¿Quién me ha regalado el mes de Abril?

23 abril 2010

Jorge Drexler dice en Todos a sus puestos, la penúltima canción de su nuevo disco, Amar la trama: “Claro que lo sé, lo tengo más que claro: los días raros son muchos y los días buenos raros. Duró la efímera rosa lo que duran los suspiros, lo que una mariposa dura fuera del Retiro”. Es decir, disfrutemos de lo poco bueno que a veces nos da la vida, porque ni siquiera sabemos cuánto va a durar esa felicidad. Y yo estoy tan colmado últimamente de suerte que ya incluso empiezo a sospechar. También es verdad que ya me tocaba. Yo que creo fielmente en los ciclos de la vida (aquello del Ying y el Yang, de que el día no llega si no se ha pasado la noche, de que no te encuentras si primero no te has perdido, etc.), estaba esperando ya desde hace mucho una época de vacas gordas (o “hermosas”, como dirían en mi pueblo). Pero es que tengo la mosca detrás de la oreja porque no es normal: precisamente hasta hace nada mis vacas se estaban quitando las moscas a coletazos y ahora tienen como mínimo obesidad mórbida. No pensaré demasiado en ello y buscaré el equilibrio para que dure lo máximo posible. Las buenas noticias son para contarlas, para darles aire, y yo tengo un buen puñado ahora mismo.

Después de un mes de recogimiento en Épernay por falta de dinero (viví las vacaciones de febrero demasiado intensamente), me apunté a otro curso del Centro de Recursos Didácticos del Ministerio de Educación Español de París para finales de marzo. La buena noticia, aunque mi trabajo me va a costar (y está bien que así sea), es que voy a ser coordinador de un grupo de trabajo de creación de unidades didácticas para desarrollar la oralidad en la clase de ELE (Español como Lengua Extranjera). El trabajo resultante de este grupo será publicado en la página Web del Ministerio de Educación, con un ISSN, que es como una matrícula internacional para reconocer a las publicaciones periódicas.

A finales de marzo recibí la visita de Vir, una mujer culta y divertida como pocas, uno de mis ángeles de la guarda. La suerte no me acababa de sonreir justamente desde la última vez que la vi, cosas del destino. Fue a la primera persona a la que le hice de guía por París (aviso para navegantes: acabó con tendinitis), ahora que me lo conozco bastante bien, y también ha sido ella la primera persona que me conoce de verdad que ha visto Épernay y ha comprendido lo difíciles que han sido los meses aquí. Es un gustazo inexplicable vivir cosas de tu vida con gente que te conoce y a la que quieres. Pero como decía, las cosas se aprecian más cuando son señaladas, como su visita. Como aprecié muchísimo mis vacaciones divididas entre Murcia y Granada, reencontrándome con familia y amigos a los que veo cada vez más de tanto en tanto, que voy echando cada vez más de menos, y por lo tanto, apreciando mucho más los gestos de cariño que recibo de todos ellos. Llegué a Granada contrariado porque era la primera vez desde que la pisé en la que llegaba como visitante, como turista. Al principio me sentí un guiri más que llegaba para 5 días, como un anciano prematuro que regresa al lugar donde fue feliz y que no acaba de reconocer la ciudad que vivió… hasta que me reencontré con un buen número de amigos que me volvieron a hacer sentir como en casa, a reconocerme entre ellos y entre aquellas calles. Ya lo decía Sabina: “al lugar donde has sido feliz nunca deberías tratar de volver”… pero esta vez no fue tan dramático y me dió el punto justo para volver a Francia con toda esa energía positiva en la mochila.

Bueno, antes de eso, y un día después de la partida de Vir, entré por primera vez en el que será mi nuevo piso en París, a una manzana del cementerio Père Lachaise, donde están enterrados, entre otros: Jim Morrison, Oscar Wilde, Édith Piaf, Delacroix, Balzac, La Fontaine o Proust. Pero lo mejor es el compañero de piso que voy a tener, JeanPhi, un alsaciano rubio de 1,92m, fisioterapeuta, aventurero, con el alma de ébano africano (señoras calma, por favor, que yo lo ví primero). Una persona con la que voy a poder compartir y explotar todo lo que nuestro barrio y París tiene para ofrecer.

Precisamente por él supe que venía el grandioso músico malí Salif Keita a tocar a la mítica sala de conciertos Olympia, para presentar su último disco, La différence. Fuimos allí, con varias amigas más, y el concierto superó tantísimo mis expectativas que tenía que compartirlo no sólo con ellos, si no con muchas más personas. Y aquí es donde el cóctel de buenas noticias continúa.

Justo un par de semanas antes recibí un mail de Santiago Tadeo. Hace un año le dí clases de portugués a él y a su novia Ángela en Granada, ya que ella se iba de Erasmus el próximo curso y él le iba a acompañar (y a día de hoy siguen allí). Me quedé sinceramente muy impresionado cuando supe que aquel chico simpático, inteligente y tímido era uno de los responsables (el director de contenidos y el redactor de la inmensa mayoría de ellos) de la célebre web Acid Jazz Hispano, una página que yo había visitado en innumerables ocasiones antes de conocerlos, ya que cuenta con una de las mayores y mejores bases de datos sobre música negra de internet. A decir verdad, de música negra y un muy amplio “alrededores”. De hecho, en los últimos tiempos Santi, con muy buen criterio, ha abierto el abanico de músicas y estilos que tienen cabida en la página y, según sus propias palabras: “siempre que se trate de buena música, tiene cabida en la página”. Ahí es donde entro yo.

Resulta que el año pasado le escribí para comentarle un pequeño error (si lees esto Santi, siento destriparlo, pero es gracioso) que había visto en una crítica que él hizo de un recopilatorio sobre el gran músico brasileño Jorge Ben, un error en el que yo caía y todos caemos, sobre todo influenciados por los medios de comunicación, y más concretamente, por los deportivos (¡Ay! ¡Si Lázaro Carreter levantara la cabeza!). Él se refería a la música brasileña como “carioca”, con el mismo significado que “brasileña”, a la usanza de los periodistas deportivos españoles cuando se refieren de forma errónea a la selección brasileña de fútbol como “la selección carioca”. “Carioca” define a alguien nacido en Río de Janeiro, y no alguien brasileño. Sería como si se utilizase el adjetivo “gallego/a” o “andaluz/a” con el sentido de “español”. Como él mismo me decía en el mail, tardó muchísimo en responderme, pero nunca es tarde si la dicha es buena (maravillosa en este caso): me proponía en esa misiva participar como colaborador en la web, escribiendo biografías sobre artistas brasileños y críticas sobre sus discos más representativos, una de las mejores y más ilusionantes noticias que he recibido en mucho tiempo. Así que en resumen, me gustó tantísimo el concierto de Salif Keita que mi primera participación fue una crónica de su espectáculo. Aquí está mi autobiografía musical en la página de Acid Jazz Hispano, y al final de la página, mis artículos hasta el momento. Podréis encontrar enlaces a la página y a los blogs de Santi y Ángela en la parte derecha de este blog, en “Sentimientos afines”.

VER EL VIDEOCLIP DE LA DIFFÉRENCE DE SALIF KEITA (MUY RECOMENDABLE)

Pero ahí no acaba la cosa, porque en esos pocos días que me restaban de vacaciones en París y hasta mi regreso a Épernay, tuve la oportunidad de hacer la que ha sido hasta el momento mi primera y última entrevista de trabajo en París, que se desarrolló de manera inusualmente relajada entre el francés y el portugués, y que terminó de manera perfecta, ya que el entrevistador me dijo que haría todo lo posible para que el trabajo me lo dieran a mí. Casa y trabajo antes de llegar a París… eso, como digo yo, no es tener una flor en el culo, es tener una ramo entero.

Pero ahí tampoco termina la cosa, ya que dos días después de regresar a la soledad del pueblo recibí una llamada del Ayuntamiento de Palafrugell, Girona, para comunicarme que había ganado el III Premio Internacional de Poesía de la Fundación Jesús Serra, un premio joven pero muy importante y ya célebre en el mundo de las letras. Además mi interlocutor me repitió por tres veces que debía estar muy contento porque el jurado lo eligió por absoluta unanimidad entre los más de mil participantes (máxime sabiendo que el premio del año pasado fue compartido). Me hubiera gustado ir a recoger el premio en persona, pero entre el poco tiempo con el que me han comunicado la agradable noticia y la bendita nube volcánica, finalmente no se han dado las condiciones adecuadas para ir hasta allá. Ya lo celebraré con quien toque y donde toque en un futuro. Porque esto es para celebrarlo. Después de tantos momentos de soledad absoluta aquí en este pequeño pueblo, al final parece que tomé la decisión correcta cuando decidí pasar al papel todo lo que me estaba viniendo a la cabeza, mis recuerdos, mis dolores, mis esperanzas… mi vida en definitiva. Ha sido lo mejor que he podido hacer aquí por mí mismo.

Y es que como siempre, hay que tener paciencia, ir poco a poco, plantar semillas por doquier en épocas de escasez y esperar a que llegue el sol de la primavera y haga brotar con esplendor todo lo plantado. Pero todo esto es tal vez demasiado y tarde o temprano llegará un equilibrio. De todas maneras, estoy inmensamente feliz y agradecido a todos aquellos que me han apoyado en esta época difícil, y me sigo preguntando: ¿Quién me ha regalado el mes de abril? ¿Cómo pudo sucederme a mí?

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La inmersión en los círculos de la trama

10 marzo 2010

A veces es extraño como uno se puede sentir identificado con un escritor o un cantante por encima de los demás, de todas las cosas. Seguramente tiene mucho más que ver con el momento en que por fin te paras a escucharlo que a la persona en cuestión o lo que hace, tiene que ver mucho el momento en que el anzuelo se te clava dentro y te hace despertar a la evidencia de que esa persona está haciendo o buscando lo que en el fondo a tí también te gustaría, pero no puedes. Él lo saca fuera y lo hace arte. Y eso me pasa a mí con Jorge Drexler.

Recuerdo que la primera vez que lo escuché con atención fue hace ya 4 años (que se dice pronto). El verano comenzaba en Granada y ante mí se abría la nada, un final de curso sin mucha historia, con noches cálidas tranquilas sin demasiado que hacer y un verano con la pierna escayolada en mi pueblo (aunque eso yo todavía no lo sabía).

Regresando de una de esas noches a casa de mis amigos, ni triste, ni abatido, ni apenado, simplemente apático, entré en el cuarto de uno de ellos, que se había quedado estudiando, y me fui a sentar a su vera, en el borde de la cama. Después de una pequeña conversación a juego con esas noches sin fondo, me miró y mi cara debía ser un poema, porque me dijo: “escucha esto”. Acto seguido, tan sólo colocó en el reproductor del ordenador la canción La edad del cielo, y me dijo: “presta atención a la letra, es muy importante”. En un principio, como soy así de descreído, pensé: “ya se le han subido Jackobson y Saussure a la cabeza, veamos pues”. Cuando comenzaron los primeros acordes seguía instalado en mi atalaya de desidia, pero cuando las primeras palabras de la canción comenzaron a sonar y le vi a él repetirlas desde mi escepticismo, comprendí que me tenía que dejar hacer, recibir aquello, que era lo mejor que nadie me había ofrecido en semanas: “Calma, todo está en calma. Deja que el beso dure, deja que el tiempo cure. Deja que el alma tenga la misma edad que la edad del cielo”.

Desde aquel momento decidí tomarme todo con más calma, relativizar un poco y tratar de encontrarme a mí mismo entre toda la confusión que me rodeaba y que salía desde el mismo centro de mi cabeza por todas las calles del Albayzín.

Por aquel entonces ya había salido el disco Eco, que yo tenía por algún lado olvidado en el ordenador y que nunca me había parado a escuchar. Qué mejor momento para lanzarse a la escucha. Me encontré con un disco original, optimista y que traspasaba las barreras de lo que normalmente suele hacer un cantautor, con experimentos electrónicos, cruce de caminos entre muy variados estilos musicales y unas letras con una sonoridad casi perfecta, simples en la forma pero con unas imágenes y una simbología vital muy enraizada. Para mí, uno de los mejores discos en español de las últimas dos décadas y que no es valorado como se debe. Yo creo que todos los premios que se llevó su siguiente disco, 12 segundos de oscuridad, una continuación de Eco mucho más nocturna e íntima, le llegaron simplemente para enmendar de alguna manera el injusto silencio con el que convivió ese disco, a pesar incluso del Oscar que ganó Drexler por Al otro lado del río.

Chico Buarque, un genio, con subtítulos en español.

Y precisamente ahora, y creo que como parte de la promoción de su nuevo disco, en el blog cultural Papeles Perdidos de Elpaís.com, se ha publicado un pequeño artículo en el que Drexler habla de las 5 canciones que más le han marcado, en su caso, como compositor. Quitando las dos referencias uruguayas (de los dos tótems de la música de aquel país, Alfedro Zitarrosa y Fernando Cabrera), yo podría suscribir también las otras tres: Chega de saudade, de João Gilberto y compuesta por Tom Jobim y Vinicius de Morães y que marcó el nacimiento de la Bossa Nova, Construção del enorme y nasalizado Chico Buarque, y Julia, de los Beatles y compuesta por John Lennon en homenaje a su madre, a la que vió morir atropellada en las calles de Liverpool cuando era niño.

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La maldad humana absoluta

22 agosto 2009

Otra vez la casualidad ha querido que caigan en mis manos dos obras maestras que sin saberlo tenían y tienen mucho que ver entre sí. Esta vez han sido los dos últimos libros que he leído. Por un lado, Maus: relato de un superviviente, de Art Spiegelman, y por otro, Estrella distante, del genial escritor chileno ya fallecido, Roberto Bolaño.

Portada de la última edición española de MausMaus es un libro del que había oído hablar y que sabía que tarde o temprano acabaría leyendo, por la curiosidad que despertaba en mí el hecho de que sea el único cómic que ha ganado el premio Pullitzer (lo que hace el buen marketing). Se trata de un cómic (más bien una novela gráfica) en la que el autor cuenta con minuciosidad la experiencia de un judío polaco durante la ocupación nazi a través de las vivencias de su padre. Lo que se ve en películas de Hollywood como La lista de Schindler o El pianista se queda en un cuento de hadas si lo comparamos con muchos pasajes de este cómic, donde muestra mil situaciones vejatorias, patéticas y de torturas por las que pasa el personaje, el padre del autor, que salva su vida por pura casualidad, sin que lleguemos a entender cómo lo consigue. Es realmente espeluznante ver hasta donde puede llegar la maldad humana. Este cómic hace que te plantees muchas cosas sobre la vida, la muerte, la crueldad pura y absoluta del ¿ser humano?, y no sólo eso sino que hace que revises mil prejuicios (buenos y malos) que tenemos sobre los judíos y otras cuestiones de la historia mundial moderna. 

Pero además, y tal vez lo que es más novedoso y estremecedor para mí, el autor intercala una y otra vez escenas de la relación personal que tiene con su padre. De hecho todo el cómic se sustenta sobre esa relación: el autor, hablando con su padre, se preocupa e interesa por su ascendencia, la historia de su familia y cómo sobrevivieron al nazismo. Art Spiegelman aparece en el cómic desde la primera página, y lo va desarrollando con escenas en las que aparece hablando con su padre, cuaderno de notas o grabadora en mano, mientras éste le relata la durísima experiencia vital que sufrió, todo ello aderezado con escenas familiares a las que a veces da un poco de vergüenza asistir. Pero todo eso es lo que humaniza más el relato, lo vuelve más cercano y es cómo consigue atarte a él. Cuando acabó el libro sentí que quería seguir exponiendo mi mente a todo lo que me brindaba, para que pusiera a prueba mi capacidad de análisis, de empatía, de comprensión. Muy recomendable, la verdad.

Se presenta en blanco y negro, con unos dibujos muy toscos, en los que destacan las figuras lánguidas y escuálidas de los ratones sobre fondos duros y oscuros. Y es que aquí los personajes son animales: los judíos son ratones estilizados, los nazis son horondos gatos de afilados colmillos, los suecos son renos, los estadounidenses son perros y los polacos son cerdos (saquen sus propias conclusiones). Por ejemplo, a mí me ha causado bastantes dilemas morales el que identifique cada nacionalidad con un animal, y que incluya por lo tanto a los judíos como estatus de nación, identificándolos con ratones. Por ejemplo, los alemanes y polacos, ya sean nazis, colaboracionistas o simples almas en pena que sobrevivieron al Holocausto como pudieron, están siempre representados por el mismo animal, gatos y cerdos, sin distinciones. El autor no considera de ellos más que lo que se supone que pone en sus pasaportes.

Hay una escena que me chocó muchísimo, y que no cesó de hacer run run en mi cabeza mientras leía el libro, y creo que está puesta a propósito para causar en el lector este tipo de preguntas. En dicha escena, el autor no sabe cómo dibujar a su mujer, que es de nacionalidad francesa, si como un alce, una rana, una coneja, una perra (por dios qué connotaciones que tienen estos dos animales en femenino), y su mujer se enfada, no sé si con más o menos razón (¿porqué reivindicar tu condición de ratoncita?), porque se siente discriminada. Al final decide dibujarla como un ratón porque ella se acabó convirtiendo al judaísmo para contentar al padre del autor, la fuente de todas las anécdotas del cómic. Yo, que no sé a qué le tengo más tirria, si al separatismo al que nos llevan las religiones más mayoritarias o al separatismo al que nos llevan la defensa de las supuestas razas superiores y naciones ancestrales, no pude evitar sentir pena y tristeza al ver cómo el autor, que sabe lo que es sufrir discriminación por cuestiones religiosas, hace ya de por sí en la génesis de su obra una discriminación con la religión como base (o como dice Jorge Drexler, cantante uruguayo judío que es mi pura debilidad: “no hay pueblo que no se haya creído el pueblo elegido). Aunque hay que reconocerle que esa división da mucho juego desde el punto narrativo (es muy curioso ver cómo dibuja a los judíos que se hacen pasar por polacos o alemanes). En fin, allá cada cual con sus creencias.

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