A veces son inevitables

27 abril 2010

Hace unos meses entré, como suelo hacer a menudo (y todo aquel que tiene un pequeño gran “pequebú”  dentro de sí) en ese boletín oficial del PSOE que es ElPaís.com, con la esperanza de que ese día no hablara mal por sistema de Lula, o de Evo, o de Chávez, o de Cuba, o de Correa o de cualquier otra persona que vaya en contra de sus intereses… o simplemente con la esperanza de que deje de ser un catálogo de compra y venta, un fiel y triste reflejo de la sociedad en la que vivimos (con algunos artículos de opinión excelentes y únicos, todo sea dicho). Pero nada, nunca nada cambia, y ElPaís.como no iba a ser menos.

Pero sí reparé en uno de los especiales sobre música que muy acertadamente están empezando a publicar desde hace algunos meses. Esta vez era el turno del músico zaragozano, mezcla de Jim Morrison y Raphael, Enrique Bunbury, que lanzaba su nuevo disco Las Consecuencias. Este cantante nunca ha sido santo de mi devoción pero sí que he de reconocer que hubo un tiempo en que me gustó bastante, seguramente por su estilo un poco “Calamariano”. Su carrera musical ha continuado más o menos por los mismos derroteros, aunque mucho más oscuro y pesimista, con letras que hacen furor entre la muchachada adolescente, y es de lo mejorcito que se puede escuchar en las grandes radios y cadenas de televisión españolas (que ya es mucho). Al menos es un tipo que ha sabido madurar, evolucionar, dejar atrás la pesada losa de los pesados, por cansinos, Héroes del Silencio y probar nuevas cosas, nuevos estilos (como la copla o el bolero), hasta el punto que ha colaborado con gente tan dispar como Lila Downs, Los Piratas, Ariel Rot, Nacho Vegas o los mismísimos Andrés Calamaro o Raphael. Incluso se ha atrevido con la poesía y musicó unos poemas de Leopoldo María Panero e incluyó un célebre poema de Gil de Biedma en un DVD.

Bueno, a lo que iba, entré en el especial, escuché algunas canciones, leí alguna de sus letras, comprobé que todo seguía más o menos en la misma línea y me fijé que en una esquina de la página anunciaban un concurso en el que el hipotético ganador se llevaría una mítica guitarra eléctrica Gibson firmada por Bunbury. Para ganar, había que responder de manera original a la pregunta: ¿Cuáles son las consecuencias de ser Enrique Bunbury? Primero pensé en que si tenía que ser original no podía ser una respuesta de tres al cuarto… y acto seguido me centré en la palabra consecuencia, tan larga, con tanta sonoridad, con un significado tan pesado y, por lo tanto, con tantas posibilidades. Y como suelo hacer en estos casos, no me lo pensé demasiado. Creí que la mejor manera en la que podía responder a la pregunta y conseguir esa guitarra del Olimpo rockero, además de adular un poco a Bunbury, era haciendo una especie de texto medio en broma, medio en serio, aprovechando las posibilidades que brindaba en muy amplios sentidos la palabra “consecuencias” y hacer un pequeño texto-poema-juego (como a mí me gusta) creando aliteraciones con esa palabra. Una buena definición de aliteración sería: “Figura retórica que consiste en la repetición de los mismos sonidos en una misma frase o verso para producir un efecto de musicalidad o sonoridad”. Tal vez me faltó más brío y más juegos de palabras… ahora ya es inevitable. A otra cosa. Salud.

 

¿CUÁLES SON LAS CONSECUENCIAS DE SER ENRIQUE BUNBURY?

Las consecuencias, son consabidas: construir con constancia, elocuencia y una considerable paciencia una conspicua constelación de canciones, con la constante melancolía del que conscientemente toma distancia para darle una vuelta entera a la circunferencia que describe, inmisericorde, la existencia, cuando sin consolación vamos perdiendo la inocencia que reinó inconscientemente los mediodías de nuestra adolescencia, con la consiguiente tendencia a no conceder condescendencia alguna a las contradicciones de las consagradas falencias, enfrentándose sin contrariarse a la inconveniencia de jugarse en cada verso constantemente la vida y regalársela a la audiencia, y al final recordarnos que la vida, esa incontrolable coincidencia, hay que consumirla más que nunca con urgencia e insolencia, y no pensar tanto, porque son inevitables, en las consecuencias.

En este videoclip, con canción homenaje a David Bowie, aparece Liberto Rabal, el nieto de nuestro murcianico universal, Paco Rabal.

Y de propina, el juicio contra Bunbury por haber traicionado al Rock’n’Roll. No he podido evitarlo.


Me lo dijeron mil veces…

9 enero 2010

… y sin embargo… 

 

… no aprendo y a pesar de todo, nieva copiosamente en Épernay, la nieve cubre todo el paisaje, la nieve lo esconde todo, y es un espectáculo lindo y digno de ver… 

LA NIEVE (de AUSENCIA, borradores inéditos 1913-1914)

La nieve, que hoy me parece tu frialdad, le ha puesto sitio a mi tristeza con su gran ejército puro. ¡Qué rojo me parece hoy mi corazón, germen de primaveras, todo para mí, en el castillo fuerte de mi cuerpo! No hay, en la frialdad del campo ni en la tuya, vida. La vida está toda aquí dentro, y lo que Dios creó en siete días, está aquí todo en la sangre redonda y caliente de mi pecho, nido de todo el fuego. No sabes tú que esta sangre puede hacer arder todo el blanco mundo de la nieve y de tu nieve. Tú no sabes lo que es dejar salir al campo y a tu vida a este corazón sitiado por los tristes hielos… Tú no sabes lo que es el estío eterno del cielo.

¿Como puedo decir que no tengo, si en todo, en todo, estás tú conmigo? Estás conmigo en esta arena que piso y esas estrellas que me miran y no me miran; estás en esta agua que paro con la mano y en esa rosa que me sigue con su olor; estás en la nieve de aquella montaña cárdena y en esa luna que sale, desnuda; estás conmigo en mí mismo, en mi imagen en el espejo, dentro, muy dentro de mi corazón… En todo, en todo estás tú conmigo. ¿Como puedo llorar por no tenerte?

Juan Ramón Jiménez

Equivocar el camino es llegar a la nieve...

PEQUEÑO POEMA INFINITO

Para Luis Cardoza y Aragón

Equivocar el camino
es llegar a la nieve
y llegar a la nieve
es pacer durante veinte siglos las hierbas de los cementerios. 

Equivocar el camino
es llegar a la mujer,
la mujer que no teme la luz,
la mujer que no teme a los gallos
y los gallos que no saben cantar sobre la nieve. 

Pero si la nieve se equivoca de corazón
puede llegar el viento Austro
y como el aire no hace caso de los gemidos
tendremos que pacer otra vez las hierbas de los cementerios. 

Yo vi dos dolorosas espigas de cera
que enterraban un paisaje de volcanes
y vi dos niños locos que empujaban llorando las pupilas de un asesino. 

Pero el dos no ha sido nunca un número
porque es una angustia y su sombra,
porque es la guitarra donde el amor se desespera,
porque es la demostración de otro infinito que no es suyo
y es las murallas del muerto
y el castigo de la nueva resurrección sin finales.
Los muertos odian el número dos,
pero el número dos adormece a las mujeres
y como la mujer teme la luz
la luz tiembla delante de los gallos
y los gallos sólo saben votar sobre la nieve
tendremos que pacer sin descanso las hierbas de los cementerios. 

Federico García Lorca, 10 de enero de 1930. 

  

Mañana hará 80 años que Lorca escribió este poema. Cómo pasa el tiempo, cómo cambia todo, y qué riesgo tan grande de quedarnos a un lado mirándolo… yo no sé. 

 

“Que la vida iba en serio/uno lo empieza a comprender más tarde/-como todos los jóvenes, yo vine/a llevarme la vida por delante.”          Jaime Gil de Biedma 

 

SÍ, POR DETRÁS DE LAS GENTES

Te busco.
No en tu nombre, si lo dicen,
no en tu imagen, si la pintan.
Detrás, detrás, más allá.

Por detrás de ti te busco.
No en tu espejo, no en tu letra,
ni en tu alma.
Detrás, más allá.

También detrás, más atrás
de mí te busco. No eres
lo que yo siento de ti.
No eres
lo que me está palpitando
con sangre mía en las venas,
sin ser yo.
Detrás, más allá te busco.

Por encontrarte, dejar
de vivir en ti, en mí,
y en los otros.
Vivir ya detrás de todo,
al otro lado de todo
-por encontrarte-
como si fuese morir.

Pedro Salinas

  

Y para acabar, un vídeo que monté hace algo más de un mes con imágenes que tomé en París y Épernay, con una canción del último disco en solitario de Gustavo Cordera, el ex-cantante de Bersuit Vergarabat: 


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