Quisiera ser tan alto como la luna

30 diciembre 2011

Jeremy Geddes - Adrift (2011)

Me encanta viajar, como sea y por la razón que sea, pero moverme de un lugar a otro. Nunca me dejará de sorprender la manera en la que los viajes cambian nuestra percepción de la realidad y de nosotros mismos, y cómo se modifican muchos conceptos cuando llegas a un lugar, como el del tiempo o tu interacción con el medio que te rodea.

Una vez más (y ya van unas cuantas) he hecho un viaje de apenas una semana a Murcia y me ha sorprendido muchísimo el verme dentro de ese lienzo que es la realidad murciana. En el mejor sentido de la expresión.

Regresar a tus orígenes supone siempre enfrentarte de alguna manera a ti mismo, a lo que fuiste y a lo que en el fondo sigues siendo. En un terreno conocido, por muy hostil que pueda parecer a veces, siempre llegas a manejarte mejor y sabes cómo lidiar con ciertas circunstancias, a base de experiencia y ensayo y error.

Unas veces creo que todo sigue igual y otras veo que todo ha cambiado. Y claro, como esa visión surje de mí, no puedo evitar pensar que en realidad, lo que se estanca o evoluciona al fin y al cabo, soy yo mismo.

Hace unos meses sentía que no tenía un lugar con el que me identificara y en el que me reconociera, de repente en este viaje me he dado cuenta que se puede tener más de un hogar. Una de las verdades universales con las que concuerdo más es que un lugar lo hace la gente. Y un lugar se convierte en hogar cuando hay gente que te conoce y que te aprecia, en la que te reconoces y con la que puedes compartir lo poco que puedas tener para dar.

Salir fuera es en mi caso una decisión personal, lo hago porque quiero y porque hay algo dentro de mí que hace saltar una alarma cuando la rutina empieza a hacer mella en el día a día. A pesar de que a veces me he sentido muy solo, incomprendido, perdido o sin un horizonte claro, y he echado mucho en falta a mis seres queridos. Pero si yo he elegido salir y descubrir otras cosas, cualquier experiencia es buena. Si tú eliges estar en un lugar determinado y eres feliz al tomar esa elección, por dura que sea tomarla, entonces sabes que al final estará todo bien pase lo que pase en ese lugar. Sabes que pase lo que pase, en este viaje el cosmonauta siempre tendrá un lugar adonde regresar.

Julio Cortázar y Carol Dunlop, los cosmonautas de la autopista

Y aunque sienta que tengo más de un hogar, muy a menudo me siento como un cosmonauta que está de paso y que nunca acaba de tocar tierra. Y si lo hago, es para tomar impulso y volver a saltar más alto todavía. Y aunque da vértigo, ese vértigo no da miedo, me excita y quiero saltar más alto. Pero si no tienes miedo al vértigo, puedes llegar a perder la perspectiva de las cosas, y no hay que olvidar que la base está en tierra. Cosmonauta no saltes tan alto que te puedes perder en el espacio.

Viajar dentro de este viaje es la más saludable mise en abîme que puede haber en la vida, porque aprendes a valorar lo que tienes aquí y allí, y como tus neuronas viajan mucho más rápido que tú, también aprendes a valorar lo que tuviste y a perderle el miedo a la incertidumbre de lo que puedes llegar a tener o perder en el futuro.

Y sobre todo, aprendes que echar de menos es lo más normal del mundo, y te das cuenta que estos momentos que hoy vives un día también los echarás de menos, interminablemente. Por eso hay que seguir adelante y vivir con pasión el momento, para construir nuevos recuerdos que nos den fuerza en el futuro.

Tira de 'Macanudo' del ilustrador argentino Liniers

De todas formas y bien mirado, ¿quién de nosotros no está de paso aquí? ¿Dónde llegaré? ¿Cuándo llegaré?

Jeremy Geddes - The white cosmonaut (2009)

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Beirut – Lon Gisland EP – 2007

13 mayo 2010

Un EP que ya merece la pena simplemente por esa obra maestra de belleza indescriptible llamada Elephant Gun, una canción y un videoclip que marcaron un hito en mi vida musical.

Pincha en el logo para ir a la crítica del disco

Rizando el rizo: El capítulo 7 de Rayuela leído por Julio Cortázar con el videoclip de Elephant Gun…

Pincha y llévatelo :-)

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Happy New Year 2010

31 diciembre 2009

HAPPY NEW YEAR

Mira, no pido mucho,
solamente tu mano, tenerla
como un sapito que duerme así contento.
Necesito esa puerta que me dabas
para entrar a tu mundo, ese trocito
de azúcar verde, de redondo alegre.
¿No me prestás tu mano en esta noche
de fìn de año de lechuzas roncas?
No puedes, por razones técnicas.
Entonces la tramo en el aire, urdiendo cada dedo,
el durazno sedoso de la palma
y el dorso, ese país de azules árboles.
Así la tomo y la sostengo,
como si de ello dependiera
muchísimo del mundo,
la sucesión de las cuatro estaciones,
el canto de los gallos, el amor de los hombres.

Julio Cortázar


“Nadie quiere dormirse aquí…”

27 noviembre 2009

 

La luna, la noche, la lluvia. Hay que decir que aquí es tremendamente hipnótica, aunque más de una vez se me olvide que está ahí. Será cuestión de tomar un baño de luna al abrigo de la lluvia. El lunes es luna llena, y casi, casi, también lo es en Nochevieja. Yo haré como que coincide, será mejor así.

EN LA NOCHE TRANQUILA – LI BAI

Pienso en la noche,

delante de la cama la luna brilla,

encima de la escarcha está la duda,

miro arriba y hay luna llena,

miro abajo y añoro mi tierra.

 

APLASTAMIENTO DE LAS GOTAS – JULIO CORTÁZAR (Historias de Cronopios y Famas).

Yo no sé, mira, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol.

Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.

Moon River, wider than a mile,
I’m crossing you in style some day
Oh, dream maker, you heartbreaker,
Where ever you’re goin’
I’m goin’ your way.

Two drifters off to see the world,
There’s such a lot of world to see.
We’re after the same rainbow’s end,
Waitin’ ‘round the bend,
My Huckleberry friend, Moon River and me.


Julio, je t’aime. Paris, elle m’aime

5 noviembre 2009

No puedo evitar acordarme cada vez que estoy aquí del título de la web de los asistentes de español en Francia: París me mata. París me exhausta (se diga o no así), me hace superar mis límites físicos y lo que no sé si es peor, mejor o posible, mis límites mentales. Y sé que siempre va a ser así, ya venga seis días de vacaciones o pase 6 años viviendo aquí, París no me va a dejar descansar nunca porque yo no me voy a dejar. París me hace, por ejemplo, decidir saldar una cuenta pendiente de mi primera visita: pasar a ver a Julio Cortázar, tan grande que cada vez que escribo o leo su nombre creo que va a desbordar y va a ocupar todo el espacio respirable. Cortázar me mata.

Visita a la tumba de Julio Cortázar en el cementerio de Montparnasse. Después del sinnúmero de veces que se lo habrán preguntado, el encargado de guardia sabe muy bien de quién se trata y nos indica el camino en el plano que los visitantes pueden estudiar en la pared, al lado de la puerta de entrada; y así, marchamos por la avenida principal en busca de Allée Lenoir tratando de llegar a la 3ª División, 2ª Sección, 3 Norte, 17 Oeste; pero en este primer intento uno se pierde en el laberinto de pequeños mausoleos y tumbas y, después de breves homenajes ante las de Baudelaire y Sartre, vuelve a la oficina de la entrada con Edgar Quinet sólo para confirmar que la información estaba bien pero que uno no había tomado la Allée Lenoir y regresa para ahora sí encontrar lo que busca; y ahí está, blanca, plana, dividida en dos partes iguales y con los nombres de Carol Dunlop arriba y Julio Cortázar abajo, más fechas.

[…] Me despido en silencio y, otra vez sobre la alameda Lenoir y la avenida, regreso y cuento cincuenta y cinco pasos desde ésta al lugar en que se halla la tumba, en un acto de signo absurdo pero así fue. De salida, el guardia nos hace adiós con un gesto de inteligencia y complicidad que significaba que era donde él decía.

Augusto Monterroso, Pájaros de Hispanoamérica.

Lapida Julio Cortázar

La tumba de Julio Cortázar en el Cementerio de Montparnasse

Una mañana decido que el único plan y objetivo del día va a ser encontrar la tumba de Julio Cortázar, y que todo lo demás que venga va a estar bien. Pero ese día tengo que ver a Julio Cortázar. Creo que Juan José Millás escribió alguna vez que la vida es algo así como las cosas que te ocurren mientras te empeñas en hacer otras. Sólo hace falta que ese día me empeñara en encontrar a Cortázar, el proceso y las consecuencias (coincidencias) posteriores iban a colmarme por completo. Es curioso, pero me pasó como a Monterroso. Sólo que yo no pregunté al guardia, ni cogí el mapa que te daban en la entrada. Miré de manera furtiva el mapa que había en un cartel de la entrada e intuí apenas la zona del cementerio donde se encontraba. Así que me fui hasta esa zona con toda la calma del mundo. Tardé casi una hora en vislumbrar al cronopio blanco con forma floral que preside su tumba y la de Carol Dunlop (su última mujer, “la osita”). Me dirigí hacia la tumba con el pecho henchido de emoción y atravesando las lápidas con las coronas de flores como quien atraviesa una jungla apartando el follaje. Una señora mayor, con un pañuelo en la cabeza, me miró primero sorprendida y luego sonrió al ver mi decisión.

Lo queremos porque es bondadoso.

Es bondadoso como ser humano y muy bueno como escritor. Tiene un corazón tan grande que Dios necesitó fabricar un cuerpo también grande para acomodar ese corazón suyo. Luego mezcló los sentimientos con el espíritu de Julio. De allí resultó que Julio no sólo fuera un hombre bueno, sino justo. Todos sabemos cuánto se ha sacrificado por la justicia.

Por las causas justas y porque haya concordia entre todos los seres humanos.

Así que Julio es triplemente bueno.

Por eso lo queremos. Lo queremos tanto sus amigos, sus admiradores y sus hermanos.

En realidad, él es nuestro hermano mayor.

Nos ha enseñado con sus consejos y a través de sus libros que escribió para nosotros lo hermoso de la vida, a pesar del sufrimiento, a pesar del agobio y la desesperanza. Él no desea esas calamidades para nadie. Menos para quienes saben que, más que sus prójimos, somos sus hermanos. Por eso queremos tanto a Julio.

Juan Rulfo. Carta a Julio Cortázar.

Tumba de Cortazar2

El Cronopio bonachón

El encuentro no pudo ser más emocionante. Llovió durante toda la mañana, hacía frío y soplaba un viento incómodo. Pues lo creyera yo mismo o no, en el mismo momento en el que me planté delante de la tumba, las nubes se apartaron y un furioso rayo de luz lo iluminó todo. A mí sólo me interesa lo que tenía justo enfrente de mí. Fue muy emotivo, casi hasta las lágrimas. El Cronopio sonriente. Ver a Carol Dunlop y a Cortázar uno al lado del otro. Leer una carta anónima de un chico también murciano como yo, fechada apenas diez días antes. Descubrir que en una esquina de la tumba hay un orificio, como si fuera una puerta para que entrara Orfeo. Por supuesto las pequeñas y humildes ofrendas de los visitantes. Y sobre todo una frase, también anónima, escrita en una de las esquinas con una letra casi microscópica y que rezaba algo así como: “Porque me hiciste entender que la vida era viajar y venir a visitarte”. Era tan sencillo y tan cierto que no pude más que darle la razón, mordiéndome el labio, derrotado ante tanta verdad. No sé cuánto tiempo pasé delante de la tumba, observándola, agachándome para acariciarla, y sobretodo, pensando en todo lo que ese hombre me ha hecho vivir, pensar, experimentar, buscar, luchar, sonreir, soñar. Sólo él lo sabe porque yo apenas lo intuyo, creo que no sé a ciencia cierta hasta qué punto este hombre me ha ayudado. Me ha salvado. Por eso, le dejé yo también unos pequeños obsequios que seguramente le harán sonreir, porque estará ya acostumbrado, y además un pequeño secreto escrito en un ticket de metro, un descubrimiento maravilloso que él me brindó y que ha convertido en una obviedad por la que hay que luchar hasta el fin. Un poco avergonzado por estar tanto tiempo delante de él, pensé aquello de “vamos a irnos que esta gente querrá acostarse”, y me apresuré a desaparecer de su vista (porque supongo que los muertos tan solo ven al frente).

En corrientes y esmeralda, en otros tiempos, vi pasar a escritores que nunca dejaron el país y escribían como un francés cualquiera. Yo entendí mejor a Buenos Aires leyendo lo que vos escribías en París. Así es tu grandeza, así tu amor.

También entendí mejor el mundo leyéndote, o sea, lo quise más. Creo que no sería difícil demostrar cómo y por qué tu literatura es más audaz que la de Borges, más inicial y misteriosa, más abierta a todos los temblores por venir, más cariñosa del presente y, por eso mismo, más respetuosa o dolida del pasado.

A vos siempre te veo –como tu personaje–

inventando un camino para ir de una ventana a otra ventana, del misterio de un puño a los crepúsculos de Mozart, de un ser a otro, y otro, y otro, y otro.

Siempre sentí que tu amor es infinito.

Siempre supe que tu obra nos abriga, que tu mejor obra sos vos.”

Juan Gelman (final de la “Carta” que dedicó a Julio Cortázar en el número homenaje que publicó la revista cubana Casa de las Américas).

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"Y cuando todo acabe, yo no quiero una piedra. Encima de mí solo quiero tierra, y algunos frutales, para que me abracen, que sus tiernas raíces me comprendan"

En total pasé en ese cementerio más de tres horas, ahora sí, armado con un mapa de papel que encontré junto a la tumba de Cortázar, mojado y sucio de tierra. No era un manuscrito hallado en un bolsillo, pero sí un mapa hallado en la tumba de Cortázar, y eso le da mucho más valor. Sacié mi imaginario francés con Baudelaire, Henri Langlois, Vidal de la Blache, Alfred Dreyfus, César Vallejo (peruano éste) Serge Gainsbourg, Larousse, Hachette, Man Ray o la bella Jean Seberg -siempre vendiendo su New York Herald Tribune, siempre-, y también reviví la escena de uno de los cortos de Paris Je t’aime frente a las tumbas de Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y Porfirio Díaz. Tan sólo me faltó encontrar la tumba de Guy de Maupassant, pero era tarde, y París me esperaba afuera para matarme y volver a darme la vida. A la próxima que vaya a visitar a Julio.

Versión original con subtítulos en inglés

Versión doblada al español (una pena el doblaje, por la voz y por la entonación -entre otras cosas-)


Feliz y curioso cóctel veraniego

8 agosto 2009

Cuadro 'Las cuatro estaciones' del pintor checo Alfons Mucha

Cuadro 'Las cuatro estaciones' del pintor checo Alfons Mucha

A veces, la poesía se esconde en los lugares más extraños e inusuales. Y no me refiero en un sentido más bien abstracto, como por ejemplo ver algo de poético en la manera en la que mi abuela desgrana con dificultad un racimo de uvas. Me refiero a un texto en sí, un texto que a priori no ha nacido para albergar en su interior nada de poesía, pero que por alguna extraña paradoja, acaba descubriéndose como un melodioso e hipnótico texto.

Hace un par de semanas estaba hojeando el periódico. Llegaba ya al final del diario y pasaba por la página dedicada a la predicción meteorológica cuando algo me llamó la atención e hizo que me detuviera. Debajo de los mapas de isobaras, las tablas de temperaturas nacionales e internacionales y justo encima de una fotografía tomada por el Meteosat, se encontraba lo que parecía un pequeño artículo de opinión. ¿Un artículo de opinión en la sección del tiempo? Qué cosa más rara… el artículo estaba firmado por una tal María Josep Picó, quién aparecía retratada en una pose relajante, que transmitía paz y seguridad. Ahora sé que fue Premio Nacional de Periodismo Medioambiental en 2005. El artículo se titulaba La combinación, lo cual me pareció perfecto para un pequeño artículo de opinión insertado en la página del tiempo, un exótico cóctel.

Lo leí por encima y noté que algo se me escapaba… ¡no me había enterado de nada! Lo intenté varias veces, pero me quedaba tan hipnotizado por la harmonía que me transmitía el texto que sólo podía fijarme en el vaivén de las palabras dentro de mi cabeza. Me encantó la manera en la que estaba redactado y realmente me pareció como un pequeño tesoro escondido en esas páginas por lo común anodinas. Es tal vez una (gran) tontería, pero me parece que este pequeño texto está construído con un habilidad magistral para encadenar sustantivos y adjetivos largos y melódicos, de tal manera que te lleva de principio a fin como flotando encima de una mansa ola. Es algo que me encantaría tener, esa habilidad para salir airoso de una acumulación de palabras biensonantes, darles el toque justo para que parezca que han caído así por casualidad, cuando en el fondo hay mucha práctica y experiencia detrás de una simple frase perfectamente engarzada.

Si no creen lo que digo sobre la harmonía del texto, prueben a leerlo en voz alta, de forma pausada e impostando la voz, como si estuvieran declamando una poesía romántica o uno de los artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. O bueno, si lo prefieren pueden leerlo mentalmente en el caso de que tengan bastante desarrollado el sentido del rídiculo tanto propio como ajeno. A mí me parece muy hermoso el texto, aunque siga sin querer entender su significado (bastante diáfano por otro lado), porque prefiero quedarme con las caricias mentales que me proporciona.

LA COMBINACIÓN

María Josep Picó

María Josep Picó

María Josep Picó, Martes, 21 de julio de 2009, leído en La Opinión de Murcia

La incidencia del viento de levante va a suavizar, en las zonas cercanas al litoral, el incremento de las temperaturas, más acusado desde ayer en el centro y el sur de la península Ibérica. Sin embargo, a partir de mañana este flujo con recorrido marítimo tiende a disminuir por la entrada de una masa de aire sahariana mucho más cálida, favorecida por una depresión barométrica ubicada al noroeste peninsular. Ésta, a su vez, rebajará los valores térmicos en aquella área, como indica el pronóstico del Ceamet. En el área mediterránea, la acción del aire africano coincidirá con los vientos cálidos y sin carga húmeda de poniente. Por ello, mañana se espera un día tórrido.

 

Fotografía de Shana y Robert ParkeHarrison

Fotografía de Shana y Robert ParkeHarrison

Me encanta. La sonoridad del texto me evoca (salvando las distancias) el lenguaje gíglico creado por Julio Cortázar y que éste usa magistralmente en el capítulo 68 de su grandiosa ¿novela? Rayuela. El gíglico es como un juego, un lenguaje musical formado por palabras totalmente inventadas pero que compuestas de una determinada manera en una oración dotan a ésta de una harmonía total. Y si estamos atentos, de un significado… demasiado significado si tienes mucha imaginación.

Rayuela, Capítulo 68

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

Como dice María Josep Picó en su artículo… esperemos un verano bien tórrido.


Paris je t’aime

15 junio 2009

Me han dado el auxiliar de conversación para el año que viene en Francia. Pedí París, espero que me lo den. Aunque con lo que dan de beca me parece que las voy a pasar canutas, c’est pas grave mon pot.

Ni todo el puente de Brooklyn, los londres y los parises… (ayer la intentamos cantar en La Tertulia con el maestro Alberto Alcalá a la guitarra… pero estábamos demasiado afectados como para que saliera ferpecta, la noche nos confunde).

Amélie no sería lo que es sin su banda sonora… aquí el compositor…

Le parapluie de Georges Brassens, para mí una de las letras más maravillosas que se han escrito (hay una versión de Yann Tiersen que pone la piel de gallina)

Ces gens-là de Jacques Brel, otra de las obras maestras de la música francesa. Concierto en el Olympia. La expresión corporal y facial es simplemente increíble. Toda una lección de cómo se debe interpretar una canción.

Escena de Zazie en el metro (1960), de Louis Malle. Jejeje.

Julio Cortázar explica sus paseos nocturnos por París. Este tipo era de otro planeta sin lugar a dudas.

 

 

Nota añadida a posteriori con aires de moraleja:

Al final me han dado un pueblito a las afueras de Reims. Mi gozo en un pozo. Pero menos da una piedra. Y no hay que morder la mano que te da de comer, porque es de buen nacido ser agradecido, y más se perdió en Cuba. Caminante no hay camino, se hace camino al andar, arrieros somos y en el camino nos encontraremos (caminito de París, eso sí). En fin. No por mucho trasnochar se amanece acompañado. Chimpón.


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