Lo “nuevo” de Julio Cortázar: Papeles inesperados

25 mayo 2009

Hoy venía en la versión digital de El País un adelanto de Papeles inesperados, la recopilación de textos inéditos de Julio Cortázar. Parece ser que hace 3 años alguien abrió una cómoda y ¡vaya! estaban todos los cajones a rebosar de inéditos a publicar justo en las bodas de plata de su muerte.

Bueno, campañas de mercadotecnia aparte, he de decir que he leído el cuento inédito y los tres relatos eliminados de Historias de Cronopios y Famas y estoy sinceramente en estado de shock. Los relatos de los Cronopios están en su brillante e irónica línea. Pero es que el cuento inédito que han adelantado me parece que es de los mejores que he leído de él. Está escrito magistralmente, de una manera muy inteligente para aturdir e hipnotizar al lector, la intriga de la historia se basa sobre uno de esos casos extranísimos y surrealistas que caracterizan algunos de los mejores cuentos de Cortázar. Realismo mágico si quieren llamarlo así. Literatura tan fantástica y buena que da rabiar pensar que pudiera escribir tan bien.

Aquí tenéis el enlace al cuento y los relatos de cronopios. Leedlo, realmente merece mucho la pena:

http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Manuscrito/hallado/junto/mano/elpepusocdmg/20090524elpdmgrep_5/Tes


El principio de la disnea (o cosas en común)

24 mayo 2009

El polen que pulula por doquier en Granada cuando llega la primavera debería ser incluído como la octava plaga en futuras reediciones de la Biblia. Es algo que sólo se puede entender si se camina por sus calles, tupidas por una leve pero incómoda niebla de bolitas algodonadas que se cuelan por todo resquicio que encuentran a su paso. Los árboles que pueblan el monte donde se encuentra la Alhambra y que rodean y resguardan al monumento nazarí lanzan sin piedad ese cuerpo de paracaidismo níveo sobre la ciudad. Así nos recuerdan a los que en ella vivimos que el castillo rojo está vivo, respira y se defiende del uso que se le da. El sultán utiliza sus gramíneas para recordarnos que cada noche observa sus dominios desde la Torre de la Vela. Con su lluvia de polen blanco hace que la gente gire la cabeza pensando en la imponente presencia del gigante de ladrillo rojo. El olvido está lleno de memoria.

Las personas que caminan por el centro con una mascarilla al más puro estilo Michael Jackson son una legión. La alergia hace estragos en el tracto respiratorio de la población granadina, acentuando más si cabe la ya de por sí siempre latente malafollá autóctona.

Esta semana, después de tres noches seguidas casi sin poder dormir a causa de ataques nerviosos de tos causados por la alergia al polen granadino, me decidí por fin a ir a mi médica de cabecera. Al ver mi deplorable estado me enchufó casi media hora a una mascarilla que conectada a una bombona me proporcionaba O2 puro en grandes cantidades y rico salbutamol que abría mis bronquios como gaviotas en el viento marino.

La mesa de trabajo de Benedetti (con un inhalador a la derecha). Extraído del libro 'Poemas revelados' dedicado a Benedetti. Fuente: elmundo.es

La mesa de trabajo de Benedetti (con un inhalador a la derecha). Extraído del libro 'Poemas revelados' dedicado a Benedetti. Fuente: elmundo.es

Lo que me ha resultado más curioso, e incluso gracioso, es que me ha recetado un inhalador. Sí, un aparatito de esos que utilizan los asmáticos para aliviar sus males. Utilizándolo no puedo evitar sentirme un poco como Steve Urkel. Ya sólo falta que me ponga unas gafas “culo de vaso” y que los johnnys-garrulos me peguen por la calle para quitarme la merienda.

Pero como siempre hay que buscar el lado bueno e incluso mágico de las cosas, tampoco he podido evitar pensar que por fin tengo algo realmente tangible en común con mi bienamado Benedetti. Él padecía desde los 25 años un asma crónico que le acompañó toda su vida, por lo que siempre llevaba a mano un inhalador.

De hecho, he reparado que mi primera noche de “fenómenos asmatiformes” fue la misma noche en la que Benedetti exhalaba su último aliento sin yo saberlo, inconsciente en mi cama. Pareciera como si ese último grito de vida ahogado hubiera atravesado ese océano Atlántico que tantas veces cruzó Benedetti, y se hubiera colado por el resquicio de mi ventana, entrando bífidamente  por mi boca y cayendo hasta mis pulmones para hacerlos un puño y estrangularme la garganta. Esa fue sin duda la señal en clave que Benetti utilizó para hacerme saber que ya nunca podré conocerlo en persona. Y para ello me ha traspasado durante un tiempo sus ataques de asfixia. Muy bonito. Tal vez hubiera preferido una carta, una nota estratégicamente introducida en un libro o una pista a descubrir. Pero si mi flamante y pasajero asma proviene de Benedetti, lo tomo con cariño como un regalo realmente simbólico.

Aunque, ya puestos, bien me hubiera podido pasar sus dotes literarias. Está claro que todo se pega menos la belleza. 

Precioso cuadro realizado por la pintora oriolana Verónica Ruiz García (su blog, en la barra derecha de este blog) un día después de la muerte de Benedetti

 Precioso cuadro realizado por la pintora oriolana Verónica Ruiz García (su blog ‘Algo sucede, nada vuelve a ser lo mismo…’, en la barra derecha de este blog) un día después de la muerte de Benedetti.

Aquí dejo un cuento de Benedetti donde relata con fina ironía sus penurias alérgicas:
EL FIN DE LA DISNEA – MARIO BENEDETTI
(Incluido en ‘La muerte y otras sorpresas’, 1968)

Aparte de sus famas centrales y discutibles (fútbol, parrillada, llamadas del Barrio Palermo), Montevideo incluye otra anexa celebridad, ésta sí indiscutible: posee el récord latinoamericano de asmáticos. Por supuesto, ya no cabe decir posee sino poseía. Justamente, es ese tránsito del presente al pretérito imperfecto lo que aquí me propongo relatar.

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Abril, Verano, y los agravios de un traductor (2)

24 febrero 2009

Continuación de Abril, Verano, y los agravios de un traductor (1).

abettegaAl par de días recibí un cuento llamado Verão (Verano), de un tal Amílcar Bettega Barbosa… en ese momento, un total desconocido para mí. A la hora de traducir, siempre que se tenga tiempo, es bueno documentarse un poco sobre las fuentes y sus autores, así que busqué información del autor por internet. Aquí es cuando empecé a ser consciente de lo que la providencia había colocado en mis manos. Resulta que el cuento que yo tenía que traducir formaba parte de un libro de relatos, Os lados do círculo (Los lados del círculo), que en 2005 le había reportado a Amílcar Bettega el Premio Portugal Telecom de Literatura, el premio literario en lengua portuguesa más importante del mundo. Sensación de vértigo. Seguí buscando y descubrí que este escritor nacido en Río Grande do Sul y afincado en París era uno de los numerosos nuevos valores de la literatura brasileña y que destacaba por abrirse un hueco en el mundillo con un estilo propio. Más vértigo. Entonces me leí tres o cuatro entrevistas que le hicieron a raíz del premio. Había un rasgo en común en todas ellas: cuando le preguntaban por su estilo y sus influencias, siempre salía a relucir el realismo fantástico y, sobre todo, un nombre mítico, mágico e importantísimo para mí: Julio Cortázar. En ese momento el vértigo desapareció y lo reemplazó la seguridad de que este trabajo iba a ser una experiencia única, placentera y memorable para mí. Y así fue. Tocaba relajarse y disfrutar, así que me dispuse, ahora sí, a leer el texto.

A primera vista, me llamó muchísimo la atención la estructura del cuento: comenzaba con dos columnas que contaban historias diferentes (paralelas, concretamente). Luego en la segunda parte las columnas parecían fusionarse, había abundantes diálogos y culminaba con una especie de mapa o esquema que al principio no entendí bien. Al final, la estructura volvía a la “normalidad” y acababa con unos párrafos como si nada de lo que había visto hubiera pasado. Después de sobrevolar el texto de esa manera, y aprovechando la valiosa soledad del momento, me zambullí en él con la inocencia de un niño.

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Abril, Verano, y los agravios de un traductor (1)

24 febrero 2009

Un día del año pasado, por estas mismas fechas, estaba echándole un vistazo a un mail de la lista de distribución de la FTI de Granada, cuando leí un mensaje que me hizo saltar de emoción de la silla. Se trataba de un mail del Círculo Cultural Antonio Machado, una asociación cultural sita en Luxemburgo, en el que se pedían traductores voluntarios del portugués al español para un número especial dedicado al relato corto en lengua portuguesa. El número debía ver la luz en abril en la revista del mismo nombre (Abril) que edita el Círculo. Además, el mensaje venía firmado por Paca Rimbau, traductora genial y mujer cercana y generosa, en cuya casa estuve viviendo un par de meses hace 4 años, mientras buscaba desesperado piso por Granada. Eran tan feliz esa casualidad que no dudé un momento y escribí para ofrecer mis servicios de aprendiz de traductor. Aunque no me fueran a pagar suponía un reto importantísimo para mí y mi primera y anhelada incursión en la traducción literaria.

Germano Almeida. Fuente: Las Provincias

Germano Almeida. Fuente: Las Provincias

La respuesta fue inmediata. Primera sorpresa: me encargaron traducir un cuento de Germano Almeida, el escritor caboverdiano más importante de las dos últimas décadas, autor de una obra básica de la literatura luso-africana moderna: El testamento del Señor Napumoceno. El cuento se titulaba Os agravos de um escritor (Los agravios de un escritor). Le eché un vistazo rápido al cuento y vi que no me plantearía demasiados problemas. Era sencillo, estaba escrito con un estilo muy claro y tenía un puntito gracioso que haría más amena la tarea. Siendo sincero esperaba un poco más del cuento, estaba entretenido, pero no era una obra maestra. Más que nada le faltaba un poco de pimienta. Aún así fue muy lindo poder traducirlo y saberme con la responsabilidad de traducir un cuento de un escritor tan importante.

Aquí tenéis mi versión del cuento:

Germano_Almeida_-_Los_agravios_de_un_escritor

Cuando envié mi traducción, el editor de la revista me respondió agradecido y con una propuesta: una nueva traducción. El tiempo apremiaba y los traductores escaseaban. Así que como había disfrutado mucho con la experiencia, acepté encantado. Portugués en vena.

Continuará…


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