El lenguaje cinematográfico de mis sueños

3 marzo 2009

El stop motion es una técnica de animación que consiste en aparentar el movimiento de objetos estáticos capturando fotografías. Es esa técnica tan resultona que hace que juguetes, muñecos de plastilina (claymotion) u objetos inertes cobren vida por arte de magia. Esta aparentemente rústica manera de hacer cine siempre me ha provocado una profunda curiosidad. Cada vez que veo un vídeo o una serie de fotografías de estudio del movimiento, me quedo embelesado, y siempre me hace dudar sobre la vida secreta de los objetos que nos rodean.

El primero que experimentó con esta técnica (no es exactamente lo mismo, pero el resultado es muy similar) fue el británico nacionalizado estadounidense Eadweard Muybridge, a finales del siglo XIX. Con su serie de fotografías sobre el estudio del movimiento animal y humano revolucionó la cronofotografía y puso los pilares para el cinematógrafo. Aquí tenéis su interesantísima biografía (merece la pena leerla) y un vídeo recopilatorio de sus estudios:

Me he dado cuenta, haciendo un repaso a la música que me ha marcado últimamente y buscando sus respectivos videoclips, que muchos de ellos utilizan esta técnica. Y la verdad es que me ha intrigado. Como decía más arriba, este tipo de animación siempre me ha atraído sobremanera, deben ser mis ansias secretas de que toda la casa se ponga a bailar cuando yo me voy a dormir, o de descubrir la vida secreta de los objetos, o de nosotros mismos. Hay que moverse hasta cuando se está parado. Si no es con los pies, por lo menos con la imaginación. 

Lee el resto de esta entrada »

Anuncios

Un intérprete atípico

2 marzo 2009

Cuando alguien me ha preguntado qué estudiaba y yo respondía “Traducción e Interpretación de francés y portugués”, alguna vez me ha pasado que han fruncido el ceño y me han respondido: “ah, ¿qué es?… ¿cómo arte dramático con idiomas?”… increíble pero cierto. O simplemente cuando hablas con alguien sobre la interpretación te dicen: “ah, sí, traductor, ¿verdad?”. Es bastante común.

Parece ser que el término intérprete para definir a áquel que transmite oralmente un mensaje de una lengua a otra no está demasiado extendido, y por pereza (o desconocimiento) se usa traductor, un término mucho más general. Se pueden encontrar verdaderas barbaridades a la hora de llevar al cine este oficio.

Si no me equivoco (no la he visto, vi el trailer y desprendía tufillo a bodrio), en la película La intérprete, el trabajo que realiza Nicole Kidman se parece tanto al de una intérprete como yo a Johnny Deep (poquito, especifico, que sé que muchos habréis dudado): cuando está en la cabina no toma ni una nota la nena, se lo toma con mucha calma, y en su casa no se vislumbra diccionario alguno… ¿para qué?

Otra cosa son los muchachos de Vaya semanita, a quién les vamos a perdonar que llamen traductor al intérprete, porque son muy majos y acaban de descubrir una salida alternativa para la profesión (una suerte de rama de la interpretación social): el traductor cotidiano, “muy útil para entenderse dentro del ámbito familiar”. Eso sí, parece más bien que está hablando por unos walkie talkies con un superior. Que tenga esa cara de concentración no quiere decir que no se le pueda dar un poquito de entonación. Todo sea por el espectáculo.


La Nouvelle Vague y los últimos de la fila

14 febrero 2009

 

 Hola a todos,

Bueno, pues ya tengo un blog. Ya era hora de entrar en este mundillo, aunque me he resistido bastante a caer (un poco más) en esta red. Procuraré actualizarlo siempre que pueda con todo aquello que me parezca interesante.

Y qué mejor para empezar que el último trabajo que he hecho para la carrera que acabo de terminar. Se trata de un trabajo para la temible asignatura Civilisation Française, de la profesora Joëlle Guatelli-Tedeschi, una mujer idealista y exigente (“soyons réalistes, éxigeons l’impossible“). Quien haya hecho esta asignatura sabe bien de lo que hablo: es una asignatura cuatrimestral, impartida en francés, por supuesto, en la que se estudia desde la formación de las cadenas montañosas francesas en la Era Primaria hasta las últimas manifestaciones estudiantiles contra Sarkozy. Todo ello aderezado con temas sobre hidrología, economía, cultura, educación (con sus respectivas leyes), parando además en los reyes y revoluciones más importantes. Cuando me puse a estudiar para el examen debía tener más de 1000 páginas de apuntes sobre mi mesa.

Esto no sería tanto problema si la asignatura volviera a ser anual. Antes de que cambiara el plan de estudios de nuestra carrera en 2001, esta asignatura era anual, y así la profesora podía dar más tranquilamente la clase y los alumnos podían aprender y asimilar mucho mejor los conocimientos. Lo que pasa es que la asignatura pasó a ser cuatrimestral y no sólo no se ha reducido la cantidad de apuntes, sino que cada año va en aumento.

Ahora un cotilleo. Justo después de hacer el examen de esta asignatura, la mañana del 10 de diciembre pasado, Joëlle salió conmigo al pasillo y se puso a corregir mi examen allí mismo, ya que yo era el único alumno que pidió la convocatoria extraordinaria. Mientras me corregía el examen aparecieron Ana Díaz Ferrero, profesora de Civilización Portuguesa, y Laura Carlucci, profesora de Civilización Italiana, que en su día también fueron mis profesoras (con Ana hice todas las optativas de portugués existentes en la FTI). Llegaba apresuradas y nos interrumpieron (total, sólo estábamos en la decisiva corrección de mi penúltimo examen de la carrera, no pasa nada…). Esta muy feo escuchar las conversaciones ajenas, pero como está más feo interrumpirlas, pues sin querer me enteré del motivo de esta repentina aparición. Venían a hablar con Joëlle, ya que todos los profesores de las asignaturas de Civilización de la facultad iban a quedar en petit comité para hacer un frente común con el fin de defender que sus asignaturas pasaran a ser anuales. Resulta que con toda la reestructuración de los planes de estudio que se va a llevar a cabo con el sacrosanto Plan Bolonia, existía esta posibilidad, pero según decían estas dos profesoras, desde el decanato se les había dicho que no había ni dinero ni tiempo para hacerlo, así que las asignaturas de Civilización seguirían siendo cuatrimestrales.

En esos momentos asistí con el corazón encogido a las amargas quejas que las tres profesoras soltaban al viento entristecidas. “Algo tan básico como conocer la cultura de un país no se puede mostrar en 4 meses” decía una, “tanto dinero para unas cosas y para lo básico nunca hay”, decía otra, “¡voy a tener que eliminar muchísimo temario y Civilización se va a acabar conviertiendo en una ‘maría’!”, exclamaba la de más allá. Y mucha razón que tenían. Es un tema que repercute decisivamente en nuestra formación como traductores. Pero yo, pensándolo bien y mirándome el ombligo, no puedo evitar pensar que las víctimas de todo esto, los últimos de la fila en estos malabarismos con los presupuestos y los planes de estudios, siempre somos los alumnos. Me parece injusto que nos exijan a veces tanto esfuerzo y tiempo por nuestra parte cuando por la parte de la facultad no nos ofrecen ni la mitad de lo que nos merecemos.

Me refiero a que yo estoy de acuerdo en que nos exijan todo y más, sí, pero también me gustaría que la facultad se esforzara en proporcionarnos asignaturas útiles, medios y material actualizados y modernos, y técnicas que nos puedan servir en un futuro. ¿Cómo prentenden que sepamos en 4 meses hitos de la cultura y la historia de un país que un nativo nunca sabrá? ¿Cómo se pueden enfadar los profesores y tratarnos poco menos que de ineptos por no saber hacer una traducción jurídica inversa después de 10 clases a toda prisa? ¿Cómo pretenden que sepamos desenvolvernos en el mundo laboral si en clase trabajamos unas pocas semanas con versiones antiquísimas del Trados o el QuarkXpress? De hecho, hasta hace poco muchos ordenadores de la facultad todavía trabajaban bajo Windows98, increíble pero cierto. En la carrera he sentido demasiadas veces que los profesores nos metían a todos en un saco donde cabían incompetentes, vagos o personas infantiles y con dudosas capacidades intelectuales. Señores/as, lo que ocurre es que nos exigen muchísimo más de lo que la facultad nos da. Más valdría que se esforzasen en renovar las cabinas de interpretación, ampliar el número de ordenadores y actualizarlos, cambiar los bancos de las aulas que llevan ahí desde los años 60 por unos algo más ergonómicos y que algunos profesores salieran a la calle y se actualizasen un poquito antes de exigirnos tanto a los alumnos, que como digo, siempre somos los últimos en esta pirámide burocrática de poder. 

Bueno, volvamos al trabajo de la Nouvelle Vague y el cine francés. El caso es que le pedí a la profesora, Joëlle, hacer un trabajo voluntario para subir nota (lo iba a necesitar). El tema podía ser cualquier cosa relacionada con Francia, y a ser posible con el temario de la asignatura. Primero le propuse como tema a Jacques Brel, es mítico cantante belga que desarrollo su carrera en Francia, pero ella lo desechó. Así que, y barriendo un poco para mis aficiones, le propuse la Nouvelle Vague del cine francés. Aceptó y me puse manos a la obra. El trabajo debería haber tenido unas 30 páginas y haber sido entregado antes de las vacaciones de navidad, pero me entusiasmé tantísimo con el tema, me involucré tanto, que le pedí a Joëlle entregárselo después de navidad, y el trabajito ha acabado teniendo cerca de 90 páginas. Lo mejor de todo es que he aprendido y descubierto cientos de cosas que no conocía sobre el cine, y ahora tengo la deuda conmigo mismo de ver todas las películas sobre las que he hecho el trabajo. Aquí lo tenéis (en francés), por si le sirve a alguien, o simplemente por si queréis saber un poquito más de este magnífico grupo de cineastas.

 la-nouvelle-vague-civi-francesa-ugr-pablo-anton (Cuidadín que pesa 8Mb) Nota: debido a las leyes de protección de copyright a las que Youtube se ha aficionado, hay varios enlaces a vídeos de escenas de películas que ya no funcionan, porque los han retirado. Una pena.

Os dejo con la petrificante mirada de Anna Karina en Vivre sa vie (1962), el cuarto largometraje del que era por entonces su afortunado marido, Jean-Luc Godard.

 


A %d blogueros les gusta esto: