con los ojos bien abiertos para descubrir todo-, como dice la canción de los Beatles, encontrar el camino a casa, donde quiera que esté o la sintamos, pero que nos reconozcamos allí:  “once there was a way, to get back homeward”.

(BFachada: pequeña sorpresa musical en Liverpool. Bello)


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