Prefiero ser una metamorfosis ambulante

7 febrero 2011

Allá por el mes de junio del año pasado, mientras buscaba algún que otro concurso literario con el que ponerme un poco a prueba, caí en la página del concurso Todos somos diferentes de la Fundación de Derechos Civiles (CIVILIA). Me tocó la fibra aquello que decía en las bases del concurso de: “su objetivo es distinguir aquellas creaciones originales que conjuguen la calidad artística con una especial sensibilidad y capacidad de comunicación y denuncia de realidades racistas o de intolerancia”.

Me atraía muchísimo la idea de escribir un pequeño relato con moraleja y que además tuviera algo de denuncia… pero no me acababa de llegar ninguna idea. Sin embargo, como en tantas otras situaciones de la vida, muchas veces no tienes que devanarte los sesos para buscar algo que ya tienes delante. Yo creo que la gran mayoría de nuestros problemas personales vienen por falta de empatía, es decir, por falta de comprensión y una pésima comunicación, porque no sabemos hacer aquello tan simple y complejo a la vez de salir de uno mismo y ver la situación desde el punto de vista del otro, o salir del todo y ver la situación entera desde fuera.

En mi vida personal me sentía un poco así por muchos diferentes motivos: me ocurrían muchas cosas que trataba de explicar en vano a la gente de mi alrededor, pero entre mi dificultad para hacerme entender y el poco interés que suele mostrar la gente por los problemas de los demás, me veía abocado a “tirar p’alante” con una cierta resignación. En algunos de esos momentos pensaba: “si tan sólo se pudieran poner en mi lugar”… y de esa idea surgió esta fábula un poco fantástica.

Escribí el relato a toda prisa, en apenas 3 o 4 días, la última noche no dormí para poder acabarlo, hice una última lectura rápida en el trabajo y lo mandé 5 minutos antes de que acabara el plazo de entrega, sin revisiones, sin correcciones. Al final tuve el inmenso honor de quedar entre los 40 finalistas (de más de 1000 relatos presentados)… pero eso no quita que me quede un cierta decepción sabiendo que si hubiera tenido algo más de tiempo podría haber quedado algo mucho más elaborado. Porque, no nos engañemos, este relato, está concebido con el corazón, pero está escrito un poco como el culo. Cosas de la vida, hay que ir poco a poco.

 

Si quieren leerlo (4 páginas de nada en un archivo Word, se lee en 10 min), sólo tienen que hacer clic aquí:

Descargar y leer “La metamorfosis ambulante” – Pablo Anton


Y ahora, unos vídeos musicales que hacen referencia al relato.

La canción de la que he tomado prestado el título, del rockero brasileño por excelencia, el bahiano Raúl Seixas. Esta canción, que aparece en la película Cidade de Deus, es un tema mítico del disco Krig-ha, Bandolo! de 1973 y es  un tema archiconocido en Brasil. Un clásico.

Una de las niñas del relato se llama Nídia, como Nídia Góngora, la cantante colombiana de este temazo del dj, productor y compositor inglés Will Holland y su Quantic and his Combo Bárbaro, seguramente la canción que más he escuchado el último año y que más me anima.

Tuve la inmensa fortuna de ver en directo a Quantic en his Combo Bárbaro en verano pasado en el Cabaret Sauvage parisino. Salgo un par de veces entre el público en este vídeo del concierto. Fue impresionante.

La otra niña del relato se llama Cibelle, como la diosa griega de la Madre Tierra, y también como la indescriptible e indefinible cantante brasileña Cibelle Cavelli Bastos, a la que también he podido ver en directo un par de veces este año. Me lleva loquito esta chica, y cada vez hace experimentos musicales más extraños y mejores. Aquí tienen su último videoclip:

Y recuerden, estén siempre atentos a lo que encuentran a su alrededor y salgan más a menudo de sí mismos.

 

Yo pispo con una de las citas del cuento, en la librería Shakespeare & Co.

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El lenguaje cinematográfico de mis sueños

3 marzo 2009

El stop motion es una técnica de animación que consiste en aparentar el movimiento de objetos estáticos capturando fotografías. Es esa técnica tan resultona que hace que juguetes, muñecos de plastilina (claymotion) u objetos inertes cobren vida por arte de magia. Esta aparentemente rústica manera de hacer cine siempre me ha provocado una profunda curiosidad. Cada vez que veo un vídeo o una serie de fotografías de estudio del movimiento, me quedo embelesado, y siempre me hace dudar sobre la vida secreta de los objetos que nos rodean.

El primero que experimentó con esta técnica (no es exactamente lo mismo, pero el resultado es muy similar) fue el británico nacionalizado estadounidense Eadweard Muybridge, a finales del siglo XIX. Con su serie de fotografías sobre el estudio del movimiento animal y humano revolucionó la cronofotografía y puso los pilares para el cinematógrafo. Aquí tenéis su interesantísima biografía (merece la pena leerla) y un vídeo recopilatorio de sus estudios:

Me he dado cuenta, haciendo un repaso a la música que me ha marcado últimamente y buscando sus respectivos videoclips, que muchos de ellos utilizan esta técnica. Y la verdad es que me ha intrigado. Como decía más arriba, este tipo de animación siempre me ha atraído sobremanera, deben ser mis ansias secretas de que toda la casa se ponga a bailar cuando yo me voy a dormir, o de descubrir la vida secreta de los objetos, o de nosotros mismos. Hay que moverse hasta cuando se está parado. Si no es con los pies, por lo menos con la imaginación. 

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