Beirut – Lon Gisland EP – 2007

13 mayo 2010

Un EP que ya merece la pena simplemente por esa obra maestra de belleza indescriptible llamada Elephant Gun, una canción y un videoclip que marcaron un hito en mi vida musical.

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Rizando el rizo: El capítulo 7 de Rayuela leído por Julio Cortázar con el videoclip de Elephant Gun…

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Paloma ausente, blanca paloma, rosa naciente

4 enero 2010

Flores en el Pico do Papagaio, Ilha Grande (Foto: Carlos Maroto)

La rabia, la impotencia y la pena forman un cóctel explosivo, paralizante, cualquiera que sea el orden en que se den estos tres estados de la mente y el alma, esos infiernos artificiales. Estoy, como quien dice, recién aterrizado en mi almena fría en la meseta verde punzante de la montaña de Reims. Acabo de regresar de un viaje de regreso y que no obstante, ha sido iniciático, como diría aquel ángel con dos alas de gárgola marcadas en la espalda. Mis neuronas están de fiesta resacosa y a mí no me han invitado. Mientras que les espero fuera en la puerta ya he empezado a trabajar, y eso me evita cualquier tipo de mala excusa para mirar atrás. Sé que estoy aquí porque la gente saluda por los pasillos al Pablo que dejé bajo la cama durante las vacaciones. Lo voy a dejar hibernando una semana para que asimile lo pasado y lo que está por venir, para que se arrope y se sienta a gusto en la soledad por la que le va a tocar volver a pasar. Escucho, oigo, veo, observo, pregunto, me muevo, me expongo desde mi silla junto a la ventana a un mundo que a veces pareciera que no me pertenece, al que no pertenezco, y que sin embargo, me incumbe, me atañe.

Empieza un nuevo año, vacilón, que me deja bien clarito que hay cosas que no van a cambiar, que no me confíe, que no me despiste ni un segundo. Empezó con varios sustos, confusiones y sobresaltos el mismo día 1, para no dejar para mañana la tragedia que pueda manifestarse hoy. Y nada más llegar a mi cuarto el terror se hace visible, y deshace la carne bajo el barro.

Leo en el periódico que Ilha Grande sucumbe bajo el lodo de una catastrófica inundación, y que en las raíces de los árboles de su selva virgen se enredan en un abrazo una madre y su hijo, entre otras muchas víctimas. Ilha Grande es (era cuando yo la visité) lo más cercano al paraíso en la tierra que yo he conocido. Una isla en el litoral de Rio de Janeiro, a 4 horas de la ciudad que vio nacer a Cartola. Una balsa de aceite en un rincón del Atlántico, un secreto que dejó de serlo hace tiempo cuando los empresarios del turismo de allí y aquí se dieron cuenta que se le podía sacar punta construyendo alocadamente hoteles y resorts, desterrando a los lugareños a favelas en las colinas de la zona. El lugar que me hizo crecer y creer andando desnudo por en medio de un río, llevado y abrigado por peces de colores que me lamían las piernas y me arrancaban de a poco las pieles muertas que traía de Europa. Ahora se ahoga en el barro como si fuera un vulgar paraje terrenal, donde la gente también se muere, la dejan morir, o la matan.

Eso fue anoche, y se lo hice saber a quién compartió gentilmente conmigo aquella confirmación de la vida que es Ilha Grande. Hoy, después de haber cumplido con solvencia mis obligaciones laborales, me he puesto a tontear, leer, escuchar música, mirar qué tengo por aquí perdido. Y como no, me topé en esta imagen a la que vuelvo de vez en cuando:

Maya Deren, o la gran aparición

Se trata de Maya Deren, una artista multidisciplinar (directora de cine, coreógrafa y escritora entre otras cosas), estadounidense de origen ucraniano, y que era poesía pura en sí misma. No sé demasiado de ella ni de su obra, sólo puedo decir que un día vi esta foto en una página perdida del periódico y me impactó de tal manera que no me la he podido quitar de la cabeza. El recorte debe andar perdido en algún cajón del hogar paterno. Al buscar algo más de información sobre ella he caído en un blog francés dónde el autor relataba un poco la vida de Maya e incluía varios vídeos de su obra cinematográfica. He echado un vistazo en la barra lateral de enlaces del blog y he reparado feliz en un sitio que tenía olvidado desde hace tiempo pero que es un auténtico tesoro: la Blogothèque. Es la web de un proyecto increíble que se basa simplemente en sacar a los músicos a la calle para que interpreten sus canciones por diferentes ciudades. En su día llegué a este sitio rastreando vídeos de Beirut, como éste:

Pero ¡ay! cuando he entrado, la portada me ha saludado con un buen guantazo: la muerte de la cantante mexicano-estadounidense Lhasa de Sela. He buscado la noticia para confirmarla, y por una vez los periódicos no mentían, era verdad. Pero como le decía a una crisálida en globo, que sea verdad no es razón para tener que creéselo. Al saber la noticia me ha invadido una tremenda pena, porque algo que hacía muy bien Lhasa era transmitir una nostalgia lánguida con su voz y sus canciones. Sus cantos podían parecer auténticos dramas, pero no llegaba la sangre al río, a pesar de todo con ella sabías que nunca ibas a acabar en un agujero de autocomplacencia. Ella era diferente. Simplemente te recordaba que ese tipo de sentimiento está ahí, y que vivirlo es un juego más en esta batalla. Ella lo hacía bello. Me dí cuenta de la dimensión real de esta mujer, de su grandeza, hace ya varios años, en una fiesta en el barrio del Realejo granadino, en un palomar polvoriento lleno de alas regadas con ron de caña, que gritaba luz en medio de la noche. El anfitrión era un argentino loco que se hacía llamar Borges -muy humilde el muchacho-. Me dejó trastear entre los cd’s, y cuando descubrí los dos que Lhasa tenía publicados por aquel entonces, las manos se me llenaron de un peso ansioso, le pedí si podíamos escucharlos y por un momento se puso serio y me dijo que no era el momento, con toda la gente exaltada a esas horas de la noche. Cierto, pero hubiera sido increíble escucharlo allí, y como me quedé con las ganas, al día siguiente volví a ella y siempre la he tenido presente. Una fuerza de la naturaleza tan grande es bueno tenerla siempre a mano.

Su muerte, tan joven (37 años), por un largo cáncer de mama, y precisamente el día 1 de enero, me ha embargado de pena, rabia e impotencia. Pero al volver a ella todo ha vuelto a su sitio y eso me ha recolocado de nuevo en el mundo. Pero la cosa no se ha quedado ahí y el destino ha querido hurdir un poquito más en la herida antes de quedarse tranquilo. No sé porqué, justo en el momento en que he asimilado su muerte, he pensado en Violeta Parra, la entrañable cantante del folklore chileno. Supongo que por el estilo de música, por ser mujer, y por lo que las dos me transmiten. Bien, pues entro en la página oficial de Lhasa de Sela con la esperanza de que sea una inocentada -con poco convencimiento, porque el día de los inocentes es el 28 de diciembre en España, no en Canadá, donde residía-, y leo que había empezado a preparar su próximo disco: un cd con versiones de Víctor Jara y Violeta Parra. Cruel destino.

Todo esto no puede más que enseñarnos de lo preciosa que es la vida. Y que la rabia, la impotencia y la pena, tarde o temprano, dan paso a la nostalgia, y que ésta, por fin, será algo de lo que congratularse, porque la sentimos porque algo, un día, nos hizo felices.

Esto no es más que un viaje de ida y vuelta, pa’ llegar a tu lado. El 2010 va a ser maravilloso.


La llorona de Beirut y, ¿por qué no?, Carlos Marzal

18 marzo 2009

Hoy tengo la noche parca en palabras. Las mías me las quedo para mí, pero doy paso a las de otros, y así os dejo el último vídeo de Beirut, uno de mis grupos fetiche, La llorona, una canción fúnebre que Zach Condon (el jovencísimo genio y líder del grupo) ha grabado con una banda de Oaxaca (México), un videoclip que estremece con su belleza. Nunca pensé que me llegaría a gustar una canción con aires de banda folclórica del Levante, pero ésta merece un hueco en mi corazoncito. Y de propina, una pequeña y humilde selección de poemas de Carlos Marzal… ¿quién no se ha sentido alguna vez como el último de la fiesta? 

 

Bueno, por petición popular (de una persona), actualizo este entrada y explico un poco sobre este nuevo vídeo. El líder de Beirut, Zach Condon, se destapa con un doble EP, precisamente en el que me parece que es su trabajo más intimista y personal. Reconozco que March of Zapotec/Holland (2009) es un disco de difícil digestión (con una portada realmente horripilante), sobre todo para quien no haya escuchado antes a Beirut. Pero conociendo sus obras anteriores te das cuenta de que estos dos EP’s no son más que un descenso a los infiernos del joven músico de Santa Fe, Nuevo México (EE UU), que se abre las entrañas para extraer lo más íntimo de su rico universo musical.

Zach Condon con la lógica cara que se te queda cuando ves la portada

Su estilo proviene de los múltiples viajes que realizó como mochilero por Europa cuando tenía 16 años: para su primer álbum, Gulag Orkestar (2006) se empapó de los ritmos balcánicos, sobre todo de la banda de Boban Markovic. Pasó un buen tiempo de su viaje europeo en París. En la ciudad de la luz se movió por los ambientes bohemios y siguió su aprendizaje acelerado… y este iluminado dió a luz The Flying Club Cup (2007), un álbum donde siguen presentes reminiscencias de la música folclórica del este, pero esta vez más influenciado por la chanson française, tomando de aquí y allá de músicos sin apenas importancia (nótese la ironía) como Jacques Brel, Serge Gainsbourg o Ives Montand. Con ese disco yo lo descubrí, y a ese álbum pertenece la que podría denominar “mi canción de 2008”, la que no me he cansado de escuchar una y otra vez: Elephant Gun. Me encantaría vivir dentro de ese videoclip, por lo menos durante un tiempo, se les ve en su salsa a los muchachos.

En el primer EP de este álbum, March of Zapotec, Zach Condon plasma las melodías que descubrió en un viaje que realizó al otro lado de la frontera, así que para allá que se fue a grabarlo con una banda popular de Oaxaca. El segundo EP de este álbum, Holland, firmado bajo el nombre que utilizaba Zach antes de formar Beirut, TheRealPeople, son unas canciones de electrónica experimental, una música a veces un tanto oscura, y en la que creo que se intuyen muchas horas de trabajo encerrado en un estudio. Me parece que Zach Condon nos abre su universo particular, pero realmente no le importa nada lo que podamos pensar, esto es lo que ahora quería hacer, y aquí lo tenemos. Aunque no sea exactamente lo que yo esperaba, lo tomo, lo asumo y lo hago mío.

Aquí el vídeo de la canción de Holland que más recuerda a lo que venía haciendo Beirut hasta ahora… Concubine.

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