Demasiada información corriendo por mi cerebro

28 febrero 2014

"Cuestiónate todo / ¿Por qué?"

“Cuestiónate todo / ¿Por qué?”

Regresa este blog de sus cenizas después de muchísimo tiempo. No digo que vaya a publicar tantas cosas ni tan extensas como antes, pero tengo la intención de ir actualizándolo poco a poco. El causante de este período comatoso es el mismo que provoca su regreso: Facebook. En primera instancia, porque la instantaneidad y la visibilidad que daba esa plataforma me hizo dar de lado este blog, unido a otras “bondades”, como interactuación con mucha gente conocida, intercambio de información y ego, mucho ego (como todos, yo el primero).

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Quisiera ser tan alto como la luna

30 diciembre 2011

Jeremy Geddes - Adrift (2011)

Me encanta viajar, como sea y por la razón que sea, pero moverme de un lugar a otro. Nunca me dejará de sorprender la manera en la que los viajes cambian nuestra percepción de la realidad y de nosotros mismos, y cómo se modifican muchos conceptos cuando llegas a un lugar, como el del tiempo o tu interacción con el medio que te rodea.

Una vez más (y ya van unas cuantas) he hecho un viaje de apenas una semana a Murcia y me ha sorprendido muchísimo el verme dentro de ese lienzo que es la realidad murciana. En el mejor sentido de la expresión.

Regresar a tus orígenes supone siempre enfrentarte de alguna manera a ti mismo, a lo que fuiste y a lo que en el fondo sigues siendo. En un terreno conocido, por muy hostil que pueda parecer a veces, siempre llegas a manejarte mejor y sabes cómo lidiar con ciertas circunstancias, a base de experiencia y ensayo y error.

Unas veces creo que todo sigue igual y otras veo que todo ha cambiado. Y claro, como esa visión surje de mí, no puedo evitar pensar que en realidad, lo que se estanca o evoluciona al fin y al cabo, soy yo mismo.

Hace unos meses sentía que no tenía un lugar con el que me identificara y en el que me reconociera, de repente en este viaje me he dado cuenta que se puede tener más de un hogar. Una de las verdades universales con las que concuerdo más es que un lugar lo hace la gente. Y un lugar se convierte en hogar cuando hay gente que te conoce y que te aprecia, en la que te reconoces y con la que puedes compartir lo poco que puedas tener para dar.

Salir fuera es en mi caso una decisión personal, lo hago porque quiero y porque hay algo dentro de mí que hace saltar una alarma cuando la rutina empieza a hacer mella en el día a día. A pesar de que a veces me he sentido muy solo, incomprendido, perdido o sin un horizonte claro, y he echado mucho en falta a mis seres queridos. Pero si yo he elegido salir y descubrir otras cosas, cualquier experiencia es buena. Si tú eliges estar en un lugar determinado y eres feliz al tomar esa elección, por dura que sea tomarla, entonces sabes que al final estará todo bien pase lo que pase en ese lugar. Sabes que pase lo que pase, en este viaje el cosmonauta siempre tendrá un lugar adonde regresar.

Julio Cortázar y Carol Dunlop, los cosmonautas de la autopista

Y aunque sienta que tengo más de un hogar, muy a menudo me siento como un cosmonauta que está de paso y que nunca acaba de tocar tierra. Y si lo hago, es para tomar impulso y volver a saltar más alto todavía. Y aunque da vértigo, ese vértigo no da miedo, me excita y quiero saltar más alto. Pero si no tienes miedo al vértigo, puedes llegar a perder la perspectiva de las cosas, y no hay que olvidar que la base está en tierra. Cosmonauta no saltes tan alto que te puedes perder en el espacio.

Viajar dentro de este viaje es la más saludable mise en abîme que puede haber en la vida, porque aprendes a valorar lo que tienes aquí y allí, y como tus neuronas viajan mucho más rápido que tú, también aprendes a valorar lo que tuviste y a perderle el miedo a la incertidumbre de lo que puedes llegar a tener o perder en el futuro.

Y sobre todo, aprendes que echar de menos es lo más normal del mundo, y te das cuenta que estos momentos que hoy vives un día también los echarás de menos, interminablemente. Por eso hay que seguir adelante y vivir con pasión el momento, para construir nuevos recuerdos que nos den fuerza en el futuro.

Tira de 'Macanudo' del ilustrador argentino Liniers

De todas formas y bien mirado, ¿quién de nosotros no está de paso aquí? ¿Dónde llegaré? ¿Cuándo llegaré?

Jeremy Geddes - The white cosmonaut (2009)


Sesión de Dj PaÜh en el Entresuelo de Granada

8 octubre 2011

Dicen que una de las cosas más reconfortantes de la vida es el llegar a trabajar en aquello que te gusta. A mí me gustan muchas cosas, pero la música me apasiona. Y resulta que este mismo mes de octubre tengo programadas un par de sesiones en Granada, donde siempre he querido pinchar.

Simplemente dejo aquí el cartelito que he hecho esta tarde para ponerlo por la ciudad. Si están por aquí cerca, será un placer que asistáis. Si no, simplemente podéis ver una muestra de la música que suelo pinchar en las dos sesiones que encontraréis en las dos entradas precedentes. Disfruten.

La imagen del cartel es un dibujo del dibujante brasileño Will Murrai (Por cierto, he modificado la barriguita de la chica, que en la original estaba famélica... ¡la carne es bella!)

 

La frase que dice esta alterego de Carmen Miranda está extraída del célebre vídeo de Muchachada Nui…


Las infinitas posibilidades de tus sueños

1 octubre 2011

Granada explota de ideas

Enlace a la página de la sesión, con la lista completa de canciones.

Aquí dejo una nueva sesión que he hecho con una muestra de la música que tengo por ahí escondida. Esta sesión es bastante más cañera que la anterior, y de hecho me gusta más cómo ha quedado, por la selección de temas y por su orden. Poquito a poco y con paciencia iré puliendo fallos. Espero que les guste.

La introducción de la sesión la he sacado de la famosa “escena del ukelele” de la magnífica película Waking Life (Despertando a la vida en español), sobre la que ya escribí en este mismo blog hace ya algún tiempo. El vídeo está subtitulado en español. Disfruten.

 


“¿Ha dicho… ¡bailar!?”

15 agosto 2011

Agosto: todo de colores


Enlace a la página de la sesión (con la lista de canciones)

Uno de mis tantos sueños todavía por cumplir es el llegar a ser un Dj, modesto, un pinchadiscos de aquellos que pone la música que le gusta y disfruta el doble viendo a la gente disfrutar con lo que suena.

Por ahora solo he podido hacerlo en alguna que otra fiesta de amigos, y la verdad es que me encanta y sirve de práctica para lo más importante: saber seleccionar la música ideal para que gente no decaiga y saber llevarla en una pequeña montaña rusa de subidas y bajadas.

La sesión de arriba es uno de las pocas que he grabado y me sirve de alguna manera como tarjeta de presentación. La selección se supone que es para un pub de copas, no para una discoteca con una gran sala de baile. Es sólo música para pasar un buen rato. Espero que les guste, ¡a-gosto-so!

El comienzo de la sesión es el final de la película Zorba el Griego editado por mí, siempre es bueno bailar con alguna buena idea en la cabeza.



“Es peligroso ser feliz”

6 agosto 2011

-"Este barrio no tiene ningún sentido" / "Todos los lugares del mundo tienen un sentido" - Cómic "Las calles de arena", de Paco Peña

Estoy de vuelta en Murcia. Más concretamente en Santomera. Bajar de París a Santomera a principios de agosto no es solo un desplazamiento en horizontal, según se mire, puede ser también una caída en vertical. Y París y Santomera estás a 1200km.

En unas horas apenas pasé de vestir jersey, chaqueta y fular bajo un cielo color metálico y una lluvia constante a andar casi todo el día en calzoncillos y no poder salir de casa hasta las 20h por el sol que arrasa la huerta murciana. Una vez alguien me dijo en Granada que “los aviones viajan más rápido que la mente de los hombres”, y es muy cierto. También un día me dijeron que los recuerdos distorsionan la realidad y tienden a llevarla a los extremos, de la felicidad o del dolor. Es cierto también, y yo añadiría “si no caen totalmente en el olvido”. Y sobre todo: “con el tiempo, todo queda en su lugar”: los momentos que se recuerdan como extrema felicidad dejan un simple y reconfortante rastro de cariño y los momentos asociados al dolor y al miedo acaban alejándose de nuestro umbral de resistencia y nos damos cuenta que nos han hecho más fuertes (y duros, vaya).

Pero para que ese momento llegue hace falta tiempo. Siempre todo necesita más tiempo del que pensamos. Hoy en día la paciencia es más que nunca un reto. Quien consigue hacer suya esa cualidad, es un artista.

Lo bueno de los viajes, entre muchas otras cosas, es que te sacan de la dinámica diaria de tu vida, por eso también es mucho mejor si el punto de partida y de llegada es radicalmente diferente: ese contraste te golpea sin remisión y al mismo tiempo te ayuda a colocar cada cosa en su sitio y a amueblar tus pensamientos.

Pero como siempre, hay que tener paciencia. Acabo de llegar y me queda mucho camino que recorrer todavía. Tengo que saber tomar carrerilla y coger una buena corriente de aire cuando salte de nuevo. Necesito algo de tiempo para pensar un poco, hay que saber bien donde se pisa, porque ya saben, como dice un verso de la canción de Chico Buarque que encontrarán más abajo, “es peligroso ser feliz”.

Yo estuve presente en este increíble concierto de Mônica Salmaso, en un teatro de São Paulo en el verano de 2007. Parece que el tiempo es una de las pocas cosas que va más rápido que los aviones. Disfruten.


Un año en París

2 junio 2011

Acabe de cumplirse un año desde que llegué a París. Un año que parece muchísimo más tiempo por la gran cantidad de experiencias que he vivido, el cantidad de personas que se han cruzado en mi camino y por todas las sorpresas buenas y malas que me ha deparado esta ciudad a lo largo de estos 12 meses. El balance es tremendamente positivo si me doy cuenta de todo lo que he hecho (y tomando en cuenta los escasos medios con los que he contado)… no solo he tomado todo lo que la ciudad tenía para darme, si no que incluso a veces se lo he birlado sin que se diera cuenta. Puedo estar contento. Feliz verano.

La Géode del Parc de la Villette, el mejor parque para pasar el verano parisino

Flores con forma de radar, un ejemplo de los miles de maravillosos graffitis que se pueden encontrar por doquier en la ciudad

Un señor curiosea en la puerta de la mítica Librería Shakespeare, en la ribera del Sena, al lado de Notre-Dame

Yo buscando sitio para sentarme en el mural (que cambia semanalmente) de la terraza del café Place Verte, en Oberkampf-Ménilmontant

La muy célebre plaza de la Bastilla, tomada pacíficamente por los "indignés" españoles

De París al cielo (estatua en el cementerio de Montmartre)

Actualmente vivo en el barrio de Belleville, uno de los tradicionales barrios chinos de la ciudad que se ha convertido ahora en un crisol de culturas, donde judíos, orientales, árabes y parisinos se confunden en su ir y venir frenético. Además, la casa donde nació Edith Piaf, está a dos manzanas de mi casa :-)


Embajador sin ferreros…

22 mayo 2010

Durante el mes de noviembre de 2009 se llevó a cabo en la región de Champagne-Ardennes el programa Ambassadeurs Européens (Embajadores Europeos), que tenía como objetivo el dar a conocer a los estudiantes de secundaria de la región los programas de movilidad europea.

En ese proyecto estaban involucrados, además de expertos en programas de movilidad europea, un grupo de voluntarios extranjeros (que dentro de este marco recibíamos el pomposo nombre de “Embajadores Europeos”), que en ese momento estábamos en esa región francesa por diferentes motivos. Los voluntarios debían acompañar 2 o 3 días a los “expertos” en sus charlas por los institutos para explicar su experiencia personal. Yo solo pude participar un día en el programa por motivos de salud, pero fue muy bonito poder hablar con todos los estudiantes curiosos por viajar y estudiar en el extranjero y transmitirles lo que sentía.

Básicamente les estuve explicando los tumbos que he ido dando, lo bueno de viajar para tener nuevas experiencias, para hacer nuevos amigos, perfeccionar un idioma, para formarte un carácter y moldear tu visión del mundo, para apreciar lo beneficioso de la diferencia y así valorar las cosas nuevas que nos encontramos y al mismo tiempo las que dejamos atrás, y para aprender y empaparte de todo como forma de crecimiento personal y conocimiento a transmitir en el futuro regreso al terruño.

El CRIJ (Centro Regional de Información para los Jóvenes) de Champagne-Ardennes ha hecho un vídeo de 10 minutos explicando esta experiencia, con entrevistas a los expertos, alumnos y voluntarios. Yo aparezco 3 veces (al principio, a la mitad y cerrando el vídeo). Fue corto pero bonito.

Vídeo sobre los Ambassadeurs Européens del CRIJ de Champagne-Ardennes (Francia).


Métro, boulot, Truffaut

19 mayo 2010

« Métro, boulot, dodo » es una expresión inspirada en un verso de Pierre Béarn, y que se supone que representa el ritmo cotidiano de los parisinos, o más en general, de los habitantes de la gran ciudad:

  • « Métro » : el trayecto del metro por la mañana,
  • « Boulot » : la jornada de trabajo, el “curro”,
  • « Dodo » : el regreso a casa para dormir, el “nono”.

Esta expresión, de gran éxito en el mayo del 68, así como el poema, es una crítica a la monotonía y la repetición de un día a día demasiado constante y al que no se le ve una salida.

Extracto del poema:

El verso en el que está inspirada esta expresión proviene de la antología de poemas Colores de la fábrica, aparecida en 1951: 

« Au déboulé garçon pointe ton numéro
Pour gagner ainsi le salaire
D’un morne jour utilitaire
Métro, boulot, bistro, mégots, dodo, zéro »

“Toma muchacho tu número a la carrera,
para ganar así tu sueldo
de una gris y utilitaria jornada
metro, curro, bar, colillas, nono, cero”. 

Yo me niego, yo no estoy del todo de cuerpo presente.

Me podrán robar mis días, mis noches, no.

La explicación de la expresión “Métro, boulot, dodo” es una traducción libre de mi autoría de dos entradas de la Wikipedia. Aquí y aquí. Y una discusión en Wordreference.


¿Quién me ha regalado el mes de Abril?

23 abril 2010

Jorge Drexler dice en Todos a sus puestos, la penúltima canción de su nuevo disco, Amar la trama: “Claro que lo sé, lo tengo más que claro: los días raros son muchos y los días buenos raros. Duró la efímera rosa lo que duran los suspiros, lo que una mariposa dura fuera del Retiro”. Es decir, disfrutemos de lo poco bueno que a veces nos da la vida, porque ni siquiera sabemos cuánto va a durar esa felicidad. Y yo estoy tan colmado últimamente de suerte que ya incluso empiezo a sospechar. También es verdad que ya me tocaba. Yo que creo fielmente en los ciclos de la vida (aquello del Ying y el Yang, de que el día no llega si no se ha pasado la noche, de que no te encuentras si primero no te has perdido, etc.), estaba esperando ya desde hace mucho una época de vacas gordas (o “hermosas”, como dirían en mi pueblo). Pero es que tengo la mosca detrás de la oreja porque no es normal: precisamente hasta hace nada mis vacas se estaban quitando las moscas a coletazos y ahora tienen como mínimo obesidad mórbida. No pensaré demasiado en ello y buscaré el equilibrio para que dure lo máximo posible. Las buenas noticias son para contarlas, para darles aire, y yo tengo un buen puñado ahora mismo.

Después de un mes de recogimiento en Épernay por falta de dinero (viví las vacaciones de febrero demasiado intensamente), me apunté a otro curso del Centro de Recursos Didácticos del Ministerio de Educación Español de París para finales de marzo. La buena noticia, aunque mi trabajo me va a costar (y está bien que así sea), es que voy a ser coordinador de un grupo de trabajo de creación de unidades didácticas para desarrollar la oralidad en la clase de ELE (Español como Lengua Extranjera). El trabajo resultante de este grupo será publicado en la página Web del Ministerio de Educación, con un ISSN, que es como una matrícula internacional para reconocer a las publicaciones periódicas.

A finales de marzo recibí la visita de Vir, una mujer culta y divertida como pocas, uno de mis ángeles de la guarda. La suerte no me acababa de sonreir justamente desde la última vez que la vi, cosas del destino. Fue a la primera persona a la que le hice de guía por París (aviso para navegantes: acabó con tendinitis), ahora que me lo conozco bastante bien, y también ha sido ella la primera persona que me conoce de verdad que ha visto Épernay y ha comprendido lo difíciles que han sido los meses aquí. Es un gustazo inexplicable vivir cosas de tu vida con gente que te conoce y a la que quieres. Pero como decía, las cosas se aprecian más cuando son señaladas, como su visita. Como aprecié muchísimo mis vacaciones divididas entre Murcia y Granada, reencontrándome con familia y amigos a los que veo cada vez más de tanto en tanto, que voy echando cada vez más de menos, y por lo tanto, apreciando mucho más los gestos de cariño que recibo de todos ellos. Llegué a Granada contrariado porque era la primera vez desde que la pisé en la que llegaba como visitante, como turista. Al principio me sentí un guiri más que llegaba para 5 días, como un anciano prematuro que regresa al lugar donde fue feliz y que no acaba de reconocer la ciudad que vivió… hasta que me reencontré con un buen número de amigos que me volvieron a hacer sentir como en casa, a reconocerme entre ellos y entre aquellas calles. Ya lo decía Sabina: “al lugar donde has sido feliz nunca deberías tratar de volver”… pero esta vez no fue tan dramático y me dió el punto justo para volver a Francia con toda esa energía positiva en la mochila.

Bueno, antes de eso, y un día después de la partida de Vir, entré por primera vez en el que será mi nuevo piso en París, a una manzana del cementerio Père Lachaise, donde están enterrados, entre otros: Jim Morrison, Oscar Wilde, Édith Piaf, Delacroix, Balzac, La Fontaine o Proust. Pero lo mejor es el compañero de piso que voy a tener, JeanPhi, un alsaciano rubio de 1,92m, fisioterapeuta, aventurero, con el alma de ébano africano (señoras calma, por favor, que yo lo ví primero). Una persona con la que voy a poder compartir y explotar todo lo que nuestro barrio y París tiene para ofrecer.

Precisamente por él supe que venía el grandioso músico malí Salif Keita a tocar a la mítica sala de conciertos Olympia, para presentar su último disco, La différence. Fuimos allí, con varias amigas más, y el concierto superó tantísimo mis expectativas que tenía que compartirlo no sólo con ellos, si no con muchas más personas. Y aquí es donde el cóctel de buenas noticias continúa.

Justo un par de semanas antes recibí un mail de Santiago Tadeo. Hace un año le dí clases de portugués a él y a su novia Ángela en Granada, ya que ella se iba de Erasmus el próximo curso y él le iba a acompañar (y a día de hoy siguen allí). Me quedé sinceramente muy impresionado cuando supe que aquel chico simpático, inteligente y tímido era uno de los responsables (el director de contenidos y el redactor de la inmensa mayoría de ellos) de la célebre web Acid Jazz Hispano, una página que yo había visitado en innumerables ocasiones antes de conocerlos, ya que cuenta con una de las mayores y mejores bases de datos sobre música negra de internet. A decir verdad, de música negra y un muy amplio “alrededores”. De hecho, en los últimos tiempos Santi, con muy buen criterio, ha abierto el abanico de músicas y estilos que tienen cabida en la página y, según sus propias palabras: “siempre que se trate de buena música, tiene cabida en la página”. Ahí es donde entro yo.

Resulta que el año pasado le escribí para comentarle un pequeño error (si lees esto Santi, siento destriparlo, pero es gracioso) que había visto en una crítica que él hizo de un recopilatorio sobre el gran músico brasileño Jorge Ben, un error en el que yo caía y todos caemos, sobre todo influenciados por los medios de comunicación, y más concretamente, por los deportivos (¡Ay! ¡Si Lázaro Carreter levantara la cabeza!). Él se refería a la música brasileña como “carioca”, con el mismo significado que “brasileña”, a la usanza de los periodistas deportivos españoles cuando se refieren de forma errónea a la selección brasileña de fútbol como “la selección carioca”. “Carioca” define a alguien nacido en Río de Janeiro, y no alguien brasileño. Sería como si se utilizase el adjetivo “gallego/a” o “andaluz/a” con el sentido de “español”. Como él mismo me decía en el mail, tardó muchísimo en responderme, pero nunca es tarde si la dicha es buena (maravillosa en este caso): me proponía en esa misiva participar como colaborador en la web, escribiendo biografías sobre artistas brasileños y críticas sobre sus discos más representativos, una de las mejores y más ilusionantes noticias que he recibido en mucho tiempo. Así que en resumen, me gustó tantísimo el concierto de Salif Keita que mi primera participación fue una crónica de su espectáculo. Aquí está mi autobiografía musical en la página de Acid Jazz Hispano, y al final de la página, mis artículos hasta el momento. Podréis encontrar enlaces a la página y a los blogs de Santi y Ángela en la parte derecha de este blog, en “Sentimientos afines”.

VER EL VIDEOCLIP DE LA DIFFÉRENCE DE SALIF KEITA (MUY RECOMENDABLE)

Pero ahí no acaba la cosa, porque en esos pocos días que me restaban de vacaciones en París y hasta mi regreso a Épernay, tuve la oportunidad de hacer la que ha sido hasta el momento mi primera y última entrevista de trabajo en París, que se desarrolló de manera inusualmente relajada entre el francés y el portugués, y que terminó de manera perfecta, ya que el entrevistador me dijo que haría todo lo posible para que el trabajo me lo dieran a mí. Casa y trabajo antes de llegar a París… eso, como digo yo, no es tener una flor en el culo, es tener una ramo entero.

Pero ahí tampoco termina la cosa, ya que dos días después de regresar a la soledad del pueblo recibí una llamada del Ayuntamiento de Palafrugell, Girona, para comunicarme que había ganado el III Premio Internacional de Poesía de la Fundación Jesús Serra, un premio joven pero muy importante y ya célebre en el mundo de las letras. Además mi interlocutor me repitió por tres veces que debía estar muy contento porque el jurado lo eligió por absoluta unanimidad entre los más de mil participantes (máxime sabiendo que el premio del año pasado fue compartido). Me hubiera gustado ir a recoger el premio en persona, pero entre el poco tiempo con el que me han comunicado la agradable noticia y la bendita nube volcánica, finalmente no se han dado las condiciones adecuadas para ir hasta allá. Ya lo celebraré con quien toque y donde toque en un futuro. Porque esto es para celebrarlo. Después de tantos momentos de soledad absoluta aquí en este pequeño pueblo, al final parece que tomé la decisión correcta cuando decidí pasar al papel todo lo que me estaba viniendo a la cabeza, mis recuerdos, mis dolores, mis esperanzas… mi vida en definitiva. Ha sido lo mejor que he podido hacer aquí por mí mismo.

Y es que como siempre, hay que tener paciencia, ir poco a poco, plantar semillas por doquier en épocas de escasez y esperar a que llegue el sol de la primavera y haga brotar con esplendor todo lo plantado. Pero todo esto es tal vez demasiado y tarde o temprano llegará un equilibrio. De todas maneras, estoy inmensamente feliz y agradecido a todos aquellos que me han apoyado en esta época difícil, y me sigo preguntando: ¿Quién me ha regalado el mes de abril? ¿Cómo pudo sucederme a mí?


Para no olvidar (Viva la memoria)

16 febrero 2010

Hoy justo hace un año que supe que por fin era licenciado. Un nuevo licenciado en paro. Un año. Y un año y dos días desde que decidí abrir este blog. Lo abrí como una manera oculta de forzar la noticia, pensaba en abrirlo si aprobaba, pero como la noticia se demoraba y lo daba por seguro, decidí comenzar a escribir y que el resto llegara solo.

Un año. Miro para atrás y es como si hubiera pasado una década. Y si miro un poco más para atrás, dos o tres años, es como si hubiera pasado media vida. Es lo que tienen los tiempos modernos, si uno se lo propone, se viven tantas cosas, se ven tantos lugares, se saben de tantas noticias, se conocen tantas personas, que una pobre mente humana que pretenda llevar ese ritmo sin inmutarse acaba por marearse y sumida en una especie de Triángulo de las Bermudas mental, en el que los recuerdos desaparecen por sorpresa sin uno darse cuenta, y un día se los encuentra mezclados y confusos entre las algas y la arena de las profundidades de la memoria, y es difícil y costoso rescatarlos. Por eso es tan buena la memoria. Por eso escribo, para no olvidar.

Leí hace unos meses unas declaraciones de Pep Guardiola, ese filósofo y entrenador del mejor Barça de la historia,  cuyas palabras casi siempre pueden ser aplicadas a la vida de las personas, y en las que decía algo así como “los equipos grandes no tienen memoria”, que puede tener muy diversas y dispares lecturas. Yo quiero interpretarlo más bien como que los equipos (y las personas de espíritu) grandes tienen una memoria selectiva. Hay que tener memoria y recordar todo por lo que uno ha pasado para ir aprendiendo, para saber de dónde venimos, para tomar consciencia de nuestra experiencia, para saber ver las cosas con cierta perspectiva.  Hay gente que prefiere tirar los recuerdos de épocas pasadas a la basura simplemente porque el final de alguna historia ha sido malo. Es una triste costumbre muy habitual entre la gente de mi edad. El carpe diem entendido erróneamente. Yo prefiero, aunque me traiga mil quebraderos de cabeza, poder recordarlo todo, o al menos lo más importante, sea bueno o malo, porque eso, para bien y para mal, me ha forjado tal y como soy hoy. Exactamente así, soy así por todas y cada una de las pequeñas cosas con las que me he cruzado en mi vida, y por supuesto, en los últimos años. Lo bueno que me ha pasado, pero sobre todo, lo “malo”.

Lo “malo” hace que nuestros mecanismos de defensa se pongan en marcha, los que nos van haciendo cada vez más corazón coraza. Tanto, que ni siquiera nos dejen ver cuándo tenemos algo realmente bueno delante.  Sin embargo, los cambios más importantes que se han imprimido en mi personalidad han sido a raíz de malas expereriencias en un principio. Solo en un principio, porque de toda mala experiencia, absolutamente de toda, se puede extraer si no una lectura positiva, al menos algún matiz o enseñanza que nos sirva para un futuro, o para ver en el presente como gracias a nuestra experiencia hemos sobrevivido a una u otra situación. Siempre en toda situación, una vez superada, uno puede estar orgulloso de sí mismo y saberse más sabio y fuerte, sobre todo si lo ha intentado con buen corazón -cosa que, por otro lado, hoy en día no suele ocurrir, todo es por algún tipo de interés y la envidia, amigos, es muy grande-. Así soy, así me va. Pero si soy feliz así, qué le vamos a hacer.

Lo dicho, es sencillamente asombroso todo lo que puede suceder en un año, la manera tan radical como pueden cambiar las cosas y la cara de gil que se te puede quedar al no verlas venir. Creerte preparado para ciertas cosas y de repente saberte superado por las circunstancias, y consciente de que muchas cosas sólo las cura el tiempo y la distancia.

Una de las cosas que he aprendido los últimos meses tiene que ver precisamente con el tiempo y la distancia: los viajes. Yo siempre he tenido una cierta ansiedad por irme fuera, lejos, pasar incluso épocas aislado. Mucha necesidad de estar solo y de descubrir cosas por mí mismo. Pero parece que la edad tampoco perdona y me empiezo a hacer viejo -cosa que, como decía más arriba, puede ser positiva-. Ahora veo lo de viajar de forma distinta. Ante las vacaciones de invierno escolares en Francia planée un Magical Mistery Tour en el que viajar a lo loco a mil lugares. Al final de estas vacaciones, habré pasadotres semanas en tres ciudades, pero lo más importante, con viejos amigos con los que hacía mucho tiempo que no pasaba días enteros disfrutando simplemente de su compañía. Viajar no tiene que ser sólo una respuesta febril hormonada a las ansias de volar y la sensación de mareo que da tanto movimiento. Llega un momento -y parece que a mí me ha llegado, por lo menos por ahora- en el que valoras el bienestar que te produce el reencuentro con personas ya conocidas, como una manera velada un tanto infantil de ir en busca del tiempo perdido, como un Peter Pan de los buenos tiempos, de reconocer a tu yo de hace unos años en ellos.

Y lo más divertido y positivo es que nunca te acabas de reconocer del todo, porque ellos han cambiado, sus vidas han cambiado, las ciudades cambian, y tú, sobre todo tú, has cambiado. Para mí, casi siempre, todo cambio es una evolución, y toda evolución es positiva. Es horrible y aburrido ser, pensar o sentir de la misma manera. Yo nunca entendí, desde bien pequeño, ese mensaje estúpido que nos venden sobre todo en la publicidad de “nunca cambies, eres muy guay, tío” -dicho con acento de triunfito para hacerlo más creíble-. ¿Cómo que nunca cambies? ¡Cambia por favor! Evoluciona, vive, sufre, llora, ríe, mira para atrás y date cuenta de lo rabiosamente afortunado que eres simplemente por poder estar escribiendo o leyendo esto, y haz cada día algo para mejorarte a tí mismo. Esto no es ni filosofía barata ni ningún tipo de sermón, es una especie de celebración de algún tipo de consciencia que me asiste estos días de calma lluviosa en Liverpool.

Aquí estoy, tantos años soñando con venir aquí y por fin estoy aquí. La ciudad de los Beatles, la principal razón por la que yo comencé a aprender inglés: porque quería saber qué estaban diciendo esos tipos melenudos y extraños, esos gurús de música hipnótica. Cuando todavía no tenía ni siquiera el primer vello de la barba ya estaba yo con mi diccionario inglés-español enorme sobre las piernas, traduciendo todas y cada una de las canciones de los Beatles. Y la música se hizo carne, piedra, calles, personas y una ciudad que guarda mucho respeto a sus más ilustres embajadores, y que vende su recuerdo por doquier como viles mercaderes. Una bella ciudad, entrañable, acogedora, dura y fría, que se aprovecha, como es normal hoy en día, del trabajo y el recuerdo de aquellos cuatro inocentes músicos -por aquel entonces, que Sir McCartney es ahora de todo menos inocente-. Pero yo no estoy aquí sólo por ellos, vengo de visita, vengo para disfrutar de la compañía de personas que me conocen y me entienden. Como rezaba la dedicatoria anónima de un chico mexicano en la tumba de Julio Cortázar: “tú me hiciste entender que vivir era viajar y venir a visitarte”.

Y así, ir descubriéndome, descubriéndonos y sabernos distintos, más sabios, más viejos, más tranquilos, más felices, más melancólicos, mejores. Y para seguir conociendo gente hasta que no podamos más, y cuando sintamos por fin en paz y calmado nuestro pecho y nuestra voluntad de correr a ciegas -porque hay que viajar con los ojos bien abiertos para descubrir todo-, como dice la canción de los Beatles, encontrar el camino a casa, donde quiera que esté o la sintamos, pero que nos reconozcamos allí:  “once there was a way, to get back homeward”.

(BFachada: pequeña sorpresa musical en Liverpool. Bello)


Paloma ausente, blanca paloma, rosa naciente

4 enero 2010

Flores en el Pico do Papagaio, Ilha Grande (Foto: Carlos Maroto)

La rabia, la impotencia y la pena forman un cóctel explosivo, paralizante, cualquiera que sea el orden en que se den estos tres estados de la mente y el alma, esos infiernos artificiales. Estoy, como quien dice, recién aterrizado en mi almena fría en la meseta verde punzante de la montaña de Reims. Acabo de regresar de un viaje de regreso y que no obstante, ha sido iniciático, como diría aquel ángel con dos alas de gárgola marcadas en la espalda. Mis neuronas están de fiesta resacosa y a mí no me han invitado. Mientras que les espero fuera en la puerta ya he empezado a trabajar, y eso me evita cualquier tipo de mala excusa para mirar atrás. Sé que estoy aquí porque la gente saluda por los pasillos al Pablo que dejé bajo la cama durante las vacaciones. Lo voy a dejar hibernando una semana para que asimile lo pasado y lo que está por venir, para que se arrope y se sienta a gusto en la soledad por la que le va a tocar volver a pasar. Escucho, oigo, veo, observo, pregunto, me muevo, me expongo desde mi silla junto a la ventana a un mundo que a veces pareciera que no me pertenece, al que no pertenezco, y que sin embargo, me incumbe, me atañe.

Empieza un nuevo año, vacilón, que me deja bien clarito que hay cosas que no van a cambiar, que no me confíe, que no me despiste ni un segundo. Empezó con varios sustos, confusiones y sobresaltos el mismo día 1, para no dejar para mañana la tragedia que pueda manifestarse hoy. Y nada más llegar a mi cuarto el terror se hace visible, y deshace la carne bajo el barro.

Leo en el periódico que Ilha Grande sucumbe bajo el lodo de una catastrófica inundación, y que en las raíces de los árboles de su selva virgen se enredan en un abrazo una madre y su hijo, entre otras muchas víctimas. Ilha Grande es (era cuando yo la visité) lo más cercano al paraíso en la tierra que yo he conocido. Una isla en el litoral de Rio de Janeiro, a 4 horas de la ciudad que vio nacer a Cartola. Una balsa de aceite en un rincón del Atlántico, un secreto que dejó de serlo hace tiempo cuando los empresarios del turismo de allí y aquí se dieron cuenta que se le podía sacar punta construyendo alocadamente hoteles y resorts, desterrando a los lugareños a favelas en las colinas de la zona. El lugar que me hizo crecer y creer andando desnudo por en medio de un río, llevado y abrigado por peces de colores que me lamían las piernas y me arrancaban de a poco las pieles muertas que traía de Europa. Ahora se ahoga en el barro como si fuera un vulgar paraje terrenal, donde la gente también se muere, la dejan morir, o la matan.

Eso fue anoche, y se lo hice saber a quién compartió gentilmente conmigo aquella confirmación de la vida que es Ilha Grande. Hoy, después de haber cumplido con solvencia mis obligaciones laborales, me he puesto a tontear, leer, escuchar música, mirar qué tengo por aquí perdido. Y como no, me topé en esta imagen a la que vuelvo de vez en cuando:

Maya Deren, o la gran aparición

Se trata de Maya Deren, una artista multidisciplinar (directora de cine, coreógrafa y escritora entre otras cosas), estadounidense de origen ucraniano, y que era poesía pura en sí misma. No sé demasiado de ella ni de su obra, sólo puedo decir que un día vi esta foto en una página perdida del periódico y me impactó de tal manera que no me la he podido quitar de la cabeza. El recorte debe andar perdido en algún cajón del hogar paterno. Al buscar algo más de información sobre ella he caído en un blog francés dónde el autor relataba un poco la vida de Maya e incluía varios vídeos de su obra cinematográfica. He echado un vistazo en la barra lateral de enlaces del blog y he reparado feliz en un sitio que tenía olvidado desde hace tiempo pero que es un auténtico tesoro: la Blogothèque. Es la web de un proyecto increíble que se basa simplemente en sacar a los músicos a la calle para que interpreten sus canciones por diferentes ciudades. En su día llegué a este sitio rastreando vídeos de Beirut, como éste:

Pero ¡ay! cuando he entrado, la portada me ha saludado con un buen guantazo: la muerte de la cantante mexicano-estadounidense Lhasa de Sela. He buscado la noticia para confirmarla, y por una vez los periódicos no mentían, era verdad. Pero como le decía a una crisálida en globo, que sea verdad no es razón para tener que creéselo. Al saber la noticia me ha invadido una tremenda pena, porque algo que hacía muy bien Lhasa era transmitir una nostalgia lánguida con su voz y sus canciones. Sus cantos podían parecer auténticos dramas, pero no llegaba la sangre al río, a pesar de todo con ella sabías que nunca ibas a acabar en un agujero de autocomplacencia. Ella era diferente. Simplemente te recordaba que ese tipo de sentimiento está ahí, y que vivirlo es un juego más en esta batalla. Ella lo hacía bello. Me dí cuenta de la dimensión real de esta mujer, de su grandeza, hace ya varios años, en una fiesta en el barrio del Realejo granadino, en un palomar polvoriento lleno de alas regadas con ron de caña, que gritaba luz en medio de la noche. El anfitrión era un argentino loco que se hacía llamar Borges -muy humilde el muchacho-. Me dejó trastear entre los cd’s, y cuando descubrí los dos que Lhasa tenía publicados por aquel entonces, las manos se me llenaron de un peso ansioso, le pedí si podíamos escucharlos y por un momento se puso serio y me dijo que no era el momento, con toda la gente exaltada a esas horas de la noche. Cierto, pero hubiera sido increíble escucharlo allí, y como me quedé con las ganas, al día siguiente volví a ella y siempre la he tenido presente. Una fuerza de la naturaleza tan grande es bueno tenerla siempre a mano.

Su muerte, tan joven (37 años), por un largo cáncer de mama, y precisamente el día 1 de enero, me ha embargado de pena, rabia e impotencia. Pero al volver a ella todo ha vuelto a su sitio y eso me ha recolocado de nuevo en el mundo. Pero la cosa no se ha quedado ahí y el destino ha querido hurdir un poquito más en la herida antes de quedarse tranquilo. No sé porqué, justo en el momento en que he asimilado su muerte, he pensado en Violeta Parra, la entrañable cantante del folklore chileno. Supongo que por el estilo de música, por ser mujer, y por lo que las dos me transmiten. Bien, pues entro en la página oficial de Lhasa de Sela con la esperanza de que sea una inocentada -con poco convencimiento, porque el día de los inocentes es el 28 de diciembre en España, no en Canadá, donde residía-, y leo que había empezado a preparar su próximo disco: un cd con versiones de Víctor Jara y Violeta Parra. Cruel destino.

Todo esto no puede más que enseñarnos de lo preciosa que es la vida. Y que la rabia, la impotencia y la pena, tarde o temprano, dan paso a la nostalgia, y que ésta, por fin, será algo de lo que congratularse, porque la sentimos porque algo, un día, nos hizo felices.

Esto no es más que un viaje de ida y vuelta, pa’ llegar a tu lado. El 2010 va a ser maravilloso.


Cinismo curvo danzante ultrarrelativista agradecido

18 diciembre 2009

Estos días he comenzado un curso del Instituto Cervantes impartido en el Centro de Recursos Pedagógicos de la Embajada de España de París. Una larga, espesa y sin embargo interesantísima sesión sobre pedagogía y gestión de una clase de ELE. El profesor, de cuyo nombre ahora no puedo acordarme -llegará-, me encantó. Fue de menos a más hasta salirse.

Pero hoy, no como otras veces, no voy a extenderme demasiado. No voy a contar cualquier cosa que yo haya encontrado interesante, bella o reveladora, tomarme la molestia de redactarlo bonito y enlazar todo lo enlazable con ello para que además sea útil. No, hoy no. Porque una de las frases que más repitió ese profesor fue “disculpadme, pero es que soy un cínico… será por la edad”, siempre antes o después de meterle un sablazo al listillo de turno y darle en la línea de flotación. El caso es que yo me reí muchísimo en todas las situaciones en las que el profesor tuvo que decir esa frase de disculpa. Fue un poco cabrón, un poco descreído, un poco guasón, un poco pasado de rosca, un poco excéptico, un poco cansado, un poco desilusionado, un poco feliz, un poco resignado. Él dijo eso mañana.

Sí que tal vez será la edad, pero yo hace tiempo que sé que soy un cínico, y algo me dice que es demasiado pronto. Demasiado pronto para desconfiar en todo lo desconfiable, para no dar nada por sentado, para no conformarse ni dar por válida nunca ninguna respuesta, por buena que sea; para buscar una solución más a la solución, para saberse tan insatisfecho y para ver desde arriba ya que es estúpido intentar llenar ese vacío porque nunca lo vas a conseguir. No tiene que ser demasiado tarde -supongo, espero- para poder cambiar y adaptarme al medio para sobrevivir, para darme cuenta de que nada es nunca lo que parece y que el mundo no ha sido, no es, ni será cómo yo me lo he imaginado, deseado o luchado por ello. De ahí el cinismo. De ahí que vaya y venga, que aparezca y me esfume, que sea un pesado y me quede mudo, y que el hecho de no tener nunca nada claro ni seguro unas veces me desespere y otras me haga sonreir por tener esa suerte. Y que al principio estaba yo, ahora estoy yo, y que al único al que nunca podré mentir es a mí mismo, que nunca tendré tanta confianza en nadie como en mí mismo. Y eso es un putadón enorme. Que alguien me lo quite y lo lance por un acantilado como si de una bomba de relojería se tratara. Pero no. Porque, como diría una canción que guarda las puertas de mi adolescencia: “Nothing really matters, nothing really matters to me… anyway the wind blows…”.

Sigamos procurando no mirar demasiado atrás y ver lo que tenemos. Y si no, ya nos lo recuerda Nina Simone. Pero con la época cínica que llevo, sólo me quedo con la música. Hoy la letra me parece muy Paulocoelhiana. Demasiado. Viva el boogaloo, ese semidios azul, blasfemo y tangible en unos hombros de tiza. Maldito Cortázar, qué cabrón Bukowski.

La otra palabra que me gustó de las 6 horas de clase fue prurito. Hacía mucho que no la escuchaba: 1. Comezón, picazón. 2. Deseo persistente y excesivo de hacer algo de la mejor manera posible. Yo tengo una cosa que me lleva a la otra. Cosas mías.


Que la esperanza le gane a la experiencia

24 noviembre 2009

A finales de septiembre llegué a la región de Champagne-Ardennes, dónde sabía que iba a vivir hasta entrada la primavera (que aquí tiene que estallar furiosa, después de tantos meses de lluvia y falta de sol). Llegué a Épernay y Reims, tierra de champagne, de catedrales góticas y de gente sencilla y amable, a pesar de las distancias kilométricas que se dan en el trato social.

El último día del stage que hicimos los auxiliares de lengua extranjera en Reims, la Académie de Reims nos preparó una recepción por todo lo alto, con champagne (biensûr) y con biscuits rose incluidos. El evento lo abrió el recteur de la Académie (algo así como el máximo responsable de la educación pública en toda la región). De todo su discurso, pronunciado en tono amigable y hasta jocoso, yo me quedé con una frase que en su momento me hizo estallar de risa en medio de la multitud que abarrotaba la sala, y que ahora se ha revelado como profundamente cierta (Recteur 1 – Pablo 0): “Este es un año para tomárselo con calma, es un año para la paz y la reflexión. Vais a tener mucho tiempo para pensar en vosotros mismos y en vuestros proyectos futuros”. Como diría aquel, qué sabias palabras, cuánta razón tenía.

Después de casi dos meses en los que me ha pasado de todo y de nada, sobre todo, de lo que más he tenido tiempo, ha sido para reflexionar. Reflexionar no está mal, siempre que el pensamiento esté bien dirigido y te lleve a alguna parte, a la práctica, a la acción, sin ir más lejos. Pero aquí, por ahora, no. El “por ahora” es lo que me faltaba por tener en cuenta. No se puede tener todo en menos de dos meses, en un país nuevo, en una región difícil para las relaciones personales, en una ciudad sin mucho que ofrecer, con un salario que es el 70% del salario mínimo local, con un trabajo nuevo y bastante solo y aislado del mundo, no se puede tener todo, no señor. Así que el último recurso del que puedes echar mano es de tí mismo. Oh la lá!

Caricatura de Sabina realizada por Verónica "Medias negras" Ruiz. Su blog, a la derecha en "sentimientos afines"

Por suerte, hablar de “tí mismo” abarca mucho más que tu persona, y alcanza y toca fondo también en tu mundo interior, tus recuerdos, tus conocimientos, tus motivaciones, tus sueños, tus esperanzas, todo lo que has ido recogiendo a través de los años. A veces yo me saturo de verdad y pienso que el saber sí que ocupa lugar (y tanto) y para qué tanto. Y cuando digo “saber” no me refiero solo al “conocimiento enciclopédico”, sino también a vivencias, experiencias, dolores y alegrías, amigos y personas queridas que has dejado lejos, y que siempre, siempre, ocupan tu cabeza. Y cuando tienes mucho tiempo para reflexionar, ¡ay! la sala de espera de tu cabeza parece la cola del paro en hora punta.

Cuando ocurre eso, y ya la saturación es una realidad, más vale echar mano de cosas que sabemos que nos van a remover de manera positiva, nos van a traer recuerdos sanos, o por lo menos nos van a devolver “a la vida”.

Hace una semana o así entre en Elpais.com y reparé con grato asombro en un especial sobre Joaquín Sabina con motivo del lanzamiento de su nuevo disco, Vinagre y rosas. Lo devoré enterito. Escuché todas las canciones. Me hice con las letras que están disponible para descarga, así como el primer capítulo del libro que ha escrito sobre el nacimiento del disco el coautor de las letras, el poeta Benjamín Prado. Y a primera vista (oída) me encantó. El bucanero que llevo en mí luchaba en mi interior para que me lo descargara. Pero no se había dado cuenta de que me encontraba en uno de los ordenadores archicontrolados y censurados del instituto donde doy clase (quien se queje de la SGAE en España, que venga para Francia, que se va a enterar de lo que es censura y control de la cultura). Todavía no me explico cómo, pero conseguí escapar de los perros de presa del instituto y me lo conseguí descargar (sí, lo confieso). Así como el último de Pereza. Y sí, no me miren así, tengo que probar cosas nuevas. Y tengo que decir que el de Pereza me ha gustado bastante, me ha sorprendido, porque yo nunca les había dado bola. Además la canción que más me ha gustado tiene un título que ahora tiene bastante que ver conmigo.

Pero es que el de Joaquín Sabina me ha encantado. Y mira que desde 19 días y 500 noches yo me había desenganchado totalmente de Sabina y no pensaba que volviera a ser lo que fue. Pero sí que lo ha hecho (Sabina 13714 – Pablo 0). De hecho creo que es el mejor disco que ha hecho, sin exagerar. Sino el mejor claramente, ahí está en dura pugna con 19 días y 500 noches y con Yo, mi, me, contigo (Y sin embargo y Tan joven y tan viejo hacen espectacular hasta un disco de Melody).

Bueno, de hecho, leyendo el primer capítulo del libro que mencionaba más arriba me he dado cuenta de una feliz coincidencia. Resulta que la primera unidad didáctica que he preparado para mis clases, hace ya más de un mes, fue con la canción de Sabina Esta noche contigo, incluida de hecho en Yo, mi, me, contigo (porque utiliza constantemente el subjuntivo, que es lo que están trabajando ahora mis niños: “que se toque la gente…”). Y resulta que el coautor de la letra de esa canción es Benjamín Prado, el compañero de Sabina en este nuevo viaje. Otra coincidencia de la que me he dado cuenta por casualidad es que este disco ha salido en la misma fecha que el último disco de Jacques Brel, Les Marquises, un 17 de noviembre (el del belga salió en 1977). Curiosa coincidencia, espero que no presagie nada.

Jacques pide desde su ventana en mi pared un poco de descanso...

Es un verdadero placer poder escuchar un disco con las letras delante, porque ves mucho más claro el arduo trabajo que le ha llevado al letrista engarzar metáforas tan brutales como las que tiene este disco. Y con este disco te das cuenta de que la amenaza de Benjamín Prado de que “va a ser el mejor disco que hayas escuchado nunca” no está muy mal encaminada. Nunca en mi vida me he topado con un disco con el que me sienta tan identificado con tantos versos. Una locura. Hay al menos dos canciones con las que me han entrado ganas de teletransportarme para gritarle emocionado y asombrado a la cara a Sabina que ese era yo, que cómo me ha espiado. Pero también lo decía Prado, “mucha gente se va a sentir identificada con el disco, porque no habla de los sentimientos de una persona en concreto, sino de sentimientos universales”. Por mucho que siga pensando que Sabina no ha sido Sabina en la última década, bajo las armas, me doy por vencido y me rindo a sus pies de nuevo.

El disco es muy nostálgico y duro hasta decir basta. Así que aquí la más simpaticona del disco. Buenísima.

Y si te sientes solo, perdido, olvidado, enfermo, incomprendido y/o aburrido -o todo junto a la vez- y tienes momentos en los que no confías en nada ni en nadie ya (empezando por tí mismo), lo mejor es aplicarte una inyección de realidad, de verdad optimista -que no tiene porqué dejar de ser cruel-, que te haga volver a sentir que la existencia merece la pena. A veces una verdad se abre paso en la realidad como una rosa entre el estiércol. Y si además tienes a mano dos enormes películas como Los amantes del círculo polar y Martín (Hache), ¿para qué quieres más?. Y si además te topas con El mismo amor, la misma lluvia, apaga y vámonos, estarás curado en un santiamén.

De hecho, anteayer, documentándome sobre Los amantes del círculo polar para la presentación que tenía que hacer de ella en el cine-club en español que organizo, caí sin saber cómo, como otras tantas veces, en una entrevista en inglés a Pedro Almodovar, publicada en la página de una revista americana de cine indie. Almodovar decía en la entrevista que para él las películas son como las personas: cuando las vuelves a ver, descubres en ellas cosas en las que antes no habías reparado. Y te sorprenden. Es bueno de tanto en tanto volver a las películas y a las personas. Con las pelis es más fácil a veces también. Y a mí es verdad que me pasa, para bien y para mal, con las dos cosas.

De Los Amantes del círculo polar (tan mía) me quedo, entre muchas cosas, con que uno siente como siente, por mucho que le joda, por mucho que le fastidie la vida y por mucho que le haga perderse tanto en este mundo de mierda donde todo se confunde y a veces es imposible abrirse paso sólo abriéndote el pecho. Seguirás sintiendo así, así que acostúmbrate y haz algo con ello. Y que las casualidades, existen, está bien, pero no son tanto casualidades como causalidades. Que las casualidades hay que salir a buscarlas, coño, como le escuché decir a un lanzador de cuchillos una vez. De El mismo amor, la misma lluvia, que la vida da muchas vueltas, que por muy perdido que te encuentres y por mucho que veas que a tu alrededor todo se ordena mientras tú no haces más que cagarla, puede que poco a poco, sin darte cuenta, tú también te encuentres. Y me quedo con que hay mucha gente muy bondadosa que a pesar de los pesares siempre va a estar ahí esperando a que le tiendas la mano. Que hay que dejarse ayudar más. Y con una frase, que en la peli Ricardo Darín la dice con sorna pero es una verdad como la inmensa catedral gótica de Reims: “la esperanza ha ganado a la experiencia”. Y de Martín (Hache), entre otra infinidad de cosas, esta vez me quedo con una cosa en la que nunca había reparado lo suficiente: la lista que le da Martín padre a Martín hijo (Hache) cuando están en la playa. Y que por una vez habría que creerse a pies juntillas y no rechistar.

 EL ASESINO DIFUSO

Algunas razones para combatirlo y seguir viviendo

A)Por puro instinto vital.

B)Por curiosidad: por saber qué pasará mañana y qué será uno mismo mañana.

C)Por el asombro que provoca ser uno mismo, el mismo, pero distinto, cadadía, mes a mes, año a año.

D)Por intentar hacer lo que sea, lo que se quiera, lo que a uno le guste, sin preocuparse por conseguir el éxito o el fracaso, buscando sentir solamente, el placer de intentarlo. Importa el camino, no la meta.

E)Por la Aventura, que existe, y viene si uno la busca, y nos hace conocer el riesgo, la fortuna, y todo lo que uno es incapaz de imaginar.

F)Por lo que nos falta por conocer. Por las mujeres que uno conocerá y amará.

G)Por el placer de comer y beber con amigos y amantes y amanecer en los bares filosofando borracho.

Buscar razones para vivir es una buena razón para seguir viviendo, y si no las hay, hay que inventárselas.

Cecilia Roth, que está más que impresionante en esta película, lee la carta y furiosa se queja de que no dice nada del dolor, no dice nada de lo que te pueden a llegar a doler muchas cosas. Acto seguido dice que la carta es una basura porque omite el dolor y la tira colina abajo. Cierto, muy cierto, puede interpretarse como filosofía barata, pero cierta también. Y es que cuando se está intentado subir la cuesta hay que pensar en la sombra fresquita que te espera debajo de algún árbol en la cima, y no en lo sudado, echo polvo y lleno de ampollas que vas a acabar. Lo importante es subirla. Me voy a dormir y a pensar en los días soleados que me esperan, porque van a llegar, porque me los merezco. Bonne nuit, orale.

 

Y bueno, después de todo este esforzado intento de engañarme un poquito a mí mismo y así hacerme un poco más dulce y más falso el camino, aquí se puede leer lo que realmente yo quería decir. Sólo que lo ha escrito otra persona, como me ha pasado con Sabina…


Julio, je t’aime. Paris, elle m’aime

5 noviembre 2009

No puedo evitar acordarme cada vez que estoy aquí del título de la web de los asistentes de español en Francia: París me mata. París me exhausta (se diga o no así), me hace superar mis límites físicos y lo que no sé si es peor, mejor o posible, mis límites mentales. Y sé que siempre va a ser así, ya venga seis días de vacaciones o pase 6 años viviendo aquí, París no me va a dejar descansar nunca porque yo no me voy a dejar. París me hace, por ejemplo, decidir saldar una cuenta pendiente de mi primera visita: pasar a ver a Julio Cortázar, tan grande que cada vez que escribo o leo su nombre creo que va a desbordar y va a ocupar todo el espacio respirable. Cortázar me mata.

Visita a la tumba de Julio Cortázar en el cementerio de Montparnasse. Después del sinnúmero de veces que se lo habrán preguntado, el encargado de guardia sabe muy bien de quién se trata y nos indica el camino en el plano que los visitantes pueden estudiar en la pared, al lado de la puerta de entrada; y así, marchamos por la avenida principal en busca de Allée Lenoir tratando de llegar a la 3ª División, 2ª Sección, 3 Norte, 17 Oeste; pero en este primer intento uno se pierde en el laberinto de pequeños mausoleos y tumbas y, después de breves homenajes ante las de Baudelaire y Sartre, vuelve a la oficina de la entrada con Edgar Quinet sólo para confirmar que la información estaba bien pero que uno no había tomado la Allée Lenoir y regresa para ahora sí encontrar lo que busca; y ahí está, blanca, plana, dividida en dos partes iguales y con los nombres de Carol Dunlop arriba y Julio Cortázar abajo, más fechas.

[…] Me despido en silencio y, otra vez sobre la alameda Lenoir y la avenida, regreso y cuento cincuenta y cinco pasos desde ésta al lugar en que se halla la tumba, en un acto de signo absurdo pero así fue. De salida, el guardia nos hace adiós con un gesto de inteligencia y complicidad que significaba que era donde él decía.

Augusto Monterroso, Pájaros de Hispanoamérica.

Lapida Julio Cortázar

La tumba de Julio Cortázar en el Cementerio de Montparnasse

Una mañana decido que el único plan y objetivo del día va a ser encontrar la tumba de Julio Cortázar, y que todo lo demás que venga va a estar bien. Pero ese día tengo que ver a Julio Cortázar. Creo que Juan José Millás escribió alguna vez que la vida es algo así como las cosas que te ocurren mientras te empeñas en hacer otras. Sólo hace falta que ese día me empeñara en encontrar a Cortázar, el proceso y las consecuencias (coincidencias) posteriores iban a colmarme por completo. Es curioso, pero me pasó como a Monterroso. Sólo que yo no pregunté al guardia, ni cogí el mapa que te daban en la entrada. Miré de manera furtiva el mapa que había en un cartel de la entrada e intuí apenas la zona del cementerio donde se encontraba. Así que me fui hasta esa zona con toda la calma del mundo. Tardé casi una hora en vislumbrar al cronopio blanco con forma floral que preside su tumba y la de Carol Dunlop (su última mujer, “la osita”). Me dirigí hacia la tumba con el pecho henchido de emoción y atravesando las lápidas con las coronas de flores como quien atraviesa una jungla apartando el follaje. Una señora mayor, con un pañuelo en la cabeza, me miró primero sorprendida y luego sonrió al ver mi decisión.

Lo queremos porque es bondadoso.

Es bondadoso como ser humano y muy bueno como escritor. Tiene un corazón tan grande que Dios necesitó fabricar un cuerpo también grande para acomodar ese corazón suyo. Luego mezcló los sentimientos con el espíritu de Julio. De allí resultó que Julio no sólo fuera un hombre bueno, sino justo. Todos sabemos cuánto se ha sacrificado por la justicia.

Por las causas justas y porque haya concordia entre todos los seres humanos.

Así que Julio es triplemente bueno.

Por eso lo queremos. Lo queremos tanto sus amigos, sus admiradores y sus hermanos.

En realidad, él es nuestro hermano mayor.

Nos ha enseñado con sus consejos y a través de sus libros que escribió para nosotros lo hermoso de la vida, a pesar del sufrimiento, a pesar del agobio y la desesperanza. Él no desea esas calamidades para nadie. Menos para quienes saben que, más que sus prójimos, somos sus hermanos. Por eso queremos tanto a Julio.

Juan Rulfo. Carta a Julio Cortázar.

Tumba de Cortazar2

El Cronopio bonachón

El encuentro no pudo ser más emocionante. Llovió durante toda la mañana, hacía frío y soplaba un viento incómodo. Pues lo creyera yo mismo o no, en el mismo momento en el que me planté delante de la tumba, las nubes se apartaron y un furioso rayo de luz lo iluminó todo. A mí sólo me interesa lo que tenía justo enfrente de mí. Fue muy emotivo, casi hasta las lágrimas. El Cronopio sonriente. Ver a Carol Dunlop y a Cortázar uno al lado del otro. Leer una carta anónima de un chico también murciano como yo, fechada apenas diez días antes. Descubrir que en una esquina de la tumba hay un orificio, como si fuera una puerta para que entrara Orfeo. Por supuesto las pequeñas y humildes ofrendas de los visitantes. Y sobre todo una frase, también anónima, escrita en una de las esquinas con una letra casi microscópica y que rezaba algo así como: “Porque me hiciste entender que la vida era viajar y venir a visitarte”. Era tan sencillo y tan cierto que no pude más que darle la razón, mordiéndome el labio, derrotado ante tanta verdad. No sé cuánto tiempo pasé delante de la tumba, observándola, agachándome para acariciarla, y sobretodo, pensando en todo lo que ese hombre me ha hecho vivir, pensar, experimentar, buscar, luchar, sonreir, soñar. Sólo él lo sabe porque yo apenas lo intuyo, creo que no sé a ciencia cierta hasta qué punto este hombre me ha ayudado. Me ha salvado. Por eso, le dejé yo también unos pequeños obsequios que seguramente le harán sonreir, porque estará ya acostumbrado, y además un pequeño secreto escrito en un ticket de metro, un descubrimiento maravilloso que él me brindó y que ha convertido en una obviedad por la que hay que luchar hasta el fin. Un poco avergonzado por estar tanto tiempo delante de él, pensé aquello de “vamos a irnos que esta gente querrá acostarse”, y me apresuré a desaparecer de su vista (porque supongo que los muertos tan solo ven al frente).

En corrientes y esmeralda, en otros tiempos, vi pasar a escritores que nunca dejaron el país y escribían como un francés cualquiera. Yo entendí mejor a Buenos Aires leyendo lo que vos escribías en París. Así es tu grandeza, así tu amor.

También entendí mejor el mundo leyéndote, o sea, lo quise más. Creo que no sería difícil demostrar cómo y por qué tu literatura es más audaz que la de Borges, más inicial y misteriosa, más abierta a todos los temblores por venir, más cariñosa del presente y, por eso mismo, más respetuosa o dolida del pasado.

A vos siempre te veo –como tu personaje–

inventando un camino para ir de una ventana a otra ventana, del misterio de un puño a los crepúsculos de Mozart, de un ser a otro, y otro, y otro, y otro.

Siempre sentí que tu amor es infinito.

Siempre supe que tu obra nos abriga, que tu mejor obra sos vos.”

Juan Gelman (final de la “Carta” que dedicó a Julio Cortázar en el número homenaje que publicó la revista cubana Casa de las Américas).

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"Y cuando todo acabe, yo no quiero una piedra. Encima de mí solo quiero tierra, y algunos frutales, para que me abracen, que sus tiernas raíces me comprendan"

En total pasé en ese cementerio más de tres horas, ahora sí, armado con un mapa de papel que encontré junto a la tumba de Cortázar, mojado y sucio de tierra. No era un manuscrito hallado en un bolsillo, pero sí un mapa hallado en la tumba de Cortázar, y eso le da mucho más valor. Sacié mi imaginario francés con Baudelaire, Henri Langlois, Vidal de la Blache, Alfred Dreyfus, César Vallejo (peruano éste) Serge Gainsbourg, Larousse, Hachette, Man Ray o la bella Jean Seberg -siempre vendiendo su New York Herald Tribune, siempre-, y también reviví la escena de uno de los cortos de Paris Je t’aime frente a las tumbas de Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Porfirio Díaz. Tan sólo me faltó encontrar la tumba de Guy de Maupassant, pero era tarde, y París me esperaba afuera para matarme y volver a darme la vida. A la próxima que vaya a visitar a Julio.

Versión original con subtítulos en inglés

Versión doblada al español (una pena el doblaje, por la voz y por la entonación -entre otras cosas-)


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