El día que desaparezca en la curva del cielo

17 junio 2010

Cuando una de tus aficiones es investigar en busca de música (rara, buena, extraña, original, atrayente, bailonga, alegre, tristona, experimental, desconocida, etc.) corres el riesgo de encontrarte a veces con ciertas cosas que no esperabas, que no las ves venir, te golpean de lleno y que te dejan fuera de combate. Esta canción, del artista brasileño Amnese, es una de esas raras coincidencias que nos depara la vida.

O DIA EM QUE RESOLVI SUMIR – AMNESE

Um dia eu resolvi sumir.

E eu sumi porque eu queria ver
Como é que o mundo giraria sem mim.
Antes, antes de tudo isso,
Até queria ser invisível,
Só pra não ser notado,
Esconder-me, desaparecer.

Mas só agora, depois de tanto tempo,
Depois de um dia horrível,
Uma noite sem dormir,
Foi que eu deixei todas as coisas
e com a roupa do corpo,
algum dinheiro no bolso,
Eu saí por ai. fui lá, no alto,
Só pra descobrir que o mundo continuava a girar sem mim.

Isso foi no dia em que eu resolvi sumir.

Foi assim que eu resolvi desaparecer,
Eu desapareci pra procurar,
E procurar que sempre foi transitivo direto, sempre foi,
E que agora desconhecia qualquer complemento e isso,
Meu amigo, isso, isso não era a única coisa
Que não fazia sentido algum por aqui.

E se você soubesse o quão egoísta eu me sentia,
Você entenderia porque que naquele dia eu resolvi sumir.

E eu sumi porque mesmo o mundo,
Ele girando sem a minha força,
Girando sem depender de mim,
Sem a minha vontade, o meu mundo,
O meu mundo, esse nunca tinha saído do lugar.

E agora eu não posso mais esperar
pra ver o meu mundo começar a girar.

Talvez tenha sido que eu tenha ido procurar.

Depois que eu fugi, eu fui procurar por Sofia.
Sofia estava na curva do céu.

Mi traducción de la letra.
EL DÍA QUE DECIDÍ DESAPARECER – AMNESE

Un día decidí desaparecer.

Desaparecí porque quería ver
como el mundo giraría sin mí.
Antes, antes de todo eso,
incluso quería ser invisible,
solo para pasar desapercibido,
esconderme, esfumarme.

Pero solo ahora, después de tanto tiempo,
después de un día horrible,
de una noche sin dormir,
ahora he dejado todas mis cosas
y con la ropa que llevaba puesta,
algún dinero en el bolsillo,
me fui por ahí. Me fui para allá arriba,
para entonces descubrir que el mundo seguía girando sin mí.

Eso pasó el día en que decidí desaparecer.

Fue así como decidí desaparecer,
desaparecí para buscar,
buscar siempre fue transitivo directo, siempre lo ha sido,
y ahora desconocía cualquier complemento y eso,
mi amigo, eso, eso no era lo único
que no tenía ningún sentido por aquí.

Y si supieras cuán egoísta me sentía,
comprenderías porque aquel día decidí desaparecer.

Y yo desaparecí porque incluso el mundo,
girando sin mi fuerza,
girando sin depender de mí,
sin mi voluntad, mi mundo,
mi mundo, siempre estuvo en el mismo lugar.

Y ahora ya no puedo espera para ver
que mi mundo empieza a girar.

Tal vez sea eso lo que fui a buscar.

Después de haber huido, fui en busca de Sofía.
Sofía estaba en la curva del cielo.

 


Lázaro Carreter revolviéndose en su tumba (II)

7 agosto 2009

Sin conexión a internet, lo de escribir en el blog va perdiendo interés. Lo importante es escribir lo primero que se te pase por la mente mientras trasteas por la red. Escribir a parte en otro ordenador sobre algo y luego colgarlo aquí es más artificial todavía si cabe. En la medida de lo posible seguiré escribiendo lo que me salga. Por ahora, dos estampas curiosas tomadas en mi fabuloso paseo por Lavapiés con Gisela, una tarde con dos soles.

“Que pena me da la muchacha de los altavoces, que informa que por reforma va a estar cerrada la línea 3, con lo que a mí me gusta cada vez, sentir el viento que sopla en la boca de metro de Lavapiés”.


Tierra, soy errante navegante

11 julio 2009

A veces es muy frustrante intentar traducir la letra de una canción para saber lo que dice, ya que muchas veces pierde el encanto. Eso sucede sobre todo si no conocemos bien esa lengua. Si tenemos un buen conocimiento de la lengua en la que se canta la canción ni siquiera necesitamos traducirlo, lo bonito es que nos viene a la cabeza el significado completo sin necesidad de hacer una correspondencia total de palabras o de segmentos conceptuales, nos viene a la cabeza directamente. De eso siempre me he dado cuenta a la hora de intentar traducirle a alguien una canción brasileña: nunca le llegará tan bien el mensaje a esa persona hasta que no se empape de la lengua, de la sonoridad de las palabras, de la ternura que transmite decir una expresión de una manera peculiar y que sólo se puede decir así en ese idioma.

Por pereza estaba buscando la traducción de la letra de Leãozinho, de Caetano Veloso, canción mítica para mí donde las haya, y sin querer me he enterado de que hace unas dos décadas uno de los mejores grupos que ha dado este país, Radio Futura, hizo una versión de la canción Terra de Caetano. Una interpretación en la lengua propia es lo más cerca que se puede estar de transmitir los sentimientos de la canción original. Y aunque está genial la versión, más moderna, con ese toque a caballo entre lo místico y lo hindú, una vez que he escuchado la versión de Caetano para mí no hay otra. Por otra parte, la auténtica maestría de artesano de la lengua portuguesa de la que hace gala siempre Caetano hace que no tenga rival la sonoridad de sus fraseos. Sublime.

La canción habla sobre la primera vez que Caetano vio una fotografía de la Tierra tomada desde el espacio. Cuando el hombre llegó a la Luna, él se encontraba en la cárcel por subersivo, por haberse rebelado contra la dictadura que reinaba entonces en Brasil. Entonces se tuvo que conformar con verla por un recorte de periódico que le pasaron a su celda. Es mítico el enfrentamiento que tuvo con el público de un famoso concurso musical nacional, al estilo San Remo pero en Brasil, en 1968, cantando É proibido proibir (Está prohibido prohibir). Ante los silbidos del público aborregado, Caetano dejó de cantar y se puso a gritar, acusándolos de no querer cambiar las cosas, de no querer actuar, de no luchar por la libertad. Al bajar del escenario lo arrestaron  y lo metieron en la cárcel. A los pocos meses se exilió a Londres.

Demos las gracias hermanos a ciertos dictadores de nuestra era, ya que sin ellos, gente como Caetano Veloso o Joaquín Sabina no habrían salido fuera de sus países enrrabietados y con ganas de revolucionar la escena musical y cultural de sus respectivos países. Con sus respectivos desexilios, estos “errantes navegantes” abrieron caminos totalmente nuevos y renovados.


El señor de la Tierra de Don’t y el indio intocable

14 junio 2009

Mítico Berto. En otra de sus intervenciones casi magistrales nos muestra lo que pasa cuando se le confía a un ordenador la traducción de un texto. Pongo primero un vídeo al que hace referencia. Simplemente genial.

Un verdadero indio “intocable” (y no precisamente por cuestión de castas)

Instrucciones de una sandwichera I (a partir del minuto 3)

Instrucciones de una sandwichera II


Invisibles

6 junio 2009

Interesante aunque escueta entrevista a tres premios nacionales de traducción. En unas pocas líneas trazan brillantemente la situación del traductor literario en nuestros días. Fuente: Elpaís.com.

Los traductores levantan la voz

Tres premios nacionales de traducción conversan sobre los retos de un gremio maltratado por la industria editorial – Un debate en el Retiro aborda la profesión

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS  –  Madrid

EL PAÍS  –  Cultura – 06-06-2009

Los traductores no paran. En otoño estará listo el Libro Blanco de la Traducción, el lunes se celebra en el Instituto Cervantes de Madrid el simposio Traducir Europa y mañana a las 11.00 tendrá lugar en la Feria del Libro el coloquio Con traducción no hay Pirineos. Para reflexionar sobre su trabajo, EL PAÍS reunió a María Teresa Gallego Urrutia (Madrid, 1943), José Luis López Muñoz (Madrid, 1934) y Miguel Sáenz (Larache, 1932) en casa de este último. Los tres tienen en su currículo el Premio Nacional de Traducción. Mientras que gracias al anfitrión hemos leído a autores como Günter Grass, Thomas Bernhard o Salman Rushdie, a López Muñoz se le deben versiones de Faulkner, Scott Fitzgerald o Joyce Carol Oates. Entre tanto, Gallego se ha ocupado de Gide, Jonathan Littell o Modiano. Vicepresidenta de ACEtt, la sección de traductores de la asociación de escritores, ella es la que lleva las cifras: “Un 35% de lo que hay en una librería española es traducido”. La web de ACEtt (www.acett.org) contiene una tabla de tarifas mínimas recomendadas que van de los 35 euros por cada 1.000 palabras para el inglés y las lenguas romances a los 60 para las orientales. Unos mínimos que no siempre se cumplen.

Pregunta. ¿Se puede vivir de la traducción literaria?

 

Miguel Sáenz. El 90% de los traductores tiene otro oficio, algo que les obliga a una doble jornada. La traducción literaria no es rentable. Lo bueno es que puedes elegir lo que traduces.

 

José Luis López Muñoz. Un traductor es como un actor. Cuando tiene prestigio puede rechazar los papeles que no le gustan, pero eso no le garantiza interpretar lo que quiera porque igual nadie se lo ofrece.

 

M. S. Descubrir algo nuevo es una de las ventajas de este trabajo. Cuando me llegó el manuscrito de Hijos de la medianoche, Salman Rushdie no era nadie. Un caso distinto es La historia interminable. No es una obra maestra, pero tenía cuatro hijos pequeños y me apetecía. Y es el único libro que me ha dado dinero. Salvo excepciones, los editores sienten un desprecio escandaloso por el traductor.

 

María Teresa Gallego. Hay estudios que demuestran que es ínfimo el coste de una traducción bien pagada en el precio general de un libro. O sea, no pagan mal para ahorrar, sino porque nos desprecian.

 

M. S. A la mayoría les tiene sin cuidado la traducción. Lo que quieren es que les salga barata. Y las tarifas están bajando.

 

J. L. L. M. La actitud cambiará cuando los lectores protesten por la calidad de las traducciones. Aquí todo el mundo se queja pero nadie protesta.

 

P. Pero ustedes están ya consagrados…

 

M. T. G. Después de 40 años de oficio, soy una privilegiada: me dan buenos libros, no me tocan una coma, me respetan el contrato… Lo que quiero es que ésa sea la pauta para todos los traductores.

 

P. Pese a las condiciones, el nivel de la traducción en España es alto.

 

J. L. L. M. Uno traduce porque quiere comunicar algo que ha leído y que le ha gustado mucho.

 

M. S. Ahí tengo unas actas de la Comisión de Derecho Internacional, que es más fácil de traducir que una novela. Por cada página me pagan seis veces más. Si en un mes puedo ganar lo que en un año… Cuando te viene un encargo así y lo rechazas para traducir a Günter Grass es que estás loco.

 

P. ¿Cuáles serían las condiciones ideales de trabajo?

 

M. T. G. Que se cumpla la Ley de Propiedad Intelectual. Que no haya traducciones sin contrato y que no haya contratos que se salten la ley.

 

M. S. …que las editoriales respeten esos contratos. Porque las liquidaciones son de risa.

 

M. T. G. Hace falta un organismo estatal que controle eso. Que no todo tenga que pasar por el juzgado.

 

P. ¿La ley es buena?

 

M. S. Sí, pero se incumple. Y no puedes estar todo el día pleiteando con multinacionales. Hay editores que se quedan con subvenciones que deberían ir al traductor.

 

J. L. L. M. Y cuando un editor vende tu traducción -por ejemplo, al Círculo de Lectores-, lo hace por un precio que no conoces, y se queda con la mitad.

 

P. ¿Qué porcentaje del precio de un libro es para el traductor?

 

J. L. L. M. Lo habitual es un 1%. En autores libres de derechos, entre un 3% y un 5%.

 

M. T. G. De todos modos, el poco aprecio general se nota en cosas que no cuestan dinero. Muchas veces las reseñas de libros omiten en la ficha el nombre del traductor, o dicen que tal libro lo ha “traducido” la editorial equis. No digo ya poner al traductor en la cubierta del libro, cosa que hacen sólo unas pocas. Dicen que estropea el diseño.

 

M. S. Nos van a llamar vanidosos. La mayoría no lo ponen ni en la web.

 

M. T. G. No es vanidad, es un asunto laboral. El editor me pagará decentemente si sabe que le doy beneficios, que soy un valor añadido, si sabe que una buena traducción le va a dar tres céntimos más. Y para eso el lector tendrá que saber que existo. Hay gente que cree que todos los libros vienen directamente escritos en español.

 

M. S. En España hace 40 años nadie sabía quién había hecho una película. Hasta que llegaron los franceses con el cine de autor. Ahora el espectador sabe que los directores tienen nombre. Puede que un día pase eso con los traductores.


La lengua europea es la traducción

23 abril 2009

Artículo íntegro extraído de Elpaís.com (gracias Adina). Así, por la cara. A ver si se encuentra alguna solución para la vergonzante situación de la traducción.

 La traducción europea pide auxilio

Los profesionales hablan de los males que aquejan al sector y exigen apoyo a la UE – El objetivo prioritario es defender las lenguas minoritarias frente al peso del inglés

MIGUEL Á. VILLENA (ENVIADO ESPECIAL) – Bruselas

EL PAÍS – Cultura – 23-04-2009

Umberto Eco ya dijo que la auténtica lengua de Europa es la traducción. La ironía del famoso escritor italiano no deja de tener su fondo de verdad en una Unión Europea (UE) donde conviven 23 idiomas oficiales hablados en los 27 países miembros, todo ello sin incluir la existencia de más de medio centenar de lenguas regionales sin Estado. Al hilo de la sentencia de Eco, un centenar de profesionales de la traducción y de la edición, así como responsables culturales de toda la UE se reunieron el lunes en Bruselas en una conferencia para pedir medidas de apoyo al sector como forma de asegurar la diversidad cultural y el plurilingüismo.

Los participantes de la cita se comprometieron a mejorar las condiciones de los traductores literarios, a respaldar a los editores que favorezcan las versiones a otros idiomas, a desarrollar iniciativas como la de una red de librerías europeas -al estilo del programa de cine Media-, y a crear un observatorio europeo del sector que podría fijar su sede en Toledo, una ciudad con una larga tradición a través de su Escuela de Traductores.

Entre los principales desafíos se halla la necesidad de escapar a la absoluta hegemonía del inglés y la urgencia de favorecer más las traducciones entre las lenguas no mayoritarias. El impulso de las traducciones literarias, como garantía de defensa de los idiomas minoritarios, apareció como eje de varias intervenciones. El propio presidente de la Comisión Europea, el portugués José Manuel Durão Barroso, reconoció: “No albergamos resentimientos contra el inglés, pero en la era de la globalización debemos mostrar más interés por lo que otros escriben o hacen”.

De hecho, alrededor de la mitad de traducciones en la UE procede del inglés como lengua de origen, y el 80% de las versiones de cualquier idioma se vierte a este idioma, al francés o al alemán, según estudios recientes difundidos en Bruselas como documento de trabajo de la conferencia. El español alcanza un 2,6% de las traducciones como lengua de destino, según datos del año 2006.

La británica Ros Schwartz llegó a decir que los traductores cobran unos sueldos muy inferiores a los salarios de los metalúrgicos y algunas intervenciones se centraron en las penosas condiciones laborales e intelectuales en las que realizan su tarea: una de ellas se refiere a la autoría del traductor. “En bastantes ocasiones”, señalaron algunos, “ni siquiera aparecen nuestros nombres en las solapas o en las primeras páginas de los libros”. No obstante, la cita de Bruselas, auspiciada por Barroso y que tendrá continuidad en próximas conferencias, estaba dedicada más a cuestiones culturales que sindicales o profesionales, unos aspectos en los que la UE carece de competencias.

Al abundar en ese aspecto, Heinrich Schmidt-Henkel, representante de una asociación de traductores germano-hablantes, fue muy elocuente cuando afirmó: “No contamos apenas con ayudas para los traductores literarios y, por otra parte, los esfuerzos públicos deberían destinarse más a ampliar la enseñanza de idiomas en los niveles de secundaria de toda Europa que en abrir facultades de traducción”.

“¿Pueden formarse los traductores literarios?” se preguntó Schmidt-Henkel, para responder que su preparación plantea idénticos problemas a los que tienen los escritores. “Los traductores somos los segundos autores de una obra”, manifestó en una opinión suscrita por casi todos los asistentes. En lo educativo, la rectora de la Universidad para Extranjeros de Perugia (Italia), Stefania Giannini, lamentó que “se haya perdido el ejercicio de la traducción como práctica de aprendizaje” y abogó asimismo por un incremento de las horas dedicadas a la enseñanza de idiomas en los distintos ciclos educativos.

Junto al fomento escolar de los idiomas, surgieron otras iniciativas que pedían a las autoridades europeas mayor agilidad a la hora de la concesión de becas o subvenciones. Javier Santillán, editor de Gadir, uno de los pocos españoles invitados a la conferencia de Bruselas, reclamó más respaldo económico y menos burocracia a la hora de incentivar las traducciones literarias. “En ocasiones”, dijo, “he desistido de pedir ayudas por la complejidad del proceso. De otro lado, está muy bien el apoyo a los traductores, pero si no aumentamos la demanda de versiones a otros idiomas por parte de las editoriales, no vamos a ningún sitio”.

Entre las posibilidades que se barajaron en este apartado figuró la propuesta de varios editores de subvencionar la traducción de obras clásicas de la literatura europea a todos los idiomas oficiales de la UE.

Uno de los ponentes de esta cita sobre la traducción literaria, el escritor iraquí Younis Tawfik, aludió a la posibilidad de que la Escuela de Traductores de Toledo, una institución de origen medieval, acogiera en el futuro un Observatorio europeo sobre el tema orientado a hacer un seguimiento del sector. Afincado en Italia, este autor iraquí defendió el papel de puente que las traducciones pueden jugar entre las distintas culturas. Aunque la mención a Toledo fue sólo una iniciativa en boca de algunos asistentes, funcionarios de la comisaría de Multilingüismo de la UE, que dirige el rumano Leonard Orban, mostraron su simpatía por esa propuesta que podría concretarse durante la presidencia española de la UE en 2010. En esa línea, la nueva ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, ha anunciado su propósito de impulsar las ayudas a la creación literaria y a las traducciones.

Tanto Orban como otros responsables culturales se encargaron de recordar que Europa es la región donde más se traduce y desde hace más tiempo. “La diversidad lingüística de Europa ha de contemplarse como una riqueza y no como un inconveniente”, repitieron varios participantes. “La propia UE”, explicó Durão Barroso en la apertura de la conferencia, “es una de las más importantes empleadoras del sector con un millar de intérpretes y unos 2.400 traductores para 23 idiomas”.

23 idiomas oficiales en 27 países

– Los 27 miembros de la Unión Europea cuentan con 23 idiomas oficiales y unas 60 lenguas regionales sin Estado.

– En el año 2004 se tradujeron un total de 73.791 libros en el conjunto de Europa, frente a los 48.132 traducidos en 1979, según datos de la Unesco.

– Francia ha superado en los últimos años a Alemania como principal mercado para las traducciones.

– Alrededor de la mitad de las traducciones en la UE procede del inglés como lengua del libro de origen.

– Inglés, francés y alemán suponen casi el 80% de las traducciones como lengua de destino. El italiano figura con el 3,46 y, a continuación, el español con el 2,43.

– China es el mercado emergente más importante para los libros procedentes de la Unión Europea.

 


Abril, mes de la traducción literaria

13 marzo 2009

Una de mis mayores motivaciones para estudiar mi carrera era la de ser algún día traductor literario (tiempo al tiempo, piano piano si va lontano). Por supuesto, una vez dentro te das cuenta de que la realidad es bien distinta. Por si no fuera ya difícil de por sí ese mundillo, ya se encargaban en la facultad de quitarte los pájaros de la cabeza.

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Todavía me acuerdo de la primera clase de una asignatura de traducción científico-técnica inversa español-francés: la profesora se pasó unos 15 minutos hablando de las bonanzas de traducir por los tiempos de los tiempos textos que incluyen frases como “consulte a su farmacéutico” o “para extraer el CD presione Open (Abrir) para abrir la tapa del reproductor”. Acto seguido preguntó: “porque… a ver, ¿a quién de aquí le gustaría ser traductor literario?”, y yo, con una cierta congoja como si estuviera haciendo algo malo, levanté mi solitario dedito ante las caras estupefactas que poblaban el aula. Sólo ante el peligro, de repente me vi en una discusión de besugos en francés, simplemente para explicarle a la profesora que esa era mi prioridad, era lo que más me gustaba y más ilusión me hacía, a pesar de los contras que pueda tener la traducción literaria si la comparamos con la traducción de prospectos de laxantes o de instrucciones de Tamagotchis (que llegado el caso tampoco rechazaría, simplemente prioridades). Es una elección personal, y siempre que pueda intentaré trabajar en ese camino, nada más. Lo que no me parecía lícito era ya de primeras quitarle la ilusión a un traductor imberbe. Para rematar, tuvieron que pasar unos años hasta que incluyeron una optativa (¡optativa!) de traducción literaria.

Bueno, pues para aquellos que quieran adentrarse en la traducción literaria, el mes de abril les brinda dos excelenes oportunidades para adquirir formación específica en este campo:

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Signs: signos, señas, símbolos, señales, indicios…

11 marzo 2009

La comunicación se basa en el signo, es lo que hace que podamos codificar nuestro mensaje de manera que podamos transmitir lo que queremos decir a una persona. El signo es, como dijo Saussure, una especie de entidad psíquica que tiene dos caras, como una moneda: el significado (el contenido, es decir, la imagen mental o el concepto que tenemos de lo que queremos expresar) y el significante (la expresión, esto es, una palabra, una imagen, una figura, un objeto, por decirlo de alguna manera, la parte física de la idea, ¿idea?).

En la comunicación humana existen innumerables maneras de transmitir un mensaje. Sin ir más lejos, la lengua de signos (no olvidemos que vivo con una intérprete de lengua de signos española), una lengua que codifica mediante los movimientos y posiciones de las manos todos los significados de las ideas a transmitir. Muchas veces no es necesario hablar para decir aquello que queremos, para conmover, para pedir lo que queremos o necesitamos. En un nivel mucho menos complejo también se puede hacer mediante la mímica o incluso mediante notas o cartelitos. Cuando sentimos la necesidad de transmitir algo, al final siempre encontramos la manera de hacer llegar a otra persona lo que esperamos de ella. A veces se tiene éxito, otra no.

Este corto, Signs, del aún desconocido Patrick Hughes, presentado en el Schweppes Film Festival, trata de la comunicación humana, de lo simple que puede llegar a ser, de saberte comprendido sin abrir ni siquiera la boca. Y como no hay día sin noche (como esta noche de luna llena), este corto también trata de la incomunicación humana, de lo sólo y desconocido que te puedes llegar a sentir aún estando rodeado de personas durante todo el día. Una vez más, este corto demuestra como se puede hacer una obra maravillosa con muy poco, y te transmite todo un mundo de emociones con la misma sencillez que el mensaje que esconde: cuando se dan las condiciones idóneas, entenderse es maravillosamente fácil. Que lo disfrutéis.

Para los que no entiendan los escasos diálogos del corto, quedáos con que el jefe hace una broma estúpida y la que ha dejado un mensaje en el contestador es la madre del protagonista (con el padre de fondo), que le dice las cosas típicas que se suelen decir en esos casos. Aunque viendo la cara del chico en las dos escenas os podéis hacer un poco a la idea. Feliz luna llena y atentos a los indicios.


Un intérprete atípico

2 marzo 2009

Cuando alguien me ha preguntado qué estudiaba y yo respondía “Traducción e Interpretación de francés y portugués”, alguna vez me ha pasado que han fruncido el ceño y me han respondido: “ah, ¿qué es?… ¿cómo arte dramático con idiomas?”… increíble pero cierto. O simplemente cuando hablas con alguien sobre la interpretación te dicen: “ah, sí, traductor, ¿verdad?”. Es bastante común.

Parece ser que el término intérprete para definir a áquel que transmite oralmente un mensaje de una lengua a otra no está demasiado extendido, y por pereza (o desconocimiento) se usa traductor, un término mucho más general. Se pueden encontrar verdaderas barbaridades a la hora de llevar al cine este oficio.

Si no me equivoco (no la he visto, vi el trailer y desprendía tufillo a bodrio), en la película La intérprete, el trabajo que realiza Nicole Kidman se parece tanto al de una intérprete como yo a Johnny Deep (poquito, especifico, que sé que muchos habréis dudado): cuando está en la cabina no toma ni una nota la nena, se lo toma con mucha calma, y en su casa no se vislumbra diccionario alguno… ¿para qué?

Otra cosa son los muchachos de Vaya semanita, a quién les vamos a perdonar que llamen traductor al intérprete, porque son muy majos y acaban de descubrir una salida alternativa para la profesión (una suerte de rama de la interpretación social): el traductor cotidiano, “muy útil para entenderse dentro del ámbito familiar”. Eso sí, parece más bien que está hablando por unos walkie talkies con un superior. Que tenga esa cara de concentración no quiere decir que no se le pueda dar un poquito de entonación. Todo sea por el espectáculo.


Abril, Verano, y los agravios de un traductor (2)

24 febrero 2009

Continuación de Abril, Verano, y los agravios de un traductor (1).

abettegaAl par de días recibí un cuento llamado Verão (Verano), de un tal Amílcar Bettega Barbosa… en ese momento, un total desconocido para mí. A la hora de traducir, siempre que se tenga tiempo, es bueno documentarse un poco sobre las fuentes y sus autores, así que busqué información del autor por internet. Aquí es cuando empecé a ser consciente de lo que la providencia había colocado en mis manos. Resulta que el cuento que yo tenía que traducir formaba parte de un libro de relatos, Os lados do círculo (Los lados del círculo), que en 2005 le había reportado a Amílcar Bettega el Premio Portugal Telecom de Literatura, el premio literario en lengua portuguesa más importante del mundo. Sensación de vértigo. Seguí buscando y descubrí que este escritor nacido en Río Grande do Sul y afincado en París era uno de los numerosos nuevos valores de la literatura brasileña y que destacaba por abrirse un hueco en el mundillo con un estilo propio. Más vértigo. Entonces me leí tres o cuatro entrevistas que le hicieron a raíz del premio. Había un rasgo en común en todas ellas: cuando le preguntaban por su estilo y sus influencias, siempre salía a relucir el realismo fantástico y, sobre todo, un nombre mítico, mágico e importantísimo para mí: Julio Cortázar. En ese momento el vértigo desapareció y lo reemplazó la seguridad de que este trabajo iba a ser una experiencia única, placentera y memorable para mí. Y así fue. Tocaba relajarse y disfrutar, así que me dispuse, ahora sí, a leer el texto.

A primera vista, me llamó muchísimo la atención la estructura del cuento: comenzaba con dos columnas que contaban historias diferentes (paralelas, concretamente). Luego en la segunda parte las columnas parecían fusionarse, había abundantes diálogos y culminaba con una especie de mapa o esquema que al principio no entendí bien. Al final, la estructura volvía a la “normalidad” y acababa con unos párrafos como si nada de lo que había visto hubiera pasado. Después de sobrevolar el texto de esa manera, y aprovechando la valiosa soledad del momento, me zambullí en él con la inocencia de un niño.

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Abril, Verano, y los agravios de un traductor (1)

24 febrero 2009

Un día del año pasado, por estas mismas fechas, estaba echándole un vistazo a un mail de la lista de distribución de la FTI de Granada, cuando leí un mensaje que me hizo saltar de emoción de la silla. Se trataba de un mail del Círculo Cultural Antonio Machado, una asociación cultural sita en Luxemburgo, en el que se pedían traductores voluntarios del portugués al español para un número especial dedicado al relato corto en lengua portuguesa. El número debía ver la luz en abril en la revista del mismo nombre (Abril) que edita el Círculo. Además, el mensaje venía firmado por Paca Rimbau, traductora genial y mujer cercana y generosa, en cuya casa estuve viviendo un par de meses hace 4 años, mientras buscaba desesperado piso por Granada. Eran tan feliz esa casualidad que no dudé un momento y escribí para ofrecer mis servicios de aprendiz de traductor. Aunque no me fueran a pagar suponía un reto importantísimo para mí y mi primera y anhelada incursión en la traducción literaria.

Germano Almeida. Fuente: Las Provincias

Germano Almeida. Fuente: Las Provincias

La respuesta fue inmediata. Primera sorpresa: me encargaron traducir un cuento de Germano Almeida, el escritor caboverdiano más importante de las dos últimas décadas, autor de una obra básica de la literatura luso-africana moderna: El testamento del Señor Napumoceno. El cuento se titulaba Os agravos de um escritor (Los agravios de un escritor). Le eché un vistazo rápido al cuento y vi que no me plantearía demasiados problemas. Era sencillo, estaba escrito con un estilo muy claro y tenía un puntito gracioso que haría más amena la tarea. Siendo sincero esperaba un poco más del cuento, estaba entretenido, pero no era una obra maestra. Más que nada le faltaba un poco de pimienta. Aún así fue muy lindo poder traducirlo y saberme con la responsabilidad de traducir un cuento de un escritor tan importante.

Aquí tenéis mi versión del cuento:

Germano_Almeida_-_Los_agravios_de_un_escritor

Cuando envié mi traducción, el editor de la revista me respondió agradecido y con una propuesta: una nueva traducción. El tiempo apremiaba y los traductores escaseaban. Así que como había disfrutado mucho con la experiencia, acepté encantado. Portugués en vena.

Continuará…


Lázaro Carreter revolviéndose en su tumba (1)

20 febrero 2009

Cada vez que, como se suele decir, le meto una patada al diccionario, me acuerdo siempre del “guardián de la palabra”, el inefable Lázaro Carreter, de su infalible El dardo en la palabra   y de cómo me abofetearía si me tuviera delante. Esta entrada es un humilde homenaje a su fino y lúcido trabajo. Así que cada vez que lea, escuche o vea alguna barbaridad a la hora de usar la lengua, y tenga tiempo, lo pondré aquí.

Para empezar, una foto mítica, que he guardado a través de los años porque es muy graciosa, el mundo al revés. Una tienda de golosinas del Raval, Barcelona, febrero de 2006. Sin comentarios…

Sí o sí

Sí o sí


Nefelibata, estaba escrito…

17 febrero 2009

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Seguro que conocéis el juego del diccionario. Sí, ese en el que una persona (de un mínimo de tres) coge un diccionario y elige una palabra, y el resto de jugadores tienen que escribir la definición que les evoque esa palabra en un folio.

A finales de mayo de 2007 me encontraba en João Pessoa de intercambio académico. Esos eran los últimos días que pasaría en esa maravillosa ciudad antes de emprender un viaje pseudo-mochilero por medio Brasil com o meu parceiro Carlos, y apetecía bajar las revoluciones del viaje y pasar unos ratitos a gusto con algunos de los buenos amigos que hicimos allí. Una de las personas más especiales y que más me marcaron en mi estancia en la capital paraibana fue sin duda Zonda Bez, un periodista y artista visual pernambucano que luchaba por hacer llegar el cine a los más recónditos rincones del estado de Paraíba.

Una noche estábamos los tres en su fabulosa casita del barrio de Castelo Branco, a tiro de piedra del campus de la UFPB. Tirados en el suelo y con un sopor embriagador vagando en el ambiente, decidimos ponernos a jugar (valga la redundancia) al juego del diccionario. Yo elegí empezar primero y escogí la palabra totalmente al azar, esto es, abrí el diccionario por una página cualquiera y con los ojos cerrados dejé que mi dedo cayera en la página.

Cuando los abrí no podía dar crédito de lo que estaba viendo. ¡Qué palabra tan bonita! ¡Qué sonoridad! ¡¡Qué significado!! ¡albricias! ¡evohé! ¡caracoles con tomate! Ante mi mirada atónita, les dije la palabra y les pedí que la escribieran, que enseguida entenderían mi asombro. La palabra en cuestión, elegida inocentemente a ciegas, era NEFELIBATA:

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