Métro, boulot, Truffaut

19 mayo 2010

« Métro, boulot, dodo » es una expresión inspirada en un verso de Pierre Béarn, y que se supone que representa el ritmo cotidiano de los parisinos, o más en general, de los habitantes de la gran ciudad:

  • « Métro » : el trayecto del metro por la mañana,
  • « Boulot » : la jornada de trabajo, el “curro”,
  • « Dodo » : el regreso a casa para dormir, el “nono”.

Esta expresión, de gran éxito en el mayo del 68, así como el poema, es una crítica a la monotonía y la repetición de un día a día demasiado constante y al que no se le ve una salida.

Extracto del poema:

El verso en el que está inspirada esta expresión proviene de la antología de poemas Colores de la fábrica, aparecida en 1951: 

« Au déboulé garçon pointe ton numéro
Pour gagner ainsi le salaire
D’un morne jour utilitaire
Métro, boulot, bistro, mégots, dodo, zéro »

“Toma muchacho tu número a la carrera,
para ganar así tu sueldo
de una gris y utilitaria jornada
metro, curro, bar, colillas, nono, cero”. 

Yo me niego, yo no estoy del todo de cuerpo presente.

Me podrán robar mis días, mis noches, no.

La explicación de la expresión “Métro, boulot, dodo” es una traducción libre de mi autoría de dos entradas de la Wikipedia. Aquí y aquí. Y una discusión en Wordreference.

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Abril, mes de la traducción literaria

13 marzo 2009

Una de mis mayores motivaciones para estudiar mi carrera era la de ser algún día traductor literario (tiempo al tiempo, piano piano si va lontano). Por supuesto, una vez dentro te das cuenta de que la realidad es bien distinta. Por si no fuera ya difícil de por sí ese mundillo, ya se encargaban en la facultad de quitarte los pájaros de la cabeza.

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Todavía me acuerdo de la primera clase de una asignatura de traducción científico-técnica inversa español-francés: la profesora se pasó unos 15 minutos hablando de las bonanzas de traducir por los tiempos de los tiempos textos que incluyen frases como “consulte a su farmacéutico” o “para extraer el CD presione Open (Abrir) para abrir la tapa del reproductor”. Acto seguido preguntó: “porque… a ver, ¿a quién de aquí le gustaría ser traductor literario?”, y yo, con una cierta congoja como si estuviera haciendo algo malo, levanté mi solitario dedito ante las caras estupefactas que poblaban el aula. Sólo ante el peligro, de repente me vi en una discusión de besugos en francés, simplemente para explicarle a la profesora que esa era mi prioridad, era lo que más me gustaba y más ilusión me hacía, a pesar de los contras que pueda tener la traducción literaria si la comparamos con la traducción de prospectos de laxantes o de instrucciones de Tamagotchis (que llegado el caso tampoco rechazaría, simplemente prioridades). Es una elección personal, y siempre que pueda intentaré trabajar en ese camino, nada más. Lo que no me parecía lícito era ya de primeras quitarle la ilusión a un traductor imberbe. Para rematar, tuvieron que pasar unos años hasta que incluyeron una optativa (¡optativa!) de traducción literaria.

Bueno, pues para aquellos que quieran adentrarse en la traducción literaria, el mes de abril les brinda dos excelenes oportunidades para adquirir formación específica en este campo:

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La Nouvelle Vague y los últimos de la fila

14 febrero 2009

 

 Hola a todos,

Bueno, pues ya tengo un blog. Ya era hora de entrar en este mundillo, aunque me he resistido bastante a caer (un poco más) en esta red. Procuraré actualizarlo siempre que pueda con todo aquello que me parezca interesante.

Y qué mejor para empezar que el último trabajo que he hecho para la carrera que acabo de terminar. Se trata de un trabajo para la temible asignatura Civilisation Française, de la profesora Joëlle Guatelli-Tedeschi, una mujer idealista y exigente (“soyons réalistes, éxigeons l’impossible“). Quien haya hecho esta asignatura sabe bien de lo que hablo: es una asignatura cuatrimestral, impartida en francés, por supuesto, en la que se estudia desde la formación de las cadenas montañosas francesas en la Era Primaria hasta las últimas manifestaciones estudiantiles contra Sarkozy. Todo ello aderezado con temas sobre hidrología, economía, cultura, educación (con sus respectivas leyes), parando además en los reyes y revoluciones más importantes. Cuando me puse a estudiar para el examen debía tener más de 1000 páginas de apuntes sobre mi mesa.

Esto no sería tanto problema si la asignatura volviera a ser anual. Antes de que cambiara el plan de estudios de nuestra carrera en 2001, esta asignatura era anual, y así la profesora podía dar más tranquilamente la clase y los alumnos podían aprender y asimilar mucho mejor los conocimientos. Lo que pasa es que la asignatura pasó a ser cuatrimestral y no sólo no se ha reducido la cantidad de apuntes, sino que cada año va en aumento.

Ahora un cotilleo. Justo después de hacer el examen de esta asignatura, la mañana del 10 de diciembre pasado, Joëlle salió conmigo al pasillo y se puso a corregir mi examen allí mismo, ya que yo era el único alumno que pidió la convocatoria extraordinaria. Mientras me corregía el examen aparecieron Ana Díaz Ferrero, profesora de Civilización Portuguesa, y Laura Carlucci, profesora de Civilización Italiana, que en su día también fueron mis profesoras (con Ana hice todas las optativas de portugués existentes en la FTI). Llegaba apresuradas y nos interrumpieron (total, sólo estábamos en la decisiva corrección de mi penúltimo examen de la carrera, no pasa nada…). Esta muy feo escuchar las conversaciones ajenas, pero como está más feo interrumpirlas, pues sin querer me enteré del motivo de esta repentina aparición. Venían a hablar con Joëlle, ya que todos los profesores de las asignaturas de Civilización de la facultad iban a quedar en petit comité para hacer un frente común con el fin de defender que sus asignaturas pasaran a ser anuales. Resulta que con toda la reestructuración de los planes de estudio que se va a llevar a cabo con el sacrosanto Plan Bolonia, existía esta posibilidad, pero según decían estas dos profesoras, desde el decanato se les había dicho que no había ni dinero ni tiempo para hacerlo, así que las asignaturas de Civilización seguirían siendo cuatrimestrales.

En esos momentos asistí con el corazón encogido a las amargas quejas que las tres profesoras soltaban al viento entristecidas. “Algo tan básico como conocer la cultura de un país no se puede mostrar en 4 meses” decía una, “tanto dinero para unas cosas y para lo básico nunca hay”, decía otra, “¡voy a tener que eliminar muchísimo temario y Civilización se va a acabar conviertiendo en una ‘maría’!”, exclamaba la de más allá. Y mucha razón que tenían. Es un tema que repercute decisivamente en nuestra formación como traductores. Pero yo, pensándolo bien y mirándome el ombligo, no puedo evitar pensar que las víctimas de todo esto, los últimos de la fila en estos malabarismos con los presupuestos y los planes de estudios, siempre somos los alumnos. Me parece injusto que nos exijan a veces tanto esfuerzo y tiempo por nuestra parte cuando por la parte de la facultad no nos ofrecen ni la mitad de lo que nos merecemos.

Me refiero a que yo estoy de acuerdo en que nos exijan todo y más, sí, pero también me gustaría que la facultad se esforzara en proporcionarnos asignaturas útiles, medios y material actualizados y modernos, y técnicas que nos puedan servir en un futuro. ¿Cómo prentenden que sepamos en 4 meses hitos de la cultura y la historia de un país que un nativo nunca sabrá? ¿Cómo se pueden enfadar los profesores y tratarnos poco menos que de ineptos por no saber hacer una traducción jurídica inversa después de 10 clases a toda prisa? ¿Cómo pretenden que sepamos desenvolvernos en el mundo laboral si en clase trabajamos unas pocas semanas con versiones antiquísimas del Trados o el QuarkXpress? De hecho, hasta hace poco muchos ordenadores de la facultad todavía trabajaban bajo Windows98, increíble pero cierto. En la carrera he sentido demasiadas veces que los profesores nos metían a todos en un saco donde cabían incompetentes, vagos o personas infantiles y con dudosas capacidades intelectuales. Señores/as, lo que ocurre es que nos exigen muchísimo más de lo que la facultad nos da. Más valdría que se esforzasen en renovar las cabinas de interpretación, ampliar el número de ordenadores y actualizarlos, cambiar los bancos de las aulas que llevan ahí desde los años 60 por unos algo más ergonómicos y que algunos profesores salieran a la calle y se actualizasen un poquito antes de exigirnos tanto a los alumnos, que como digo, siempre somos los últimos en esta pirámide burocrática de poder. 

Bueno, volvamos al trabajo de la Nouvelle Vague y el cine francés. El caso es que le pedí a la profesora, Joëlle, hacer un trabajo voluntario para subir nota (lo iba a necesitar). El tema podía ser cualquier cosa relacionada con Francia, y a ser posible con el temario de la asignatura. Primero le propuse como tema a Jacques Brel, es mítico cantante belga que desarrollo su carrera en Francia, pero ella lo desechó. Así que, y barriendo un poco para mis aficiones, le propuse la Nouvelle Vague del cine francés. Aceptó y me puse manos a la obra. El trabajo debería haber tenido unas 30 páginas y haber sido entregado antes de las vacaciones de navidad, pero me entusiasmé tantísimo con el tema, me involucré tanto, que le pedí a Joëlle entregárselo después de navidad, y el trabajito ha acabado teniendo cerca de 90 páginas. Lo mejor de todo es que he aprendido y descubierto cientos de cosas que no conocía sobre el cine, y ahora tengo la deuda conmigo mismo de ver todas las películas sobre las que he hecho el trabajo. Aquí lo tenéis (en francés), por si le sirve a alguien, o simplemente por si queréis saber un poquito más de este magnífico grupo de cineastas.

 la-nouvelle-vague-civi-francesa-ugr-pablo-anton (Cuidadín que pesa 8Mb) Nota: debido a las leyes de protección de copyright a las que Youtube se ha aficionado, hay varios enlaces a vídeos de escenas de películas que ya no funcionan, porque los han retirado. Una pena.

Os dejo con la petrificante mirada de Anna Karina en Vivre sa vie (1962), el cuarto largometraje del que era por entonces su afortunado marido, Jean-Luc Godard.

 


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