Rita, no es culpa de nadie

22 septiembre 2009

Dibujo de Juan Francisco Casas (técnica: boli bic)

Dibujo de Juan Francisco Casas (técnica: boli bic)

 JUAN FRANCISCO CASAS: Página web personal Algunos de sus poemas En la Wikipedia

 

Por pura casualidad, en apenas unos días han confluído en mi mente varias historias de amor que tienen bastante que ver las unas con las otras. Ese tipo de historias que seguramente todos habremos imaginado alguna vez. Historias de amor casi imposibles que perduran ocultas a los ojos de los mortales a través de toda una vida. Historias que sobreviven a buen recaudo en las ensoñaciones de los amados en febriles sueños desesperados, y que se acaban por resolver muchos años después, unas veces de manera más feliz que otras, pero siempre, con una indudable melancolía.

Historias como la de Celina y Lionel en el cuento Puentes como liebres de Benedetti, una pareja que se conoce y enamora en la adolescencia pero que no llega a darle curso al llamamiento de la sangre a la guerra de los cuerpos, con rocambolescos y variados encuentros fortuitos a lo largo de sus vidas. El cuento, que se puede leer aquí, se inicia con una afortunada cita de un poema de Pedro Salinas:

Iremos, yo, tus ojos y yo, mientras descansas, bajo los tersos párpados vacíos a cazar puentes, puentes como liebres, por los campos del tiempo que vivimos.

Pedro Salinas

O como me comentaba Adri la otra noche, la historia de amor en vaivén contínuo de 53 años, 7 meses y 11 días de Fermina Daza y Florentino Ariza en El amor en los tiempos del cólera de García Márquez.

Por no hablar del memorable y conmovedor relato de Juan José Millás El paraíso era un autobús, una auténtica obra de arte, y una muestra fehaciente de cómo las personas pueden llegar a plantar semillas en lo más profundo de nuestra intimidad, echando raíces los sentimientos dentro de nosotros prácticamente sin darnos cuenta.

Toda esta serie de historias me han llegado de repente, justo unos días después de rescatar un recorte de periódico de entre el basurero de Fraggle Rock en el que se ha convertido mi cuarto este verano. La página en cuestión se trata de la Zona Roja, una página dentro del suplemento estival Sinfín del diario La Opinión de Murcia. Esta página ha sido objeto de mi lectura siempre que el periódico ha caído en mis manos ya que rezumaba sensualidad y sexualidad femenina a partes iguales. Esto es debido a las dos pequeñas columnas que cada día la conformaban: “Sexo en verano” de Teresa Luengo, y “Las calores” de Cecilia López. La primera trataba las consultas sentimentales y sexuales de los lectores y la segunda se ha ido sacando de la chistera, como si llevara el guante de seda de Rita Hayworth, un brillante relato erótico diario.

Éste ha sido uno de mis favoritos, por eso lo recorté, lo guardé, y por eso lo coloco ahora aquí.

MENSAJE EN UNA BOTELLA, Cecilia López

Teresita me enviaba mensajes dentro de una botella de plástico de Coca-Cola desde su extremo de la piscina al mío. Seremos como Romeo y Julieta, me escribía, nadie podrá separarnos, nuestro amor será eterno, tendremos hijos y seremos felices para siempre. Como no sabía escribir todavía, yo le respondía soplando dentro de la botella y cerrando rápido el tapón para que no se escapara mi aliento y se la enviaba de vuelta. Este servicio de mensajería había que hacerlo de tapadillo porque la madre de Teresita no me quería como novio de su hija, que yo era pobre y ella rica.

En la frutería, Teresita me dejaba pequeños poemas de amor debajo de las manzanas, yo los veía preciosos con su letra regordeta e infantil, pero sólo los veía, no los entendía; que no sabía leer todavía; con gran riesgo para mi integridad y de la reputación de mi familia -como éramos pobres nadie se fiaba- robaba la manzana que había estado en contacto con su poesía y, sin morderla ni nada, para no afearla, aplicaba mis labios espetando un beso y se la dejaba a Teresita en el alféizar de su ventana para que supiera que la había recibido, y cuando se la comiera se comería mi beso y sentiría un gran sueño y caería desmayada y yo iría a despertarla con mi beso… pero eso nunca pasaba. Yo le escondía, entre las hojas de los periódicos del quiosquero, pétalos de flores que robaba de las macetas, para que Teresita las buscara y se hiciera ramos de rosas que no eran rosas y guirnaldas que no eran guirnaldas.

Teresita se marchó del barrio pobre a un barrio rico, creo que llovía. No volví a saber de ella, pero ayer, estando en la piscina con mis hijos, me llegó casi a las manos una botella de plástico de Coca-Cola con un mensaje dentro: seremos como Romeo y Julieta, esta vez sí, leí. Levanté la vista y a mi lado estaba Teresita echa una Teresona y yo le respondí: Y tendremos hijos y seremos felices para siempre. Cuando me acuesto con mi marido pienso en ti, me dijo Teresona, y se marchó por donde había venido, dejándome más pobre de lo que nunca había sido.

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Lo “nuevo” de Julio Cortázar: Papeles inesperados

25 mayo 2009

Hoy venía en la versión digital de El País un adelanto de Papeles inesperados, la recopilación de textos inéditos de Julio Cortázar. Parece ser que hace 3 años alguien abrió una cómoda y ¡vaya! estaban todos los cajones a rebosar de inéditos a publicar justo en las bodas de plata de su muerte.

Bueno, campañas de mercadotecnia aparte, he de decir que he leído el cuento inédito y los tres relatos eliminados de Historias de Cronopios y Famas y estoy sinceramente en estado de shock. Los relatos de los Cronopios están en su brillante e irónica línea. Pero es que el cuento inédito que han adelantado me parece que es de los mejores que he leído de él. Está escrito magistralmente, de una manera muy inteligente para aturdir e hipnotizar al lector, la intriga de la historia se basa sobre uno de esos casos extranísimos y surrealistas que caracterizan algunos de los mejores cuentos de Cortázar. Realismo mágico si quieren llamarlo así. Literatura tan fantástica y buena que da rabiar pensar que pudiera escribir tan bien.

Aquí tenéis el enlace al cuento y los relatos de cronopios. Leedlo, realmente merece mucho la pena:

http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Manuscrito/hallado/junto/mano/elpepusocdmg/20090524elpdmgrep_5/Tes


El principio de la disnea (o cosas en común)

24 mayo 2009

El polen que pulula por doquier en Granada cuando llega la primavera debería ser incluído como la octava plaga en futuras reediciones de la Biblia. Es algo que sólo se puede entender si se camina por sus calles, tupidas por una leve pero incómoda niebla de bolitas algodonadas que se cuelan por todo resquicio que encuentran a su paso. Los árboles que pueblan el monte donde se encuentra la Alhambra y que rodean y resguardan al monumento nazarí lanzan sin piedad ese cuerpo de paracaidismo níveo sobre la ciudad. Así nos recuerdan a los que en ella vivimos que el castillo rojo está vivo, respira y se defiende del uso que se le da. El sultán utiliza sus gramíneas para recordarnos que cada noche observa sus dominios desde la Torre de la Vela. Con su lluvia de polen blanco hace que la gente gire la cabeza pensando en la imponente presencia del gigante de ladrillo rojo. El olvido está lleno de memoria.

Las personas que caminan por el centro con una mascarilla al más puro estilo Michael Jackson son una legión. La alergia hace estragos en el tracto respiratorio de la población granadina, acentuando más si cabe la ya de por sí siempre latente malafollá autóctona.

Esta semana, después de tres noches seguidas casi sin poder dormir a causa de ataques nerviosos de tos causados por la alergia al polen granadino, me decidí por fin a ir a mi médica de cabecera. Al ver mi deplorable estado me enchufó casi media hora a una mascarilla que conectada a una bombona me proporcionaba O2 puro en grandes cantidades y rico salbutamol que abría mis bronquios como gaviotas en el viento marino.

La mesa de trabajo de Benedetti (con un inhalador a la derecha). Extraído del libro 'Poemas revelados' dedicado a Benedetti. Fuente: elmundo.es

La mesa de trabajo de Benedetti (con un inhalador a la derecha). Extraído del libro 'Poemas revelados' dedicado a Benedetti. Fuente: elmundo.es

Lo que me ha resultado más curioso, e incluso gracioso, es que me ha recetado un inhalador. Sí, un aparatito de esos que utilizan los asmáticos para aliviar sus males. Utilizándolo no puedo evitar sentirme un poco como Steve Urkel. Ya sólo falta que me ponga unas gafas “culo de vaso” y que los johnnys-garrulos me peguen por la calle para quitarme la merienda.

Pero como siempre hay que buscar el lado bueno e incluso mágico de las cosas, tampoco he podido evitar pensar que por fin tengo algo realmente tangible en común con mi bienamado Benedetti. Él padecía desde los 25 años un asma crónico que le acompañó toda su vida, por lo que siempre llevaba a mano un inhalador.

De hecho, he reparado que mi primera noche de “fenómenos asmatiformes” fue la misma noche en la que Benedetti exhalaba su último aliento sin yo saberlo, inconsciente en mi cama. Pareciera como si ese último grito de vida ahogado hubiera atravesado ese océano Atlántico que tantas veces cruzó Benedetti, y se hubiera colado por el resquicio de mi ventana, entrando bífidamente  por mi boca y cayendo hasta mis pulmones para hacerlos un puño y estrangularme la garganta. Esa fue sin duda la señal en clave que Benetti utilizó para hacerme saber que ya nunca podré conocerlo en persona. Y para ello me ha traspasado durante un tiempo sus ataques de asfixia. Muy bonito. Tal vez hubiera preferido una carta, una nota estratégicamente introducida en un libro o una pista a descubrir. Pero si mi flamante y pasajero asma proviene de Benedetti, lo tomo con cariño como un regalo realmente simbólico.

Aunque, ya puestos, bien me hubiera podido pasar sus dotes literarias. Está claro que todo se pega menos la belleza. 

Precioso cuadro realizado por la pintora oriolana Verónica Ruiz García (su blog, en la barra derecha de este blog) un día después de la muerte de Benedetti

 Precioso cuadro realizado por la pintora oriolana Verónica Ruiz García (su blog ‘Algo sucede, nada vuelve a ser lo mismo…’, en la barra derecha de este blog) un día después de la muerte de Benedetti.

Aquí dejo un cuento de Benedetti donde relata con fina ironía sus penurias alérgicas:
EL FIN DE LA DISNEA – MARIO BENEDETTI
(Incluido en ‘La muerte y otras sorpresas’, 1968)

Aparte de sus famas centrales y discutibles (fútbol, parrillada, llamadas del Barrio Palermo), Montevideo incluye otra anexa celebridad, ésta sí indiscutible: posee el récord latinoamericano de asmáticos. Por supuesto, ya no cabe decir posee sino poseía. Justamente, es ese tránsito del presente al pretérito imperfecto lo que aquí me propongo relatar.

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Primavera con dos esquinas rotas

19 mayo 2009

Esta primavera se ha hecho mucho de rogar. Después de muchos meses de lluvia, nubes color zinc, viento incómodo y frío punzante, el sol por fin ha desembocado en las calles de Granada inundando plazas y paseos y obligándonos a disfrutar de esta tan ansiada luz que nos revive. Pero parece que, como dicen los uruguayos de la Vela Puerca, “la vida es así, que te da sólo pa’ quitarte”. Porque hay dos gigantes que se han montado en un haz de luz, y sin hacer mucho ruido, con la humildad que me parece los ha caracterizado siempre, se han ido.  El músico Antonio Vega la semana pasada, y ayer mismo el poeta uruguayo Mario Benedetti.

Nunca escuché demasiado de Antonio Vega, pero los 15 temas que escuché se me quedaron clavados como puñales dentro. Era un tipo que, como leí alguna vez, sólo le interesaban las canciones que te matan, que te dejan aturdido. Lucha de gigantes, El sitio de mi recreo, Se dejaba llevar, Una décima de segundo, Mi hogar en cualquier sitio o la maravillosa versión de Serrat del Romance de Curro el Palmo atestiguan lo que digo.

Lucha de gigantes en el reencuentro de Nacha Pop veinte años después (con sólo de guitarra de Antonio Vega incluido, era un grandísimo guitarra solista).

El otro gigante que se ha ido es Mario Benedetti. No hablaré mucho más de él porque ya escribí una entrada hablando de la enfermedad que ha acabado por llevárselo. Creo que mis palabras están de más, es mejor recordar las suyas.

Táctica  y estrategia en la película El lado oscuro del corazón.

 

LIBERTAD, de Beatriz. Extraído de Primavera con una esquina rota (1983).

Libertad es una palabra enorme. Por ejemplo, cuando terminan las clases, se dice que una está en libertad. Mientras dura la libertad, una pasea, una juega, una no tiene por qué estudiar. Se dice que un país es libre cuando una mujer cualquiera o un hombre cualquiera hace lo que se le antoja. Pero hasta los países libres tienen cosas muy prohibidas. Por ejemplo matar. Eso sí, se pueden matar mosquitos y cucarachas, y también vacas para hacer churrascos. Por ejemplo está prohibido robar, aunque no es grave que una se quede con algún vuelto cuando Graciela, que es mi mami, me encarga alguna compra. Por ejemplo está prohibido llegar tarde a la escuela, aunque en ese caso hay que hacer una cartilla mejor dicho la tiene que hacer Graciela, justificando por qué. Así dice la maestra; justificado.

Libertad quiere decir muchas cosas. Por ejemplo, si una no está presa, se dice que está en libertad. Pero mi papá está preso y sin embrago está en Libertad, porque así se llama la cárcel donde está hace ya muchos años. A eso el tío Rolando lo llama qué sarcasmo. Un día le conté a mi amiga Angélica que la cárcel en que está mi papi se llama Libertad y que el tío Rolando había dicho que era un sarcasmo y a mi amiga Angélica le gustó tanto la palabra que cuando su padrino le regaló un perrito le puso de nombre Sarcasmo. Mi papá es un preso, pero no porque haya matado o robado o llegado tarde a la escuela. Graciela dice que papá está en libertad, o sea está preso, por sus ideas. Parece que mi papá era famoso por sus ideas. Yo también a veces tengo ideas, pero todavía no soy famosa. Por eso no estoy en Libertad, o sea que no estoy presa.

Si yo estuviera presa, me gustaría que dos de mis muñecas, la Toti y la Mónica, fueran también presas políticas. Porque a mi me gusta dormirme abrazada por lo menos a la Toti. A la Mónica no tanto, porque es muy gruñona. Yo nunca le pego, sobre todo para darle ese buen ejemplo a Graciela.

Ella me ha pegado pocas veces, pero cuando lo hace yo quisiera tener muchísima libertad. Cuando me pega o me rezonga yo le digo Ella, porque a ella no le gusta que la llame así. Es claro que tengo que estar muy alunada para llamarle Ella. Si por ejemplo viene mi abuelo y me pregunta dónde está tu madre, y yo le contesto Ella está en la cocina, ya todo el mundo sabe que estoy alunada, porque si no estoy alunada digo solamente Graciela está en la cocina. Mi abuelo siempre dice que yo salí la más alunada de la familia y eso a mí me deja muy contenta. A Graciela tampoco le gusta demasiado que yo la llame Graciela, pero yo la llamo así porque es un nombre lindo. Sólo cuando la quiero muchísimo, cuando la adoro y la beso y la estrujo y ella me dice ay chiquilina no me estrjes así, entonces sí la llamo mamá o mami, y Graciela se conmueve y se pone muy tiernita y me acaricia el pelo, y eso no sería así ni sería bueno si yo le dijera mamá o mami por cualquier pavada.

O sea que la libertad es una palabra enorme. Graciela dice que ser un preso político como mi papá no es ninguna vergüenza. Que casi es un orgullo. ¿Por qué casi? Es orgullo o es vergüenza. ¿Le gustaría que yo dijera que es casi vergüenza? Yo estoy orgullosa, no casi orgullosa, de mi papá, porque tuvo muchísimas ideas, tantas y tantísimas que lo metieron preso por ellas. Yo creo que ahora mi papá seguirá teniendo ideas, tremendas ideas, pero es casi seguro que no se las dice a nadie, porque si las dice, cuando salga de Libertad para vivir en libertad, lo pueden meter otra vez en Libertad. ¿Ven como es enorme?


Abril, Verano, y los agravios de un traductor (2)

24 febrero 2009

Continuación de Abril, Verano, y los agravios de un traductor (1).

abettegaAl par de días recibí un cuento llamado Verão (Verano), de un tal Amílcar Bettega Barbosa… en ese momento, un total desconocido para mí. A la hora de traducir, siempre que se tenga tiempo, es bueno documentarse un poco sobre las fuentes y sus autores, así que busqué información del autor por internet. Aquí es cuando empecé a ser consciente de lo que la providencia había colocado en mis manos. Resulta que el cuento que yo tenía que traducir formaba parte de un libro de relatos, Os lados do círculo (Los lados del círculo), que en 2005 le había reportado a Amílcar Bettega el Premio Portugal Telecom de Literatura, el premio literario en lengua portuguesa más importante del mundo. Sensación de vértigo. Seguí buscando y descubrí que este escritor nacido en Río Grande do Sul y afincado en París era uno de los numerosos nuevos valores de la literatura brasileña y que destacaba por abrirse un hueco en el mundillo con un estilo propio. Más vértigo. Entonces me leí tres o cuatro entrevistas que le hicieron a raíz del premio. Había un rasgo en común en todas ellas: cuando le preguntaban por su estilo y sus influencias, siempre salía a relucir el realismo fantástico y, sobre todo, un nombre mítico, mágico e importantísimo para mí: Julio Cortázar. En ese momento el vértigo desapareció y lo reemplazó la seguridad de que este trabajo iba a ser una experiencia única, placentera y memorable para mí. Y así fue. Tocaba relajarse y disfrutar, así que me dispuse, ahora sí, a leer el texto.

A primera vista, me llamó muchísimo la atención la estructura del cuento: comenzaba con dos columnas que contaban historias diferentes (paralelas, concretamente). Luego en la segunda parte las columnas parecían fusionarse, había abundantes diálogos y culminaba con una especie de mapa o esquema que al principio no entendí bien. Al final, la estructura volvía a la “normalidad” y acababa con unos párrafos como si nada de lo que había visto hubiera pasado. Después de sobrevolar el texto de esa manera, y aprovechando la valiosa soledad del momento, me zambullí en él con la inocencia de un niño.

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Abril, Verano, y los agravios de un traductor (1)

24 febrero 2009

Un día del año pasado, por estas mismas fechas, estaba echándole un vistazo a un mail de la lista de distribución de la FTI de Granada, cuando leí un mensaje que me hizo saltar de emoción de la silla. Se trataba de un mail del Círculo Cultural Antonio Machado, una asociación cultural sita en Luxemburgo, en el que se pedían traductores voluntarios del portugués al español para un número especial dedicado al relato corto en lengua portuguesa. El número debía ver la luz en abril en la revista del mismo nombre (Abril) que edita el Círculo. Además, el mensaje venía firmado por Paca Rimbau, traductora genial y mujer cercana y generosa, en cuya casa estuve viviendo un par de meses hace 4 años, mientras buscaba desesperado piso por Granada. Eran tan feliz esa casualidad que no dudé un momento y escribí para ofrecer mis servicios de aprendiz de traductor. Aunque no me fueran a pagar suponía un reto importantísimo para mí y mi primera y anhelada incursión en la traducción literaria.

Germano Almeida. Fuente: Las Provincias

Germano Almeida. Fuente: Las Provincias

La respuesta fue inmediata. Primera sorpresa: me encargaron traducir un cuento de Germano Almeida, el escritor caboverdiano más importante de las dos últimas décadas, autor de una obra básica de la literatura luso-africana moderna: El testamento del Señor Napumoceno. El cuento se titulaba Os agravos de um escritor (Los agravios de un escritor). Le eché un vistazo rápido al cuento y vi que no me plantearía demasiados problemas. Era sencillo, estaba escrito con un estilo muy claro y tenía un puntito gracioso que haría más amena la tarea. Siendo sincero esperaba un poco más del cuento, estaba entretenido, pero no era una obra maestra. Más que nada le faltaba un poco de pimienta. Aún así fue muy lindo poder traducirlo y saberme con la responsabilidad de traducir un cuento de un escritor tan importante.

Aquí tenéis mi versión del cuento:

Germano_Almeida_-_Los_agravios_de_un_escritor

Cuando envié mi traducción, el editor de la revista me respondió agradecido y con una propuesta: una nueva traducción. El tiempo apremiaba y los traductores escaseaban. Así que como había disfrutado mucho con la experiencia, acepté encantado. Portugués en vena.

Continuará…


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