Demasiada información corriendo por mi cerebro

28 febrero 2014

"Cuestiónate todo / ¿Por qué?"

“Cuestiónate todo / ¿Por qué?”

Regresa este blog de sus cenizas después de muchísimo tiempo. No digo que vaya a publicar tantas cosas ni tan extensas como antes, pero tengo la intención de ir actualizándolo poco a poco. El causante de este período comatoso es el mismo que provoca su regreso: Facebook. En primera instancia, porque la instantaneidad y la visibilidad que daba esa plataforma me hizo dar de lado este blog, unido a otras “bondades”, como interactuación con mucha gente conocida, intercambio de información y ego, mucho ego (como todos, yo el primero).

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No sólo de música brasileña vive el hombre (II)

30 agosto 2009

Barbara Kruger

Barbara Kruger

Para de lo que voy a escribir ahora, hace no mucho tiempo, me hubiera puesto una banda negra en los ojos para que no se me reconociera, como en los programas de televisión de testimonios, pero como mi época radical bolchevique hace tiempo que la pasé y te das cuenta que nunca puedes decir de éste agua no beberé, voy siendo más flexible y tolerante (sobre todo conmigo mismo, soy yo mi mayor inquisidor) y voy aprendiendo a verle el lado positivo a las cosas, a ser menos brasa y sermonear menos a la gente, darme unos puntitos en la boca, y allá cada cual con su ley, que yo me debo a la mía.

 

Y es que, sí amigos, se trata del Facebook, esa comunidad social virtual que se ha extendido por el mundo como la pólvora. La primera noticia que tuve de ella hizo que se me erizara el pelo y que pensara que en la vida me metía yo en una cosa de esas. Fue por una noticia en el periódico, en plena campaña de las elecciones generales de 2008, en la que vi que Mariano-nonaino Rajoy se había abierto un perfil, “para estar más cerca de la gente de la calle”. Era una invención de unos estudiantes de Harvard, que la habían creado para estar en contacto entre ellos, y se acabó extendiendo por todo el planeta. Al final me acabé abriendo un perfil porque todo el mundo lo tenía. Pasé mi época de estar enganchado, y cuando le vi todo lo malo e irreal que tenía (que es mucho y llenaría páginas con ello, pero hoy hablaré de lo bueno), me salí, no sin antes enviar un mensaje de dos páginas a todos mis contactos, explicando tranquilamente mis razones para salirme y lanzando varias cuestiones al aire para que los susodichos se las plantearan. Obviamente, no sólo nadie pensó en dejarlo, sino que meses después yo volví a caer en sus redes, más profundamente que antes además. Supongo que pasar el verano más tórrido que se recuerda en Santomera también ayuda.

Pues lo bueno es que de repente te das cuenta de que puedes entrar en contacto con mucha gente que tenías perdida. Y aunque no siempre tengas muchas cosas que decir a cada uno de ellos, sí que se pueden compartir muchas cosas interesantes con muchos de tus amigos, rápidamente, y además en común. Sigo pensando que la mayor parte de cosas que te ofrece el Caralibro son simples y llanas chorradas para matar (o perder) el tiempo, además de cuestiones de privacidad de datos, fotos, exhicionismo que a veces roza la chabacanería (a veces parece el ¡Hola!, pero con noticias de la gente “normal”), pero yo me agarro ahora a lo bueno que me aporta. Una de las premisas altermundialización es reinventar y reciclar las cosas que el sistema nos da para darles un uso beneficioso para nosotros, causándonos los mínimos dilemas ético-morales posibles. Un cincel, según el uso que se le dé, puede servir para modelar una bella escultura o para cometer un asesinato con ensañamiento, nocturnidad y alevosía. Una de las tantas enseñanzas que podemos extraer de un filme tan profundamente filosófico como Instinto Básico es que un picador de hielo puede servir tanto como para preparar un delicioso mojito como para asesinar a un tipo siguiendo los pasos de un personaje de una novela policiaca negra. Pues con el Facebook igual.

Y con lo melómano que yo soy, obviamente lo que más me gusta es toda la música nueva que he conocido casi sin comerlo ni beberlo. La gente va compartiendo sus descubrimientos en música, cine, ilustración y arte gráfico, noticias, política, etc., y es lo que yo tomo, con lo que me quedo, y yo intento pagar esa “solidaridad artística” con otras cosas que creo la gente debería conocer. Y este verano eso es lo que más me ha sorprendido entre otras cosas, la ingente cantidad de música maravillosa nueva que me han hecho llegar. Y a mí me ha venido muy bien ir tomando esos artistas como pildoritas, porque normalmente me entra la vena pirata y me hago en un abrir y cerrar de ojos con una cantidad de música y películas que ni mis bis-sobrinos (¿?) podrán llegar a escuchar y/o ver en su totalidad. Otros ritmos, otras formas, y en este caso, otras fuentes. Y como dicen los Aslandticos, me he quitado la venda, y de igual manera que mucha gente me ha pasado graciosamente sus perlas, aquí las pongo yo ahora, para quien tenga una tarde cansada y perezosa (como la que me ocupa) y quiera abrirse a mundos que el mainstream nos tiene vetados. Soy un “indiegente”, que no gente indie.

Pasen y vean lo que ésta malévola herramienta imperialista nos puede llegar a brindar gracias a la curiosidad de los que en ella se mueven, se deslizan y escapan. Bon appétit.

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