Momentos históricos de la radio

24 abril 2010

Dejo aquí una cosita que escribí para el IV Concurso de Microrrelatos organizado por Radio Onda Polígono, que se sintoniza en el 107.3 FM de Toledo. Se trataba de escribir un microrrelato con un tema relacionado con la radio, con una extensión máxima de 107 palabras (sin incluir el título). Leí las bases y me saltó esta idea a la cabeza, la escribí en quince minutos y lo mandé. No hubo suerte, ya habrá más la próxima vez. O no. Espero que les guste. Salud.

MOMENTOS HISTÓRICOS DE LA RADIO

Ni la S en Morse de Marconi, ni La Guerra de los Mundos de Orson Welles, ni el Llamamiento a la resistencia de Charles De Gaulle, ni el discurso de despedida de Salvador Allende en La Moneda, ni los pasos en la arena de Grandola Vila Morena la madrugada de los claveles. Es más, ni siquiera la primera vez que sonó Bohemian Rhapsody. Ningún momento de la historia de la radio es comparable con el que va a suceder en breves instantes: aprovechando que en la oficina la tienen siempre puesta, le dedico a Laura Y sin embargo, y le pido que se venga a vivir conmigo. 

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Que la esperanza le gane a la experiencia

24 noviembre 2009

A finales de septiembre llegué a la región de Champagne-Ardennes, dónde sabía que iba a vivir hasta entrada la primavera (que aquí tiene que estallar furiosa, después de tantos meses de lluvia y falta de sol). Llegué a Épernay y Reims, tierra de champagne, de catedrales góticas y de gente sencilla y amable, a pesar de las distancias kilométricas que se dan en el trato social.

El último día del stage que hicimos los auxiliares de lengua extranjera en Reims, la Académie de Reims nos preparó una recepción por todo lo alto, con champagne (biensûr) y con biscuits rose incluidos. El evento lo abrió el recteur de la Académie (algo así como el máximo responsable de la educación pública en toda la región). De todo su discurso, pronunciado en tono amigable y hasta jocoso, yo me quedé con una frase que en su momento me hizo estallar de risa en medio de la multitud que abarrotaba la sala, y que ahora se ha revelado como profundamente cierta (Recteur 1 – Pablo 0): “Este es un año para tomárselo con calma, es un año para la paz y la reflexión. Vais a tener mucho tiempo para pensar en vosotros mismos y en vuestros proyectos futuros”. Como diría aquel, qué sabias palabras, cuánta razón tenía.

Después de casi dos meses en los que me ha pasado de todo y de nada, sobre todo, de lo que más he tenido tiempo, ha sido para reflexionar. Reflexionar no está mal, siempre que el pensamiento esté bien dirigido y te lleve a alguna parte, a la práctica, a la acción, sin ir más lejos. Pero aquí, por ahora, no. El “por ahora” es lo que me faltaba por tener en cuenta. No se puede tener todo en menos de dos meses, en un país nuevo, en una región difícil para las relaciones personales, en una ciudad sin mucho que ofrecer, con un salario que es el 70% del salario mínimo local, con un trabajo nuevo y bastante solo y aislado del mundo, no se puede tener todo, no señor. Así que el último recurso del que puedes echar mano es de tí mismo. Oh la lá!

Caricatura de Sabina realizada por Verónica "Medias negras" Ruiz. Su blog, a la derecha en "sentimientos afines"

Por suerte, hablar de “tí mismo” abarca mucho más que tu persona, y alcanza y toca fondo también en tu mundo interior, tus recuerdos, tus conocimientos, tus motivaciones, tus sueños, tus esperanzas, todo lo que has ido recogiendo a través de los años. A veces yo me saturo de verdad y pienso que el saber sí que ocupa lugar (y tanto) y para qué tanto. Y cuando digo “saber” no me refiero solo al “conocimiento enciclopédico”, sino también a vivencias, experiencias, dolores y alegrías, amigos y personas queridas que has dejado lejos, y que siempre, siempre, ocupan tu cabeza. Y cuando tienes mucho tiempo para reflexionar, ¡ay! la sala de espera de tu cabeza parece la cola del paro en hora punta.

Cuando ocurre eso, y ya la saturación es una realidad, más vale echar mano de cosas que sabemos que nos van a remover de manera positiva, nos van a traer recuerdos sanos, o por lo menos nos van a devolver “a la vida”.

Hace una semana o así entre en Elpais.com y reparé con grato asombro en un especial sobre Joaquín Sabina con motivo del lanzamiento de su nuevo disco, Vinagre y rosas. Lo devoré enterito. Escuché todas las canciones. Me hice con las letras que están disponible para descarga, así como el primer capítulo del libro que ha escrito sobre el nacimiento del disco el coautor de las letras, el poeta Benjamín Prado. Y a primera vista (oída) me encantó. El bucanero que llevo en mí luchaba en mi interior para que me lo descargara. Pero no se había dado cuenta de que me encontraba en uno de los ordenadores archicontrolados y censurados del instituto donde doy clase (quien se queje de la SGAE en España, que venga para Francia, que se va a enterar de lo que es censura y control de la cultura). Todavía no me explico cómo, pero conseguí escapar de los perros de presa del instituto y me lo conseguí descargar (sí, lo confieso). Así como el último de Pereza. Y sí, no me miren así, tengo que probar cosas nuevas. Y tengo que decir que el de Pereza me ha gustado bastante, me ha sorprendido, porque yo nunca les había dado bola. Además la canción que más me ha gustado tiene un título que ahora tiene bastante que ver conmigo.

Pero es que el de Joaquín Sabina me ha encantado. Y mira que desde 19 días y 500 noches yo me había desenganchado totalmente de Sabina y no pensaba que volviera a ser lo que fue. Pero sí que lo ha hecho (Sabina 13714 – Pablo 0). De hecho creo que es el mejor disco que ha hecho, sin exagerar. Sino el mejor claramente, ahí está en dura pugna con 19 días y 500 noches y con Yo, mi, me, contigo (Y sin embargo y Tan joven y tan viejo hacen espectacular hasta un disco de Melody).

Bueno, de hecho, leyendo el primer capítulo del libro que mencionaba más arriba me he dado cuenta de una feliz coincidencia. Resulta que la primera unidad didáctica que he preparado para mis clases, hace ya más de un mes, fue con la canción de Sabina Esta noche contigo, incluida de hecho en Yo, mi, me, contigo (porque utiliza constantemente el subjuntivo, que es lo que están trabajando ahora mis niños: “que se toque la gente…”). Y resulta que el coautor de la letra de esa canción es Benjamín Prado, el compañero de Sabina en este nuevo viaje. Otra coincidencia de la que me he dado cuenta por casualidad es que este disco ha salido en la misma fecha que el último disco de Jacques Brel, Les Marquises, un 17 de noviembre (el del belga salió en 1977). Curiosa coincidencia, espero que no presagie nada.

Jacques pide desde su ventana en mi pared un poco de descanso...

Es un verdadero placer poder escuchar un disco con las letras delante, porque ves mucho más claro el arduo trabajo que le ha llevado al letrista engarzar metáforas tan brutales como las que tiene este disco. Y con este disco te das cuenta de que la amenaza de Benjamín Prado de que “va a ser el mejor disco que hayas escuchado nunca” no está muy mal encaminada. Nunca en mi vida me he topado con un disco con el que me sienta tan identificado con tantos versos. Una locura. Hay al menos dos canciones con las que me han entrado ganas de teletransportarme para gritarle emocionado y asombrado a la cara a Sabina que ese era yo, que cómo me ha espiado. Pero también lo decía Prado, “mucha gente se va a sentir identificada con el disco, porque no habla de los sentimientos de una persona en concreto, sino de sentimientos universales”. Por mucho que siga pensando que Sabina no ha sido Sabina en la última década, bajo las armas, me doy por vencido y me rindo a sus pies de nuevo.

El disco es muy nostálgico y duro hasta decir basta. Así que aquí la más simpaticona del disco. Buenísima.

Y si te sientes solo, perdido, olvidado, enfermo, incomprendido y/o aburrido -o todo junto a la vez- y tienes momentos en los que no confías en nada ni en nadie ya (empezando por tí mismo), lo mejor es aplicarte una inyección de realidad, de verdad optimista -que no tiene porqué dejar de ser cruel-, que te haga volver a sentir que la existencia merece la pena. A veces una verdad se abre paso en la realidad como una rosa entre el estiércol. Y si además tienes a mano dos enormes películas como Los amantes del círculo polar y Martín (Hache), ¿para qué quieres más?. Y si además te topas con El mismo amor, la misma lluvia, apaga y vámonos, estarás curado en un santiamén.

De hecho, anteayer, documentándome sobre Los amantes del círculo polar para la presentación que tenía que hacer de ella en el cine-club en español que organizo, caí sin saber cómo, como otras tantas veces, en una entrevista en inglés a Pedro Almodovar, publicada en la página de una revista americana de cine indie. Almodovar decía en la entrevista que para él las películas son como las personas: cuando las vuelves a ver, descubres en ellas cosas en las que antes no habías reparado. Y te sorprenden. Es bueno de tanto en tanto volver a las películas y a las personas. Con las pelis es más fácil a veces también. Y a mí es verdad que me pasa, para bien y para mal, con las dos cosas.

De Los Amantes del círculo polar (tan mía) me quedo, entre muchas cosas, con que uno siente como siente, por mucho que le joda, por mucho que le fastidie la vida y por mucho que le haga perderse tanto en este mundo de mierda donde todo se confunde y a veces es imposible abrirse paso sólo abriéndote el pecho. Seguirás sintiendo así, así que acostúmbrate y haz algo con ello. Y que las casualidades, existen, está bien, pero no son tanto casualidades como causalidades. Que las casualidades hay que salir a buscarlas, coño, como le escuché decir a un lanzador de cuchillos una vez. De El mismo amor, la misma lluvia, que la vida da muchas vueltas, que por muy perdido que te encuentres y por mucho que veas que a tu alrededor todo se ordena mientras tú no haces más que cagarla, puede que poco a poco, sin darte cuenta, tú también te encuentres. Y me quedo con que hay mucha gente muy bondadosa que a pesar de los pesares siempre va a estar ahí esperando a que le tiendas la mano. Que hay que dejarse ayudar más. Y con una frase, que en la peli Ricardo Darín la dice con sorna pero es una verdad como la inmensa catedral gótica de Reims: “la esperanza ha ganado a la experiencia”. Y de Martín (Hache), entre otra infinidad de cosas, esta vez me quedo con una cosa en la que nunca había reparado lo suficiente: la lista que le da Martín padre a Martín hijo (Hache) cuando están en la playa. Y que por una vez habría que creerse a pies juntillas y no rechistar.

 EL ASESINO DIFUSO

Algunas razones para combatirlo y seguir viviendo

A)Por puro instinto vital.

B)Por curiosidad: por saber qué pasará mañana y qué será uno mismo mañana.

C)Por el asombro que provoca ser uno mismo, el mismo, pero distinto, cadadía, mes a mes, año a año.

D)Por intentar hacer lo que sea, lo que se quiera, lo que a uno le guste, sin preocuparse por conseguir el éxito o el fracaso, buscando sentir solamente, el placer de intentarlo. Importa el camino, no la meta.

E)Por la Aventura, que existe, y viene si uno la busca, y nos hace conocer el riesgo, la fortuna, y todo lo que uno es incapaz de imaginar.

F)Por lo que nos falta por conocer. Por las mujeres que uno conocerá y amará.

G)Por el placer de comer y beber con amigos y amantes y amanecer en los bares filosofando borracho.

Buscar razones para vivir es una buena razón para seguir viviendo, y si no las hay, hay que inventárselas.

Cecilia Roth, que está más que impresionante en esta película, lee la carta y furiosa se queja de que no dice nada del dolor, no dice nada de lo que te pueden a llegar a doler muchas cosas. Acto seguido dice que la carta es una basura porque omite el dolor y la tira colina abajo. Cierto, muy cierto, puede interpretarse como filosofía barata, pero cierta también. Y es que cuando se está intentado subir la cuesta hay que pensar en la sombra fresquita que te espera debajo de algún árbol en la cima, y no en lo sudado, echo polvo y lleno de ampollas que vas a acabar. Lo importante es subirla. Me voy a dormir y a pensar en los días soleados que me esperan, porque van a llegar, porque me los merezco. Bonne nuit, orale.

 

Y bueno, después de todo este esforzado intento de engañarme un poquito a mí mismo y así hacerme un poco más dulce y más falso el camino, aquí se puede leer lo que realmente yo quería decir. Sólo que lo ha escrito otra persona, como me ha pasado con Sabina…


La bondad humana absoluta

3 septiembre 2009

 

Tan joven y tan viejoA veces la vida me abruma, me apabulla. Me he dado cuenta de que en alguna ocasión, la dicha también me ha salpicado. Me he encontrado minúsculo, parapetado y ahogado detrás de mi piel. He tenido que aferrarme a mis entrañas, porque no encuentro otra manera de asistir al espectáculo de gigantes que estalla ante mis ojos y que de otra manera me arrastraría. 

A menudo sobrevivo al maremoto de la felicidad que se derrumba sobre los hombres. Solo, he surgido de mi refugio a la calle arrasada, he caminado por entre los cuerpos mojados que yacían al sol sin tocarlos, y he proclamado por las avenidas vacías: “lo he visto, yo he estado ahí, yo he vivido eso, seguidme, regresemos”. Y me he dado cuenta de que sólo yo estaba escuchando.

Me he dado cuenta de que siempre he estado rodeado de seres alados iluminados, que me acompañan planeando mil movimientos en el viento. Ahora sé que si están ahí no es por casualidad, sino porque de alguna manera saben, cuando pasan en vuelo raso cerca de mí, que siempre voy necesitando una mano. He descubierto su plan, y a partir de ahora voy a hacerles creer que no lo sé. Les trataré como a simples humanos. Dejaré que se acerquen a mí, confiados de mi torpeza, y así sentiré en la nuca la brisa de sus alas protectoras.

A veces me he sentido tan tocado por su luz, he sentido mi cuerpo reflejar tanto su brillo, que he llegado a cegarme, mis ojos se han incendiado y he andado aturdido sin rumbo, como un niño gritando a carcajadas y saltando los charcos sin miedo a nada. Sin saber hacia dónde iba, poco me importó el camino a escoger. Anduve inconsciente tropezando y derrumbando mis regalos por el suelo. No es fácil caminar entre tanta luz, pero tampoco es sencillo sentir cómo se aleja un ángel.

Falta demasiada luz por repartir por el mundo. Sé perfectamente que muchos vendrán y otros se irán, porque es así. Así como vinieron, se irán, y es bueno que sea así. Pocos se quedarán conmigo. Y ahora que estoy seguro de que siempre estarán ahí, intercambiándose los puestos, llamando a nuevos Dédalos, llegando unos, partiendo otros, los veo alzar el vuelo, miro al cielo y contemplo asombrado que está lleno de ellos, y que yo he sido el engañado, ya que en realidad son simples humanos, que un día soñaron con volar, y lo consiguieron. Me miran directo a los ojos, me convencen de que yo también puedo volar, solo esperan que me una a ellos y deje atrás esa vida de Ícaro en caída constante. Ya no hay excusas.

A veces siento que no puedo asimilar la grandeza de la vida que me rodea, que mi corazón se despedaza como si estuviera hecho de pan blanco, pero ahora, he aprendido a  recoger mis propias migajas. Como de mi propio corazón como un pájaro azul. Comed de él, ángeles, el mundo espera por nosotros.

Es la vida tan misteriosa, tan astuta, que incluso ha conseguido que yo llegue a creérmela.

 

 Desde las selvas oscuras, el hombre pluma, tan joven y tan viejo…


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